martes, 14 de julio de 2015

Capítulo 29:La verdadera historia

Relatado por Àngel Llàcer

Veo entrar a Myriam y a Arnau y me vuelvo a sentar.
-¿Ibas a alguna parte?-me pregunta Myriam sonriendo.
-A hablar con Tinet y Laia, pero luego voy-le devuelvo la sonrisa.
Arnau nos mira sin comprender. Me da que la rubia no le ha explicado nada por el camino. Quiere que se lo explique yo. Ay esta rubia... Suspiro y la miro con una sonrisa.
-No le has dicho nada, ¿verdad?-Àngel.
-Eso es cosa tuya. Nuestro objetivo es ayudarte-me responde Myriam.
Les empiezo a contar toda la historia, desde el primer momento en que vi a Mónica hasta lo último que ha sucedido, apenas hace unos minutos. Les pido ayuda con lo de Sylvia. No tengo ni idea cómo terminar con ella. Me engañó y no puede quedar así: viviendo una mentira. Porque ya he vivido durante unos meses engañado. Ahora no voy a hacerle creer a Sylvia que no sé nada y mantenerla engañada. Ahora me diréis que se lo merecería, pero yo no soy así. Yo quiero hacer las cosas bien.
-Yo creo que cuanto antes, mejor. Sino te va a afectar al trabajo-opina Arnau.
-Tú piensa que la vas a ver bastantes horas a la semana. Además de los ensayos, tienes la gala. Tienes que cortar con ella-me aconseja Myriam.
-Pero es que, ¿cómo se lo digo? ¿Le digo que la he descubierto y que me ha mentido y engañado?-Àngel.
Se oye un puñetazo a la puerta y a alguien llorar.
-¿Qué ha sido eso?-pregunto con curiosidad.
-Ni idea-Myriam se levanta y abre la puerta. Sale al pasillo y me quedo mirando a Arnau que se ha quedado tan desconcertado como yo.


Relatado por Sylvia Pantoja

¿Así que Àngel ya sabe lo de Mónica y me quiere dejar? Sólo me ve por las cosas malas, pero no se acuerda de lo bueno que he hecho por él. Gracias a mí ha podido seguir adelante. Yo le he estado cuidando, animando, apoyando. Y ahora me quiere dejar por algo que le podía hacer sufrir. Claro que sabía que Mónica estaba en coma, pero no se lo dije precisamente por él. De la rabia y de la impotencia doy un puñetazo a la puerta donde están hablando los profes y me alejo llorando. Salgo de Gestmusic en dirección al hotel. Ahora mismo sólo quiero irme a mi habitación a estar sola y que nadie me moleste. Voy al ascensor y espero a que baje. Al abrirse la puerta veo a la rubia. Me doy prisa por entrar y cerrarle el paso. No va a salir de aquí hasta que no me explique lo de mi ropa.
-Por fin te encuentro... hija de puta-le digo escupiendo cada palabra entre lágrimas.
-¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?-me dice fingiendo preocupación.
Pulso el botón de mi planta y las puertas se cierran. Me mira con incertidumbre y algo de miedo. Me debe tener miedo. Lo que le voy a hacer va a ser una pequjeña parte de lo que me ha hecho a mí. Pero mejor que no me vean en recepción o pueden llamar a seguridad o a la policía. Y no quiero problemas. O al menos de momento.
-Sylvia, ¿qué pasa? ¿Por qué vas en pijama?-Carolina.
Me muerdo la lengua. Que no finja que no sabe nada porque es la única responsable que toda mi ropa esté destrozada. Las puertas se abren.
-Sal-le ordeno.
Muy despacio sale del ascensor y voy detrás de ella por el pasillo. Ya he pedido otra tarjeta de la habitación. Pero pediré un cambio. Si ella tiene la tarjeta, puede volver a entrar.
-Camina-la empujo para que siga caminando.
Seguimos andando hasta el número que tengo asignado de habitación, donde me paro y abro la puerta. Empujo a Carolina dentro y cierro la puerta. Me mira sin entender nada. La cojo del brazo y la llevo frente a mi armario abierto.
-¿Y esto? ¿Me vas a decir que no sabes nada de esto? ¡Eres una zorra!-le digo empujándola contrala puerta del armario.
-No sé nada... De verdad...-empieza a decir asustada y empezando a llorar.
-Ahora no llores porque no cuela. Y vas a pagar por lo que has hecho. ¿Lo has hecho sola o has tenido cómplices?-Sylvia.
Me mira con cara de cordero degollado como ocultando algo. Pero a mí me da igual. Vuelvo a propinarle un empujón que hace que caiga al suelo de rodillas. La giro hacia mí cogiendola de la camiseta.
-¡Que me lo digas!-le exijo empezando a perder la paciencia.
Sigue callada, por lo que le propino el primer puñetazo en la cara. Le sigo pidiendo explicaciones. Hasta que no hable, no pararé. Y nadie puede entrar en esta habitación. Nadie tiene la tarjeta excepto yo y ésta. Sigue sin hablar, por lo que le pego otro puñetazo.
-Carolina, te exijo por tu bien contármelo...-bajo la voz poniéndome a su altura.
-Sí, fui yo...-Carolina.
Mi ira va en aumento. Ha reconocido ser la autora. No sé si dejarla o desahogarme a gusto. Me prometí a mí misma que le pegaría tal paliza que se iba a acordar de mí.

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