Relatado por Àngel Llàcer
Paso de largo del nombre de Mónica. No querrá ni hablar conmigo. Así que yo tampoco la voy a molestar. Sigo bajando entre los contactos y me detengo en otro nombre. Le doy a llamar y espero a que me coja. No sé yo si me cogerá.
-¿Quién es?-pregunta como si no tuviese mi número. ¿Tan pronto lo ha borrado?
-Soy...-trago saliva. Estoy nervioso por volver a hablar con ella. No terminamos muy bien que digamos-Àngel...
-¿Àngel? ¿Qué Àngel?-me pregunta molesta. Es evidente que sabe quién soy.
-Por favor, ¿podemos hablar como adultos?-Àngel.
-¿Qué pasa? ¿Que Mónica ya se ha cansado de ti? Yo no soy segundo plato de nadie. No me puedes tener a tu antojo. Y me da igual que seas mi profesor y que me pongas el 4-ahí me ha dado, pero bien. Lo malo es que tiene razón.
-No, me he dado cuenta de quién ha estado realmente cuando estuve mal. Vale que me mentiste, pero...-pero me interrumpe.
-Lo hice para que no sufrieras más.
-Sí y por eso te lo agradezco. ¿Podríamos vernos mañana?-Àngel.
-¿Y por qué no ahora?-me pregunta con picardía a través del auricular.
Pienso en qué decirle para que no se moleste y me mande a la mierda. Debo pensar rápido, de modo que le suelto lo primero que se me pasa por la mente.
-Porque estoy con Carlos. Lo está pasando mal en su matrimonio y he venido a estar con él-digo de manera que suene creíble.
-¿Pero él cómo está?-se preocupa.
-Pues como puede...-invento-Te echo de menos, Sylvia.
-Yo también a ti, Àngel. Me alegro que me hayas llamado. Y espero que le ayudes bien, como tú sabes-podría asegurar que está sonriendo al otro lado de la línea.
Me despido de ella y cuelgo. ¿Por qué la miento? ¿Por qué aún tengo miedo de lo que pueda hacer? Ahora no tengo nada con ninguna de las 2. No sé por qué me siento tan culpable. Me doy la vuelta para prestarle atención a lo que estaba cocinando. Pero un humo agobiante está saliendo. Empiezo a toser porque se me está metiendo por la garganta y me empieza a llegar a los pulmones. Pero intento llegar para apagar el fuego. La vista se me empieza a nublar y me tengo que agachar al suelo antes que me caiga.
Relatado por Mónica Naranjo
Estoy caminando por las calles de este lugar. Al no conocer el pueblo, me resulta difícil llegar a la casa que sólo he visto una vez. Voy zigzagueando. La calle se me mueve a mis pies.
-¡PARAD EL PUEBLO!-grito y tras eso me apoyo en la pared.
Voy caminando agarrándome a esa pared que he encontrado. Además de la oscuridad, le sumo mi borrachera. Lo tengo crudo para encontrar nada esta noche. A lo lejos veo algo.
-¡Anda! Una nube-Mónica.
Me voy acercando a lo que me parece una nube. Aunque me parece que está muy baja. Qué raro.
-¡Mónica!-oigo que me llaman.
Es una voz familiar, que ya he escuchado esta tarde. Me giro e intento ver a la persona que me ha llamado.
-¡Aléjate de la casa!
Pero no quiero hacer caso y vuelvo a girarme para adentrarme en esa nube que va descendiendo y se va haciendo más grande. Voy entrando a esa humareda blanca y empiezo a toser. Mis ojos empiezan a picar y empiezo a escuchar sirenas que se acercan. Noto que alguien me coge antes de dejar de ver cualquier cosa.
Debo estar en el cielo y por eso estaba viendo las nubes. Las nubes no son de algodón de azúcar como siempre hemos oído. Hacen toser y pican los ojos como cuando cortas cebolla. De repente veo una luz blanca que me molesta a la vista. Quiero pedir que la apaguen, pero mi voz no reacciona. Mis ojos no se abren.
-¿Mónica? ¿Qué has hecho?-suena una voz frente a mí.
No sé si estoy soñando o esto es real.
-¿Enrique?-Mónica.
martes, 20 de diciembre de 2016
martes, 13 de diciembre de 2016
Capítulo 85:Deseo
Relatado por Mónica Naranjo
Me mira sonriente, con deseo. Pero al ver mi rostro serio, cambia la expresión de su cara.
-Perdona, sólo quería demostrarte mis sentimientos-Iván.
-Esto no es amor, es deseo-le digo acercándome lentamente a él.
Me muevo de forma sensual, para provocarle. Le estoy poniendo nervioso y lo sé. Y eso también me encanta. Voy bajando mi mano por su espalda de forma lenta.
-Mónica... para...-me dice suspirando y de nuevo se le forma una sonrisa en los labios.
-¿Por qué? ¿No era esto lo que querías?-Mónica.
Sonrío de forma pícara. Quería conseguir este efecto y lo estoy consiguiendo. Iván se estremece con mis caricias. Mi contacto le hace excitarse.
-Si me buscas, me encuentras. Yo te aviso-Iván.
-A lo mejor eso es lo que quiero...-le digo en un susurro cerca de su oreja.
Se deja hacer intentando controlarse. Le muerdo el lóbulo de la oreja.
-Hazme tuya...-le susurro de forma provocadora.
-No puedo... tengo que trabajar...-me dice con dificultad.
Habla entre suspiros, ya empiezan los gemidos. Llevo mis manos a su torso y lo acaricio lentamente. Empiezo a desabrocharle los botones de la camisa. Mueve su cara para llevar sus labios a mi cuello. Pero le detengo.
-¿No deberías cerrar o algo?-le pregunto con una sonrisa.
-Sí, ahora mismo-Iván.
-Cuando no estés trabajando, me llamas-le digo dándome la vuelta para dirigirme a la puerta.
-¡Espera!-me llama.
Me detengo cerca de la puerta y me giro para mirarle. Ahora me dirá algo de que no tiene mi número para poder llamarme. A ver, es mono. Pero no es mi tipo. No me parece bien que tenga mi número. Pero con una de mis mejores sonrisas, le digo:
-Dime-Mónica.
-No me has pagado-Iván.
Me acerco a él de forma sensual.
-¿Quieres que te pague?-le digo de forma sexy.
-Eh... Invita la casa-me dice con la voz temblorosa.
-Gracias guapo-le acaricio la mejilla con una sonrisa y me doy la vuelta para marcharme.
Salgo del bar y me da el frío en la cara. El cielo se ha oscurecido. Pero, ¿cuánto tiempo he estado ahí dentro? No se ve ni un alma por la calle y no es que haya muy buena iluminación que digamos. Verás ahora para encontrar la casa.
Relatado por Àngel Llàcer
Me despierto de la siesta. Menuda siesta me he pegado. Todavía tengo sueño. Voy a la maleta y cojo un pijama para estar más cómodo. No sé qué hora será, pero ya debe haber vuelto Mónica y habrá que cenar. Pero tendría que prepararle yo la cena. Es un finde romántico para enamorarla. Me voy a dar prisa. Salgo de la habitación y me dirijo al baño para darme una ducha. Al menos que me espabile y me despierte del todo. He dormido demasiado. O esa es mi impresión.
Al acabar la ducha y haberme puesto el pijama, bajo a la planta inferior. Todo está como yo lo dejé. Incluso tengo que encender la luz.
-¿Mónica?-pregunto para ver si ha vuelto.
Pero no obtengo respuesta por su parte. Miro la hora en el reloj. Es bastante tarde y aún no ha vuelto. ¿Dónde se habrá metido esta mujer? A lo mejor ahora no me quiere ni ver y está haciendo tiempo para no verme despierto. Mi expresión cambia. No puede ser que la haya cagado tanto. Eso me pasa por ser tan impulsivo y no saber esperar. Voy a la cocina y empiezo a preparar lo que será la cena. Todavía confío en que vuelva y pueda disculparme por lo del beso. Pero no ha sido con mala intención. Yo la quiero y quería demostrárselo con ese gesto. Pero para ella ha sido... Bueno, no sé bien lo que habrá significado para ella. De hecho hoy mismo ha visitado a su marido en el hospital. Creo que aún le quiere. No sé ni por qué me sigo haciendo ilusiones. No tengo ninguna posibilidad con ella. Debería haberme quedado con Sylvia aunque me haya engañado con lo de Mónica. Ella me ayudó cuando yo estaba mal. Mientras preparo la cena, saco el móvil. Busco entre mis contactos. Paso por el nombre de Mónica y me detengo.
Me mira sonriente, con deseo. Pero al ver mi rostro serio, cambia la expresión de su cara.
-Perdona, sólo quería demostrarte mis sentimientos-Iván.
-Esto no es amor, es deseo-le digo acercándome lentamente a él.
Me muevo de forma sensual, para provocarle. Le estoy poniendo nervioso y lo sé. Y eso también me encanta. Voy bajando mi mano por su espalda de forma lenta.
-Mónica... para...-me dice suspirando y de nuevo se le forma una sonrisa en los labios.
-¿Por qué? ¿No era esto lo que querías?-Mónica.
Sonrío de forma pícara. Quería conseguir este efecto y lo estoy consiguiendo. Iván se estremece con mis caricias. Mi contacto le hace excitarse.
-Si me buscas, me encuentras. Yo te aviso-Iván.
-A lo mejor eso es lo que quiero...-le digo en un susurro cerca de su oreja.
Se deja hacer intentando controlarse. Le muerdo el lóbulo de la oreja.
-Hazme tuya...-le susurro de forma provocadora.
-No puedo... tengo que trabajar...-me dice con dificultad.
Habla entre suspiros, ya empiezan los gemidos. Llevo mis manos a su torso y lo acaricio lentamente. Empiezo a desabrocharle los botones de la camisa. Mueve su cara para llevar sus labios a mi cuello. Pero le detengo.
-¿No deberías cerrar o algo?-le pregunto con una sonrisa.
-Sí, ahora mismo-Iván.
-Cuando no estés trabajando, me llamas-le digo dándome la vuelta para dirigirme a la puerta.
-¡Espera!-me llama.
Me detengo cerca de la puerta y me giro para mirarle. Ahora me dirá algo de que no tiene mi número para poder llamarme. A ver, es mono. Pero no es mi tipo. No me parece bien que tenga mi número. Pero con una de mis mejores sonrisas, le digo:
-Dime-Mónica.
-No me has pagado-Iván.
Me acerco a él de forma sensual.
-¿Quieres que te pague?-le digo de forma sexy.
-Eh... Invita la casa-me dice con la voz temblorosa.
-Gracias guapo-le acaricio la mejilla con una sonrisa y me doy la vuelta para marcharme.
Salgo del bar y me da el frío en la cara. El cielo se ha oscurecido. Pero, ¿cuánto tiempo he estado ahí dentro? No se ve ni un alma por la calle y no es que haya muy buena iluminación que digamos. Verás ahora para encontrar la casa.
Relatado por Àngel Llàcer
Me despierto de la siesta. Menuda siesta me he pegado. Todavía tengo sueño. Voy a la maleta y cojo un pijama para estar más cómodo. No sé qué hora será, pero ya debe haber vuelto Mónica y habrá que cenar. Pero tendría que prepararle yo la cena. Es un finde romántico para enamorarla. Me voy a dar prisa. Salgo de la habitación y me dirijo al baño para darme una ducha. Al menos que me espabile y me despierte del todo. He dormido demasiado. O esa es mi impresión.
Al acabar la ducha y haberme puesto el pijama, bajo a la planta inferior. Todo está como yo lo dejé. Incluso tengo que encender la luz.
-¿Mónica?-pregunto para ver si ha vuelto.
Pero no obtengo respuesta por su parte. Miro la hora en el reloj. Es bastante tarde y aún no ha vuelto. ¿Dónde se habrá metido esta mujer? A lo mejor ahora no me quiere ni ver y está haciendo tiempo para no verme despierto. Mi expresión cambia. No puede ser que la haya cagado tanto. Eso me pasa por ser tan impulsivo y no saber esperar. Voy a la cocina y empiezo a preparar lo que será la cena. Todavía confío en que vuelva y pueda disculparme por lo del beso. Pero no ha sido con mala intención. Yo la quiero y quería demostrárselo con ese gesto. Pero para ella ha sido... Bueno, no sé bien lo que habrá significado para ella. De hecho hoy mismo ha visitado a su marido en el hospital. Creo que aún le quiere. No sé ni por qué me sigo haciendo ilusiones. No tengo ninguna posibilidad con ella. Debería haberme quedado con Sylvia aunque me haya engañado con lo de Mónica. Ella me ayudó cuando yo estaba mal. Mientras preparo la cena, saco el móvil. Busco entre mis contactos. Paso por el nombre de Mónica y me detengo.
martes, 13 de septiembre de 2016
Capítulo 84:¿Qué te apetece hacer?
Relatado por Àngel Llàcer
Carlos vuelve a hablarme normal. Me dice que no es nada, pero no le creo. Pero, al igual que lo mío, eso no para hablarlo por teléfono. Y además si quiere contármelo. Sino tampoco le voy a obligar. Pero no quiero que esté mal. Es mi amigo y me importa cómo está y me preocupa que pueda estar mal. Vuelve a lo mío, al tema por el que le he llamado.
-Yo te aconsejo que le des su espacio. Si te ha seguido ese beso, es porque algo le gustas. Sino no te lo hubiese seguido y te hubiese apartado-Carlos.
-Y me hubiese dado una torta, sí...-suspiro anhelando su presencia. La echo de menos, quiero que esté a mi lado.
-Sobre todo no la agobies. Lo que tenga que pasar, pasará. Y espero que me lo cuentes, ¿eh?-juraría que está sonriendo al otro lado de la línea. Lo que provoca que yo saque otra sonrisa.
-Ya veremos a la vuelta. Pórtate bien, Latre-Àngel.
-¿Me lo dices tú a mí? ¿En serio?-me pregunta y se echa a reír.
-No, te lo dice mi madre que ha entrado en mí-oigo más risas por su parte.-Será Mónica o lo que sea, pero me noto que estoy cambiando.
-Pues no cambies tanto, anda, que vas a llegar y no te voy a reconocer-Carlos.
-Va, va. Va hombre va-Àngel.
-Bueno, te dejo ya. Que como llegue tu chica y te pille distraído y ocupado... jajaja-Carlos.
-Calla gilipollas jajaja. Que lo pases bien, allá donde estés-Àngel.
Nos despedimos entre risas y cachondeo y cuelgo. Siempre que hablo con este hombre, me da un chute de energía y alegría. La mejor decisión que ha tenido el jefe contratándole. Y eso que nos conocemos de hace poco. Sólo hemos grabado 2 galas, pero estuvo conmigo cuando pasó lo de Mónica. Fue un hombro donde apoyarme. Subo a la planta de arriba, voy a la habitación y cojo una toalla. Me meto al baño y abro la ducha. Voy a relajarme. Estoy agotado por el viaje y de mientras a ver si llega Mónica.
Relatado por Mónica Naranjo
Este cóctel está muy bueno. Ya voy por la tercera. Hay un cruce de miradas entre Iván y yo. En cuanto se me acaba la copa, se acerca para ver si quiero otra más.
-¿Estás intentando emborracharme?-le pregunto con una sonrisa.
-Sólo intento que estés mejor. ¿Otra o no?-Iván.
-Otra-digo con determinación.
Me sirve otra copa y la coloca con cuidado delante de mí. Me dedica otra sonrisa y me vuelve a guiñar el ojo. Se apoya en la barra y me pregunta cosas de mí. Le cuento lo básico. Tampoco quiero que se acerque a mí porque soy famosa. No me ha reconocido y está tonteando conmigo. Eso es buena señal. Tras hablarle de mí, le pregunto sobre él. Me cuenta su historia, cómo acabó trabajando en el bar.
-Y estoy soltero...-me dice y me guiña el ojo.
-Pero, ¿tú cuántos años tienes, niño?-le pregunto divertida.
-Hace poco que he cumplido 19. Pero el amor no tiene edad-Iván.
-Estás confundiendo amor con deseo. Sé lo que provoco en los hombres. No eres el primero ni tampoco el último que se ha fijado en mí. Y no precisamente para una relación de pareja que digamos. Tú cuando me ves, ¿qué te apetece hacer?-Mónica.
-¿La verdad?-Iván.
-La verdad-Mónica.
Estoy preparada para escuchar cualquier cosa. He oído y leído tantas cosas acerca de mi cuerpo y lo que querrían hacer conmigo, que ya estoy curada de espanto. Pero es de la edad de Aitor, no podría tener nada con él. Además que no me gusta. He venido aquí a aclararme entre Óscar y Àngel. ¿Y va a venir ahora él a hacerme el lío? Eso sí que no. Para juegos de miradas, guiños, sonrisitas y piques bien, pero para algo más no. Iván da la vuelta y sale de la barra. Se pone a centímetros de mí y me mira fijamente a los ojos sonriendo con picardía. Se lanza a besarme. Me quedo en shock y no me sale reaccionar. Eso sí, mantengo los labios juntos. Su mano va bajando a mi culo y me levanto enseguida del taburete. Me separo de él.
-¿Qué haces?-le pregunto con los ojos abiertos como platos.
Nota: Quería dejar este capítulo escrito ya que me voy el jueves y no sé cuándo podré volver a escribir. No me llevo el portátil, de modo que si escribo será a través del móvil. Lo aviso por si no me puedo conectar al martes que viene y no veis capítulo nuevo. Si no puedo subir estando fuera, vuelvo por Navidad; lo intentaré compensar como pueda ;) Gracias por leerme y espero que seáis pacientes.
Carlos vuelve a hablarme normal. Me dice que no es nada, pero no le creo. Pero, al igual que lo mío, eso no para hablarlo por teléfono. Y además si quiere contármelo. Sino tampoco le voy a obligar. Pero no quiero que esté mal. Es mi amigo y me importa cómo está y me preocupa que pueda estar mal. Vuelve a lo mío, al tema por el que le he llamado.
-Yo te aconsejo que le des su espacio. Si te ha seguido ese beso, es porque algo le gustas. Sino no te lo hubiese seguido y te hubiese apartado-Carlos.
-Y me hubiese dado una torta, sí...-suspiro anhelando su presencia. La echo de menos, quiero que esté a mi lado.
-Sobre todo no la agobies. Lo que tenga que pasar, pasará. Y espero que me lo cuentes, ¿eh?-juraría que está sonriendo al otro lado de la línea. Lo que provoca que yo saque otra sonrisa.
-Ya veremos a la vuelta. Pórtate bien, Latre-Àngel.
-¿Me lo dices tú a mí? ¿En serio?-me pregunta y se echa a reír.
-No, te lo dice mi madre que ha entrado en mí-oigo más risas por su parte.-Será Mónica o lo que sea, pero me noto que estoy cambiando.
-Pues no cambies tanto, anda, que vas a llegar y no te voy a reconocer-Carlos.
-Va, va. Va hombre va-Àngel.
-Bueno, te dejo ya. Que como llegue tu chica y te pille distraído y ocupado... jajaja-Carlos.
-Calla gilipollas jajaja. Que lo pases bien, allá donde estés-Àngel.
Nos despedimos entre risas y cachondeo y cuelgo. Siempre que hablo con este hombre, me da un chute de energía y alegría. La mejor decisión que ha tenido el jefe contratándole. Y eso que nos conocemos de hace poco. Sólo hemos grabado 2 galas, pero estuvo conmigo cuando pasó lo de Mónica. Fue un hombro donde apoyarme. Subo a la planta de arriba, voy a la habitación y cojo una toalla. Me meto al baño y abro la ducha. Voy a relajarme. Estoy agotado por el viaje y de mientras a ver si llega Mónica.
Relatado por Mónica Naranjo
Este cóctel está muy bueno. Ya voy por la tercera. Hay un cruce de miradas entre Iván y yo. En cuanto se me acaba la copa, se acerca para ver si quiero otra más.
-¿Estás intentando emborracharme?-le pregunto con una sonrisa.
-Sólo intento que estés mejor. ¿Otra o no?-Iván.
-Otra-digo con determinación.
Me sirve otra copa y la coloca con cuidado delante de mí. Me dedica otra sonrisa y me vuelve a guiñar el ojo. Se apoya en la barra y me pregunta cosas de mí. Le cuento lo básico. Tampoco quiero que se acerque a mí porque soy famosa. No me ha reconocido y está tonteando conmigo. Eso es buena señal. Tras hablarle de mí, le pregunto sobre él. Me cuenta su historia, cómo acabó trabajando en el bar.
-Y estoy soltero...-me dice y me guiña el ojo.
-Pero, ¿tú cuántos años tienes, niño?-le pregunto divertida.
-Hace poco que he cumplido 19. Pero el amor no tiene edad-Iván.
-Estás confundiendo amor con deseo. Sé lo que provoco en los hombres. No eres el primero ni tampoco el último que se ha fijado en mí. Y no precisamente para una relación de pareja que digamos. Tú cuando me ves, ¿qué te apetece hacer?-Mónica.
-¿La verdad?-Iván.
-La verdad-Mónica.
Estoy preparada para escuchar cualquier cosa. He oído y leído tantas cosas acerca de mi cuerpo y lo que querrían hacer conmigo, que ya estoy curada de espanto. Pero es de la edad de Aitor, no podría tener nada con él. Además que no me gusta. He venido aquí a aclararme entre Óscar y Àngel. ¿Y va a venir ahora él a hacerme el lío? Eso sí que no. Para juegos de miradas, guiños, sonrisitas y piques bien, pero para algo más no. Iván da la vuelta y sale de la barra. Se pone a centímetros de mí y me mira fijamente a los ojos sonriendo con picardía. Se lanza a besarme. Me quedo en shock y no me sale reaccionar. Eso sí, mantengo los labios juntos. Su mano va bajando a mi culo y me levanto enseguida del taburete. Me separo de él.
-¿Qué haces?-le pregunto con los ojos abiertos como platos.
Nota: Quería dejar este capítulo escrito ya que me voy el jueves y no sé cuándo podré volver a escribir. No me llevo el portátil, de modo que si escribo será a través del móvil. Lo aviso por si no me puedo conectar al martes que viene y no veis capítulo nuevo. Si no puedo subir estando fuera, vuelvo por Navidad; lo intentaré compensar como pueda ;) Gracias por leerme y espero que seáis pacientes.
martes, 6 de septiembre de 2016
Capítulo 83:Aclaradudas
Relatado por Mónica Naranjo
Avanzo rápidamente por el camino. Bueno todo lo rápido que me permite la nieve. Llego a otra cabaña, algo retirada a la nuestra pero de la que entra y sale gente. Me acerco a la puerta y la empujo para abrir. Parece un bar. Hay varias mesas y una barra con una persona al otro lado. Me acerco lentamente a la barra. Hay que ver lo que he corrido hasta aquí y lo lento que voy ahora. Me siento en un taburete y miro la barra.
-¿Qué va a ser?-oigo una voz frente a mí.
Levanto la vista y veo un chico joven, de unos 20 años, sonriendo.
-¿Qué me recomiendas?-le sigo la sonrisa, aunque la mía es una sonrisa fíngida.
-¿Problemas verdad?-me pregunta el chico.
-Más bien dudas...-Mónica.
-Pues te voy a preparar algo para que lo disfrutes. Lo mejor para pensar es sentarse a una mesa. Yo te lo llevo.
Lo miro en silencio, analizándolo. Debe ser sólo unos años mayor que mi hijo. Me levanto y me dirijo a una mesa libre. No dejo de mirarle mientras agita la coctelera. ¿Qué estoy haciendo? Podría ser mi hijo. Bajo la vista a la tabla de la mesa y empiezo a pensar en lo que ha pasado. En ese beso que nos hemos dado, en la familia que he dejado en Barcelona. Mi marido en el hospital y yo aquí de fin de semana con Àngel. ¿Realmente estoy haciendo bien? Aunque él también sale a tomar algo con la nueva chica de la discográfica. Edurne me parece que me dijo que se llamaba. ¿Por qué me molesta tanto que salgan juntos? ¿Estoy celosa? Yo también salgo con Àngel. De hecho estoy ahora mismo con él en los Pirineos. En una casa rural. De finde. La voz del camarero me saca de mis pensamientos.
-Aquí tienes, preciosa.
-¿Y cómo se llama?-Mónica.
-¿Cuál? ¿El cóctel o yo?-me pregunta con una sonrisa pícara.
-Me refería al cóctel, pero...-le miro insinuante-si me quieres decir cómo te llamas...-le dedico una sonrisa que podría derretir a cualquiera.
Me mira con una sonrisa nerviosa.
-Pues... lo acabo de inventar, así que se llama...-me dice titubeando.
-Así que soy tu conejillo de indias, ¿no?-le pregunto con una sonrisa. Le doy un sorbo. El chico me mira a la espera de mi opinión.-Buenísimo-me relamo los labios dulcemente.
-Me llamo Iván
-Encantada Iván. Yo soy Mónica.
-Igualmente-Iván.
Iván se retira y sigue atendiendo en la barra. Sigo deleitándome de este cóctel tan maravilloso. Mientras bebo, me vienen imágenes a la cabeza: cuando conocí a Óscar, cuando empezamos a salir, nuestro primer beso, nuestros viajes (tanto personales como profesionales). No puedo evitar sonreír ante todo eso. Pero también recuerdo el haber llegado tarde, el ir de la mano de Edurne, cuando llegó a casa borracho y lo encontré en la bañera hasta arriba de pastillas. Y empiezo a recordar cómo empecé con Àngel: fue el que me rayó el coche con la moto, pero al que vacilo siempre que puedo con la ayuda de la churri. Quiso venir conmigo cuando estuve en coma, pero Silvia se lo inmpidió. Bueno no se lo dijo, que es peor. Y ahora me prepara una sorpresa y me trae a los Pirineos y reserva una casa rural para pasar el finde. Con él me puedo desahogar todo lo que quiera, le puedo contar lo que me pasa, me río con él. Llamo a Iván y le pido que me ponga otra.
-¿Te ha gustado mi cóctel, ¿eh?-Iván.
-Podrías acompañarme si quieres...-le dedico una sonrisa.
-Estoy trabajando, pero cuando quieras podemos quedar, guapa-me sonríe él también.
-Pues será mejor que no...-Mónica.
-¿Ya te has aclarado las dudas?-me pregunta apoyándose en la barra.
-Parece que sí-sonrío pensando en mi hombre ideal.
-Pues entonces ya tengo nombre para el cóctel-Iván.
-A ver, sorpréndeme-le digo sonriendo.
-Aclaradudas, así todo junto-Iván.
-¿Aclaradudas?-le miro extrañada.
-Sí, ¿por qué no?-Iván.
-Porque suena raro. Oye, ¿me pones un aclaradudas? Pues no sé-Mónica.
-Ya cuajará el nombre. Aquí tienes, preciosa-me coloca la copa enfrente y me guiña el ojo. Sonrío y me coloco el dedo en el labio de forma provocadora. Si quiere juego, va a tenerlo.
Relatado por Àngel Llàcer
He hecho mal en darle ese beso. Ahora no querrá ni acercarse a mí. Si es que siempre la tengo que estar cagando. No aprendo. Cojo el móvil para contarle lo ocurrido a la persona que tengo de confianza. Empiezo a contarle todo por whatsapp y decide llamarme para que se lo cuente bien. Esto no es para hablarlo por mensaje, me dice.
-Pues eso tío, que me he lanzado y ha salido huyendo despavorida-Àngel.
-¿Seguro que ha huido? Igual ha ido a pensar, a estar sola un rato y aclararse las ideas. Ten en cuenta que está casada-Carlos.
-Y que su marido está en el hospital-termino la frase por él-Lo sé. Pero, ¿y si la he perdido para siempre?
-Tú deja que vuelva a casa y que te cuente. No la agobies, sobre todo eso-Carlos.
-Uy Carlitos, cuánto sabes de mujeres...-le digo para picarle.
-Uff, no lo sabes tú bien...-me dice Carlos suspirando al otro lado de la línea.
-¿Te pasa algo?-le pregunto preocupado.
Hay un silencio.
-¿Sigues ahí? ¿Carlos? ¿Hola?-Àngel.
Avanzo rápidamente por el camino. Bueno todo lo rápido que me permite la nieve. Llego a otra cabaña, algo retirada a la nuestra pero de la que entra y sale gente. Me acerco a la puerta y la empujo para abrir. Parece un bar. Hay varias mesas y una barra con una persona al otro lado. Me acerco lentamente a la barra. Hay que ver lo que he corrido hasta aquí y lo lento que voy ahora. Me siento en un taburete y miro la barra.
-¿Qué va a ser?-oigo una voz frente a mí.
Levanto la vista y veo un chico joven, de unos 20 años, sonriendo.
-¿Qué me recomiendas?-le sigo la sonrisa, aunque la mía es una sonrisa fíngida.
-¿Problemas verdad?-me pregunta el chico.
-Más bien dudas...-Mónica.
-Pues te voy a preparar algo para que lo disfrutes. Lo mejor para pensar es sentarse a una mesa. Yo te lo llevo.
Lo miro en silencio, analizándolo. Debe ser sólo unos años mayor que mi hijo. Me levanto y me dirijo a una mesa libre. No dejo de mirarle mientras agita la coctelera. ¿Qué estoy haciendo? Podría ser mi hijo. Bajo la vista a la tabla de la mesa y empiezo a pensar en lo que ha pasado. En ese beso que nos hemos dado, en la familia que he dejado en Barcelona. Mi marido en el hospital y yo aquí de fin de semana con Àngel. ¿Realmente estoy haciendo bien? Aunque él también sale a tomar algo con la nueva chica de la discográfica. Edurne me parece que me dijo que se llamaba. ¿Por qué me molesta tanto que salgan juntos? ¿Estoy celosa? Yo también salgo con Àngel. De hecho estoy ahora mismo con él en los Pirineos. En una casa rural. De finde. La voz del camarero me saca de mis pensamientos.
-Aquí tienes, preciosa.
-¿Y cómo se llama?-Mónica.
-¿Cuál? ¿El cóctel o yo?-me pregunta con una sonrisa pícara.
-Me refería al cóctel, pero...-le miro insinuante-si me quieres decir cómo te llamas...-le dedico una sonrisa que podría derretir a cualquiera.
Me mira con una sonrisa nerviosa.
-Pues... lo acabo de inventar, así que se llama...-me dice titubeando.
-Así que soy tu conejillo de indias, ¿no?-le pregunto con una sonrisa. Le doy un sorbo. El chico me mira a la espera de mi opinión.-Buenísimo-me relamo los labios dulcemente.
-Me llamo Iván
-Encantada Iván. Yo soy Mónica.
-Igualmente-Iván.
Iván se retira y sigue atendiendo en la barra. Sigo deleitándome de este cóctel tan maravilloso. Mientras bebo, me vienen imágenes a la cabeza: cuando conocí a Óscar, cuando empezamos a salir, nuestro primer beso, nuestros viajes (tanto personales como profesionales). No puedo evitar sonreír ante todo eso. Pero también recuerdo el haber llegado tarde, el ir de la mano de Edurne, cuando llegó a casa borracho y lo encontré en la bañera hasta arriba de pastillas. Y empiezo a recordar cómo empecé con Àngel: fue el que me rayó el coche con la moto, pero al que vacilo siempre que puedo con la ayuda de la churri. Quiso venir conmigo cuando estuve en coma, pero Silvia se lo inmpidió. Bueno no se lo dijo, que es peor. Y ahora me prepara una sorpresa y me trae a los Pirineos y reserva una casa rural para pasar el finde. Con él me puedo desahogar todo lo que quiera, le puedo contar lo que me pasa, me río con él. Llamo a Iván y le pido que me ponga otra.
-¿Te ha gustado mi cóctel, ¿eh?-Iván.
-Podrías acompañarme si quieres...-le dedico una sonrisa.
-Estoy trabajando, pero cuando quieras podemos quedar, guapa-me sonríe él también.
-Pues será mejor que no...-Mónica.
-¿Ya te has aclarado las dudas?-me pregunta apoyándose en la barra.
-Parece que sí-sonrío pensando en mi hombre ideal.
-Pues entonces ya tengo nombre para el cóctel-Iván.
-A ver, sorpréndeme-le digo sonriendo.
-Aclaradudas, así todo junto-Iván.
-¿Aclaradudas?-le miro extrañada.
-Sí, ¿por qué no?-Iván.
-Porque suena raro. Oye, ¿me pones un aclaradudas? Pues no sé-Mónica.
-Ya cuajará el nombre. Aquí tienes, preciosa-me coloca la copa enfrente y me guiña el ojo. Sonrío y me coloco el dedo en el labio de forma provocadora. Si quiere juego, va a tenerlo.
Relatado por Àngel Llàcer
He hecho mal en darle ese beso. Ahora no querrá ni acercarse a mí. Si es que siempre la tengo que estar cagando. No aprendo. Cojo el móvil para contarle lo ocurrido a la persona que tengo de confianza. Empiezo a contarle todo por whatsapp y decide llamarme para que se lo cuente bien. Esto no es para hablarlo por mensaje, me dice.
-Pues eso tío, que me he lanzado y ha salido huyendo despavorida-Àngel.
-¿Seguro que ha huido? Igual ha ido a pensar, a estar sola un rato y aclararse las ideas. Ten en cuenta que está casada-Carlos.
-Y que su marido está en el hospital-termino la frase por él-Lo sé. Pero, ¿y si la he perdido para siempre?
-Tú deja que vuelva a casa y que te cuente. No la agobies, sobre todo eso-Carlos.
-Uy Carlitos, cuánto sabes de mujeres...-le digo para picarle.
-Uff, no lo sabes tú bien...-me dice Carlos suspirando al otro lado de la línea.
-¿Te pasa algo?-le pregunto preocupado.
Hay un silencio.
-¿Sigues ahí? ¿Carlos? ¿Hola?-Àngel.
martes, 30 de agosto de 2016
Capítulo 82:La cabaña
Relatado por Mónica Naranjo
-¿Cómo que los Pirineos?-le pregunto sorprendida sin dejar de mirar la casa que tengo frente a mis ojos.-Pero, ¿cómo? ¿Cuándo?
Estoy que no me lo creo. No tengo ni idea cuándo ha organizado todo este viaje. Pero está preparado hasta el más mínimo detalle. De hecho estaba el coche en la puerta de la estación y todo. Como si supiera el señor a qué hora íbamos a llegar. Àngel me mira y me ofrece su mano.
-¿Entramos?-Àngel.
-Sí-asiento sonriendo ilusionada-Pero no has contestado a mis preguntas.
Le doy la mano ilusionada. Va a conseguir que le quiera aún más de lo que ya le quiero. Él me empieza a hablar, pero apenas le escucho. Le miro a él y miro a mi alrededor. No me puedo creer que esté aquí... con él. Óscar no ha tenido nunca estos detalles conmigo. Bueno sí. Nos fuimos a Italia cuando decidí alejarme de todo por un tiempo. Pero ese viaje nunca fue sorpresa. Más bien fue idea mía. No estoy queriendo decir que Óscar sea peor y Àngel mejor. Simplemente que cada es de una forma distinta. Pero los 2 me tratan con mucho cariño. Otra vez me vienen las dudas. Y no tengo aquí a la churri para que me ayude. Agito la cabeza para intentar apartar esos pensamientos. Al menos por ahora. Quiero disfrutar de este fin de semana. Àngel ha dicho de pasar el finde juntos. Y voy a estar al cien por cien. No hay sitio para las preocupaciones. Àngel abre la puerta y busca el interruptor. Al accionarlo, se ilumina la estancia. Me quedo maravillada por la belleza que me rodea. Todo es de madera y simple, pero tiene la belleza y el encanto de casa rural. Voy corriendo a la ventana donde se ve la nieve. Me giro para ver el resto de, lo que parece, la sala principal. Hay una mesa de madera con unas sillas a su alrededor. De madera también. Hay un sofacito blanco que mira hacia una chimenea. Junto a la sala de estar, se puede apreciar la cocina. Me voy acercando y veo el fregadero, la cocina, la nevera. Salgo de la cocina y vuelvo al salón, donde hay unas escaleras para subir al piso superior. Subo rápidamente los escalones y voy abriendo las puertas. Una habitación, otra y el baño. De una pasada, he visto toda la casa. Vuelvo a bajar las escaleras a todas velocidad en busca de Àngel. Quiero agradecerle todo esto. Le veo que está de espaldas a la chimenea. Me acerco sigilosamente a donde él y le abrazo por la espalda. Se sobresalta un poco. Pero se gira y me mira sonriendo.
-¿Qué te gusta? ¿Ya no me quieres matar?-me pregunta con una sonrisa, esa sonrisa que me vuelve loca.
-¿Que si me gusta? No me gusta...-me mira con cara triste-,¡me encanta!-le digo emocionada.-Y si que te quiero matar...-hago una pausa para ver lo que me contesta.
-¿Te gusta y me quieres matar? ¿Cómo se come eso?-me pregunta con extrañeza.
-Te quiero matar... pero... ¡A besos!-le empiezo a dar besos por la cara-Que no me dejas terminar.
Estoy tan emocionada que no dejo de darle besos por toda la cara hasta que llego a sus labios y deposito un rápido pico. Me separo rápidamente con la cara roja y aparto la mirada.
-Mónica...-me dice casi susurrando y cogiéndome del brazo.
-Perdón, ha sido la emoción y la efusividad-me disculpo sin mirarle.
Relatado por Àngel Llàcer
La agarro del brazo y, de un movimiento, la vuelvo a colocar frente a mí. Ella no me mira, me evita la mirada. Le cojo la barbilla y le subo la cara para hacer que me mire. Ella se disculpa. No para de decir que no ha estado bien, que ha sido la emoción del momento y la impulsividad. Me acerco a sus labios y coloco los míos encima de los suyos. Me mira con ojos como platos, pero al momento los cierra y se deja llevar por este beso. Tras un rato besándonos, me separo levemente. Pero no lo suficiente como para alejarme de ella. Apenas estamos a centímetros el uno del otro. Abrimos los ojos y nos miramos fijamente. Nos quedamos un rato así, en silencio. Hasta que decido que es el momento de intervenir.
-Perdona, ¿decías?-Àngel.
-Que... que...-empieza diciendo entre titubeos.-¿No te ha molestado?
-No, no me ha molestado. Sabes lo que siento por ti-ella me mira como queriendo decir que ella no sabe nada-Pues ahora ya lo sabes. Te quiero y estoy enamorado de ti. Por eso he organizado todo esto. Sé que estás casada, que tienes un hijo. Pero eso me da igual porque yo te amo.
Hale, ya lo he soltado todo. Me he quedado más liberado. Mónica me mira fijamente. Aún no ha dicho una palabra, pero me mira fijamente.
-¿Qué dices? ¿Lo intentamos?-Àngel.
Ella me sigue mirando sin soltar una palabra de su boca. Se separa de mí, da la vuelta y va hacia la puerta. La abre y empieza a caminar deprisa. La veo cómo se aleja. La he cagado. No debería haberle dicho nada. Ahora nuestra relación profesional se va a deteriorar. No me va a querer volver a ver en la vida. ¡Mierda! ¿Por qué tengo que ser tan bocazas? Me acerco al sofá y me tumbo. No dejo de darle vueltas a lo que ha pasado. ¿Cómo voy a pretender que deje a su familia? ¿Por mí? Soy imbécil. Simplemente imbécil.
-¿Cómo que los Pirineos?-le pregunto sorprendida sin dejar de mirar la casa que tengo frente a mis ojos.-Pero, ¿cómo? ¿Cuándo?
Estoy que no me lo creo. No tengo ni idea cuándo ha organizado todo este viaje. Pero está preparado hasta el más mínimo detalle. De hecho estaba el coche en la puerta de la estación y todo. Como si supiera el señor a qué hora íbamos a llegar. Àngel me mira y me ofrece su mano.
-¿Entramos?-Àngel.
-Sí-asiento sonriendo ilusionada-Pero no has contestado a mis preguntas.
Le doy la mano ilusionada. Va a conseguir que le quiera aún más de lo que ya le quiero. Él me empieza a hablar, pero apenas le escucho. Le miro a él y miro a mi alrededor. No me puedo creer que esté aquí... con él. Óscar no ha tenido nunca estos detalles conmigo. Bueno sí. Nos fuimos a Italia cuando decidí alejarme de todo por un tiempo. Pero ese viaje nunca fue sorpresa. Más bien fue idea mía. No estoy queriendo decir que Óscar sea peor y Àngel mejor. Simplemente que cada es de una forma distinta. Pero los 2 me tratan con mucho cariño. Otra vez me vienen las dudas. Y no tengo aquí a la churri para que me ayude. Agito la cabeza para intentar apartar esos pensamientos. Al menos por ahora. Quiero disfrutar de este fin de semana. Àngel ha dicho de pasar el finde juntos. Y voy a estar al cien por cien. No hay sitio para las preocupaciones. Àngel abre la puerta y busca el interruptor. Al accionarlo, se ilumina la estancia. Me quedo maravillada por la belleza que me rodea. Todo es de madera y simple, pero tiene la belleza y el encanto de casa rural. Voy corriendo a la ventana donde se ve la nieve. Me giro para ver el resto de, lo que parece, la sala principal. Hay una mesa de madera con unas sillas a su alrededor. De madera también. Hay un sofacito blanco que mira hacia una chimenea. Junto a la sala de estar, se puede apreciar la cocina. Me voy acercando y veo el fregadero, la cocina, la nevera. Salgo de la cocina y vuelvo al salón, donde hay unas escaleras para subir al piso superior. Subo rápidamente los escalones y voy abriendo las puertas. Una habitación, otra y el baño. De una pasada, he visto toda la casa. Vuelvo a bajar las escaleras a todas velocidad en busca de Àngel. Quiero agradecerle todo esto. Le veo que está de espaldas a la chimenea. Me acerco sigilosamente a donde él y le abrazo por la espalda. Se sobresalta un poco. Pero se gira y me mira sonriendo.
-¿Qué te gusta? ¿Ya no me quieres matar?-me pregunta con una sonrisa, esa sonrisa que me vuelve loca.
-¿Que si me gusta? No me gusta...-me mira con cara triste-,¡me encanta!-le digo emocionada.-Y si que te quiero matar...-hago una pausa para ver lo que me contesta.
-¿Te gusta y me quieres matar? ¿Cómo se come eso?-me pregunta con extrañeza.
-Te quiero matar... pero... ¡A besos!-le empiezo a dar besos por la cara-Que no me dejas terminar.
Estoy tan emocionada que no dejo de darle besos por toda la cara hasta que llego a sus labios y deposito un rápido pico. Me separo rápidamente con la cara roja y aparto la mirada.
-Mónica...-me dice casi susurrando y cogiéndome del brazo.
-Perdón, ha sido la emoción y la efusividad-me disculpo sin mirarle.
Relatado por Àngel Llàcer
La agarro del brazo y, de un movimiento, la vuelvo a colocar frente a mí. Ella no me mira, me evita la mirada. Le cojo la barbilla y le subo la cara para hacer que me mire. Ella se disculpa. No para de decir que no ha estado bien, que ha sido la emoción del momento y la impulsividad. Me acerco a sus labios y coloco los míos encima de los suyos. Me mira con ojos como platos, pero al momento los cierra y se deja llevar por este beso. Tras un rato besándonos, me separo levemente. Pero no lo suficiente como para alejarme de ella. Apenas estamos a centímetros el uno del otro. Abrimos los ojos y nos miramos fijamente. Nos quedamos un rato así, en silencio. Hasta que decido que es el momento de intervenir.
-Perdona, ¿decías?-Àngel.
-Que... que...-empieza diciendo entre titubeos.-¿No te ha molestado?
-No, no me ha molestado. Sabes lo que siento por ti-ella me mira como queriendo decir que ella no sabe nada-Pues ahora ya lo sabes. Te quiero y estoy enamorado de ti. Por eso he organizado todo esto. Sé que estás casada, que tienes un hijo. Pero eso me da igual porque yo te amo.
Hale, ya lo he soltado todo. Me he quedado más liberado. Mónica me mira fijamente. Aún no ha dicho una palabra, pero me mira fijamente.
-¿Qué dices? ¿Lo intentamos?-Àngel.
Ella me sigue mirando sin soltar una palabra de su boca. Se separa de mí, da la vuelta y va hacia la puerta. La abre y empieza a caminar deprisa. La veo cómo se aleja. La he cagado. No debería haberle dicho nada. Ahora nuestra relación profesional se va a deteriorar. No me va a querer volver a ver en la vida. ¡Mierda! ¿Por qué tengo que ser tan bocazas? Me acerco al sofá y me tumbo. No dejo de darle vueltas a lo que ha pasado. ¿Cómo voy a pretender que deje a su familia? ¿Por mí? Soy imbécil. Simplemente imbécil.
martes, 23 de agosto de 2016
Capítulo 81:Bienvenida
Relatado por Àngel Llàcer
Después de un rato de protesta, se queda dormida. No hay cosa que me haga más feliz que verla dormir. Ojalá pudiese verla así todos los días. Sí, estoy diciendo de que vivamos juntos. Sé que es muy precipitado, que apenas estoy currándome algo para que esto vaya a alguna parte. Pero viéndola de esta forma, me dan ganas de compartir mis mañanas con ella. Bueno, y también mis noches. Debe ser precioso estar en la misma cama que ella y verla dormir, acurrucarnos para estar calentitos en invierno o pelearnos por la manta. Que por lo poco que la voy conociendo, me acabaría ganando ella y yo dormiría desarropado. Miro por la ventana el paisaje. No os voy a decir nada de momento. Quiero que viváis con ella la sorpresa. Sólo os puedo decir que no vamos muy lejos y vamos en tren. Teniendo en cuenta que salimos de Barcelona... podéis hacer vuestras insinuaciones. Cojo el móvil y le hago una foto. La guardo con el titulo de "mi princesa". Abro el whatsapp y voy al chat con Latre.
-"Primera parte del plan completada. Ya vamos en el tren"-Àngel.
-"Se ha quejado o algo?"-Carlos.
-"Como una niña jajaja"-Àngel.
-"Jajajaja te va a matar en cuanto le quites la venda, yo solo aviso"-Carlos.
-"Si le va a gustar... o al menos eso espero... :S"-Àngel.
-"Seguro que le encanta, tú tranquilo. Ya me irás contando no?"-Carlos.
-"Bueno, eso mejor a la vuelta...*emoticono sexy*"-Àngel.
-"Menudo estás tú hecho jajaja"-Carlos.
-"Ya me conoces jajaja"-Àngel.
-"Por eso lo digo jajaja"-Carlos.
Seguimos hablando un poco más. La verdad es que el tiempo se me hace corto así entretenido. Tampoco quiero tener a Mónica porque sino va a estar protestando y preguntando que a donde vamos. Lo típico de los niños en el coche "¿falta mucho?". Eso me encanta de ella: que es madura, pero a la vez tiene esa parte infantil. Está ilusionada e intrigada y a la vez me quiere matar. Jajaja, me hace gracia la situación la verdad. Pero cuando vea a donde vamos, no creo que me vaya a querer matar. Espero que le guste. Vamos llegando. Ya me va gustando el paisaje. Le doy un toquecito a Mónica que se despierta sobresaltada.
-¿Qué? ¿Qué pasa?-Mónica.
Me acerco con cuidado a su oreja y le quito un tapón. Después voy a la otra y hago lo mismo.
-Que ya hemos llegado-Àngel.
-¿Y ya puedo verlo?-me pregunta con emoción.
-Em... pues... sólo hemos llegado a la estación. Aún tenemos que llegar al sitio...-le digo con una sonrisa, la cual ella no ve. Me lo estoy pasando muy bien viéndola "sufrir" así.
-¿No pretenderás que baje así, verdad? Del autobús, tren o lo que coño sea esto-Mónica.
Me empiezo a reír sin remedio.
-A ver si la venda te la voy a tener que poner en la boca en vez de en los ojos...-le insinúo.
-Pues mejor sería...-me dice en voz baja. Es como si no quisiera que lo he escuchase, pero lo he oído. O a lo mejor sí quería que lo oyese. La voy a vacilar un poco.
-¿Cómo has dicho? Es que esta presión me tapa los oídos...-Àngel.
-¿Pero no decías que estábamos en una estación y que habíamos llegado? Me estás liando, Àngel-se empieza a desesperar.
Me estoy riendo por dentro y disfruto de este momento. Aunque sea la última parada, hay que bajar ya. Así que decido que le voy a quitar la venda de los ojos.
-Te voy a quitar la venda, ¿vale?-Àngel.
Relatado por Mónica Naranjo
-Vale-asiento sonriendo.
Aunque en mi interior estoy pensando "por fin". Por fin voy a saber dónde me ha traído este hombre. Noto que el nudo va aflojándose y me quita el pañuelo. Abro los ojos, que tienen que acostumbrarse a la luz. Àngel me dice que vayamos ya, que bajemos que somos los últimos.
-¿Encima vienes con prisas? Ya te vale, bonito-Mónica.
Le amenazo con la mano como si le fuese a dar una colleja. Coge mi maleta y otra, debe ser la suya. ¿En qué momento la ha cogido? Esto de estar privada de la vista, me ha hecho perder bastantes cosas.
-Ya llevo yo mi maleta, anda-le pido alargando la mano.
-Tranquila, que ya puedo yo-me dice de espaldas a mí tirando de las 2 maletas.
-Mira que eres cabezota, ¿eh?-Mónica.
-Bah, bah-Àngel.
Bajamos del tren y me mete prisa para salir de allí. Intento mirar el nombre, pero tengo que correr para que no se me escape. Así que ni idea dónde estamos. En la puerta nos espera un coche y un hombre le entrega las llaves a Àngel. Le ayuda a meter las maletas en el maletero y le desea buen viaje y feliz estancia. Me abre la puerta del copiloto y vuelve a sacar la venda.
-Otra vez no...-me empiezo a quejar.
-Lo siento, cariño. Pero así te gustará más... O eso creo-Àngel.
-Venga...-accedo a regañadientes.
Me deja que me ponga el cinturón y una vez se cerciora que está abrochado, me pone de nuevo la venda. Qué cruz con la venda. Voy a odiar este tipo de cosas al final. Oigo que Àngel se sienta a mi lado y cierra la puerta.
-Bueno, pues allá vamos-Àngel.
-Ya puede estar bien o sino te mato-le aviso con el dedo amenazante. Giro la cabeza en la dirección en la que creo que está para amenazarle.
Se empieza a reír y me acaricia la mejilla.
-Merecerá la pena, te lo aseguro-Àngel.
-Más te vale-Mónica.
-Jajaja que sí. ¿Ponemos música?-Àngel.
-Como quieras-Mónica.
Espero un instante y la música empieza a sonar. La melodía del comienzo me empieza a sonar y empiezo a escuchar unos susurros. Mis propios susurros.
-No, por favor. Mi música no...-Mónica.
Àngel baja el volumen.
-¿Decías?-Àngel.
-Que pongas otra música, por favor. Bastante tengo con escucharla cuando grabo-Mónica.
-¿No te gusta?-me pregunta Àngel sorprendido.
-Sí, pero... prefiero otra cosa-Mónica.
Àngel quita la canción "Desátame" y se oye el radial buscando música. A ver si así descubro, también, por donde hemos venido. Pero nada, no hablan. Al final me conformo y disfruto con la música. Tras un rato, la música se detiene y el motor también.
-Espera, ¿eh?-me dice Àngel.
Asiento en silencio y espero hasta que venga a quitármelo. Ay , qué ganas por Dios. Mi puerta se abre y noto el peso de Àngel encima de mí. Se oye el click del cinturón. Me coge de la cintura y me deja en el suelo al instante.
-¿Preparada?-Àngel.
-Sí-digo con una sonrisa emocionada.
-¿Lista?-sigue preguntando.
-¿Vamos a echar una carrera o qué?-le pregunto impaciente.
-Cierra los ojos...-Àngel me va desatando el nudo-No los abras, ¿eh? No hagas trampas.
-Que no, pesado-Mónica.
Me quita la venda del todo y yo mantengo mis ojos cerrados. Àngel me da permiso para abrirlos y eso hago. Miro frente a mí. El paisaje es precioso. Delante de mí está todo blanco, toda la nieve está a mi alrededor. Miro mis pies que también la están pisando. Me giro sobre mí y veo una casita de madera.
-¿Y esto?-pregunto con lágrimas en los ojos.
Àngel me mira sonriente.
-Mónica, bienvenida a los Pirineos-Àngel.
martes, 16 de agosto de 2016
Capítulo 80:Hacia la sorpresa
Relatado por Àngel Llàcer
Cenamos hablando para conocernos un poco mejor. Siempre pendiente a la hora. Aunque ahora lo hago disimuladamente para que no me pille. Como me pregunte una vez más, se me va a escapar y quiero que sea sorpresa. Mónica es muy impaciente y lo quiere saber ya. Yo quiero que sea sorpresa, pero con esa carita me da pena y no puedo resistirme. Pero tengo que aguantar un poco más. Pero sé que le va a gustar. Después de los platos principales, nos traen la carta de postres y nos dejan un rato para elegir.
-Elige lo que tú quieras, cariño-Àngel.
Mónica me mira sorprendida, a lo que agacho la cabeza rápidamente.
-¿Cómo me has llamado?-Mónica.
-Eh... Mónica...-digo entre titubeos.
-Ya, ya. A mí me ha parecido otra cosa...-podría jurar que está sonriendo, aunque no la vea.
Levanto la cabeza y la miro de reojo. En efecto, tiene una sonrisa traviesa en los labios.
-Me da que te ha afectado al oído también, ¿eh?-digo a modo de pique.
-A ti sí que te va a afectar al oído como te de...-me amenaza divertida con su mano.
-Venga, acaba de elegir o no tomas nada-Àngel.
-¿Me vas a dejar sin postre?-me mira con cara de cachorrito, pero a la vez pícara. El doble sentido en ella juega muy bien. Me limito a sonreír y a suspirar.
-¡Venga!-la apremio.
-Ey, ey, tranquilo-Mónica.
A continuación llama al camarero y le pide lo que quiere para ella. Le toma nota y a continuación me pregunta a mí. Miro a Mónica que me mira expectante.
-Venga, tanta prisa como tenías. ¿No lo tenías tan claro? Pues elige-Mónica.
Llevo mi mirada de nuevo a la carta y miro al camarero y le digo lo que quiero. Me toma nota con una sonrisa y se aleja. Me parece que le ha parecido divertida la situación.
-¿Te parece bonito?-le pregunto a Mónica serio, fingiendo enfado.
-Más bien me parece guapo, pero estoy contigo y se ha dado cuenta-me dice siguiéndome el rollo. Lo que se llama vacilarme.
Suspiro de nuevo.
-Menudo fin de semana me vas a dar...-Àngel.
-¿Fin de semana? ¿Vamos a pasar el finde juntos?-me pregunta ilusionada.
Me llevo las manos a la boca. ¡Mierda! Ya se me ha escapado. ¿Qué os decía antes? Que se me acabaría escapando. Bueno, de momento no sabe a dónde vamos. Y es mejor que sea así.
-Ya veremos...-digo en tono de misterio.
-No, ya lo has dicho. ¿Y a dónde?-me encojo de hombros sonriendo. No me lo va a sacar.-¿Es lejos?
-No te lo voy a decir-Àngel.
-¿Cerca? ¿Hace frío? ¿Calor?-sigue preguntando Mónica.
Sigo callado encogiendo los hombros como si no supiese. La voy a tener así durante todo el viaje.
-Jo, dímelo-Mónica.
Por suerte, vuelve el camarero a traernos lo que hemos pedido. Bendito camarero. Creo que Mónica le mira mal y después me dedica la misma cara a mí. Bueno algo peor,una de odio.
Relatado por Mónica Naranjo
Miro al camarero de mala manera por haberme interrumpido. A lo mejor le hubiese conseguido sacar algo. Cuando éste se ha ido deseándonos buen provecho, le dedico otra mala cara a Àngel. Àngel está sonriendo, creyendo que ha ganado. Pero eso está por ver. Yo siempre consigo lo que quiero y esta vez no va a ser menos.
-Si me dices a dónde vamos...-me quedo meditando qué le puedo ofrecer-no me meto contigo durante 1 semana.
-No me vas a convencer. Anda, sé buena y comete eso. Sino no habrá sorpresa ni nada-me dice Àngel.
-¿Por qué?-Mónica.
-Porque perderemos el transporte-Àngel.
-¿No vamos en coche?-Mónica.
-No. Y es a la ultima pregunta que contesto-Àngel.
Sopeso la respuesta de Àngel. Si no vamos en coche es porque no es en Barcelona y tenemos que coger tren, avión o barco. Me quedo mirándole fijamente y tomo una cucharada de mi tarta.
-No me mires así-me dice Àngel.
-¿Te pongo nervioso?-le pregunto pícaramente.
No dice nada y se dedica a comer de su plato. Sonrío porque he conseguido mi objetivo. Aunque no me vaya a contar nada, estoy satisfecha de lo que he conseguido con él. Le tengo bajo mi mando. Y ya que se ha currado una sorpresa para mí, no voy a seguir preguntando. Aunque me muera de ganas de saberlo. Una vez acabado el postre, Àngel pide la cuenta y saca el dinero. Intento mirar la cuenta, pero no me deja. Me retira el plato con la cuenta de mi vista y llama al camarero para entregárselo. Nos levantamos y nos dirigimos hacia la salido. A continuación hacia el coche. Una vez sentada en el asiento del copiloto, Àngel me entrega un pañuelo.
-Póntelo en los ojos-Àngel.
-Pero...-intento quejarme.
-Y ni se te ocurra quitártela ¿eh?-me avisa Àngel.
A regañadientes cojo el pañuelo y me lo pongo sobre los ojos. La oscuridad se apodera de mí. Àngel se cerciora de que no veo nada preguntándome que cuántos dedos hay. Me habrá puesto dedos delante de mi cara.
-¿Cómo voy a saberlo? A no ser que use mis súper poderes...-Mónica.
Le oigo reír y decirme vale. A continuación oigo el motor ponerse en marcha y el coche empieza a moverse. ¿A dónde iremos? Ya queda menos para mi sorpresa y me muero de ganas de saberla. Ojalá lleguemos pronto. Me puede esta incertidumbre. Y estar con los ojos vendados no ayuda. Siempre temo que me hagan algo malo. No me gusta estar privada de alguna de mis facultades. De repente,noto que el coche se detiene.
-Espera un momento-me pide Àngel.
Digo que se bajará y me quitará el cinturón,me ayudará a bajar e iremos a donde tengamos que ir. Me ayuda a bajar y me coge de la mano. Me guía hasta Dios sabe dónde.
-Ahora te voy a poner unos tapones. Tú confía en mí-Àngel.
-¡Àngel! ¡Àngel,no!-intento protestar,pero me introduce lo que deben ser los tapones en los oídos.
Pero me lleva sin que pueda hacer nada por evitarlo. Voy con mi inseguridad. Me coge en brazos y me siento como más segura. Me coloca sentada en un asiento cómodo,blando. Habremos llegado al transporte. Si me preguntáis cuál es. Pues ni idea. Ni veo ni oigo nada. No sé dónde estoy ni a dónde me dirijo. Àngel me quita el tapón de un oído y ne susurra:
-Ahora mismo salimos. Duerme un poco y relajate. Yo te aviso-tras decirme esto vuelve a colocarmelo. Y el silencio me vuelve a invadir.
De modo que le hago caso e intento dormir y relajarme un poco.
Cenamos hablando para conocernos un poco mejor. Siempre pendiente a la hora. Aunque ahora lo hago disimuladamente para que no me pille. Como me pregunte una vez más, se me va a escapar y quiero que sea sorpresa. Mónica es muy impaciente y lo quiere saber ya. Yo quiero que sea sorpresa, pero con esa carita me da pena y no puedo resistirme. Pero tengo que aguantar un poco más. Pero sé que le va a gustar. Después de los platos principales, nos traen la carta de postres y nos dejan un rato para elegir.
-Elige lo que tú quieras, cariño-Àngel.
Mónica me mira sorprendida, a lo que agacho la cabeza rápidamente.
-¿Cómo me has llamado?-Mónica.
-Eh... Mónica...-digo entre titubeos.
-Ya, ya. A mí me ha parecido otra cosa...-podría jurar que está sonriendo, aunque no la vea.
Levanto la cabeza y la miro de reojo. En efecto, tiene una sonrisa traviesa en los labios.
-Me da que te ha afectado al oído también, ¿eh?-digo a modo de pique.
-A ti sí que te va a afectar al oído como te de...-me amenaza divertida con su mano.
-Venga, acaba de elegir o no tomas nada-Àngel.
-¿Me vas a dejar sin postre?-me mira con cara de cachorrito, pero a la vez pícara. El doble sentido en ella juega muy bien. Me limito a sonreír y a suspirar.
-¡Venga!-la apremio.
-Ey, ey, tranquilo-Mónica.
A continuación llama al camarero y le pide lo que quiere para ella. Le toma nota y a continuación me pregunta a mí. Miro a Mónica que me mira expectante.
-Venga, tanta prisa como tenías. ¿No lo tenías tan claro? Pues elige-Mónica.
Llevo mi mirada de nuevo a la carta y miro al camarero y le digo lo que quiero. Me toma nota con una sonrisa y se aleja. Me parece que le ha parecido divertida la situación.
-¿Te parece bonito?-le pregunto a Mónica serio, fingiendo enfado.
-Más bien me parece guapo, pero estoy contigo y se ha dado cuenta-me dice siguiéndome el rollo. Lo que se llama vacilarme.
Suspiro de nuevo.
-Menudo fin de semana me vas a dar...-Àngel.
-¿Fin de semana? ¿Vamos a pasar el finde juntos?-me pregunta ilusionada.
Me llevo las manos a la boca. ¡Mierda! Ya se me ha escapado. ¿Qué os decía antes? Que se me acabaría escapando. Bueno, de momento no sabe a dónde vamos. Y es mejor que sea así.
-Ya veremos...-digo en tono de misterio.
-No, ya lo has dicho. ¿Y a dónde?-me encojo de hombros sonriendo. No me lo va a sacar.-¿Es lejos?
-No te lo voy a decir-Àngel.
-¿Cerca? ¿Hace frío? ¿Calor?-sigue preguntando Mónica.
Sigo callado encogiendo los hombros como si no supiese. La voy a tener así durante todo el viaje.
-Jo, dímelo-Mónica.
Por suerte, vuelve el camarero a traernos lo que hemos pedido. Bendito camarero. Creo que Mónica le mira mal y después me dedica la misma cara a mí. Bueno algo peor,una de odio.
Relatado por Mónica Naranjo
Miro al camarero de mala manera por haberme interrumpido. A lo mejor le hubiese conseguido sacar algo. Cuando éste se ha ido deseándonos buen provecho, le dedico otra mala cara a Àngel. Àngel está sonriendo, creyendo que ha ganado. Pero eso está por ver. Yo siempre consigo lo que quiero y esta vez no va a ser menos.
-Si me dices a dónde vamos...-me quedo meditando qué le puedo ofrecer-no me meto contigo durante 1 semana.
-No me vas a convencer. Anda, sé buena y comete eso. Sino no habrá sorpresa ni nada-me dice Àngel.
-¿Por qué?-Mónica.
-Porque perderemos el transporte-Àngel.
-¿No vamos en coche?-Mónica.
-No. Y es a la ultima pregunta que contesto-Àngel.
Sopeso la respuesta de Àngel. Si no vamos en coche es porque no es en Barcelona y tenemos que coger tren, avión o barco. Me quedo mirándole fijamente y tomo una cucharada de mi tarta.
-No me mires así-me dice Àngel.
-¿Te pongo nervioso?-le pregunto pícaramente.
No dice nada y se dedica a comer de su plato. Sonrío porque he conseguido mi objetivo. Aunque no me vaya a contar nada, estoy satisfecha de lo que he conseguido con él. Le tengo bajo mi mando. Y ya que se ha currado una sorpresa para mí, no voy a seguir preguntando. Aunque me muera de ganas de saberlo. Una vez acabado el postre, Àngel pide la cuenta y saca el dinero. Intento mirar la cuenta, pero no me deja. Me retira el plato con la cuenta de mi vista y llama al camarero para entregárselo. Nos levantamos y nos dirigimos hacia la salido. A continuación hacia el coche. Una vez sentada en el asiento del copiloto, Àngel me entrega un pañuelo.
-Póntelo en los ojos-Àngel.
-Pero...-intento quejarme.
-Y ni se te ocurra quitártela ¿eh?-me avisa Àngel.
A regañadientes cojo el pañuelo y me lo pongo sobre los ojos. La oscuridad se apodera de mí. Àngel se cerciora de que no veo nada preguntándome que cuántos dedos hay. Me habrá puesto dedos delante de mi cara.
-¿Cómo voy a saberlo? A no ser que use mis súper poderes...-Mónica.
Le oigo reír y decirme vale. A continuación oigo el motor ponerse en marcha y el coche empieza a moverse. ¿A dónde iremos? Ya queda menos para mi sorpresa y me muero de ganas de saberla. Ojalá lleguemos pronto. Me puede esta incertidumbre. Y estar con los ojos vendados no ayuda. Siempre temo que me hagan algo malo. No me gusta estar privada de alguna de mis facultades. De repente,noto que el coche se detiene.
-Espera un momento-me pide Àngel.
Digo que se bajará y me quitará el cinturón,me ayudará a bajar e iremos a donde tengamos que ir. Me ayuda a bajar y me coge de la mano. Me guía hasta Dios sabe dónde.
-Ahora te voy a poner unos tapones. Tú confía en mí-Àngel.
-¡Àngel! ¡Àngel,no!-intento protestar,pero me introduce lo que deben ser los tapones en los oídos.
Pero me lleva sin que pueda hacer nada por evitarlo. Voy con mi inseguridad. Me coge en brazos y me siento como más segura. Me coloca sentada en un asiento cómodo,blando. Habremos llegado al transporte. Si me preguntáis cuál es. Pues ni idea. Ni veo ni oigo nada. No sé dónde estoy ni a dónde me dirijo. Àngel me quita el tapón de un oído y ne susurra:
-Ahora mismo salimos. Duerme un poco y relajate. Yo te aviso-tras decirme esto vuelve a colocarmelo. Y el silencio me vuelve a invadir.
De modo que le hago caso e intento dormir y relajarme un poco.
martes, 2 de agosto de 2016
Capítulo 79:Para la mejor
Relatado por Mónica Naranjo
Efectivamente, vamos en dirección al hotel. Àngel no me quiere decir a dónde vamos y para qué quiere que coja ropa. ¿Quiere que vaya a su casa? No creo. Porque sino no hubiese dicho que era tarde. Teniendo coche, no importa la hora. A ver, relativamente. Tampoco me comáis ahora.
-¿De verdad me vas a tener intrigada todo el viaje?-le pregunto mirándole con cara de pena. Pero él ni me mira, va atento a la carretera. Pero también pongo voz de niña pequeña.
-Ya lo verás, impaciente-me dice sonriendo.
-Joo-me cruzo de brazos y agacho la cabeza fingiendo decepción y enfado.
-Anda, no me seas teatrera-Àngel.
-Se dice dramática-le digo y a continuación le saco la lengua.
Me mira de reojo y se empieza a reír. Me acaricia el pelo tiernamente, como a una niña pequeña. En plan paternal y me dice que ya falta poco para llegar. Pero es que no aguanto las ganas de saber la sorpresa. ¿Ha dicho sorpresa o sorpresas? Intento sacárselo haciéndole preguntas. Pero nada, no me lo quiere decir.
-¿Esto es un tipo de castigo por haber visitado a mi marido?-le pregunto haciéndome la buena, pero también la interesante.
Me mira y me dedica una sonrisa de medio lado. Se hace el interesante conmigo.
-¿Tú no tenías que hablar poco?-Àngel.
-Es que no me lo dices...-vuelvo a mi carita triste, intentando darle pena. A ver si así funciona.
-Hemos llegado-me dice de repente parando el coche.
Abro la puerta emocionada y me bajo del coche. Pero descubro que es un parking. Àngel llega a mi altura y me hace caminar. Enseguida vamos al ascensor y subimos a la planta principal. Es el hall del hotel. Me ha engañado. Creía que era mi sorpresa. Nos acercamos a la recepción y pide la llave de mi habitación. Subimos en el ascensor. Le miro con mala cara. Él no hace más que sonreír y reírse de vez en cuando.
-Espero que no te estés riendo de mí...-le amenazo con el dedo índice.
-¿De ti? Nunca, cariño. Es de la situación. Y de un chiste que me he acordado que me contó Manu-Àngel.
-Ya, ya... No sé por qué, pero no te creo-Mónica.
-Anda vamos-Àngel.
Antes de que pueda decirle nada más, el ascensor se ha parado y las puertas están abiertas. Àngel sale del ascensor y se coloca en las puertas para que éstas no se cierren. Qué mono. Lo hace para que no me pillen ni se me cierren y vuelva a bajar. Que con la suerte que tengo yo, podría pasar. ¿Quién os dice que no? A mí me ha pasado ya de todo. Busco la mano de Àngel y la agarro. No sé, me apetece ir de la mano con él. Llegamos a la habitación y la abre. Enciende la luz y empiezo a guardar la ropa en la maleta que dejé. Menos mal que soy precavida y dejo algo de ropa y una maleta siempre por si acaso.
-¿Y ahora?-Mónica.
-Ahora salimos y volvemos al coche. Dejando la llave de camino-me dice con una sonrisa.
-¿Me estás vacilando?-Mónica.
-¿Yo? Qué va-pero se empieza a reír. Le miro con el semblante serio.-Que no-intenta ponerse serio.
Salimos de la habitación con mi maleta y dejamos la llave en recepción. Volvemos a bajar en el ascensor para ir al parking. Guarda la maleta en el maletero y me abre la puerta. Le dedico una sonrisa y me siento en el asiento del copiloto.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy conduciendo mirando de reojo a esta mujer. No me puedo creer que vaya a pasar el finde con ella. Eso forma parte de la sorpresa. Pero antes, volvemos a Barcelona y aparco en otro parking. Mónica me mira sin poder creérselo como diciendo "¿otra vez un parking?". No puedo evitar sonreír. Me lo estoy pasando demasiado bien con el comienzo de esta sorpresa. Carlos me ha ayudado bastante con la idea, pero el plan ha sido mío. Salimos del parking y nos acercamos a la puerta. Me acerco al hombre de la puerta y le digo mi nombre. Nos guía hasta nuestra mesa y nos da la carta. Es uno de los mejores restaurantes de Barcelona. El mejor para la mejor. Me mira ilusionada. Está que no se lo cree.
-No hacía falta todo esto-encima es humilde. ¿Se puede ser mejor que ella?
-Así me perdonas-Àngel.
-¿Perdonarte por qué? No hay nada que perdonar-Mónica.
El camarero se acerca y nos toma nota. No puedo dejar de mirarla. Miro de reojo el reloj. Con la tontería del hospital, se nos ha hecho un poco tarde. Pues nada, habrá que ir en coche.
-¿Por qué miras tanto al reloj? ¿Tienes prisa?-me pregunta Mónica.
-Contigo el tiempo no pasa, las agujas del reloj se quedan paradas y se me acelera el corazón-Àngel.
-Ay qué cosas me dices-me dice ladeando la cabeza algo vergonzosa. Creo que se ha puesto roja. Es tan bonita que me gusta así. Bueno me gusta siempre, pero ahora muchísimo más.
-Primero cenamos y luego sabrás por qué miro el reloj-Àngel.
Esperamos a que nos traigan lo que hemos pedido y empezamos a comer. Empezamos a hablar para conocernos un poco mejor. En el programa no podemos intimar. Hay que estar pendiente de las actuaciones. Y si hablamos entre nosotros es para comentar lo que vemos.
Efectivamente, vamos en dirección al hotel. Àngel no me quiere decir a dónde vamos y para qué quiere que coja ropa. ¿Quiere que vaya a su casa? No creo. Porque sino no hubiese dicho que era tarde. Teniendo coche, no importa la hora. A ver, relativamente. Tampoco me comáis ahora.
-¿De verdad me vas a tener intrigada todo el viaje?-le pregunto mirándole con cara de pena. Pero él ni me mira, va atento a la carretera. Pero también pongo voz de niña pequeña.
-Ya lo verás, impaciente-me dice sonriendo.
-Joo-me cruzo de brazos y agacho la cabeza fingiendo decepción y enfado.
-Anda, no me seas teatrera-Àngel.
-Se dice dramática-le digo y a continuación le saco la lengua.
Me mira de reojo y se empieza a reír. Me acaricia el pelo tiernamente, como a una niña pequeña. En plan paternal y me dice que ya falta poco para llegar. Pero es que no aguanto las ganas de saber la sorpresa. ¿Ha dicho sorpresa o sorpresas? Intento sacárselo haciéndole preguntas. Pero nada, no me lo quiere decir.
-¿Esto es un tipo de castigo por haber visitado a mi marido?-le pregunto haciéndome la buena, pero también la interesante.
Me mira y me dedica una sonrisa de medio lado. Se hace el interesante conmigo.
-¿Tú no tenías que hablar poco?-Àngel.
-Es que no me lo dices...-vuelvo a mi carita triste, intentando darle pena. A ver si así funciona.
-Hemos llegado-me dice de repente parando el coche.
Abro la puerta emocionada y me bajo del coche. Pero descubro que es un parking. Àngel llega a mi altura y me hace caminar. Enseguida vamos al ascensor y subimos a la planta principal. Es el hall del hotel. Me ha engañado. Creía que era mi sorpresa. Nos acercamos a la recepción y pide la llave de mi habitación. Subimos en el ascensor. Le miro con mala cara. Él no hace más que sonreír y reírse de vez en cuando.
-Espero que no te estés riendo de mí...-le amenazo con el dedo índice.
-¿De ti? Nunca, cariño. Es de la situación. Y de un chiste que me he acordado que me contó Manu-Àngel.
-Ya, ya... No sé por qué, pero no te creo-Mónica.
-Anda vamos-Àngel.
Antes de que pueda decirle nada más, el ascensor se ha parado y las puertas están abiertas. Àngel sale del ascensor y se coloca en las puertas para que éstas no se cierren. Qué mono. Lo hace para que no me pillen ni se me cierren y vuelva a bajar. Que con la suerte que tengo yo, podría pasar. ¿Quién os dice que no? A mí me ha pasado ya de todo. Busco la mano de Àngel y la agarro. No sé, me apetece ir de la mano con él. Llegamos a la habitación y la abre. Enciende la luz y empiezo a guardar la ropa en la maleta que dejé. Menos mal que soy precavida y dejo algo de ropa y una maleta siempre por si acaso.
-¿Y ahora?-Mónica.
-Ahora salimos y volvemos al coche. Dejando la llave de camino-me dice con una sonrisa.
-¿Me estás vacilando?-Mónica.
-¿Yo? Qué va-pero se empieza a reír. Le miro con el semblante serio.-Que no-intenta ponerse serio.
Salimos de la habitación con mi maleta y dejamos la llave en recepción. Volvemos a bajar en el ascensor para ir al parking. Guarda la maleta en el maletero y me abre la puerta. Le dedico una sonrisa y me siento en el asiento del copiloto.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy conduciendo mirando de reojo a esta mujer. No me puedo creer que vaya a pasar el finde con ella. Eso forma parte de la sorpresa. Pero antes, volvemos a Barcelona y aparco en otro parking. Mónica me mira sin poder creérselo como diciendo "¿otra vez un parking?". No puedo evitar sonreír. Me lo estoy pasando demasiado bien con el comienzo de esta sorpresa. Carlos me ha ayudado bastante con la idea, pero el plan ha sido mío. Salimos del parking y nos acercamos a la puerta. Me acerco al hombre de la puerta y le digo mi nombre. Nos guía hasta nuestra mesa y nos da la carta. Es uno de los mejores restaurantes de Barcelona. El mejor para la mejor. Me mira ilusionada. Está que no se lo cree.
-No hacía falta todo esto-encima es humilde. ¿Se puede ser mejor que ella?
-Así me perdonas-Àngel.
-¿Perdonarte por qué? No hay nada que perdonar-Mónica.
El camarero se acerca y nos toma nota. No puedo dejar de mirarla. Miro de reojo el reloj. Con la tontería del hospital, se nos ha hecho un poco tarde. Pues nada, habrá que ir en coche.
-¿Por qué miras tanto al reloj? ¿Tienes prisa?-me pregunta Mónica.
-Contigo el tiempo no pasa, las agujas del reloj se quedan paradas y se me acelera el corazón-Àngel.
-Ay qué cosas me dices-me dice ladeando la cabeza algo vergonzosa. Creo que se ha puesto roja. Es tan bonita que me gusta así. Bueno me gusta siempre, pero ahora muchísimo más.
-Primero cenamos y luego sabrás por qué miro el reloj-Àngel.
Esperamos a que nos traigan lo que hemos pedido y empezamos a comer. Empezamos a hablar para conocernos un poco mejor. En el programa no podemos intimar. Hay que estar pendiente de las actuaciones. Y si hablamos entre nosotros es para comentar lo que vemos.
martes, 19 de julio de 2016
Capítulo 78:Celosos
Relatado por Mónica Naranjo
Me giro para decirle a Àngel que me acompañe. Pero descubro que no está. ¿Dónde se ha podido meter? ¿No se habrá enfadado, verdad? Le pregunto a la chica de recepción y me dice que se ha ido por una puerta que está a mi espalda.
-¿Hasta qué hora se puede visitar?-le pregunto para cerciorarme que me dé tiempo.
-5 minutos-me contesta.
Miro el reloj y miro una y otra puerta. A la izquierda tengo la puerta para ir a ver a mi marido, y a mi derecha, la que me lleva al hombre que quiero. ¿Qué hago? ¿Por qué es tan difícil todo? Encima no tengo aquí a la churri para que me ayude a elegir. Ella se ha ido con su marido. Cosa que veo lógica y normal por otra parte. Empiezo a andar por el pasillo y abro las puertas para entrar a la zona de boxes. No sabía que había 2 puertas para esta zona. A ver ahora dónde puede estar. Camino por el pasillo en busca del hombre al que quiero. Llego al puesto de enfermería y pregunto, pero no saben nada. Vaya seguridad la de este hospital. Así seguro que se les puede colar cualquiera. De modo que vuelvo sobre mis pasos. Miro el reloj y empiezo a andar más rápido. Al menos que pueda estar 1 ó 2 minutos con él. La chica de recepción me mira extrañada, pero no me importa. Sigo con mi camino. Voy a las otras puertas y las abro. Voy directamente a donde me han dicho que está Óscar y entro al pequeño habitáculo donde se encuentra. Está conectado a máquinas mediante cables. Me impresiona verle así. Me acerco lentamente a él y le cojo la mano.
-Ojalá te recuperes pronto. Te quiero de vuelta en casa-susurro mientras una lágrima recorre mi mejilla.
-¡Mamá! ¿Qué haces aquí?-oigo a mi espalda.
Me giro y veo a mi hijo que acaba de entrar. Le digo que ya me han dado el alta y que me voy a casa.
-¿Y Àngel? ¿No ha venido contigo?-Aitor.
-No sé dónde se ha metido... Creo que se ha enfadado...-le explico.
-Tú relájate y ve a casa, luego iré un rato a hacerte compañía-Aitor.
-No quiero que tu padre se quede solo...-Mónica.
-No va a estar solo, están las enfermeras. Cualquier cosa que pase, nos avisan. Anda vete-Aitor.
Mi hijo me mira con el semblante serio. Es un chico muy maduro y responsable. Parece que me esté obligando a irme. Pero sé que lo hace por mi bien, para que no esté mal ni me ponga peor. Sabe todo lo que ha pasado y se ha pasado a verme durante estos días. Me acerco a mi hijo y le abrazo. A continuación, le doy un beso en la mejilla y me voy. Hago el mismo recorrido para salir. Ahora tendré que coger un taxi. Bueno un taxi y luego el tren. Es lo que tiene no haber traído el coche. Justo cuando me dirijo a la puerta principal para abandonar el hospital, veo a alguien que me resulta familiar. Me acerco rápidamente y le doy un toque en el hombro. Éste se gira y veo a Àngel. Se me ilumina la cara con una sonrisa de felicidad.
-¿Qué? ¿Nos vamos?-le pregunto sonriente.
-Ya no me apetece. Vete con tu querido Óscar-me dice molesto.
-¿Y tú dónde has ido? Y no me digas que al baño porque no me lo creo-me empiezo a enfadar yo también.
-Yo también tengo alguien a quien visitar aquí-me dice Àngel poniéndose frente a mí.
-¡Pues vete con ella!-empiezo a elevar la voz.
-¡Voy a invitar a la primera que pase!-me dice desafiante.
-¡Pues hazlo! ¿Quién te lo impide?-Mónica.
Relatado por Àngel Llàcer
Hemos empezado a gritarnos y la cosa se ha calentado. De hecho ya no me planteo invitarla a cenar. Le he dicho que la primera mujer que pase, a ésa invitaré.
Se acerca una enfermera con cara de pocos amigos, con el pelo castaño y recogido en una coleta a pedirnos silencio. Que estamos en un hospital. Mónica me mira expectante, a ver lo que voy a hacer. Cuando se va a ir, la cojo del brazo para detenerla.
-Oye, perdona. ¿Te apetece venir a cenar conmigo esta noche?-Àngel.
-Estoy casada. Y si siguen con esa actitud, no me va a quedar más remedio que llamar a seguridad.
Dejo a la enfermera marchar y me giro para ir a la puerta. Puedo ver cómo Mónica sonríe victoriosa.
-No te creas que te has salido con la tuya-Àngel.
-Somos imbéciles jajaja-se empieza a reír-Mira que ponernos celosos el uno del otro.
Me acaba contagiando la risa y empezamos a reír como si no hubiera un mañana. La de recepción nos mira con mala cara porque estamos haciendo escandalo. Le ofrezco el brazo a Mónica para que se agarre de él y salimos. Vamos comentando el desplante que me ha hecho esa enfermera y la cara que nos ha puesto la de recepción.
-Creo que quería matarnos jajaja-Àngel.
-Será a ti porque yo soy todo un amor-Mónica.
-Pero que también la lía...-completo su frase.
-Las normas están para saltárselas-Mónica.
-Pues, ¿sabes? Tienes razón. Y ahora... ¿vamos a mi coche?-Àngel.
-Es que te mataba como me dejes aquí ahora-Mónica.
-Ah, ¿quieres volver?-le pregunto con una sonrisa traviesa haciendo el amago de dar la vuelta.
-¡No! ¡Ni se te ocurra! O te mato yo-me dice muy seria Mónica, pero a rato vuelve a reír.
Miro el reloj y me sobresalto.
-¿Tan tarde es ya?-pregunto.
-¿Tarde para qué?-me pregunta con intriga Mónica.
-Para tu sorpresa-sonrío dándole más motivos para estar intrigada.
Sé que ahora mismo está muerta de intriga por saber qué es, pero no se lo voy a decir. Mónica me sigue preguntando todo el camino hasta el coche. Incluso cuando me monto en el coche, me sigue preguntando.
-¿Tienes algo de ropa en el hotel?-Àngel.
-Sí, ¿por qué?-Mónica.
-Pues vamos para allá-Àngel.
Arranco con miles de preguntas de Mónica a mi lado. Es más rápido ir al hotel que ir a casa de Mónica. Nos hemos liado y como no nos demos prisa, no llegamos. Y si llegamos tarde a lo primero, no nos da tiempo llegar a lo segundo.
Me giro para decirle a Àngel que me acompañe. Pero descubro que no está. ¿Dónde se ha podido meter? ¿No se habrá enfadado, verdad? Le pregunto a la chica de recepción y me dice que se ha ido por una puerta que está a mi espalda.
-¿Hasta qué hora se puede visitar?-le pregunto para cerciorarme que me dé tiempo.
-5 minutos-me contesta.
Miro el reloj y miro una y otra puerta. A la izquierda tengo la puerta para ir a ver a mi marido, y a mi derecha, la que me lleva al hombre que quiero. ¿Qué hago? ¿Por qué es tan difícil todo? Encima no tengo aquí a la churri para que me ayude a elegir. Ella se ha ido con su marido. Cosa que veo lógica y normal por otra parte. Empiezo a andar por el pasillo y abro las puertas para entrar a la zona de boxes. No sabía que había 2 puertas para esta zona. A ver ahora dónde puede estar. Camino por el pasillo en busca del hombre al que quiero. Llego al puesto de enfermería y pregunto, pero no saben nada. Vaya seguridad la de este hospital. Así seguro que se les puede colar cualquiera. De modo que vuelvo sobre mis pasos. Miro el reloj y empiezo a andar más rápido. Al menos que pueda estar 1 ó 2 minutos con él. La chica de recepción me mira extrañada, pero no me importa. Sigo con mi camino. Voy a las otras puertas y las abro. Voy directamente a donde me han dicho que está Óscar y entro al pequeño habitáculo donde se encuentra. Está conectado a máquinas mediante cables. Me impresiona verle así. Me acerco lentamente a él y le cojo la mano.
-Ojalá te recuperes pronto. Te quiero de vuelta en casa-susurro mientras una lágrima recorre mi mejilla.
-¡Mamá! ¿Qué haces aquí?-oigo a mi espalda.
Me giro y veo a mi hijo que acaba de entrar. Le digo que ya me han dado el alta y que me voy a casa.
-¿Y Àngel? ¿No ha venido contigo?-Aitor.
-No sé dónde se ha metido... Creo que se ha enfadado...-le explico.
-Tú relájate y ve a casa, luego iré un rato a hacerte compañía-Aitor.
-No quiero que tu padre se quede solo...-Mónica.
-No va a estar solo, están las enfermeras. Cualquier cosa que pase, nos avisan. Anda vete-Aitor.
Mi hijo me mira con el semblante serio. Es un chico muy maduro y responsable. Parece que me esté obligando a irme. Pero sé que lo hace por mi bien, para que no esté mal ni me ponga peor. Sabe todo lo que ha pasado y se ha pasado a verme durante estos días. Me acerco a mi hijo y le abrazo. A continuación, le doy un beso en la mejilla y me voy. Hago el mismo recorrido para salir. Ahora tendré que coger un taxi. Bueno un taxi y luego el tren. Es lo que tiene no haber traído el coche. Justo cuando me dirijo a la puerta principal para abandonar el hospital, veo a alguien que me resulta familiar. Me acerco rápidamente y le doy un toque en el hombro. Éste se gira y veo a Àngel. Se me ilumina la cara con una sonrisa de felicidad.
-¿Qué? ¿Nos vamos?-le pregunto sonriente.
-Ya no me apetece. Vete con tu querido Óscar-me dice molesto.
-¿Y tú dónde has ido? Y no me digas que al baño porque no me lo creo-me empiezo a enfadar yo también.
-Yo también tengo alguien a quien visitar aquí-me dice Àngel poniéndose frente a mí.
-¡Pues vete con ella!-empiezo a elevar la voz.
-¡Voy a invitar a la primera que pase!-me dice desafiante.
-¡Pues hazlo! ¿Quién te lo impide?-Mónica.
Relatado por Àngel Llàcer
Hemos empezado a gritarnos y la cosa se ha calentado. De hecho ya no me planteo invitarla a cenar. Le he dicho que la primera mujer que pase, a ésa invitaré.
Se acerca una enfermera con cara de pocos amigos, con el pelo castaño y recogido en una coleta a pedirnos silencio. Que estamos en un hospital. Mónica me mira expectante, a ver lo que voy a hacer. Cuando se va a ir, la cojo del brazo para detenerla.
-Oye, perdona. ¿Te apetece venir a cenar conmigo esta noche?-Àngel.
-Estoy casada. Y si siguen con esa actitud, no me va a quedar más remedio que llamar a seguridad.
Dejo a la enfermera marchar y me giro para ir a la puerta. Puedo ver cómo Mónica sonríe victoriosa.
-No te creas que te has salido con la tuya-Àngel.
-Somos imbéciles jajaja-se empieza a reír-Mira que ponernos celosos el uno del otro.
Me acaba contagiando la risa y empezamos a reír como si no hubiera un mañana. La de recepción nos mira con mala cara porque estamos haciendo escandalo. Le ofrezco el brazo a Mónica para que se agarre de él y salimos. Vamos comentando el desplante que me ha hecho esa enfermera y la cara que nos ha puesto la de recepción.
-Creo que quería matarnos jajaja-Àngel.
-Será a ti porque yo soy todo un amor-Mónica.
-Pero que también la lía...-completo su frase.
-Las normas están para saltárselas-Mónica.
-Pues, ¿sabes? Tienes razón. Y ahora... ¿vamos a mi coche?-Àngel.
-Es que te mataba como me dejes aquí ahora-Mónica.
-Ah, ¿quieres volver?-le pregunto con una sonrisa traviesa haciendo el amago de dar la vuelta.
-¡No! ¡Ni se te ocurra! O te mato yo-me dice muy seria Mónica, pero a rato vuelve a reír.
Miro el reloj y me sobresalto.
-¿Tan tarde es ya?-pregunto.
-¿Tarde para qué?-me pregunta con intriga Mónica.
-Para tu sorpresa-sonrío dándole más motivos para estar intrigada.
Sé que ahora mismo está muerta de intriga por saber qué es, pero no se lo voy a decir. Mónica me sigue preguntando todo el camino hasta el coche. Incluso cuando me monto en el coche, me sigue preguntando.
-¿Tienes algo de ropa en el hotel?-Àngel.
-Sí, ¿por qué?-Mónica.
-Pues vamos para allá-Àngel.
Arranco con miles de preguntas de Mónica a mi lado. Es más rápido ir al hotel que ir a casa de Mónica. Nos hemos liado y como no nos demos prisa, no llegamos. Y si llegamos tarde a lo primero, no nos da tiempo llegar a lo segundo.
martes, 12 de julio de 2016
Capítulo 77:De visita antes de irse
Relatado por Mónica Naranjo
Veo a Àngel acercarse y sonrío mirándole. No puedo evitarlo. Es muy tonto, pero me gusta así.
-¿Qué me tienes que decir?-me pregunta a tan sólo centímetros de mí.
Está apoyado en la cama y ha puesto su oreja cerca de mi cara para oírme cuando le hable. O eso me dice él al menos. Le pego suavemente en la cara. Es más bien una caricia, no una bofetada.
-¿Yo qué te he hecho?-me pregunta asombrado pero sonriendo a la vez.
Le doy otra vez aguantando las ganas de reír. Pero me va a costar mucho. Àngel se gira para mirarme de frente. Pone carita de cachorrito degollado. Suelto una risita.
-Así que tienes ganas de jugar, ¿eh?-Àngel.
Me muerdo el labio inferior y me llevo el dedo índice a los labios de forma inocente.
-¿Yo?-susurro.-Para nada...
-¿Qué dices?-dice Àngel poniéndose la mano en el oído para intentar escucharme.
Niego con la cabeza y él se aleja un poco.
-¿No quieres que te dé la ropa? Está bien...-Àngel se va alejando de la camilla y acercándose al armario.
-Àngel...-susurro intentando hacerme oír, pero Àngel hace que no me oye. O tengo que subir el volumen. Pero mira lo que me ha dicho el médico.-¡Àngel!-subo un poco el volumen regañándolo.
-Dime-se gira mirándome de una forma irresistible. ¿Cómo me voy a enfadar con este hombre.
-Que dejes en paz mi ropa. O...-rectifico enseguida, pero él entiende lo que quiere y vuelve hacia mí.
-De acuerdo-Àngel.
Le miro con regaño. Pero veo que vamos a andar de este rollo todo el día. Así que decido levantarme yo y coger mi ropa. Àngel me dice que va a comer algo y asiento. Llevo, con calma, la ropa y la coloco en el sillón. La puerta se abre y aparece un celador con la comida. Me deja la bandeja en la mesa y me dice "qué aproveche". Sonrío y le doy las gracias. Cojo una silla, que está apoyada en la pared, y la acerco a la mesa. Por fin me voy a poder marchar de aquí, por fin puedo vestir mi ropa y no este camisón. Nunca he entendido por qué ponen estos camisones en los hospitales. Se ve todo. ¿Es algún tipo de conspiración para que la gente haga cosas pervertidas? En fin, que me lío. Me siento y levanto la tapa. Miro la comida con indiferencia. La última comida de esta estancia. Espero no tener que volver.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy a la cafetería del hospital y pido para comer. Mientras me lo preparan, saco el móvil y busco en internet.
-¿Quiere algo de beber?-me pregunta el camarero, haciendo que levante la vista para mirarlo.
-Un café con leche, por favor-Àngel.
Asiente y se da la vuelta para ponérmelo. Sigo buscando por la red y encuentro lo que quiero. Le doy al botón de llamada y me pongo el teléfono en la oreja. Es una sorpresa y por eso Mónica no se puede enterar. Además que ahí dentro no se puede llamar. Y aquí sí. Eso es lo bueno. El camarero me pone la taza del café encima de la barra. Acabo de hablar por teléfono y cojo la taza y me la llevo a una mesa. Me ha dicho que enseguida me llevará lo que he pedido. Le agradezco y sigo mirando mi móvil. De repente me viene una idea a la cabeza y rápidamente me pongo a buscar por google. Espero que no sea demasiado tarde. Tomo un trago de café y lo vuelvo a dejar en el platillo. Avanzo por la pantalla concentrado, con una sonrisa en los labios. Clico en el anuncio y sonrío orgulloso. Me traen la comida y levanto la vista un momento, antes de volver a lo mío. Madre mía qué nervios. Pero también ilusión. No sé si esto es ir demasiado rápido, pero al menos lo voy a intentar. Y si no, siempre puedo ir con Óscar... Empiezo a comer, alternando lo del plato con el café.
Al terminar, pido la cuenta y pago. Me levanto y voy en dirección a la habitación de Mónica. Se va a preguntar que por qué tardo tanto. Habrá acabado ya de comer y, a lo mejor, estará cambiada y todo. Toco la puerta y la abro a continuación.
-¿Lista?-le pregunto al entrar.
Camino para ponerme a su lado. No la voy a hacer que fuerce la voz. Al menos no por ahora. Ella asiente sonriente. Ya está con su ropa y con su sonrisa que denota la alegría que siente por irse. Pues verá la sorpresa que le tengo preparada.
-Ponte guapa-ella me mira con cara de no entender nada y continúo hablando-,que esta noche te tengo una sorpresa preparada.
-¿A mí? ¿Por qué? ¿Cuál?-me dice en voz baja, pero en un tono audible.
Sonrío viendo su interrogatorio. Está intrigada y se está poniendo nerviosa y eso me gusta.
-Venga, que te llevo a casa-le respondo ignorando sus preguntas.
-Un momento señorito-me detiene colocando la mano frente a mí en señal de stop-Que aún no me han traído el alta y antes de irme, tengo que ir a visitar a alguien.
-Está bien-Àngel.
Tal vez yo debería visitar a Sylvia antes de irme también. Al fin y al cabo ella cree que estamos juntos y me da pena.
Al poco rato, vuelve el médico con un sobre en el que incluye el alta, lo que se tiene que tomar y las indicaciones a seguir. Esperemos que Mónica las siga. Le da las gracias y yo hago lo mismo. Este chico la ha tratado muy bien y a mí me han dejado venir siempre que he querido.
-¿Vamos?-me pregunta Mónica.
Le ofrezco mi brazo en respuesta a su pregunta. Ahora el afónico parezco yo. Pero me gusta escucharla, aunque sea en un susurro. Ya sea a voz en grito o en voz baja, me va a gustar su voz. Mónica se agarra de mi abrazo y salimos de la habitación. También salimos de la zona de boxes y nos acercamos a recepción. Mónica se acerca a la chica.
-Quería saber dónde está un familiar-Mónica
-Dígame su nombre.
-Óscar Tarruella-Mónica.
En cuanto oigo ese nombre, me alejo hacia el otro lado. No, no me he enfadado. Simplemente estoy algo decepcionado. ¿Cómo iba a creer que Mónica se olvidaría de él y saldría conmigo? Lo nuestro ha sido cosa de una noche y somos compañeros. Sólo eso. Me adentro de nuevo a la zona de boxes por la otra puerta y avanzo por el pasillo con la cabeza agachada. Soy un iluso.
Veo a Àngel acercarse y sonrío mirándole. No puedo evitarlo. Es muy tonto, pero me gusta así.
-¿Qué me tienes que decir?-me pregunta a tan sólo centímetros de mí.
Está apoyado en la cama y ha puesto su oreja cerca de mi cara para oírme cuando le hable. O eso me dice él al menos. Le pego suavemente en la cara. Es más bien una caricia, no una bofetada.
-¿Yo qué te he hecho?-me pregunta asombrado pero sonriendo a la vez.
Le doy otra vez aguantando las ganas de reír. Pero me va a costar mucho. Àngel se gira para mirarme de frente. Pone carita de cachorrito degollado. Suelto una risita.
-Así que tienes ganas de jugar, ¿eh?-Àngel.
Me muerdo el labio inferior y me llevo el dedo índice a los labios de forma inocente.
-¿Yo?-susurro.-Para nada...
-¿Qué dices?-dice Àngel poniéndose la mano en el oído para intentar escucharme.
Niego con la cabeza y él se aleja un poco.
-¿No quieres que te dé la ropa? Está bien...-Àngel se va alejando de la camilla y acercándose al armario.
-Àngel...-susurro intentando hacerme oír, pero Àngel hace que no me oye. O tengo que subir el volumen. Pero mira lo que me ha dicho el médico.-¡Àngel!-subo un poco el volumen regañándolo.
-Dime-se gira mirándome de una forma irresistible. ¿Cómo me voy a enfadar con este hombre.
-Que dejes en paz mi ropa. O...-rectifico enseguida, pero él entiende lo que quiere y vuelve hacia mí.
-De acuerdo-Àngel.
Le miro con regaño. Pero veo que vamos a andar de este rollo todo el día. Así que decido levantarme yo y coger mi ropa. Àngel me dice que va a comer algo y asiento. Llevo, con calma, la ropa y la coloco en el sillón. La puerta se abre y aparece un celador con la comida. Me deja la bandeja en la mesa y me dice "qué aproveche". Sonrío y le doy las gracias. Cojo una silla, que está apoyada en la pared, y la acerco a la mesa. Por fin me voy a poder marchar de aquí, por fin puedo vestir mi ropa y no este camisón. Nunca he entendido por qué ponen estos camisones en los hospitales. Se ve todo. ¿Es algún tipo de conspiración para que la gente haga cosas pervertidas? En fin, que me lío. Me siento y levanto la tapa. Miro la comida con indiferencia. La última comida de esta estancia. Espero no tener que volver.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy a la cafetería del hospital y pido para comer. Mientras me lo preparan, saco el móvil y busco en internet.
-¿Quiere algo de beber?-me pregunta el camarero, haciendo que levante la vista para mirarlo.
-Un café con leche, por favor-Àngel.
Asiente y se da la vuelta para ponérmelo. Sigo buscando por la red y encuentro lo que quiero. Le doy al botón de llamada y me pongo el teléfono en la oreja. Es una sorpresa y por eso Mónica no se puede enterar. Además que ahí dentro no se puede llamar. Y aquí sí. Eso es lo bueno. El camarero me pone la taza del café encima de la barra. Acabo de hablar por teléfono y cojo la taza y me la llevo a una mesa. Me ha dicho que enseguida me llevará lo que he pedido. Le agradezco y sigo mirando mi móvil. De repente me viene una idea a la cabeza y rápidamente me pongo a buscar por google. Espero que no sea demasiado tarde. Tomo un trago de café y lo vuelvo a dejar en el platillo. Avanzo por la pantalla concentrado, con una sonrisa en los labios. Clico en el anuncio y sonrío orgulloso. Me traen la comida y levanto la vista un momento, antes de volver a lo mío. Madre mía qué nervios. Pero también ilusión. No sé si esto es ir demasiado rápido, pero al menos lo voy a intentar. Y si no, siempre puedo ir con Óscar... Empiezo a comer, alternando lo del plato con el café.
Al terminar, pido la cuenta y pago. Me levanto y voy en dirección a la habitación de Mónica. Se va a preguntar que por qué tardo tanto. Habrá acabado ya de comer y, a lo mejor, estará cambiada y todo. Toco la puerta y la abro a continuación.
-¿Lista?-le pregunto al entrar.
Camino para ponerme a su lado. No la voy a hacer que fuerce la voz. Al menos no por ahora. Ella asiente sonriente. Ya está con su ropa y con su sonrisa que denota la alegría que siente por irse. Pues verá la sorpresa que le tengo preparada.
-Ponte guapa-ella me mira con cara de no entender nada y continúo hablando-,que esta noche te tengo una sorpresa preparada.
-¿A mí? ¿Por qué? ¿Cuál?-me dice en voz baja, pero en un tono audible.
Sonrío viendo su interrogatorio. Está intrigada y se está poniendo nerviosa y eso me gusta.
-Venga, que te llevo a casa-le respondo ignorando sus preguntas.
-Un momento señorito-me detiene colocando la mano frente a mí en señal de stop-Que aún no me han traído el alta y antes de irme, tengo que ir a visitar a alguien.
-Está bien-Àngel.
Tal vez yo debería visitar a Sylvia antes de irme también. Al fin y al cabo ella cree que estamos juntos y me da pena.
Al poco rato, vuelve el médico con un sobre en el que incluye el alta, lo que se tiene que tomar y las indicaciones a seguir. Esperemos que Mónica las siga. Le da las gracias y yo hago lo mismo. Este chico la ha tratado muy bien y a mí me han dejado venir siempre que he querido.
-¿Vamos?-me pregunta Mónica.
Le ofrezco mi brazo en respuesta a su pregunta. Ahora el afónico parezco yo. Pero me gusta escucharla, aunque sea en un susurro. Ya sea a voz en grito o en voz baja, me va a gustar su voz. Mónica se agarra de mi abrazo y salimos de la habitación. También salimos de la zona de boxes y nos acercamos a recepción. Mónica se acerca a la chica.
-Quería saber dónde está un familiar-Mónica
-Dígame su nombre.
-Óscar Tarruella-Mónica.
En cuanto oigo ese nombre, me alejo hacia el otro lado. No, no me he enfadado. Simplemente estoy algo decepcionado. ¿Cómo iba a creer que Mónica se olvidaría de él y saldría conmigo? Lo nuestro ha sido cosa de una noche y somos compañeros. Sólo eso. Me adentro de nuevo a la zona de boxes por la otra puerta y avanzo por el pasillo con la cabeza agachada. Soy un iluso.
martes, 5 de julio de 2016
Capítulo 76:Ya te puedes ir
Relatado por Mónica Naranjo
Oigo cómo la puerta se vuelve a abrir. Será Àngel que ha vuelto o el médico o alguna enfermera. Pero al levantar la vista, no veo a ninguno de los que he pensado. En su lugar veo a mi rubia, a mi churri que me mira con cara de preocupación.
-Churri, ¿estás bien?-Carolina.
Le hago un gesto para que se acerque. En cuanto se acerca, la abrazo. Necesitaba tenerla cerca.
-¿Es verdad que no puedes hablar?-asiento con la cabeza-Ay, si es que eres una cabeza loca. Aunque yo también tengo lo mío...
La miro con cara de "cuéntamelo, pero ya". Y como si me hubiese leído la mente o que es buena interpretando caras, me lo empieza a contar. La escucho atentamente hasta que termina y terminamos riendo juntas. Creía que a mí me pasaban cosas... Busco la libreta con la mano y la cojo.
Lo que no te pase a ti, churri... jajaja Pero entonces, ¿te gusta o no?
Le enseño lo que he escrito y dejo que lo lea. Ella suspira.
-Uff, churri... Es complicado. Cuando estoy aquí, echo de menos a mi marido y Latre me hace reír, me hace compañía y me hace sentir bien. Pero de ahí a que me guste... ¿A ti te gusta Àngel?-Carolina.
A ella se lo puedo contar. De hecho no sé si lo que siento por Óscar es cariño o amor. Pero yo estoy hecha un lío. Estoy bien con Óscar, pero también con Àngel. Suspiro yo también mirando a Carol y asiento. A ella se le ilumina la cara.
-¿De verdad? ¡Pues díselo!-Carolina.
¿Y mi marido?
-Ahí va a estar el problema... Pero mira, ahora que tienes la libreta vamos a hacer una cosa-Carolina.
¿El qué?
Qué ganas tengo de hablar, por Dios. Esto se me está haciendo insoportable. Cada cosa que tenga que decir, tener que escribirla. Carol me propone su idea y la miro extrañada. Ella asiente con una sonrisa. Empiezo a escribir: virtudes y defectos de Óscar y Àngel.
-Así verás qué cosas buenas te aporta cada uno y lo que no te gusta de ellos. Y comparas. No es tan difícil-Carolina.
Que no es tan difícil dice. De momento he escrito los nombre de Óscar y Àngel y lo de virtudes y defectos. Empiezo a pensar lo que he vivido con cada uno de ellos. Con Àngel no he vivido tantas cosas, así que no sé si voy a poder escribir algo. Pero de repente, me vienen a la cabeza todos esos adjetivos que me gustan de él. Las veces que he estado tan bien con él que el tiempo ha pasado volando. Empiezo a escribir también las de Óscar, pero me vienen más rápidamente las cosas malas. Las cosas que han pasado estos días. Carolina va mirando la lista. La puerta se vuelve a abrir.
-Perdone, pero se tiene que marchar ya.
Levanto la cabeza y veo a una enfermera que le está diciendo a Carol que se tiene que ir. Es verdad que el tiempo pasa más deprisa cuando estás a gusto con alguien. Y eso me ha pasado con mi churri. Carolina se despide de mí y me dice que nos veremos pronto. Asiento con una sonrisa y levanto la mano a modo de despedida. Una vez la puerta cerrada, sigo con mi lista y la miro. Creo que está acabada.
*Viernes por la mañana*
En la habitación se encuentra Àngel. Ha venido a visitarme durante estos 2 días. Los que también han venido a verme han sido Carlos, Tinet y Laia. Además de mi hijo que me ha contado cómo evoluciona su padre. Me ha dicho que si sigue así de bien, pronto le darán el alta. Y yo me alegro. No merece estar en la cama de un hospital, con un gotero a su lado y una vía en su brazo. La puerta se abre y aparece el médico. Le pide a Àngel que salga y me reconoce.
-Bueno Mónica, parece que estás mucho mejor. Te voy a dar el alta, pero tendrás que reposar la voz un día más. Ve hablando poco a poco, con un tono de voz suave entre el día de hoy y mañana. Ahora te preparo el alta y te lo traigo. Puedes comer e irte.
Sonrío a modo de agradecimiento y le digo un "gracias" susurrado. Él me devuelve la sonrisa y sale de la habitación.
Relatado por Àngel Llàcer
Veo al médico salir y me acerco a él.
-¿Qué? ¿Cómo está?-le pregunto nervioso.
-Mucho mejor, tranquilo. Después de comer, se podrán ir.
-Gracias, gracias-le digo con una sonrisa de oreja a oreja.
Me palmea la espalda y se aleja por el pasillo. Abro la puerta y entro a la habitación. Mónica está tan feliz como yo. Incluso más. Es ella la que sale de aquí después de 2 días. Es normal que esté así. En su lugar, yo estaría igual. Me vienen de repente las palabras de Carlos: "llévala al cine, al teatro, donde quieras. Pero cuídala y trátala como se merece". Me acerco a Mónica y le cojo de la mano.
-¿Qué? ¿Con ganas de salir?-Àngel.
Ella asiente y rueda los ojos como si le estuviera preguntando cualquier tontería. Pero es por establecer conversación. Coge la libreta.
Vas a tener que agudizar tu oído...
-¿Por qué?-le pregunto extrañado.
Mónica sonríe mordiéndose el labio. Se queda callada mirándome fijamente a los ojos. Me está poniendo nervioso. Pasa un rato largo en el que espero ansioso el por qué de esa frase. Hasta que Mónica abre la boca. ¿Va a hablar? ¿Puede hablar ya?
-Por esto...-dice en un susurro apenas audible.
Sonrío y me acerco a ella.
-Pues voy a tener que pegar el oído a tu boca para oírte mejor-Àngel.
Oigo cómo la puerta se vuelve a abrir. Será Àngel que ha vuelto o el médico o alguna enfermera. Pero al levantar la vista, no veo a ninguno de los que he pensado. En su lugar veo a mi rubia, a mi churri que me mira con cara de preocupación.
-Churri, ¿estás bien?-Carolina.
Le hago un gesto para que se acerque. En cuanto se acerca, la abrazo. Necesitaba tenerla cerca.
-¿Es verdad que no puedes hablar?-asiento con la cabeza-Ay, si es que eres una cabeza loca. Aunque yo también tengo lo mío...
La miro con cara de "cuéntamelo, pero ya". Y como si me hubiese leído la mente o que es buena interpretando caras, me lo empieza a contar. La escucho atentamente hasta que termina y terminamos riendo juntas. Creía que a mí me pasaban cosas... Busco la libreta con la mano y la cojo.
Lo que no te pase a ti, churri... jajaja Pero entonces, ¿te gusta o no?
Le enseño lo que he escrito y dejo que lo lea. Ella suspira.
-Uff, churri... Es complicado. Cuando estoy aquí, echo de menos a mi marido y Latre me hace reír, me hace compañía y me hace sentir bien. Pero de ahí a que me guste... ¿A ti te gusta Àngel?-Carolina.
A ella se lo puedo contar. De hecho no sé si lo que siento por Óscar es cariño o amor. Pero yo estoy hecha un lío. Estoy bien con Óscar, pero también con Àngel. Suspiro yo también mirando a Carol y asiento. A ella se le ilumina la cara.
-¿De verdad? ¡Pues díselo!-Carolina.
¿Y mi marido?
-Ahí va a estar el problema... Pero mira, ahora que tienes la libreta vamos a hacer una cosa-Carolina.
¿El qué?
Qué ganas tengo de hablar, por Dios. Esto se me está haciendo insoportable. Cada cosa que tenga que decir, tener que escribirla. Carol me propone su idea y la miro extrañada. Ella asiente con una sonrisa. Empiezo a escribir: virtudes y defectos de Óscar y Àngel.
-Así verás qué cosas buenas te aporta cada uno y lo que no te gusta de ellos. Y comparas. No es tan difícil-Carolina.
Que no es tan difícil dice. De momento he escrito los nombre de Óscar y Àngel y lo de virtudes y defectos. Empiezo a pensar lo que he vivido con cada uno de ellos. Con Àngel no he vivido tantas cosas, así que no sé si voy a poder escribir algo. Pero de repente, me vienen a la cabeza todos esos adjetivos que me gustan de él. Las veces que he estado tan bien con él que el tiempo ha pasado volando. Empiezo a escribir también las de Óscar, pero me vienen más rápidamente las cosas malas. Las cosas que han pasado estos días. Carolina va mirando la lista. La puerta se vuelve a abrir.
-Perdone, pero se tiene que marchar ya.
Levanto la cabeza y veo a una enfermera que le está diciendo a Carol que se tiene que ir. Es verdad que el tiempo pasa más deprisa cuando estás a gusto con alguien. Y eso me ha pasado con mi churri. Carolina se despide de mí y me dice que nos veremos pronto. Asiento con una sonrisa y levanto la mano a modo de despedida. Una vez la puerta cerrada, sigo con mi lista y la miro. Creo que está acabada.
*Viernes por la mañana*
En la habitación se encuentra Àngel. Ha venido a visitarme durante estos 2 días. Los que también han venido a verme han sido Carlos, Tinet y Laia. Además de mi hijo que me ha contado cómo evoluciona su padre. Me ha dicho que si sigue así de bien, pronto le darán el alta. Y yo me alegro. No merece estar en la cama de un hospital, con un gotero a su lado y una vía en su brazo. La puerta se abre y aparece el médico. Le pide a Àngel que salga y me reconoce.
-Bueno Mónica, parece que estás mucho mejor. Te voy a dar el alta, pero tendrás que reposar la voz un día más. Ve hablando poco a poco, con un tono de voz suave entre el día de hoy y mañana. Ahora te preparo el alta y te lo traigo. Puedes comer e irte.
Sonrío a modo de agradecimiento y le digo un "gracias" susurrado. Él me devuelve la sonrisa y sale de la habitación.
Relatado por Àngel Llàcer
Veo al médico salir y me acerco a él.
-¿Qué? ¿Cómo está?-le pregunto nervioso.
-Mucho mejor, tranquilo. Después de comer, se podrán ir.
-Gracias, gracias-le digo con una sonrisa de oreja a oreja.
Me palmea la espalda y se aleja por el pasillo. Abro la puerta y entro a la habitación. Mónica está tan feliz como yo. Incluso más. Es ella la que sale de aquí después de 2 días. Es normal que esté así. En su lugar, yo estaría igual. Me vienen de repente las palabras de Carlos: "llévala al cine, al teatro, donde quieras. Pero cuídala y trátala como se merece". Me acerco a Mónica y le cojo de la mano.
-¿Qué? ¿Con ganas de salir?-Àngel.
Ella asiente y rueda los ojos como si le estuviera preguntando cualquier tontería. Pero es por establecer conversación. Coge la libreta.
Vas a tener que agudizar tu oído...
-¿Por qué?-le pregunto extrañado.
Mónica sonríe mordiéndose el labio. Se queda callada mirándome fijamente a los ojos. Me está poniendo nervioso. Pasa un rato largo en el que espero ansioso el por qué de esa frase. Hasta que Mónica abre la boca. ¿Va a hablar? ¿Puede hablar ya?
-Por esto...-dice en un susurro apenas audible.
Sonrío y me acerco a ella.
-Pues voy a tener que pegar el oído a tu boca para oírte mejor-Àngel.
martes, 28 de junio de 2016
Capítulo 75:De risas
Relatado por Mónica Naranjo
Le miro seria y empiezo a escribir. Sonrío mientras escribo. Claro que me acuerdo de él. Él es mi compañero y del que me estoy enamorando poco a poco. Eres Àngel y trabajo contigo en Tu cara me suena.
Àngel suspira y me abraza fuerte.
-Menos mal que te acuerdas. Creía que te habías olvidado de todo-Àngel.
Àngel me mira serio y escribo: pero sonríe, por favor. Se lo enseño y me dedica media sonrisa. Sonrío yo también. Me gusta verle sonreír. Me coge de la mano y me quedo mirándole a los ojos fijamente.
-Con esto de no poder hablar, voy a poder hablar sin interrupciones-me dice entre risas.
Le doy en el brazo y finjo enfado.
-Es broma, es broma-me dice rápidamente con una sonrisa.
Me cruzo de brazos y me pongo seria, aunque esté muerta de la risa por dentro y quiera echarme a reír a carcajadas. Àngel intenta hacerme reír poniendo muecas e intenta separarme los brazos.
-Hay que ver qué fuerte estás, ¿eh? ¿Vas al gimnasio? ¿Te entrenas con el increíble Hulk?-Àngel.
No puedo aguantar más y me echo a reír sin control. La verdad es que me lo paso muy bien con él y me hace reír.
-Ya, Mónica, hija ya. Que al final te da algo de tanto reír...-Àngel.
Escribo entre risas: has empezado tú.
-¿Yo? ¡Encima!-Àngel.
No, mejor debajo jajaja.
-Estás convaleciente. Y encima siempre pensando en lo mismo...-Àngel.
Le hago un gesto para que me preste atención y me pongo seria.
¿Por qué no ha venido mi marido?
-Tu marido está en el hospital. Creo que aún no ha salido. ¿De verdad que te acuerdas de todo?-me pregunta con desconfianza.
Empiezo a hacer memoria y me viene a la mente lo de la playa también. Lo hice para divertirme y para olvidarme de Óscar y de las cosas que me dijo antes de hacer lo que hizo. Echo la cabeza a un lado y unas lágrimas asoman por mis ojos.
-¿Estás bien?-me pregunta Àngel.
Le hago un gesto con la mano para que se vaya. Necesito estar sola para desahogarme.
-¿Necesitas algo?-me vuelve a preguntar a lo que yo niego.
Oigo cómo la puerta se cierra y paso la hoja de la libreta y empiezo a escribir.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy en silencio por el pasillo para salir y volver a la sala de espera. No sé qué le pasa a Mónica, pero me preocupa. En menos de lo que imagino, ya me encuentro en la sala de espera. Carolina y Carlos se levantan al verme y me empiezan a preguntar por Mónica.
-Ya está mejor y ha despertado-Àngel.
-Pues voy a verla-dice decidida Carolina.
-Ahora no es el momento, Carol-Àngel.
-Es mi amiga y necesito ver que está bien y que sienta que me tiene a su lado-Carolina.
Carolina sale y se va alejando en dirección a boxes. Me quedo hablando con Carlos de lo que he notado, de lo que siento por Mónica.
-Pero ahora no es el momento de alejar a 2 personas que se necesitan-digo refiriéndome a Mónica y Óscar.-Además antes me he encontrado con Sylvia...
-¿Con Sylvia? ¿Dónde? ¿Aquí?-me pregunta Carlos desconcertado.
-Sí y cree que somos pareja todavía. Que es una especie de cuidadora mía y por eso estamos juntas. No sé, tío, la he visto muy rara...-Àngel.
-Tío, no debes renunciar a Mónica si la quieres tanto. Hazle ver que estás ahí para todo lo que necesite, que nunca la vas a dejar ni a engañar. ¿Has dicho 2 ó 3 días que estará así, verdad?-asiento-Pues vente todos los días y cuando salga, llévala a cenar, al teatro, al cine. Donde quieras. Pero cuídala y tratala como se merece. Yo te ayudo, si quieres-Carlos.
Me quedo pensando en todo lo que me está diciendo Carlos. Tiene mucha razón y con todo lo que la quiero, debería hacer algo para que ella se dé cuenta. Empiezo a echar cuentas y el día que podrá salir Mónica de aquí es sábado. Un día perfecto para salir por ahí.
-Tienes razón y lo voy a hacer-le digo con determinación a Carlos.
Le miro seria y empiezo a escribir. Sonrío mientras escribo. Claro que me acuerdo de él. Él es mi compañero y del que me estoy enamorando poco a poco. Eres Àngel y trabajo contigo en Tu cara me suena.
Àngel suspira y me abraza fuerte.
-Menos mal que te acuerdas. Creía que te habías olvidado de todo-Àngel.
Àngel me mira serio y escribo: pero sonríe, por favor. Se lo enseño y me dedica media sonrisa. Sonrío yo también. Me gusta verle sonreír. Me coge de la mano y me quedo mirándole a los ojos fijamente.
-Con esto de no poder hablar, voy a poder hablar sin interrupciones-me dice entre risas.
Le doy en el brazo y finjo enfado.
-Es broma, es broma-me dice rápidamente con una sonrisa.
Me cruzo de brazos y me pongo seria, aunque esté muerta de la risa por dentro y quiera echarme a reír a carcajadas. Àngel intenta hacerme reír poniendo muecas e intenta separarme los brazos.
-Hay que ver qué fuerte estás, ¿eh? ¿Vas al gimnasio? ¿Te entrenas con el increíble Hulk?-Àngel.
No puedo aguantar más y me echo a reír sin control. La verdad es que me lo paso muy bien con él y me hace reír.
-Ya, Mónica, hija ya. Que al final te da algo de tanto reír...-Àngel.
Escribo entre risas: has empezado tú.
-¿Yo? ¡Encima!-Àngel.
No, mejor debajo jajaja.
-Estás convaleciente. Y encima siempre pensando en lo mismo...-Àngel.
Le hago un gesto para que me preste atención y me pongo seria.
¿Por qué no ha venido mi marido?
-Tu marido está en el hospital. Creo que aún no ha salido. ¿De verdad que te acuerdas de todo?-me pregunta con desconfianza.
Empiezo a hacer memoria y me viene a la mente lo de la playa también. Lo hice para divertirme y para olvidarme de Óscar y de las cosas que me dijo antes de hacer lo que hizo. Echo la cabeza a un lado y unas lágrimas asoman por mis ojos.
-¿Estás bien?-me pregunta Àngel.
Le hago un gesto con la mano para que se vaya. Necesito estar sola para desahogarme.
-¿Necesitas algo?-me vuelve a preguntar a lo que yo niego.
Oigo cómo la puerta se cierra y paso la hoja de la libreta y empiezo a escribir.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy en silencio por el pasillo para salir y volver a la sala de espera. No sé qué le pasa a Mónica, pero me preocupa. En menos de lo que imagino, ya me encuentro en la sala de espera. Carolina y Carlos se levantan al verme y me empiezan a preguntar por Mónica.
-Ya está mejor y ha despertado-Àngel.
-Pues voy a verla-dice decidida Carolina.
-Ahora no es el momento, Carol-Àngel.
-Es mi amiga y necesito ver que está bien y que sienta que me tiene a su lado-Carolina.
Carolina sale y se va alejando en dirección a boxes. Me quedo hablando con Carlos de lo que he notado, de lo que siento por Mónica.
-Pero ahora no es el momento de alejar a 2 personas que se necesitan-digo refiriéndome a Mónica y Óscar.-Además antes me he encontrado con Sylvia...
-¿Con Sylvia? ¿Dónde? ¿Aquí?-me pregunta Carlos desconcertado.
-Sí y cree que somos pareja todavía. Que es una especie de cuidadora mía y por eso estamos juntas. No sé, tío, la he visto muy rara...-Àngel.
-Tío, no debes renunciar a Mónica si la quieres tanto. Hazle ver que estás ahí para todo lo que necesite, que nunca la vas a dejar ni a engañar. ¿Has dicho 2 ó 3 días que estará así, verdad?-asiento-Pues vente todos los días y cuando salga, llévala a cenar, al teatro, al cine. Donde quieras. Pero cuídala y tratala como se merece. Yo te ayudo, si quieres-Carlos.
Me quedo pensando en todo lo que me está diciendo Carlos. Tiene mucha razón y con todo lo que la quiero, debería hacer algo para que ella se dé cuenta. Empiezo a echar cuentas y el día que podrá salir Mónica de aquí es sábado. Un día perfecto para salir por ahí.
-Tienes razón y lo voy a hacer-le digo con determinación a Carlos.
martes, 14 de junio de 2016
Capítulo 74:Mi bella durmiente
Relatado por Àngel Llàcer
Me pide que le acompañe y andamos por un pasillo. Llegamos a una puerta, que él abre, y entra. Me pide que entre y que me siente. Ya me temo lo peor. ¿Por qué nadie me deja verla? Eso es porque... Le miro con una cara que pide suplicante que me diga lo que está pasando.
-Le hemos conseguido extraer el vaso, pero le hemos tenido que hacer una traquetomía. No podrá hablar en unos días-Javier.
-¿En unos días? ¿En cuántos?-le pregunto preocupado por Mónica.
Su voz es el instrumento que usa para su trabajo, en todos los ámbitos. Y si no lo puede utilizar, se sentirá vulnerable, sin poder hacer nada. ¿Cómo va a juzgar sin voz? ¿Por pancartas?
