martes, 20 de diciembre de 2016

Capítulo 86:Entre las nubes

Relatado por Àngel Llàcer


Paso de largo del nombre de Mónica. No querrá ni hablar conmigo. Así que yo tampoco la voy a molestar. Sigo bajando entre los contactos y me detengo en otro nombre. Le doy a llamar y espero a que me coja. No sé yo si me cogerá.
-¿Quién es?-pregunta como si no tuviese mi número. ¿Tan pronto lo ha borrado?
-Soy...-trago saliva. Estoy nervioso por volver a hablar con ella. No terminamos muy bien que digamos-Àngel...
-¿Àngel? ¿Qué Àngel?-me pregunta molesta. Es evidente que sabe quién soy.
-Por favor, ¿podemos hablar como adultos?-Àngel.
-¿Qué pasa? ¿Que Mónica ya se ha cansado de ti? Yo no soy segundo plato de nadie. No me puedes tener a tu antojo. Y me da igual que seas mi profesor y que me pongas el 4-ahí me ha dado, pero bien. Lo malo es que tiene razón.
-No, me he dado cuenta de quién ha estado realmente cuando estuve mal. Vale que me mentiste, pero...-pero me interrumpe.
-Lo hice para que no sufrieras más.
-Sí y por eso te lo agradezco. ¿Podríamos vernos mañana?-Àngel.
-¿Y por qué no ahora?-me pregunta con picardía a través del auricular.
Pienso en qué decirle para que no se moleste y me mande a la mierda. Debo pensar rápido, de modo que le suelto lo primero que se me pasa por la mente.
-Porque estoy con Carlos. Lo está pasando mal en su matrimonio y he venido a estar con él-digo de manera que suene creíble.
-¿Pero él cómo está?-se preocupa.
-Pues como puede...-invento-Te echo de menos, Sylvia.
-Yo también a ti, Àngel. Me alegro que me hayas llamado. Y espero que le ayudes bien, como tú sabes-podría asegurar que está sonriendo al otro lado de la línea.
Me despido de ella y cuelgo. ¿Por qué la miento? ¿Por qué aún tengo miedo de lo que pueda hacer? Ahora no tengo nada con ninguna de las 2. No sé por qué me siento tan culpable. Me doy la vuelta para prestarle atención a lo que estaba cocinando. Pero un humo agobiante está saliendo. Empiezo a toser porque se me está metiendo por la garganta y me empieza a llegar a los pulmones. Pero intento llegar para apagar el fuego. La vista se me empieza a nublar y me tengo que agachar al suelo antes que me caiga.


Relatado por Mónica Naranjo


Estoy caminando por las calles de este lugar. Al no conocer el pueblo, me resulta difícil llegar a la casa que sólo he visto una vez. Voy zigzagueando. La calle se me mueve a mis pies.
-¡PARAD EL PUEBLO!-grito y tras eso me apoyo en la pared.
Voy caminando agarrándome a esa pared que he encontrado. Además de la oscuridad, le sumo mi borrachera. Lo tengo crudo para encontrar nada esta noche. A lo lejos veo algo.
-¡Anda! Una nube-Mónica.
Me voy acercando a lo que me parece una nube. Aunque me parece que está muy baja. Qué raro.
-¡Mónica!-oigo que me llaman.
Es una voz familiar, que ya he escuchado esta tarde. Me giro e intento ver a la persona que me ha llamado.
-¡Aléjate de la casa!
Pero no quiero hacer caso y vuelvo a girarme para adentrarme en esa nube que va descendiendo y se va haciendo más grande. Voy entrando a esa humareda blanca y empiezo a toser. Mis ojos empiezan a picar y empiezo a escuchar sirenas que se acercan. Noto que alguien me coge antes de dejar de ver cualquier cosa.
Debo estar en el cielo y por eso estaba viendo las nubes. Las nubes no son de algodón de azúcar como siempre hemos oído. Hacen toser y pican los ojos como cuando cortas cebolla. De repente veo una luz blanca que me molesta a la vista. Quiero pedir que la apaguen, pero mi voz no reacciona. Mis ojos no se abren.
-¿Mónica? ¿Qué has hecho?-suena una voz frente a mí.
No sé si estoy soñando o esto es real.
-¿Enrique?-Mónica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario