martes, 28 de julio de 2015

Capítulo 31:Bésame

Relatado por Àngel Llàcer


Entran a Carolina dentro mientras yo voy a dar sus datos. Me atiende una señora de mediana edad, pelo corto y castaño y voz cansada. Le empiezo a dar los datos ya que no tengo su cartilla.
-Vaya a la sala...
Con muy poco ánimo, me dirijo a la sala de espera y me siento a esperar. Mónica ha ido a aparcar el coche. Está muy nerviosa. Yo, sin embargo, estoy cabreado. Nunca me imaginé algo así viniendo de Sylvia. Se comportaba de manera celosa, pero nunca demostró ser agresiva. ¡Qué engañado me ha tenido! El móvil empieza a sonar por los whatsapp que llegan. Ahora mismo no voy a contestar a nadie. Muevo la pierna nervioso. Sólo quiero que llegue Mónica para asegurarme que está bien. No podría soportar que otra vez le pasase algo. El móvil empieza a sonar, lo dejo sonar. Pero vuelve por segunda vez. Miro quién llama. Es Sylvia, no la pienso coger y le cuelgo. Al momento me llega un SMS de ella.
-"Por qué no me coges? Dónde estás? Tengo que hablar contigo!"-Sylvia.
Pues yo contigo no. Miro cabreado el mensaje. Qué bajo has caído, bonita... Mando un whatsapp.
-"Rubia! Localízame a Sylvia y mándala a mi camerino. Enciérrala si hace falta, pero que no se mueva de allí!"-Àngel.
Hablaré con ella para cortar con ella en persona. Yo no soy de los que acaban una relación por teléfono, pero cuando acaben con Carolina y me digan que está bien. No pienso dejar a Mónica sola en estos momentos. No volveré a dejarla en los peores momentos sola. Mirad sino lo que me pasó la otra vez. Aunque la otra vez creía algo que no era. Pero no hay excusa.
-"Sin problema! Voy a buscarla"-Myriam.
Guardo el móvil y lo pongo en modo silencio para que no vuelva a sonar y moleste. Veo llegar a Mónica y salgo a la puerta para que me vea. Tiene cara de haber llorado. La abrazo fuerte durante largo rato y,pasando mi brazo por encima de su hombro, entramos a la sala de espera. Le ofrezco un pañuelo que coge y se limpia las lágrimas.
-Yo no quería que pasara esto... Es mi culpa...-se empieza a culpar Mónica.
-Tú no tienes la culpa de nada, deja de decir eso-Àngel.
-Al final lo ha pagado ella... No quería...-dice Mónica entre lágrimas.
No entiendo nada, pero la abrazo para que sepa que no está sola y no debe culpabilizarse de lo que ha pasado. La acaricio la espalda dándole a entender que voy a estar con ella. Que ahora no me importa nada más que ella y Carolina. Quiero que estén bien. El resto del mundo no importa. Mi mundo es esta mujer que se está desahogando en mi hombro. Me duele verla así. Es como si me arrancaran una parte de mi ser. Quiero desahogarme, pero no puedo. Debo ser fuerte por ella, que sepa que me tiene.
-Tranquila, mi niña, estoy contigo. A Carolina no le va a pasar nada, ya lo verás-le digo al oído.
Mónica se separa de mí y me mira con los ojos vidriosos, empañados en lágrimas. Me gustaría besarla, pero no puedo. Como si leyese mi pensamiento, Mónica se acerca a mí lentamente. Sus labios se están acercando a los míos, su mano agarra mi cuello. Noto su cara húmeda de las lágrimas y noto la sal de sus labios. Los saboreo lentamente cerrando los ojos, disfrutando de este beso tan sentido y esperado. Mónica se separa, con las lágrimas cayendo por sus mejillas y se levanta.
-Perdona-dice arrepentida.
Me levanto para ponerme a su altura y la cojo de la cintura, acercándola a mí. Me acerco a su oído y le susurro:
-No tengo que perdonarte nada porque lo esperaba tanto que se me ha hecho corto. Si por mí fuera, te volvería a besar.
Separo mi cara unos centímetros para mirarla y veo que me está sonriendo.
-Bésame-Mónica.
-Ahora mismo, señorita-sonrío y vuelvo a acercar mis labios a los suyos para fundirnos en un beso.
Un beso que está lleno de dolor, pero también de sentimiento, ternura, necesidad. Los 2 lo necesitábamos. Oigo un carraspeo y nos separamos. Por un momento me he olvidado del mundo y sólo estaba ella. Porque ella es mi mundo.
-¿Acompañantes de Carolina Cerezuela?-pregunta una enfermera pelirroja.
-Nosotros-responde Mónica.-¿Está bien?
-Acompáñenme, por favor. Por aquí.
Salimos de la sala algo nerviosos. Mónica me da la mano que agarro como si se me fuese a escapar. Pero no lo voy a permitir.
-¿Son pareja?-nos pregunta la enfermera mientras nos guía por el pasillo.
Mónica y yo nos miramos sin saber qué responder. Se supone que ambos tenemos pareja: ella tiene a su marido y yo aún no he roto con Sylvia. Sonreímos y nos quedamos un rato así. Me pierdo en esos ojos, esos ojos marrones que ahora tiene un brillo especial.
-Podría decirse así... Es algo raro de explicar...-le contesto finalmente.
No nos pregunta más, puesto que ya hemos llegado a donde está Carolina. Hay un joven médico junto a la cama de Carolina. Mónica se abalanza hacia ella en cuanto la ve.
-Yo que usted no la abrazaría muy fuerte, tiene un par de costillas rotas además de las contusiones.
-Pero, ¿se va a poner bien?-le pregunta Mónica.
-Debe reposar pero no es grave, no se preocupe.
-Gracias doctor-dice Mónica con una sonrisa.
El médico se va y nos quedamos a solas con Carolina. Nos mira y se detiene en Mónica. Supongo que querrán quedarse a solas.
-Vaya susto nos has dado. Ahora a recuperarse ¿eh? Yo tengo que salir un momento-Àngel.


Relatado por Carolina Cerezuela


Asiento levemente con la cabeza a Àngel y se marcha. Me duele todo el cuerpo, pero no quiero preocupar a la churri por lo que le dedico una sonrisa fingida.
-¿Qué ha pasado?-me pregunta en cuanto Àngel se ha marchado.
Miro a Mónica. No quiero decirle a ella lo que me hizo Sylvia, se preocuparía demasiado e iría a por ella. Y con más razón aún que antes. Y no sabe lo peligrosa que puede ser.
-Nada, que me caí por las escaleras al intentar escapar de Sylvia. Ya sabes que con estos tacones, correr...-miento.
-Churri...-me mira pidiéndome la verdad con los ojos. Me conoce demasiado.
La miro con desconfianza. Como se entere de todo, va a querer que no vuelva al programa. Y yo tampoco puedo hacer eso... Mónica me mira con el semblante duro, como de profesora de colegio que busca la confesión del alumno que ha hecho algo. La churri busca que le cuente lo que me ha hecho Sylvia. Ese "lo sabe" me ha delatado. Tal vez me tendría que haber quedado callada. Así no involucraría a nadie. Pero ya la he involucrado a ella.
-Nada, que... Sylvia sabe que le corté la ropa... Me empezó a pegar y me dejó en el suelo. No le dije que fuiste tú-le digo una verdad a medias.
Mónica me mira maternalmente. Al momento su expresión cambia por una de ira.
-¿Por qué lo hiciste, churri? ¡No te tenías que echar la culpa! Mira cómo te ha dejado... Eso sí, me voy a encargar de que pague por lo que te ha hecho-Mónica.
-No churri, déjalo...-Carolina.
-No, déjalo, no. Ésta no sabe con quién se ha metido...-Mónica.
Miro a Mónica con una mirada triste y bajo la mirada. No le he contado toda la verdad. Además no puedo contársela. No debería haberle contado nada... No le he dicho que antes de dejarme en el suelo tirada, me obligó a ir a la habitación a darle mi tarjeta de crédito. Se va a cobrar toda la ropa de mi dinero. Y me dijo que si le decía algo a alguien, iría a por mi niña. Eso no lo puedo consentir. Unas lágrimas resbalan de mis ojos cayendo por mis mejillas. No puede hacerle nada a Carla, por favor.
-Avisa a Carlos, por favor-le pido a Mónica.
-¿A tu marido?-Mónica.
-A los 2, por favor-le pido entre lágrimas.
A Latre sé que puedo contarle esto y se lo dirá a Tinet, pero no se tomará la ley por su mano. A mi marido le diré que se vayan, que deje a la niña con sus padres o con quien. Pero que esa loca no la encuentre. Le agarro el brazo a Mónica.
-Por favor... avisa a mi marido primero...-digo respirando agitadamente imaginando lo que se me puede venir encima.
-Yo le aviso, pero tranquilízate-me dice Mónica.

martes, 21 de julio de 2015

Capítulo 30:Lo sabe

Relatado por Àngel Llàcer


Me quedo pensando. Al cabo de un rato, miro a Myriam y a Arnau.
-Tenéis razón, debo hablar con ella cuando antes-Àngel.
La rubia me mira sonriendo al igual que Arnau. Pero éste último cambia su expresión al empezar a hablar.
-Si te hace algo, vamos a por ella-Arnau.
-Podemos hacer de sus ensayos un infierno-corrobora Myriam.
Les sonrío y me acerco a ellos para abrazarles. Son los mejores amigos que se pueda tener.
-Gracias chicos, sois muy grandes-digo algo emocionado.
-No me vayas a llorar, ¿eh? Y ve antes de que se vaya-me dice Myriam.
Me levanto y salgo de allí. Me dirijo a la sala de ensayos, la cual se encuentra cerrada. Tal vez haya vuelto al hotel. Camino por el pasillo hasta salir de Gestmusic. Creo que me acuerdo del número de habitación. Subo en el ascensor y me dirijo a la habitación de Sylvia. Al acercarme veo que está abierta. Qué raro... ¿Qué hará abierta? Entro y veo a Carolina en el suelo con sangre en la cara. Cojo el móvil y llamo.
-No te asustes, pero ven cuanto antes al hotel-le digo nervioso.
-¿Ángel? ¿Qué pasa?-me pregunta Mónica confundida.
-Es por Carolina...-Àngel.
-¿Le ha pasado algo?-pregunta Mónica empezando a ponerse nerviosa.
La escucho respirar agitadamente. La intento tranquilizar. Le digo que no se encuentra bien y cuelgo. Prefiero no decirle nada por teléfono, bastante nerviosa está ya. ¡Anda! No le he dicho dónde estamos. Le escribo un whatsapp disculpándome y le pongo el número de habitación. Me agacho junto a Carolina.
-Carolina, ¿qué ha pasado? ¿Quién te lo ha hecho?-Àngel.
Me mira con miedo. No se puede ni mover. Sea lo que sea lo que le haya pasado, está asustada. La hablo para intentar tranquilizarla y que esté distraída. Saco un pañuelo y le limpio la sangre con cuidado.
-¡Churri!-exclama Mónica al llegar con cara de espanto.
Me aparto dejando a Mónica sitio para que esté junto a ella.
-¿Has traído el coche?-le pregunto a Mónica.
-Sí, ahora me la llevo al hospital. Gracias por cuidarla-Mónica.
Me levanto y las miro. Ésta es la habitación de Sylvia, así que me hago una ligera idea de lo que ha pasado. Miro a Carolina como queriéndome disculpar. Mónica está de espaldas a mí y no me ve.
-Bueno... yo... me voy...-Àngel.
-Ven conmigo, por favor. Ahora no podría estar sola-me pide Mónica girándose para mirarme.


Relatado por Mónica Naranjo


En cuanto me ha nombrado a la churri, me ha faltado tiempo para salir de casa y coger el coche. He llegado en poco tiempo y he aparcado en el parking del hotel. He subido directamente en el ascensor. He avanzado rápidamente por el pasillo. En cuanto la he vistro en el suelo tirada, se me ha caído el alma al suelo. Àngel le estaba limpiando la cara. No sé si de lágrimas o de sangre. Pero no es tan malo como me parecía. Le pido suplicante a Àngel que me acompañe al hospital con Carol.
-¿Puedes andar, churri?-Mónica.
-No sé...-me dice débilmente.
Sin mediar palabra, Àngel la coge en brazos. me levanto y vamos hasta mi coche. Les abro la puerta trasera. Àngel la sienta y le pone el cinturón. Después se sienta a su lado. Monto por la puerta delante, la del piloto, e intento arrancar. No lo consigo y me voy poniendo cada vez más nerviosa.
-Tranquila, no va a tener nada. Te lo aseguro- me dice Àngel desde el asiento trasero.
Miro por el espejo y veo que sonríe. Consigo arrancar y pongo rumbo al hospital.
Llegamos y leo que pone hospital Central. Es el más cercano que tenemos. Paro frente a la puerta. Luego me encargaré de buscar sitio para el coche. Ahora la que importa es la churri. Bajo del coche y les abro la puerta. Carolina me agarra del brazo y me susurra:
-Lo sabe...
Tras decirlo, se pone a llorar. Miro a Àngel que nos mira sin comprender. Creo que yo sí la he entendido. Pido ayuda y sale un celador con una silla de ruedas. Ayudan a la rubia a sentarse y nos dicen que demos los datos.
-Voy a buscar sitio, ve dándolos tú por favor-le pido a Àngel.
-Claro, ve tranquila-me dice con una sonrisa adentrándose en el hospital. Vuelvo al coche y entro. Sylvia me buscaba a mí, no a Carol y al final lo ha terminado pagando la rubia. Arranco de nuevo el coche y voy al parking del hospital. ¡Joder! ¡No debí dejarla sola! Una lagrima de impotencia escapa de mi ojo.

martes, 14 de julio de 2015

Capítulo 29:La verdadera historia

Relatado por Àngel Llàcer

Veo entrar a Myriam y a Arnau y me vuelvo a sentar.
-¿Ibas a alguna parte?-me pregunta Myriam sonriendo.
-A hablar con Tinet y Laia, pero luego voy-le devuelvo la sonrisa.
Arnau nos mira sin comprender. Me da que la rubia no le ha explicado nada por el camino. Quiere que se lo explique yo. Ay esta rubia... Suspiro y la miro con una sonrisa.
-No le has dicho nada, ¿verdad?-Àngel.
-Eso es cosa tuya. Nuestro objetivo es ayudarte-me responde Myriam.
Les empiezo a contar toda la historia, desde el primer momento en que vi a Mónica hasta lo último que ha sucedido, apenas hace unos minutos. Les pido ayuda con lo de Sylvia. No tengo ni idea cómo terminar con ella. Me engañó y no puede quedar así: viviendo una mentira. Porque ya he vivido durante unos meses engañado. Ahora no voy a hacerle creer a Sylvia que no sé nada y mantenerla engañada. Ahora me diréis que se lo merecería, pero yo no soy así. Yo quiero hacer las cosas bien.
-Yo creo que cuanto antes, mejor. Sino te va a afectar al trabajo-opina Arnau.
-Tú piensa que la vas a ver bastantes horas a la semana. Además de los ensayos, tienes la gala. Tienes que cortar con ella-me aconseja Myriam.
-Pero es que, ¿cómo se lo digo? ¿Le digo que la he descubierto y que me ha mentido y engañado?-Àngel.
Se oye un puñetazo a la puerta y a alguien llorar.
-¿Qué ha sido eso?-pregunto con curiosidad.
-Ni idea-Myriam se levanta y abre la puerta. Sale al pasillo y me quedo mirando a Arnau que se ha quedado tan desconcertado como yo.


Relatado por Sylvia Pantoja

¿Así que Àngel ya sabe lo de Mónica y me quiere dejar? Sólo me ve por las cosas malas, pero no se acuerda de lo bueno que he hecho por él. Gracias a mí ha podido seguir adelante. Yo le he estado cuidando, animando, apoyando. Y ahora me quiere dejar por algo que le podía hacer sufrir. Claro que sabía que Mónica estaba en coma, pero no se lo dije precisamente por él. De la rabia y de la impotencia doy un puñetazo a la puerta donde están hablando los profes y me alejo llorando. Salgo de Gestmusic en dirección al hotel. Ahora mismo sólo quiero irme a mi habitación a estar sola y que nadie me moleste. Voy al ascensor y espero a que baje. Al abrirse la puerta veo a la rubia. Me doy prisa por entrar y cerrarle el paso. No va a salir de aquí hasta que no me explique lo de mi ropa.
-Por fin te encuentro... hija de puta-le digo escupiendo cada palabra entre lágrimas.
-¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?-me dice fingiendo preocupación.
Pulso el botón de mi planta y las puertas se cierran. Me mira con incertidumbre y algo de miedo. Me debe tener miedo. Lo que le voy a hacer va a ser una pequjeña parte de lo que me ha hecho a mí. Pero mejor que no me vean en recepción o pueden llamar a seguridad o a la policía. Y no quiero problemas. O al menos de momento.
-Sylvia, ¿qué pasa? ¿Por qué vas en pijama?-Carolina.
Me muerdo la lengua. Que no finja que no sabe nada porque es la única responsable que toda mi ropa esté destrozada. Las puertas se abren.
-Sal-le ordeno.
Muy despacio sale del ascensor y voy detrás de ella por el pasillo. Ya he pedido otra tarjeta de la habitación. Pero pediré un cambio. Si ella tiene la tarjeta, puede volver a entrar.
-Camina-la empujo para que siga caminando.
Seguimos andando hasta el número que tengo asignado de habitación, donde me paro y abro la puerta. Empujo a Carolina dentro y cierro la puerta. Me mira sin entender nada. La cojo del brazo y la llevo frente a mi armario abierto.
-¿Y esto? ¿Me vas a decir que no sabes nada de esto? ¡Eres una zorra!-le digo empujándola contrala puerta del armario.
-No sé nada... De verdad...-empieza a decir asustada y empezando a llorar.
-Ahora no llores porque no cuela. Y vas a pagar por lo que has hecho. ¿Lo has hecho sola o has tenido cómplices?-Sylvia.
Me mira con cara de cordero degollado como ocultando algo. Pero a mí me da igual. Vuelvo a propinarle un empujón que hace que caiga al suelo de rodillas. La giro hacia mí cogiendola de la camiseta.
-¡Que me lo digas!-le exijo empezando a perder la paciencia.
Sigue callada, por lo que le propino el primer puñetazo en la cara. Le sigo pidiendo explicaciones. Hasta que no hable, no pararé. Y nadie puede entrar en esta habitación. Nadie tiene la tarjeta excepto yo y ésta. Sigue sin hablar, por lo que le pego otro puñetazo.
-Carolina, te exijo por tu bien contármelo...-bajo la voz poniéndome a su altura.
-Sí, fui yo...-Carolina.
Mi ira va en aumento. Ha reconocido ser la autora. No sé si dejarla o desahogarme a gusto. Me prometí a mí misma que le pegaría tal paliza que se iba a acordar de mí.

martes, 7 de julio de 2015

Capítulo 28:¿Te apuntas?

Relatado por Mónica Naranjo


Creo que empieza a gustarme más Àngel. Y no sólo como un compañero de trabajo o un amigo, sino como algo más. Está claro que lo de "mi niño" iba por Aitor, pero Àngel puede haberlo malentendido y ya no habla por el grupo. Estoy hablando con la churri por privado explicándole lo ocurrido, el por qué no he vuelto a la habitación con ella. Me aconseja que se lo aclare cuanto antes a Àngel para no hacerle daño. No quiero hacerle daño, pero me encanta que esté así por mí. Es algo complicado de comprender, pero soy así.
El móvil me vuelve a sonar y lo miro. Seguro que es la churri o del grupo que ha creado Carlos. Pero me sorprendo al ver quién es.
-"Hola chica guapa. Este es el número de Àngel Llàcer. Si quiere hablar con él, mande otro mensaje después de la señal... Piiii ;)"-Àngel.
Sonrío. Lo tonto que puede llegar a ser este hombre. Pero tiene esa chispa que necesito en mi vida.
-"Y si no quiero hablar con ese tal Àngel? jajaja"-Mónica.
-"La dejaré de molestar y no la escribiré nunca más, señorita"-Àngel.
-"No, eso no :( Pero... de qué quieres hablar?"-Mónica.
Escribiendo aparece en mi pantalla durante largo rato. Espero impaciente con una sonrisa tonta en la cara. Me abrazan por detrás y me sobresalto.
-¿Con quién hablas?-me pregunta Óscar con curiosidad.
-Nada, con la churri-le digo algo nerviosa. He bloqueado la pantalla en el momento justo.
-Uy qué misteriosa estás... pero bueno...-Óscar se encoge de hombros y vuelve al sofá.
No me creo que haya sido capaz de mentir a Óscar. ¡Y por Àngel! ¿Qué es esto que siento por él? ¿Cariño, amor, deseo? Sea lo que sea está trastocando mi vida totalmente. Desbloqueo de nuevo la pantalla al momento que llega un texto de Àngel. Lo voy leyendo sonriendo y me aventuro a escribir:
-"Cuándo y a dónde?"-Mónica.
No me creo que lo haya hecho, pero me apetece mucho. Creo que me puede venir hasta bien para decidirme. Y a Óscar y a Aitor no les vendrá mal quedarse solos un tiempo. Sólo hay que esperar que dice Tinet. Laia sé que me va a dejar, es amiga mía. Hay que currárselo un poco más con el jefe. Apenas hemos empezado y ya nos queremos escaquear. No creo que se lo tome muy bien que digamos.


Relatado por Àngel Llàcer


Me he armado de valor y al final he escrito a Mónica. La cara de tonto no me la quita nadie. Espero que nadie entre ahora mismo aquí porque me encuentro en las nubes. No me puedo creer que me trate tan bien y que haya accedido a mi plan. Pellizcadme porque esto debe ser un sueño. Aunque si es un sueño, no quisiera despertar. Le he ido escribiendo lo que me salía  del corazón. Un texto largo lleno de sentimiento. Creo que no habrá problema en transcribíroslo a vosotros, pero que no se entere nadie más. El texto decía así:
Mónica Naranjo por ti me hago poeta para escribir los más bellos versos. Quisiera ser naranja para amanecer en tus labios y poder acariciarlos, sentirlos, saborearlos. No sé ni por qué estoy escribiendo esto, pero que sepas que eres la mujer que me ha llegado hasta lo hondo del corazón y del alma. Has sabido acariciarme el alma, que muestre mi lado tierno. Y todo eso es por ti. No me arrepiento de esto que siento.
Sé que estás casada y tienes un hijo, pero podríamos conocernos. Vamos a desconectar unos días. me ha aconsejado la rubia (Miryam) que me tome unos días de descanso. Sólo los quiero coger si me voy contigo. Tendría que hablarlo con Tinet y Laia a ver si me dejan. Pero, qué me dices? Te apuntas a mi escapada?
Puede que no sea el texto más bonito que le hayan escrito, pero la intención es lo que cuenta ¿no? Además que me ha preguntado que cuándo y a dónde. Eso es algo, ¿no? Dejadme pensar que sí. Me siento como un adolescente con la primera cita. Salvo que ni somos adolescentes, ni es nuestra primera cita. La primera cita se estropeó por no haberla esperado. Tuvo el accidente del que me arrepentiré toda la vida. Porque fue por mi culpa. Lo sé y nada me va a hacer cambiar de opinión. Pero me está dando una segunda oportunidad. O al menos eso parece. Tengo que aprovecharla bien.
Al de un rato, la puerta se abre cuando me dispongo a ir al despacho de Tinet. Hago el amago de levantarme, pero me vuelvo a sentar.