-Dos, tres como mucho-suspiro aliviado y agacho la mirada. Pero la vuelvo a levantar al oír su voz que sigue hablando-Ha tenido suerte de que la trajesen tan rápido. Un segundo más y hubiera acabado en el esófago o incluso en el estómago. Ahora acompáñeme para poder verla. Aunque puede que esté con los efectos de la anestesia aún-me avisa el médico.
-No importa, quiero verla por favor-digo con una mirada suplicante e intentando estar lo más tranquilo posible delante de él.
El médico se levanta y se dirige a la puerta. Yo hago lo mismo y le sigo. Me guía por el mismo pasillo y entramos por las puertas por las que he salido yo. Tras caminar un rato más, llegamos a una cortina. Sobre una camilla y entubada, la veo. El médico se despide de mí y me despido con un gesto de la mano. Pero mi mirada está posada en la bella dama durmiente. Mi bella durmiente. Me voy acercando a la camilla lentamente. Como si no quisiera molestarla. Aunque me gustaría que estuviese despierta para mirar esos preciosos ojos castaños que tiene. Suavemente le acaricio la cara y le doy un beso a continuación. Le cojo la mano y me echo a llorar.
-Lo siento, Mónica. Siento ser un capullo. Si no hubiese sido por mí, no hubieses acabado así. ¿Sabes qué? Será mejor que sigas con tu marido y yo me quede al margen. No te merezco. Mira cómo estás por mi culpa-mis ojos se anegan en lágrimas y suelto la mano de Mónica. Me pongo a espaldas a ella. Cómo si fuese a verme. Pero más vale prevenir. No vaya a ser que se despierte.
Relatado por Mónica Naranjo
Oigo una voz que me resulta familiar. Me habla de perdón y de que siga con mi marido. Me tiene agarrada de la mano. Una gota humedece mi mano y poco a poco voy abriendo los ojos, saliendo de mi letargo. Giro un poco la cabeza y veo a alguien de espaldas. Intento hablar, pero no puedo. Me llevo la mano a la boca, pero en su lugar encuentro un tubo. Es algo molesto. Quiero que me lo quiten. Intento hacer sonido alguno para que se fije en mí. Alargo el brazo para tocarle la espalda y se sobresalta. Se gira y me mira con ojos llorosos y una sonrisa en los labios.
-Tranquila Mónica, ahora aviso para que te quiten eso.
Quiero detenerle, pero se ha marchado corriendo. Al rato vuelve con un chico con bata blanca.
-No intentes hablar Mónica. Coge aire y a la de 3, te lo quito.
Cuenta hasta 3 y me saca el tubo de la garganta. Empiezo a toser. No es agradable tener algo en la garganta. El médico me explica lo que me han dicho y que durante 2 ó 3 días no podré articular palabra. ¿3 días sin hablar o cantar? Se me va a hacer eterno. Me dice que es el doctor Sotomayor. El doctor me da una libreta y un bolígrafo y me dice que puedo expresarme utilizando eso en estos días. Lo cojo y sonrío agradeciéndole. Se vuelve a marchar dejándome a solas con este hombre.
-¡Mónica! Menos mal que estás bien. ¿Te duele algo?
Me señalo la garganta.
-Es normal. Te acaban de sacar un tubo y antes te han sacado un vaso.
Me encojo de hombros. No entiendo nada y escribo: ¿Vaso? ¿De qué? ¿De dónde?
-¿No te acuerdas?-niego con la cabeza-Te has tragado un vaso. Estábamos en la playa y hemos estado bebiendo y jugando.
Una parte de mí no quiere recordar eso porque de lo último que me acuerdo es de salir de plató y despedirme de Àngel en la moto. Yo no he estado en la playa.
-Que sí, acuérdate. Habíamos hecho hasta una apuesta-Àngel.
Este hombre es Àngel, mi compañero del programa y el chico de la moto. Pero de lo de playa no tengo ningún recuerdo y vuelvo a negar con la cabeza.
-¿Sabes quién soy?-me pregunta a lo que asiento-Escríbemelo por favor y dime dónde trabajas.
Me pide que le acompañe y andamos por un pasillo. Llegamos a una puerta, que él abre, y entra. Me pide que entre y que me siente. Ya me temo lo peor. ¿Por qué nadie me deja verla? Eso es porque... Le miro con una cara que pide suplicante que me diga lo que está pasando.
-Le hemos conseguido extraer el vaso, pero le hemos tenido que hacer una traquetomía. No podrá hablar en unos días-Javier.
-¿En unos días? ¿En cuántos?-le pregunto preocupado por Mónica.
Su voz es el instrumento que usa para su trabajo, en todos los ámbitos. Y si no lo puede utilizar, se sentirá vulnerable, sin poder hacer nada. ¿Cómo va a juzgar sin voz? ¿Por pancartas?
-Dos, tres como mucho-suspiro aliviado y agacho la mirada. Pero la vuelvo a levantar al oír su voz que sigue hablando-Ha tenido suerte de que la trajesen tan rápido. Un segundo más y hubiera acabado en el esófago o incluso en el estómago. Ahora acompáñeme para poder verla. Aunque puede que esté con los efectos de la anestesia aún-me avisa el médico.
-No importa, quiero verla por favor-digo con una mirada suplicante e intentando estar lo más tranquilo posible delante de él.
El médico se levanta y se dirige a la puerta. Yo hago lo mismo y le sigo. Me guía por el mismo pasillo y entramos por las puertas por las que he salido yo. Tras caminar un rato más, llegamos a una cortina. Sobre una camilla y entubada, la veo. El médico se despide de mí y me despido con un gesto de la mano. Pero mi mirada está posada en la bella dama durmiente. Mi bella durmiente. Me voy acercando a la camilla lentamente. Como si no quisiera molestarla. Aunque me gustaría que estuviese despierta para mirar esos preciosos ojos castaños que tiene. Suavemente le acaricio la cara y le doy un beso a continuación. Le cojo la mano y me echo a llorar.
-Lo siento, Mónica. Siento ser un capullo. Si no hubiese sido por mí, no hubieses acabado así. ¿Sabes qué? Será mejor que sigas con tu marido y yo me quede al margen. No te merezco. Mira cómo estás por mi culpa-mis ojos se anegan en lágrimas y suelto la mano de Mónica. Me pongo a espaldas a ella. Cómo si fuese a verme. Pero más vale prevenir. No vaya a ser que se despierte.
Relatado por Mónica Naranjo
Oigo una voz que me resulta familiar. Me habla de perdón y de que siga con mi marido. Me tiene agarrada de la mano. Una gota humedece mi mano y poco a poco voy abriendo los ojos, saliendo de mi letargo. Giro un poco la cabeza y veo a alguien de espaldas. Intento hablar, pero no puedo. Me llevo la mano a la boca, pero en su lugar encuentro un tubo. Es algo molesto. Quiero que me lo quiten. Intento hacer sonido alguno para que se fije en mí. Alargo el brazo para tocarle la espalda y se sobresalta. Se gira y me mira con ojos llorosos y una sonrisa en los labios.
-Tranquila Mónica, ahora aviso para que te quiten eso.
Quiero detenerle, pero se ha marchado corriendo. Al rato vuelve con un chico con bata blanca.
-No intentes hablar Mónica. Coge aire y a la de 3, te lo quito.
Cuenta hasta 3 y me saca el tubo de la garganta. Empiezo a toser. No es agradable tener algo en la garganta. El médico me explica lo que me han dicho y que durante 2 ó 3 días no podré articular palabra. ¿3 días sin hablar o cantar? Se me va a hacer eterno. Me dice que es el doctor Sotomayor. El doctor me da una libreta y un bolígrafo y me dice que puedo expresarme utilizando eso en estos días. Lo cojo y sonrío agradeciéndole. Se vuelve a marchar dejándome a solas con este hombre.
-¡Mónica! Menos mal que estás bien. ¿Te duele algo?
Me señalo la garganta.
-Es normal. Te acaban de sacar un tubo y antes te han sacado un vaso.
Me encojo de hombros. No entiendo nada y escribo: ¿Vaso? ¿De qué? ¿De dónde?
-¿No te acuerdas?-niego con la cabeza-Te has tragado un vaso. Estábamos en la playa y hemos estado bebiendo y jugando.
Una parte de mí no quiere recordar eso porque de lo último que me acuerdo es de salir de plató y despedirme de Àngel en la moto. Yo no he estado en la playa.
-Que sí, acuérdate. Habíamos hecho hasta una apuesta-Àngel.
Este hombre es Àngel, mi compañero del programa y el chico de la moto. Pero de lo de playa no tengo ningún recuerdo y vuelvo a negar con la cabeza.
-¿Sabes quién soy?-me pregunta a lo que asiento-Escríbemelo por favor y dime dónde trabajas.
martes, 7 de junio de 2016
Capítulo 73:Entrar a la habitación equivocada
Relatado por Àngel Llàcer
Me quedo de piedra al descubrir en la cama a Sylvia. Me mira con una sonrisa, tiene cara de cansancio, pero se la ve feliz de tenerme ahí con ella.
-Has venido a verme...-me dice sonriendo.
-No sabía ni que estabas aquí, ha sido casualidad-Àngel.
De repente se abre la puerta y entra un médico de mediana edad, pelo moreno y barba. Se acerca a la camilla y me echa una mirada de soslayo.
-¿Es tu novio, Sylvia?-le pregunta el médico.
-Sí y ha venido a verme. Tenía que trabajar como yo-le dice como si le estuviese contando un cuento.
Yo estoy flipando cada vez más. No ha superado lo nuestro y sigue creyendo que estamos juntos. Esto no me puede estar pasando a mí.
-¿Puede acompañarme fuera un momento, por favor?-me pide el médico.
Asiento y le sigo hasta la puerta.
-Pero devuélvemelo, ¿eh?-le dice Sylvia.
-De una pieza-le contesta.
Salimos de la habitación y nos ponemos frente a frente al lado de la puerta. Antes de que crea lo que no es, decido aclararle las cosas.
-Yo no soy el novio de Sylvia. La dejé-Àngel.
-¿Usted es Àngel?-asiento-Yo soy Carlos, psicólogo-me tiende la mano y le doy la mano-Sylvia sufre mitomanía.
-¿Mitomanía?-pregunto extrañado.
-La mitomanía consiste en mentir compulsivamente, en falsear la realidad para que esté a gusto de la persona. Y con lo que me acabas de contar y viendo cómo está, está claro por qué es. No acepta la ruptura y piensa que aún estáis juntos-me explica Carlos.
-¿Y qué puedo hacer yo?-Àngel.
-Hablar con ella, explicarle que ya no están juntos y los motivos por lo que lo dejastéis. Es posible que se niegue a aceptarlo e incluso se ponga agresiva, pero cuanto antes lo acepte, mejor será-Carlos.
Le miro serio y él asiente. Abro la puerta y entro. Me acerco a donde Sylvia. ¡Maldita la hora que entre a esta habitación! Yo tendría que estar con Mónica y no con Sylvia.
-Has vuelto-me dice sonriendo.
-Sí... pero me tengo que ir...-Àngel.
-¿Te vas a casa?-Sylvia.
-Emm...no-Àngel.
-Entonces quédate conmigo, cariño-extiende su mano, pero yo me aparto.
-No estamos juntos, Sylvia, que te quede claro-le explico lo más relajado posible.
-Claro que estamos, te salvé la vida. Soy tu heroína y cuido de ti-Sylvia.
-Sylvia, por favor, ¡deséngañate! No te quiero más y no me cuidas-Àngel.
-¡Claro que te cuido! ¡Y ahora debes quedarte conmigo! ¡Me lo debes!-me dice revolviéndose en la cama.
Entonces Carlos entra con una enfermera y le colocan algo en el gotero mientras la sujetan. Salgo de la habitación en silencio y camino por el pasillo. Menuda loca. Doy con unas puertas dobles y las empujo. Vuelvo a estar en el hall.
-¡Eh! ¡Ahí no se puede entrar!-me exclama la señora de recepción, echándome la bronca.
-¿Se sabe algo de Mónica?-le pregunto amablemente. No me conviene montar una escena.
-Dígame el apellido.
-Naranjo, Mónica Naranjo-Àngel.
-¿Mónica?-pregunta un chico jóven dándose la vuelta.
-Sí-Àngel.
-Javier, ya le he dicho que espere en la sala de espera.
-No te preocupes, Teresita, ya me ocupo yo. Doctor Javier Sotomayor-dice ofreciéndome su mano, a la que estrecho-Enseguida iba a ir a buscarle.
-¿Cómo está? ¿Puedo verla?-Àngel.
Me quedo de piedra al descubrir en la cama a Sylvia. Me mira con una sonrisa, tiene cara de cansancio, pero se la ve feliz de tenerme ahí con ella.
-Has venido a verme...-me dice sonriendo.
-No sabía ni que estabas aquí, ha sido casualidad-Àngel.
De repente se abre la puerta y entra un médico de mediana edad, pelo moreno y barba. Se acerca a la camilla y me echa una mirada de soslayo.
-¿Es tu novio, Sylvia?-le pregunta el médico.
-Sí y ha venido a verme. Tenía que trabajar como yo-le dice como si le estuviese contando un cuento.
Yo estoy flipando cada vez más. No ha superado lo nuestro y sigue creyendo que estamos juntos. Esto no me puede estar pasando a mí.
-¿Puede acompañarme fuera un momento, por favor?-me pide el médico.
Asiento y le sigo hasta la puerta.
-Pero devuélvemelo, ¿eh?-le dice Sylvia.
-De una pieza-le contesta.
Salimos de la habitación y nos ponemos frente a frente al lado de la puerta. Antes de que crea lo que no es, decido aclararle las cosas.
-Yo no soy el novio de Sylvia. La dejé-Àngel.
-¿Usted es Àngel?-asiento-Yo soy Carlos, psicólogo-me tiende la mano y le doy la mano-Sylvia sufre mitomanía.
-¿Mitomanía?-pregunto extrañado.
-La mitomanía consiste en mentir compulsivamente, en falsear la realidad para que esté a gusto de la persona. Y con lo que me acabas de contar y viendo cómo está, está claro por qué es. No acepta la ruptura y piensa que aún estáis juntos-me explica Carlos.
-¿Y qué puedo hacer yo?-Àngel.
-Hablar con ella, explicarle que ya no están juntos y los motivos por lo que lo dejastéis. Es posible que se niegue a aceptarlo e incluso se ponga agresiva, pero cuanto antes lo acepte, mejor será-Carlos.
Le miro serio y él asiente. Abro la puerta y entro. Me acerco a donde Sylvia. ¡Maldita la hora que entre a esta habitación! Yo tendría que estar con Mónica y no con Sylvia.
-Has vuelto-me dice sonriendo.
-Sí... pero me tengo que ir...-Àngel.
-¿Te vas a casa?-Sylvia.
-Emm...no-Àngel.
-Entonces quédate conmigo, cariño-extiende su mano, pero yo me aparto.
-No estamos juntos, Sylvia, que te quede claro-le explico lo más relajado posible.
-Claro que estamos, te salvé la vida. Soy tu heroína y cuido de ti-Sylvia.
-Sylvia, por favor, ¡deséngañate! No te quiero más y no me cuidas-Àngel.
-¡Claro que te cuido! ¡Y ahora debes quedarte conmigo! ¡Me lo debes!-me dice revolviéndose en la cama.
Entonces Carlos entra con una enfermera y le colocan algo en el gotero mientras la sujetan. Salgo de la habitación en silencio y camino por el pasillo. Menuda loca. Doy con unas puertas dobles y las empujo. Vuelvo a estar en el hall.
-¡Eh! ¡Ahí no se puede entrar!-me exclama la señora de recepción, echándome la bronca.
-¿Se sabe algo de Mónica?-le pregunto amablemente. No me conviene montar una escena.
-Dígame el apellido.
-Naranjo, Mónica Naranjo-Àngel.
-¿Mónica?-pregunta un chico jóven dándose la vuelta.
-Sí-Àngel.
-Javier, ya le he dicho que espere en la sala de espera.
-No te preocupes, Teresita, ya me ocupo yo. Doctor Javier Sotomayor-dice ofreciéndome su mano, a la que estrecho-Enseguida iba a ir a buscarle.
-¿Cómo está? ¿Puedo verla?-Àngel.
martes, 31 de mayo de 2016
Capítulo 72:Nervios
Relatado por Carlos Latre
Me vuelvo a sentar cómodamente. Veo a Àngel poner muecas y enseguida se queja.
-Au, que quema-Àngel.
-Pero sopla, tío-le digo con expresión divertida.
-¡Ni que fuese un alcoholimetro!-exclama Àngel.
Le hago bajar la voz mientras sonrío.
-No, pero para que no te quedes sin papilas gustativas-Carlos.
-Es que no entiendo para qué lo pides tan caliente...-Àngel.
-Nada, para la próxima le pido un par de hielos ¿no?-Carlos.
Me hace caso y sopla a la taza para no quemarse. Me llevo la taza a los labios y río al beber.
-¡Te estás riendo!-se queja Àngel.
-Bebe...-digo apartando la taza, aguantando la risa.
-Ya os vale a los 2. Carolina echándome la culpa y tú riéndote de mí-Àngel.
Àngel se levanta de la silla enfadado. Me levanto yo a continuación y le sigo. Le intento parar para hablar con él y disculparme. No era mi intención hacerle sentir mal. Y más con Mónica mal. Le sigo a paso ligero por el pasillo. Pero le pierdo de vista en el hall. De modo que voy a la sala de espera. Localizo a Carol sentada en uno de los asientos y me acerco a ella. Levanto la mano para saludarla, pero no me ve. Está mirando a un lado, como pensando en sus cosas. Me siento a su lado.
-Hola-la saludo.
Se sobresalta al oírme y se gira. Me dedica una débil sonrisa.
-¿Qué ha pasado antes?-le pregunto.
-¿Antes? ¿Cuándo?-Carolina.
-Con Àngel. Que le has culpado de lo que le ha pasado a Mónica... Y sabes que nadie ha tenido la culpa...-Carlos.
-Estaba nerviosa... Verla así, sin respirar...-Carolina.
Una lágrima traviesa sale de su ojo y recorre su mejilla. Ella se la limpia disimuladamente. Lo que no sabe es que ya la he visto. Le cojo de la mano y con la otra le acaricio la mejilla. Carolina se va acercando a mí.
Relatado por Àngel Llàcer
Empiezo a correr por el pasillo ya que me sigue un celador o enfermero. Alguien me está intentando dar el alto, pero no voy a parar hasta no saber cómo está Mónica. Quiero verla, quiero ver cómo está. Me meto en una habitación y cierro la puerta tras de mí. No tengo ni idea si es una habitación libre o estará ocupada. Ahora mismo necesitaba un sitio donde esconderme. Y esta habitación me pillaba a mano. Me doy la vuelta lentamente y veo una cama ocupada.
-Disculpe, ya me voy-Àngel.
-No hace falta que te vayas, puedes quedarte-me dice una voz que me es muy familiar.
Me voy acercando a la cama hasta que veo a la persona y me sorprendo.
-¡Tú!-Àngel.
Me vuelvo a sentar cómodamente. Veo a Àngel poner muecas y enseguida se queja.
-Au, que quema-Àngel.
-Pero sopla, tío-le digo con expresión divertida.
-¡Ni que fuese un alcoholimetro!-exclama Àngel.
Le hago bajar la voz mientras sonrío.
-No, pero para que no te quedes sin papilas gustativas-Carlos.
-Es que no entiendo para qué lo pides tan caliente...-Àngel.
-Nada, para la próxima le pido un par de hielos ¿no?-Carlos.
Me hace caso y sopla a la taza para no quemarse. Me llevo la taza a los labios y río al beber.
-¡Te estás riendo!-se queja Àngel.
-Bebe...-digo apartando la taza, aguantando la risa.
-Ya os vale a los 2. Carolina echándome la culpa y tú riéndote de mí-Àngel.
Àngel se levanta de la silla enfadado. Me levanto yo a continuación y le sigo. Le intento parar para hablar con él y disculparme. No era mi intención hacerle sentir mal. Y más con Mónica mal. Le sigo a paso ligero por el pasillo. Pero le pierdo de vista en el hall. De modo que voy a la sala de espera. Localizo a Carol sentada en uno de los asientos y me acerco a ella. Levanto la mano para saludarla, pero no me ve. Está mirando a un lado, como pensando en sus cosas. Me siento a su lado.
-Hola-la saludo.
Se sobresalta al oírme y se gira. Me dedica una débil sonrisa.
-¿Qué ha pasado antes?-le pregunto.
-¿Antes? ¿Cuándo?-Carolina.
-Con Àngel. Que le has culpado de lo que le ha pasado a Mónica... Y sabes que nadie ha tenido la culpa...-Carlos.
-Estaba nerviosa... Verla así, sin respirar...-Carolina.
Una lágrima traviesa sale de su ojo y recorre su mejilla. Ella se la limpia disimuladamente. Lo que no sabe es que ya la he visto. Le cojo de la mano y con la otra le acaricio la mejilla. Carolina se va acercando a mí.
Relatado por Àngel Llàcer
Empiezo a correr por el pasillo ya que me sigue un celador o enfermero. Alguien me está intentando dar el alto, pero no voy a parar hasta no saber cómo está Mónica. Quiero verla, quiero ver cómo está. Me meto en una habitación y cierro la puerta tras de mí. No tengo ni idea si es una habitación libre o estará ocupada. Ahora mismo necesitaba un sitio donde esconderme. Y esta habitación me pillaba a mano. Me doy la vuelta lentamente y veo una cama ocupada.
-Disculpe, ya me voy-Àngel.
-No hace falta que te vayas, puedes quedarte-me dice una voz que me es muy familiar.
Me voy acercando a la cama hasta que veo a la persona y me sorprendo.
-¡Tú!-Àngel.
martes, 24 de mayo de 2016
Capítulo 71:No es tu culpa
Relatado por Àngel Llàcer
Miro extrañado a Carolina. Algo le ha debido pasar para que salte de esa forma. Ella sonríe y niega.
-Nada, que tener a 2 Carlos cerca no es bueno-Carolina.
-¿No me digas que le has mandado el mensaje a Latre?-le pregunto divertido.
Ella se limita a sonreír y a ponerme una mueca de fastidio.
-Genial, ¿no? Así os veis-Àngel.
-Ya nos hemos visto en la grabación. Yo debería estar en el hotel durmiendo, con Mónica. Pero decidís ir a la playa y liarme a mí-Carolina.
-Perdona por avisarte,¿eh?-me levanto y salgo de la sala.
Parece que me culpase de lo que ha pasado. Peor me siento yo. Estoy en la fase depresiva del alcohol. Y más después de lo que me ha dicho Carol. Salgo a la puerta a que me dé el aire. Ahora mismo necesito despejarme de todo esto. Necesito un cigarrillo también. No tengo ninguno. Pues nada,habrá que joderse.
-¿Qué? ¿Al fresco?-me pregunta una voz que diría que es la de Latre.
Le miro con los ojos acuosos. Me lanzo a abrazarle. Así,sin pensar.
-Ey,ey,se va a poner bien-Carlos.
Sigo llorando en su hombro mientras él me da palmaditas en la espalda. Me separo y le miro.
-¿Crees que tengo la culpa de lo que le ha pasado a Mónica?-Àngel.
-Yo no sé lo que ha pasado,así que no puedo opinar-Carlos.
-Si quieres,te lo cuento-Àngel.
-No,no hace falta...-Carlos.
-¡Venga! Te lo voy a contar-Àngel.
Y le empiezo a contar todo. Mi versión. Todo lo que se me pasa por la cabeza. De lo que me acuerdo. Carlos me escucha atentamente,din interrumpirme. Una vez terminado,me siento liberado. Pero no mejor. Siento la culpa en el pecho.
-Yo tengo la culpa. Carolina tiene razón-digo entre llantos,llantos ahogados..
Carlos me mira serio,pero no reprochandomelo. No me está echando la culpa.
-Escuchame Àngel:tú no tienes la culpa de nada. Son cosas que han pasado. Ha pasado y debemos esperar a que los médicos hagan su trabajo-Carlos.
-¿Y si... no lo hacen?-Àngel.
Me cuesta decir y pensar en que muera. Porque Mónica no puede morir. Ahora no.
-¿Cómo no van a hacer su trabajo? Àngel,por favor-me dice con una sonrisa.
-O que lo hacen mal,imagínate-Àngel.
-Anda,vamos a tomar un café o una tila que se te pase la tontería. Apestas a alcohol,tío-Carlos.
-¡Claro! ¿No te he dicho que he bebido?-le digo divertido,esbozando una sonrisilla.
Carlos me echa un brazo por encima de los hombros y entramos al hospital. Avanzamos por el pasillo hasta llegar a la cafeteria. Carlos me ordena que me siente y no admite réplica. A regañadientes,le hago caso. Cuando bebo,me vuelvo ese niño que no quiere hacer lo que le mandan. Carlos va a la barra a pedir y vuelve con 2 tazas.
-¿Qué me has traído?-Àngel.
-Algo para que te tranquilices,así que bebe-Carlos.
-Que no hace falta...-Àngel.
-¿Hace falta que te lo dé yo?-Carlos.
Le miro con mala cara y él me mira con una sonrisa. Me insta a que beba con un gesto. Carlos coloca las manos en los brazos de la silla,como para levantarse. Cojo la taza y me la llevo a los labios.
Miro extrañado a Carolina. Algo le ha debido pasar para que salte de esa forma. Ella sonríe y niega.
-Nada, que tener a 2 Carlos cerca no es bueno-Carolina.
-¿No me digas que le has mandado el mensaje a Latre?-le pregunto divertido.
Ella se limita a sonreír y a ponerme una mueca de fastidio.
-Genial, ¿no? Así os veis-Àngel.
-Ya nos hemos visto en la grabación. Yo debería estar en el hotel durmiendo, con Mónica. Pero decidís ir a la playa y liarme a mí-Carolina.
-Perdona por avisarte,¿eh?-me levanto y salgo de la sala.
Parece que me culpase de lo que ha pasado. Peor me siento yo. Estoy en la fase depresiva del alcohol. Y más después de lo que me ha dicho Carol. Salgo a la puerta a que me dé el aire. Ahora mismo necesito despejarme de todo esto. Necesito un cigarrillo también. No tengo ninguno. Pues nada,habrá que joderse.
-¿Qué? ¿Al fresco?-me pregunta una voz que diría que es la de Latre.
Le miro con los ojos acuosos. Me lanzo a abrazarle. Así,sin pensar.
-Ey,ey,se va a poner bien-Carlos.
Sigo llorando en su hombro mientras él me da palmaditas en la espalda. Me separo y le miro.
-¿Crees que tengo la culpa de lo que le ha pasado a Mónica?-Àngel.
-Yo no sé lo que ha pasado,así que no puedo opinar-Carlos.
-Si quieres,te lo cuento-Àngel.
-No,no hace falta...-Carlos.
-¡Venga! Te lo voy a contar-Àngel.
Y le empiezo a contar todo. Mi versión. Todo lo que se me pasa por la cabeza. De lo que me acuerdo. Carlos me escucha atentamente,din interrumpirme. Una vez terminado,me siento liberado. Pero no mejor. Siento la culpa en el pecho.
-Yo tengo la culpa. Carolina tiene razón-digo entre llantos,llantos ahogados..
Carlos me mira serio,pero no reprochandomelo. No me está echando la culpa.
-Escuchame Àngel:tú no tienes la culpa de nada. Son cosas que han pasado. Ha pasado y debemos esperar a que los médicos hagan su trabajo-Carlos.
-¿Y si... no lo hacen?-Àngel.
Me cuesta decir y pensar en que muera. Porque Mónica no puede morir. Ahora no.
-¿Cómo no van a hacer su trabajo? Àngel,por favor-me dice con una sonrisa.
-O que lo hacen mal,imagínate-Àngel.
-Anda,vamos a tomar un café o una tila que se te pase la tontería. Apestas a alcohol,tío-Carlos.
-¡Claro! ¿No te he dicho que he bebido?-le digo divertido,esbozando una sonrisilla.
Carlos me echa un brazo por encima de los hombros y entramos al hospital. Avanzamos por el pasillo hasta llegar a la cafeteria. Carlos me ordena que me siente y no admite réplica. A regañadientes,le hago caso. Cuando bebo,me vuelvo ese niño que no quiere hacer lo que le mandan. Carlos va a la barra a pedir y vuelve con 2 tazas.
-¿Qué me has traído?-Àngel.
-Algo para que te tranquilices,así que bebe-Carlos.
-Que no hace falta...-Àngel.
-¿Hace falta que te lo dé yo?-Carlos.
Le miro con mala cara y él me mira con una sonrisa. Me insta a que beba con un gesto. Carlos coloca las manos en los brazos de la silla,como para levantarse. Cojo la taza y me la llevo a los labios.
martes, 17 de mayo de 2016
Capítulo 70:Confesiones
Relatado por Àngel Llàcer
Vuelvo junto a Mónica y le cojo la mano. Unas lágrimas empiezan a inundar mis ojos y resbalan por mis mejillas. Ahora que nos empezábamos a llevar bien, puede que la pierde. A lo mejor el destino no quiere que esté con ella. Pero no me puede dejar.
-Mónica, por favor... Despierta. Quiero ver esos preciosos ojos que tienes. Quiero escucharte reír. Cuando me chinchas o me sigues las bromas, yo soy feliz. Significa que estoy ahí, que existo para ti. ¿Sabes? Me fijé en ti desde el minuto uno. Me empezaste a gritar. Ya entraste haciéndote notar. Aunque la verdad es que yo también hice mal por rayarte el coche. Tenía tanta prisa por llegar... Pero ahora, nos hemos sincerado, me has llevado a tu casa, he conocido a tu hijo y a tu marido. El mundo no puede quedarse sin ti, Mónica. Mi mundo no se puede quedar sin ti. Porque eres lo más importante
que me ha pasado en esta vida. Ni siquiera Sylvia me provocaba los sentimientos que tú me provocas. Yo... yo te quiero Mónica. Por favor...-Àngel.
Noto unos brazos a mi espalda.
-Àngel... deja que hagan su trabajo...-Carolina.
Me separo levemente y me levanto. Me giro para mirar a Carolina y la abrazo. Ahora mismo tengo una pena encima. No sé si es porque estoy borracho o por ver a Mónica así.
-¿Qué ha pasado, Àngel?-Carolina.
-¿No lo ves, tía?-digo otra vez llorando-Que se me muere. Que estábamos jugando al "yo nunca..." y de repente me ha dicho de hacer una apuesta. Y... ha acabado con el vaso de chupito en la boca... ¿Qué hago? ¿Qué hago si se me muere? Yo la quiero...
-Primero: no se va a morir. Le van a sacar de la boca o de la garganta lo que tiene. Y segundo: deberías de decirle lo que sientes por ella. Pero cuando se te pase la borrachera. Apestas a alcohol-Carolina.
-Sí, si ya he hablado con Carlos para que me ayude... Pero no sé con qué...-Àngel.
Los de la ambulancia nos avisan que se la llevan al hospital Central. Les pregunto que si puedo ir, pero me dicen que no. Miro a Carol pidiéndole con la mirada que me lleve.
-Pues tenemos un problema. Yo no tengo coche-Carolina.
-Pues vamos a caballito jajaja Sube-me doy la vuelta para ofrecerle mi espalda.
Carolina me da la vuelta y me arrastra fuera de la playa. A lo mejor quiere que la suba sin arena de por medio para no mancharse. Un poco pija sí que es, jajaja.
-¿Te subo ya? ¿O esperamos a llegar al palacio? jajaja-Àngel.
-No digas tonterías, Àngel. Vamos a coger un taxi-Carolina.
-Pero antes respóndeme una cosa... jajaja-apenas puedo mantenerme derecho en mis dos piernas.
-A ver...-dice resignada la rubia.
-¿Por qué habéis ido juntos Carlos y tú con Tinet y Laia?-Àngel.
Carolina se cruza de brazos y se pone seria.
-¿Es que no pueden ir unos compañeros juntos?-me pregunta Carolina.
-Yo creo que a Carlos le gustas...-Àngel.
-¿Ah sí? Venga, tira-va tirando de mí por la calle. Supongo que a buscar un taxi que nos lleve al hospital.
-¿Por qué me cambias de tema? ¿No crees que le puedas gustar? Que aunque tengas tu puntito pijo, eres guapa-Àngel.
Relatado por Carolina Cerezuela
Sigo tirando de Àngel como puedo. La verdad es que noto calor en las mejillas por lo que me ha dicho. Pero no, yo estoy muy bien con mi marido y mi hija. No puedo estar con Latre. Ahora lo que importa es llegar al hospital y ver cómo está Mónica. Con mucho esfuerzo, llegamos a la parada de taxis y vemos uno parado en el que montamos.
-Al hospital Central-le ordeno al taxista tras montarme después de Àngel.
Echo un vistazo a Àngel, vigilándole. Lo que no entiendo es cómo han acabado así. Me alegro que se lleven bien, pero sin poner en peligro la integridad física del otro. Y ahora ambos están borrachos y Mónica inconsciente. Al poco rato llegamos a la puerta del hospital. Pago al taxista y nos bajamos. Ayudo a Àngel a caminar y que no se caiga, y nos acercamos a recepción. Allí una mujer, con gafas de leer nos mira con mala cara.
-Han traído a una amiga-Carolina.
-Dígame su nombre...-dice arrastrando las palabras.
-¡Más respeto, vieja! Que habla de la mujer de mi vida-suelta Àngel a voz en grito.
-¡Àngel! Calla-le regaño.-Se llama Mónica, Mónica Naranjo.
La mujer mira entre los papeles que tiene encima del mostrador.
-Esperen en la sala de espera.
-Gracias-tiro de Àngel para que vayamos.
-¡No me mires con esa cara! ¿¡Eh!? ¿Nunca te has enamorado de una mujer casada?-le pregunta Àngel gritando.
-Como no se calme, voy a tener que llamar a seguridad.
-Perdone a mi amigo. Ya nos vamos a la sala-Carolina.
La mujer nos hace un gesto con la mano para que nos alejemos. Al final consigo llevar a Àngel. Le regaño por el camino por el numerito que ha montado. Llegamos a la sala de espera y le coloco en el asiento.
-Y no te muevas de ahí-le digo muy seria.
Me siento a su lado y saco el móvil. Escribo un mensaje. No sé cuánto tiempo voy a estar, así que mejor avisar.
-"Cariño, Mónica ha tenido un accidente. Estoy en el hospital. No sé cuándo podré ir"-Carolina.
Le doy a enviar y bloqueo el móvil. Al menos que sepa dónde estoy y se quede tranquilo. Mi móvil suena y lo desbloqueo. Es un whatsapp.
-"En qué hospital? Que voy para allá enseguida"
-"En el Central de Barcelona... Pero, cómo vas a venir?"-Carolina.
-"Ahora mismo voy"
¿Ahora viene? ¿Desde Mallorca? ¿A quién he mandado yo el mensaje? Miro el nombre del chat.
-¡Mierda!-exclamo.
Vuelvo junto a Mónica y le cojo la mano. Unas lágrimas empiezan a inundar mis ojos y resbalan por mis mejillas. Ahora que nos empezábamos a llevar bien, puede que la pierde. A lo mejor el destino no quiere que esté con ella. Pero no me puede dejar.
-Mónica, por favor... Despierta. Quiero ver esos preciosos ojos que tienes. Quiero escucharte reír. Cuando me chinchas o me sigues las bromas, yo soy feliz. Significa que estoy ahí, que existo para ti. ¿Sabes? Me fijé en ti desde el minuto uno. Me empezaste a gritar. Ya entraste haciéndote notar. Aunque la verdad es que yo también hice mal por rayarte el coche. Tenía tanta prisa por llegar... Pero ahora, nos hemos sincerado, me has llevado a tu casa, he conocido a tu hijo y a tu marido. El mundo no puede quedarse sin ti, Mónica. Mi mundo no se puede quedar sin ti. Porque eres lo más importante
que me ha pasado en esta vida. Ni siquiera Sylvia me provocaba los sentimientos que tú me provocas. Yo... yo te quiero Mónica. Por favor...-Àngel.
Noto unos brazos a mi espalda.
-Àngel... deja que hagan su trabajo...-Carolina.
Me separo levemente y me levanto. Me giro para mirar a Carolina y la abrazo. Ahora mismo tengo una pena encima. No sé si es porque estoy borracho o por ver a Mónica así.
-¿Qué ha pasado, Àngel?-Carolina.
-¿No lo ves, tía?-digo otra vez llorando-Que se me muere. Que estábamos jugando al "yo nunca..." y de repente me ha dicho de hacer una apuesta. Y... ha acabado con el vaso de chupito en la boca... ¿Qué hago? ¿Qué hago si se me muere? Yo la quiero...
-Primero: no se va a morir. Le van a sacar de la boca o de la garganta lo que tiene. Y segundo: deberías de decirle lo que sientes por ella. Pero cuando se te pase la borrachera. Apestas a alcohol-Carolina.
-Sí, si ya he hablado con Carlos para que me ayude... Pero no sé con qué...-Àngel.
Los de la ambulancia nos avisan que se la llevan al hospital Central. Les pregunto que si puedo ir, pero me dicen que no. Miro a Carol pidiéndole con la mirada que me lleve.
-Pues tenemos un problema. Yo no tengo coche-Carolina.
-Pues vamos a caballito jajaja Sube-me doy la vuelta para ofrecerle mi espalda.
Carolina me da la vuelta y me arrastra fuera de la playa. A lo mejor quiere que la suba sin arena de por medio para no mancharse. Un poco pija sí que es, jajaja.
-¿Te subo ya? ¿O esperamos a llegar al palacio? jajaja-Àngel.
-No digas tonterías, Àngel. Vamos a coger un taxi-Carolina.
-Pero antes respóndeme una cosa... jajaja-apenas puedo mantenerme derecho en mis dos piernas.
-A ver...-dice resignada la rubia.
-¿Por qué habéis ido juntos Carlos y tú con Tinet y Laia?-Àngel.
Carolina se cruza de brazos y se pone seria.
-¿Es que no pueden ir unos compañeros juntos?-me pregunta Carolina.
-Yo creo que a Carlos le gustas...-Àngel.
-¿Ah sí? Venga, tira-va tirando de mí por la calle. Supongo que a buscar un taxi que nos lleve al hospital.
-¿Por qué me cambias de tema? ¿No crees que le puedas gustar? Que aunque tengas tu puntito pijo, eres guapa-Àngel.
Relatado por Carolina Cerezuela
Sigo tirando de Àngel como puedo. La verdad es que noto calor en las mejillas por lo que me ha dicho. Pero no, yo estoy muy bien con mi marido y mi hija. No puedo estar con Latre. Ahora lo que importa es llegar al hospital y ver cómo está Mónica. Con mucho esfuerzo, llegamos a la parada de taxis y vemos uno parado en el que montamos.
-Al hospital Central-le ordeno al taxista tras montarme después de Àngel.
Echo un vistazo a Àngel, vigilándole. Lo que no entiendo es cómo han acabado así. Me alegro que se lleven bien, pero sin poner en peligro la integridad física del otro. Y ahora ambos están borrachos y Mónica inconsciente. Al poco rato llegamos a la puerta del hospital. Pago al taxista y nos bajamos. Ayudo a Àngel a caminar y que no se caiga, y nos acercamos a recepción. Allí una mujer, con gafas de leer nos mira con mala cara.
-Han traído a una amiga-Carolina.
-Dígame su nombre...-dice arrastrando las palabras.
-¡Más respeto, vieja! Que habla de la mujer de mi vida-suelta Àngel a voz en grito.
-¡Àngel! Calla-le regaño.-Se llama Mónica, Mónica Naranjo.
La mujer mira entre los papeles que tiene encima del mostrador.
-Esperen en la sala de espera.
-Gracias-tiro de Àngel para que vayamos.
-¡No me mires con esa cara! ¿¡Eh!? ¿Nunca te has enamorado de una mujer casada?-le pregunta Àngel gritando.
-Como no se calme, voy a tener que llamar a seguridad.
-Perdone a mi amigo. Ya nos vamos a la sala-Carolina.
La mujer nos hace un gesto con la mano para que nos alejemos. Al final consigo llevar a Àngel. Le regaño por el camino por el numerito que ha montado. Llegamos a la sala de espera y le coloco en el asiento.
-Y no te muevas de ahí-le digo muy seria.
Me siento a su lado y saco el móvil. Escribo un mensaje. No sé cuánto tiempo voy a estar, así que mejor avisar.
-"Cariño, Mónica ha tenido un accidente. Estoy en el hospital. No sé cuándo podré ir"-Carolina.
Le doy a enviar y bloqueo el móvil. Al menos que sepa dónde estoy y se quede tranquilo. Mi móvil suena y lo desbloqueo. Es un whatsapp.
-"En qué hospital? Que voy para allá enseguida"
-"En el Central de Barcelona... Pero, cómo vas a venir?"-Carolina.
-"Ahora mismo voy"
¿Ahora viene? ¿Desde Mallorca? ¿A quién he mandado yo el mensaje? Miro el nombre del chat.
-¡Mierda!-exclamo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)