Relatado por Mónica Naranjo
-¿Cómo que a Sylvia? ¿A Sylvia la que conocemos, a la del programa?-le pregunto nerviosa, esperando que me esté equivocando.
-¡Claro! ¿Cuál va a ser? ¿Cuántas Sylvias conoces?-Carolina.
Me levanto y me pongo a dar vueltas por la habitación agitada. Suspiro y no dejo de decir madre mía. La miro a cada rato para que me haga una señal o me diga que no está hablando en serio. Pero ella solo me mira sin entenderme.
-¿Por qué lo has hecho? Ya verás como se entere quien la ha denunciado... Porque, digo yo, que tendrás que ir a declarar-Mónica.
-Pero esto no puede quedar así. Tú misma lo has dicho-Carolina.
-Lo sé y soy la primera que te voy a apoyar y defender. Pero...-Mónica.
Me quedo mirando al frente pensando en todo lo que ha pasado en estos días, en estos meses. Ha cambiado todo tanto que hasta yo me veo cambiada. Miro a la churri y me vuelvo a sentar junto a ella.
-Si necesitas que vaya contigo, sólo dímelo, ¿vale?-Mónica.
Carolina se acerca a mí y me da un abrazo. Nos quedamos un buen rato abrazándonos. Nos transmitimos tanto con este gesto... Nos separamos y nos miramos sonriendo.
-Gracias-me agradece la rubia.
-¿Por qué?-Mónica.
-Por apoyarme, por ser tan buena amiga. En realidad por todo-Mónica.
-¿También por...Carlos?-le guiño el ojo de forma cómplice y le dedico una sonrisa pícara.
-¡Churri!-se pone roja de la vergüenza.
-¿Acaso no te ha acompañado en esto?-Mónica.
-Sí, pero porque es un amigo...-me dice, aún avergonzada.
-Uy yo decía lo mismo de Àngel-digo con una sonrisa.
-¡Que estoy casada!-Carolina.
-¡Yo también! Pero estamos casadas, no muertas-le digo empezando a reír.
Ella suspira y niega entre risas. Debe pensar que estoy loca, pero es la verdad. No nos tenemos que limitar a una persona. Si nos gusta alguien, nos gusta y eso no se puede controlar. Ni controlar ni evitar. Es verdad que te mete en problemas, que tienes muchas dudas. Pero la vida es complicada y hay que vivirla. Sólo se vive una vez y yo lo pienso aprovechar.
Relatado por Àngel Llàcer
Después de haberse ido Mónica, he bajado a la cocina donde me he preparado el desayuno. Mientras desayunaba, no paraba de darle vueltas a lo de Mónica y a la pequeña venganza. Tal vez me haya pasado. No tenía que haberle hecho esto. ¿Y si la despiden por mi culpa? O peor, si me echa de su casa y/o de su vida. No podría superarlo. Aitor llama mi atención ya que estoy ensimismado en mis pensamientos.
-¿Qué te preocupa, tío?-Aitor.
-El haberme pasado y que por culpa de esto, tu madre me deje-Àngel.
-Por esto no te va a dejar-me dice convencido, seguro de lo que está diciendo.
-¿Y tú cómo lo sabes?-Àngel.
-Sólo hay que ver cómo te mira, cómo habla de ti para saber que te quiere. Yo quiero la felicidad de mi madre y si la ha encontrado junto a ti, entonces yo me alegro. Y no pienses que te va a dejar por esta tontería. Simplemente se cobrará una venganza y ya está-Aitor.
-¿Una venganza? ¿Qué tipo de venganza?-pregunto algo asustado.
-Ni idea, pero te puede salir con cualquier cosa. Yo que tú estaría preparado-Aitor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario