Relatado por Mónica Naranjo
Me giro para decirle a Àngel que me acompañe. Pero descubro que no está. ¿Dónde se ha podido meter? ¿No se habrá enfadado, verdad? Le pregunto a la chica de recepción y me dice que se ha ido por una puerta que está a mi espalda.
-¿Hasta qué hora se puede visitar?-le pregunto para cerciorarme que me dé tiempo.
-5 minutos-me contesta.
Miro el reloj y miro una y otra puerta. A la izquierda tengo la puerta para ir a ver a mi marido, y a mi derecha, la que me lleva al hombre que quiero. ¿Qué hago? ¿Por qué es tan difícil todo? Encima no tengo aquí a la churri para que me ayude a elegir. Ella se ha ido con su marido. Cosa que veo lógica y normal por otra parte. Empiezo a andar por el pasillo y abro las puertas para entrar a la zona de boxes. No sabía que había 2 puertas para esta zona. A ver ahora dónde puede estar. Camino por el pasillo en busca del hombre al que quiero. Llego al puesto de enfermería y pregunto, pero no saben nada. Vaya seguridad la de este hospital. Así seguro que se les puede colar cualquiera. De modo que vuelvo sobre mis pasos. Miro el reloj y empiezo a andar más rápido. Al menos que pueda estar 1 ó 2 minutos con él. La chica de recepción me mira extrañada, pero no me importa. Sigo con mi camino. Voy a las otras puertas y las abro. Voy directamente a donde me han dicho que está Óscar y entro al pequeño habitáculo donde se encuentra. Está conectado a máquinas mediante cables. Me impresiona verle así. Me acerco lentamente a él y le cojo la mano.
-Ojalá te recuperes pronto. Te quiero de vuelta en casa-susurro mientras una lágrima recorre mi mejilla.
-¡Mamá! ¿Qué haces aquí?-oigo a mi espalda.
Me giro y veo a mi hijo que acaba de entrar. Le digo que ya me han dado el alta y que me voy a casa.
-¿Y Àngel? ¿No ha venido contigo?-Aitor.
-No sé dónde se ha metido... Creo que se ha enfadado...-le explico.
-Tú relájate y ve a casa, luego iré un rato a hacerte compañía-Aitor.
-No quiero que tu padre se quede solo...-Mónica.
-No va a estar solo, están las enfermeras. Cualquier cosa que pase, nos avisan. Anda vete-Aitor.
Mi hijo me mira con el semblante serio. Es un chico muy maduro y responsable. Parece que me esté obligando a irme. Pero sé que lo hace por mi bien, para que no esté mal ni me ponga peor. Sabe todo lo que ha pasado y se ha pasado a verme durante estos días. Me acerco a mi hijo y le abrazo. A continuación, le doy un beso en la mejilla y me voy. Hago el mismo recorrido para salir. Ahora tendré que coger un taxi. Bueno un taxi y luego el tren. Es lo que tiene no haber traído el coche. Justo cuando me dirijo a la puerta principal para abandonar el hospital, veo a alguien que me resulta familiar. Me acerco rápidamente y le doy un toque en el hombro. Éste se gira y veo a Àngel. Se me ilumina la cara con una sonrisa de felicidad.
-¿Qué? ¿Nos vamos?-le pregunto sonriente.
-Ya no me apetece. Vete con tu querido Óscar-me dice molesto.
-¿Y tú dónde has ido? Y no me digas que al baño porque no me lo creo-me empiezo a enfadar yo también.
-Yo también tengo alguien a quien visitar aquí-me dice Àngel poniéndose frente a mí.
-¡Pues vete con ella!-empiezo a elevar la voz.
-¡Voy a invitar a la primera que pase!-me dice desafiante.
-¡Pues hazlo! ¿Quién te lo impide?-Mónica.
Relatado por Àngel Llàcer
Hemos empezado a gritarnos y la cosa se ha calentado. De hecho ya no me planteo invitarla a cenar. Le he dicho que la primera mujer que pase, a ésa invitaré.
Se acerca una enfermera con cara de pocos amigos, con el pelo castaño y recogido en una coleta a pedirnos silencio. Que estamos en un hospital. Mónica me mira expectante, a ver lo que voy a hacer. Cuando se va a ir, la cojo del brazo para detenerla.
-Oye, perdona. ¿Te apetece venir a cenar conmigo esta noche?-Àngel.
-Estoy casada. Y si siguen con esa actitud, no me va a quedar más remedio que llamar a seguridad.
Dejo a la enfermera marchar y me giro para ir a la puerta. Puedo ver cómo Mónica sonríe victoriosa.
-No te creas que te has salido con la tuya-Àngel.
-Somos imbéciles jajaja-se empieza a reír-Mira que ponernos celosos el uno del otro.
Me acaba contagiando la risa y empezamos a reír como si no hubiera un mañana. La de recepción nos mira con mala cara porque estamos haciendo escandalo. Le ofrezco el brazo a Mónica para que se agarre de él y salimos. Vamos comentando el desplante que me ha hecho esa enfermera y la cara que nos ha puesto la de recepción.
-Creo que quería matarnos jajaja-Àngel.
-Será a ti porque yo soy todo un amor-Mónica.
-Pero que también la lía...-completo su frase.
-Las normas están para saltárselas-Mónica.
-Pues, ¿sabes? Tienes razón. Y ahora... ¿vamos a mi coche?-Àngel.
-Es que te mataba como me dejes aquí ahora-Mónica.
-Ah, ¿quieres volver?-le pregunto con una sonrisa traviesa haciendo el amago de dar la vuelta.
-¡No! ¡Ni se te ocurra! O te mato yo-me dice muy seria Mónica, pero a rato vuelve a reír.
Miro el reloj y me sobresalto.
-¿Tan tarde es ya?-pregunto.
-¿Tarde para qué?-me pregunta con intriga Mónica.
-Para tu sorpresa-sonrío dándole más motivos para estar intrigada.
Sé que ahora mismo está muerta de intriga por saber qué es, pero no se lo voy a decir. Mónica me sigue preguntando todo el camino hasta el coche. Incluso cuando me monto en el coche, me sigue preguntando.
-¿Tienes algo de ropa en el hotel?-Àngel.
-Sí, ¿por qué?-Mónica.
-Pues vamos para allá-Àngel.
Arranco con miles de preguntas de Mónica a mi lado. Es más rápido ir al hotel que ir a casa de Mónica. Nos hemos liado y como no nos demos prisa, no llegamos. Y si llegamos tarde a lo primero, no nos da tiempo llegar a lo segundo.
martes, 19 de julio de 2016
martes, 12 de julio de 2016
Capítulo 77:De visita antes de irse
Relatado por Mónica Naranjo
Veo a Àngel acercarse y sonrío mirándole. No puedo evitarlo. Es muy tonto, pero me gusta así.
-¿Qué me tienes que decir?-me pregunta a tan sólo centímetros de mí.
Está apoyado en la cama y ha puesto su oreja cerca de mi cara para oírme cuando le hable. O eso me dice él al menos. Le pego suavemente en la cara. Es más bien una caricia, no una bofetada.
-¿Yo qué te he hecho?-me pregunta asombrado pero sonriendo a la vez.
Le doy otra vez aguantando las ganas de reír. Pero me va a costar mucho. Àngel se gira para mirarme de frente. Pone carita de cachorrito degollado. Suelto una risita.
-Así que tienes ganas de jugar, ¿eh?-Àngel.
Me muerdo el labio inferior y me llevo el dedo índice a los labios de forma inocente.
-¿Yo?-susurro.-Para nada...
-¿Qué dices?-dice Àngel poniéndose la mano en el oído para intentar escucharme.
Niego con la cabeza y él se aleja un poco.
-¿No quieres que te dé la ropa? Está bien...-Àngel se va alejando de la camilla y acercándose al armario.
-Àngel...-susurro intentando hacerme oír, pero Àngel hace que no me oye. O tengo que subir el volumen. Pero mira lo que me ha dicho el médico.-¡Àngel!-subo un poco el volumen regañándolo.
-Dime-se gira mirándome de una forma irresistible. ¿Cómo me voy a enfadar con este hombre.
-Que dejes en paz mi ropa. O...-rectifico enseguida, pero él entiende lo que quiere y vuelve hacia mí.
-De acuerdo-Àngel.
Le miro con regaño. Pero veo que vamos a andar de este rollo todo el día. Así que decido levantarme yo y coger mi ropa. Àngel me dice que va a comer algo y asiento. Llevo, con calma, la ropa y la coloco en el sillón. La puerta se abre y aparece un celador con la comida. Me deja la bandeja en la mesa y me dice "qué aproveche". Sonrío y le doy las gracias. Cojo una silla, que está apoyada en la pared, y la acerco a la mesa. Por fin me voy a poder marchar de aquí, por fin puedo vestir mi ropa y no este camisón. Nunca he entendido por qué ponen estos camisones en los hospitales. Se ve todo. ¿Es algún tipo de conspiración para que la gente haga cosas pervertidas? En fin, que me lío. Me siento y levanto la tapa. Miro la comida con indiferencia. La última comida de esta estancia. Espero no tener que volver.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy a la cafetería del hospital y pido para comer. Mientras me lo preparan, saco el móvil y busco en internet.
-¿Quiere algo de beber?-me pregunta el camarero, haciendo que levante la vista para mirarlo.
-Un café con leche, por favor-Àngel.
Asiente y se da la vuelta para ponérmelo. Sigo buscando por la red y encuentro lo que quiero. Le doy al botón de llamada y me pongo el teléfono en la oreja. Es una sorpresa y por eso Mónica no se puede enterar. Además que ahí dentro no se puede llamar. Y aquí sí. Eso es lo bueno. El camarero me pone la taza del café encima de la barra. Acabo de hablar por teléfono y cojo la taza y me la llevo a una mesa. Me ha dicho que enseguida me llevará lo que he pedido. Le agradezco y sigo mirando mi móvil. De repente me viene una idea a la cabeza y rápidamente me pongo a buscar por google. Espero que no sea demasiado tarde. Tomo un trago de café y lo vuelvo a dejar en el platillo. Avanzo por la pantalla concentrado, con una sonrisa en los labios. Clico en el anuncio y sonrío orgulloso. Me traen la comida y levanto la vista un momento, antes de volver a lo mío. Madre mía qué nervios. Pero también ilusión. No sé si esto es ir demasiado rápido, pero al menos lo voy a intentar. Y si no, siempre puedo ir con Óscar... Empiezo a comer, alternando lo del plato con el café.
Al terminar, pido la cuenta y pago. Me levanto y voy en dirección a la habitación de Mónica. Se va a preguntar que por qué tardo tanto. Habrá acabado ya de comer y, a lo mejor, estará cambiada y todo. Toco la puerta y la abro a continuación.
-¿Lista?-le pregunto al entrar.
Camino para ponerme a su lado. No la voy a hacer que fuerce la voz. Al menos no por ahora. Ella asiente sonriente. Ya está con su ropa y con su sonrisa que denota la alegría que siente por irse. Pues verá la sorpresa que le tengo preparada.
-Ponte guapa-ella me mira con cara de no entender nada y continúo hablando-,que esta noche te tengo una sorpresa preparada.
-¿A mí? ¿Por qué? ¿Cuál?-me dice en voz baja, pero en un tono audible.
Sonrío viendo su interrogatorio. Está intrigada y se está poniendo nerviosa y eso me gusta.
-Venga, que te llevo a casa-le respondo ignorando sus preguntas.
-Un momento señorito-me detiene colocando la mano frente a mí en señal de stop-Que aún no me han traído el alta y antes de irme, tengo que ir a visitar a alguien.
-Está bien-Àngel.
Tal vez yo debería visitar a Sylvia antes de irme también. Al fin y al cabo ella cree que estamos juntos y me da pena.
Al poco rato, vuelve el médico con un sobre en el que incluye el alta, lo que se tiene que tomar y las indicaciones a seguir. Esperemos que Mónica las siga. Le da las gracias y yo hago lo mismo. Este chico la ha tratado muy bien y a mí me han dejado venir siempre que he querido.
-¿Vamos?-me pregunta Mónica.
Le ofrezco mi brazo en respuesta a su pregunta. Ahora el afónico parezco yo. Pero me gusta escucharla, aunque sea en un susurro. Ya sea a voz en grito o en voz baja, me va a gustar su voz. Mónica se agarra de mi abrazo y salimos de la habitación. También salimos de la zona de boxes y nos acercamos a recepción. Mónica se acerca a la chica.
-Quería saber dónde está un familiar-Mónica
-Dígame su nombre.
-Óscar Tarruella-Mónica.
En cuanto oigo ese nombre, me alejo hacia el otro lado. No, no me he enfadado. Simplemente estoy algo decepcionado. ¿Cómo iba a creer que Mónica se olvidaría de él y saldría conmigo? Lo nuestro ha sido cosa de una noche y somos compañeros. Sólo eso. Me adentro de nuevo a la zona de boxes por la otra puerta y avanzo por el pasillo con la cabeza agachada. Soy un iluso.
Veo a Àngel acercarse y sonrío mirándole. No puedo evitarlo. Es muy tonto, pero me gusta así.
-¿Qué me tienes que decir?-me pregunta a tan sólo centímetros de mí.
Está apoyado en la cama y ha puesto su oreja cerca de mi cara para oírme cuando le hable. O eso me dice él al menos. Le pego suavemente en la cara. Es más bien una caricia, no una bofetada.
-¿Yo qué te he hecho?-me pregunta asombrado pero sonriendo a la vez.
Le doy otra vez aguantando las ganas de reír. Pero me va a costar mucho. Àngel se gira para mirarme de frente. Pone carita de cachorrito degollado. Suelto una risita.
-Así que tienes ganas de jugar, ¿eh?-Àngel.
Me muerdo el labio inferior y me llevo el dedo índice a los labios de forma inocente.
-¿Yo?-susurro.-Para nada...
-¿Qué dices?-dice Àngel poniéndose la mano en el oído para intentar escucharme.
Niego con la cabeza y él se aleja un poco.
-¿No quieres que te dé la ropa? Está bien...-Àngel se va alejando de la camilla y acercándose al armario.
-Àngel...-susurro intentando hacerme oír, pero Àngel hace que no me oye. O tengo que subir el volumen. Pero mira lo que me ha dicho el médico.-¡Àngel!-subo un poco el volumen regañándolo.
-Dime-se gira mirándome de una forma irresistible. ¿Cómo me voy a enfadar con este hombre.
-Que dejes en paz mi ropa. O...-rectifico enseguida, pero él entiende lo que quiere y vuelve hacia mí.
-De acuerdo-Àngel.
Le miro con regaño. Pero veo que vamos a andar de este rollo todo el día. Así que decido levantarme yo y coger mi ropa. Àngel me dice que va a comer algo y asiento. Llevo, con calma, la ropa y la coloco en el sillón. La puerta se abre y aparece un celador con la comida. Me deja la bandeja en la mesa y me dice "qué aproveche". Sonrío y le doy las gracias. Cojo una silla, que está apoyada en la pared, y la acerco a la mesa. Por fin me voy a poder marchar de aquí, por fin puedo vestir mi ropa y no este camisón. Nunca he entendido por qué ponen estos camisones en los hospitales. Se ve todo. ¿Es algún tipo de conspiración para que la gente haga cosas pervertidas? En fin, que me lío. Me siento y levanto la tapa. Miro la comida con indiferencia. La última comida de esta estancia. Espero no tener que volver.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy a la cafetería del hospital y pido para comer. Mientras me lo preparan, saco el móvil y busco en internet.
-¿Quiere algo de beber?-me pregunta el camarero, haciendo que levante la vista para mirarlo.
-Un café con leche, por favor-Àngel.
Asiente y se da la vuelta para ponérmelo. Sigo buscando por la red y encuentro lo que quiero. Le doy al botón de llamada y me pongo el teléfono en la oreja. Es una sorpresa y por eso Mónica no se puede enterar. Además que ahí dentro no se puede llamar. Y aquí sí. Eso es lo bueno. El camarero me pone la taza del café encima de la barra. Acabo de hablar por teléfono y cojo la taza y me la llevo a una mesa. Me ha dicho que enseguida me llevará lo que he pedido. Le agradezco y sigo mirando mi móvil. De repente me viene una idea a la cabeza y rápidamente me pongo a buscar por google. Espero que no sea demasiado tarde. Tomo un trago de café y lo vuelvo a dejar en el platillo. Avanzo por la pantalla concentrado, con una sonrisa en los labios. Clico en el anuncio y sonrío orgulloso. Me traen la comida y levanto la vista un momento, antes de volver a lo mío. Madre mía qué nervios. Pero también ilusión. No sé si esto es ir demasiado rápido, pero al menos lo voy a intentar. Y si no, siempre puedo ir con Óscar... Empiezo a comer, alternando lo del plato con el café.
Al terminar, pido la cuenta y pago. Me levanto y voy en dirección a la habitación de Mónica. Se va a preguntar que por qué tardo tanto. Habrá acabado ya de comer y, a lo mejor, estará cambiada y todo. Toco la puerta y la abro a continuación.
-¿Lista?-le pregunto al entrar.
Camino para ponerme a su lado. No la voy a hacer que fuerce la voz. Al menos no por ahora. Ella asiente sonriente. Ya está con su ropa y con su sonrisa que denota la alegría que siente por irse. Pues verá la sorpresa que le tengo preparada.
-Ponte guapa-ella me mira con cara de no entender nada y continúo hablando-,que esta noche te tengo una sorpresa preparada.
-¿A mí? ¿Por qué? ¿Cuál?-me dice en voz baja, pero en un tono audible.
Sonrío viendo su interrogatorio. Está intrigada y se está poniendo nerviosa y eso me gusta.
-Venga, que te llevo a casa-le respondo ignorando sus preguntas.
-Un momento señorito-me detiene colocando la mano frente a mí en señal de stop-Que aún no me han traído el alta y antes de irme, tengo que ir a visitar a alguien.
-Está bien-Àngel.
Tal vez yo debería visitar a Sylvia antes de irme también. Al fin y al cabo ella cree que estamos juntos y me da pena.
Al poco rato, vuelve el médico con un sobre en el que incluye el alta, lo que se tiene que tomar y las indicaciones a seguir. Esperemos que Mónica las siga. Le da las gracias y yo hago lo mismo. Este chico la ha tratado muy bien y a mí me han dejado venir siempre que he querido.
-¿Vamos?-me pregunta Mónica.
Le ofrezco mi brazo en respuesta a su pregunta. Ahora el afónico parezco yo. Pero me gusta escucharla, aunque sea en un susurro. Ya sea a voz en grito o en voz baja, me va a gustar su voz. Mónica se agarra de mi abrazo y salimos de la habitación. También salimos de la zona de boxes y nos acercamos a recepción. Mónica se acerca a la chica.
-Quería saber dónde está un familiar-Mónica
-Dígame su nombre.
-Óscar Tarruella-Mónica.
En cuanto oigo ese nombre, me alejo hacia el otro lado. No, no me he enfadado. Simplemente estoy algo decepcionado. ¿Cómo iba a creer que Mónica se olvidaría de él y saldría conmigo? Lo nuestro ha sido cosa de una noche y somos compañeros. Sólo eso. Me adentro de nuevo a la zona de boxes por la otra puerta y avanzo por el pasillo con la cabeza agachada. Soy un iluso.
martes, 5 de julio de 2016
Capítulo 76:Ya te puedes ir
Relatado por Mónica Naranjo
Oigo cómo la puerta se vuelve a abrir. Será Àngel que ha vuelto o el médico o alguna enfermera. Pero al levantar la vista, no veo a ninguno de los que he pensado. En su lugar veo a mi rubia, a mi churri que me mira con cara de preocupación.
-Churri, ¿estás bien?-Carolina.
Le hago un gesto para que se acerque. En cuanto se acerca, la abrazo. Necesitaba tenerla cerca.
-¿Es verdad que no puedes hablar?-asiento con la cabeza-Ay, si es que eres una cabeza loca. Aunque yo también tengo lo mío...
La miro con cara de "cuéntamelo, pero ya". Y como si me hubiese leído la mente o que es buena interpretando caras, me lo empieza a contar. La escucho atentamente hasta que termina y terminamos riendo juntas. Creía que a mí me pasaban cosas... Busco la libreta con la mano y la cojo.
Lo que no te pase a ti, churri... jajaja Pero entonces, ¿te gusta o no?
Le enseño lo que he escrito y dejo que lo lea. Ella suspira.
-Uff, churri... Es complicado. Cuando estoy aquí, echo de menos a mi marido y Latre me hace reír, me hace compañía y me hace sentir bien. Pero de ahí a que me guste... ¿A ti te gusta Àngel?-Carolina.
A ella se lo puedo contar. De hecho no sé si lo que siento por Óscar es cariño o amor. Pero yo estoy hecha un lío. Estoy bien con Óscar, pero también con Àngel. Suspiro yo también mirando a Carol y asiento. A ella se le ilumina la cara.
-¿De verdad? ¡Pues díselo!-Carolina.
¿Y mi marido?
-Ahí va a estar el problema... Pero mira, ahora que tienes la libreta vamos a hacer una cosa-Carolina.
¿El qué?
Qué ganas tengo de hablar, por Dios. Esto se me está haciendo insoportable. Cada cosa que tenga que decir, tener que escribirla. Carol me propone su idea y la miro extrañada. Ella asiente con una sonrisa. Empiezo a escribir: virtudes y defectos de Óscar y Àngel.
-Así verás qué cosas buenas te aporta cada uno y lo que no te gusta de ellos. Y comparas. No es tan difícil-Carolina.
Que no es tan difícil dice. De momento he escrito los nombre de Óscar y Àngel y lo de virtudes y defectos. Empiezo a pensar lo que he vivido con cada uno de ellos. Con Àngel no he vivido tantas cosas, así que no sé si voy a poder escribir algo. Pero de repente, me vienen a la cabeza todos esos adjetivos que me gustan de él. Las veces que he estado tan bien con él que el tiempo ha pasado volando. Empiezo a escribir también las de Óscar, pero me vienen más rápidamente las cosas malas. Las cosas que han pasado estos días. Carolina va mirando la lista. La puerta se vuelve a abrir.
-Perdone, pero se tiene que marchar ya.
Levanto la cabeza y veo a una enfermera que le está diciendo a Carol que se tiene que ir. Es verdad que el tiempo pasa más deprisa cuando estás a gusto con alguien. Y eso me ha pasado con mi churri. Carolina se despide de mí y me dice que nos veremos pronto. Asiento con una sonrisa y levanto la mano a modo de despedida. Una vez la puerta cerrada, sigo con mi lista y la miro. Creo que está acabada.
*Viernes por la mañana*
En la habitación se encuentra Àngel. Ha venido a visitarme durante estos 2 días. Los que también han venido a verme han sido Carlos, Tinet y Laia. Además de mi hijo que me ha contado cómo evoluciona su padre. Me ha dicho que si sigue así de bien, pronto le darán el alta. Y yo me alegro. No merece estar en la cama de un hospital, con un gotero a su lado y una vía en su brazo. La puerta se abre y aparece el médico. Le pide a Àngel que salga y me reconoce.
-Bueno Mónica, parece que estás mucho mejor. Te voy a dar el alta, pero tendrás que reposar la voz un día más. Ve hablando poco a poco, con un tono de voz suave entre el día de hoy y mañana. Ahora te preparo el alta y te lo traigo. Puedes comer e irte.
Sonrío a modo de agradecimiento y le digo un "gracias" susurrado. Él me devuelve la sonrisa y sale de la habitación.
Relatado por Àngel Llàcer
Veo al médico salir y me acerco a él.
-¿Qué? ¿Cómo está?-le pregunto nervioso.
-Mucho mejor, tranquilo. Después de comer, se podrán ir.
-Gracias, gracias-le digo con una sonrisa de oreja a oreja.
Me palmea la espalda y se aleja por el pasillo. Abro la puerta y entro a la habitación. Mónica está tan feliz como yo. Incluso más. Es ella la que sale de aquí después de 2 días. Es normal que esté así. En su lugar, yo estaría igual. Me vienen de repente las palabras de Carlos: "llévala al cine, al teatro, donde quieras. Pero cuídala y trátala como se merece". Me acerco a Mónica y le cojo de la mano.
-¿Qué? ¿Con ganas de salir?-Àngel.
Ella asiente y rueda los ojos como si le estuviera preguntando cualquier tontería. Pero es por establecer conversación. Coge la libreta.
Vas a tener que agudizar tu oído...
-¿Por qué?-le pregunto extrañado.
Mónica sonríe mordiéndose el labio. Se queda callada mirándome fijamente a los ojos. Me está poniendo nervioso. Pasa un rato largo en el que espero ansioso el por qué de esa frase. Hasta que Mónica abre la boca. ¿Va a hablar? ¿Puede hablar ya?
-Por esto...-dice en un susurro apenas audible.
Sonrío y me acerco a ella.
-Pues voy a tener que pegar el oído a tu boca para oírte mejor-Àngel.
Oigo cómo la puerta se vuelve a abrir. Será Àngel que ha vuelto o el médico o alguna enfermera. Pero al levantar la vista, no veo a ninguno de los que he pensado. En su lugar veo a mi rubia, a mi churri que me mira con cara de preocupación.
-Churri, ¿estás bien?-Carolina.
Le hago un gesto para que se acerque. En cuanto se acerca, la abrazo. Necesitaba tenerla cerca.
-¿Es verdad que no puedes hablar?-asiento con la cabeza-Ay, si es que eres una cabeza loca. Aunque yo también tengo lo mío...
La miro con cara de "cuéntamelo, pero ya". Y como si me hubiese leído la mente o que es buena interpretando caras, me lo empieza a contar. La escucho atentamente hasta que termina y terminamos riendo juntas. Creía que a mí me pasaban cosas... Busco la libreta con la mano y la cojo.
Lo que no te pase a ti, churri... jajaja Pero entonces, ¿te gusta o no?
Le enseño lo que he escrito y dejo que lo lea. Ella suspira.
-Uff, churri... Es complicado. Cuando estoy aquí, echo de menos a mi marido y Latre me hace reír, me hace compañía y me hace sentir bien. Pero de ahí a que me guste... ¿A ti te gusta Àngel?-Carolina.
A ella se lo puedo contar. De hecho no sé si lo que siento por Óscar es cariño o amor. Pero yo estoy hecha un lío. Estoy bien con Óscar, pero también con Àngel. Suspiro yo también mirando a Carol y asiento. A ella se le ilumina la cara.
-¿De verdad? ¡Pues díselo!-Carolina.
¿Y mi marido?
-Ahí va a estar el problema... Pero mira, ahora que tienes la libreta vamos a hacer una cosa-Carolina.
¿El qué?
Qué ganas tengo de hablar, por Dios. Esto se me está haciendo insoportable. Cada cosa que tenga que decir, tener que escribirla. Carol me propone su idea y la miro extrañada. Ella asiente con una sonrisa. Empiezo a escribir: virtudes y defectos de Óscar y Àngel.
-Así verás qué cosas buenas te aporta cada uno y lo que no te gusta de ellos. Y comparas. No es tan difícil-Carolina.
Que no es tan difícil dice. De momento he escrito los nombre de Óscar y Àngel y lo de virtudes y defectos. Empiezo a pensar lo que he vivido con cada uno de ellos. Con Àngel no he vivido tantas cosas, así que no sé si voy a poder escribir algo. Pero de repente, me vienen a la cabeza todos esos adjetivos que me gustan de él. Las veces que he estado tan bien con él que el tiempo ha pasado volando. Empiezo a escribir también las de Óscar, pero me vienen más rápidamente las cosas malas. Las cosas que han pasado estos días. Carolina va mirando la lista. La puerta se vuelve a abrir.
-Perdone, pero se tiene que marchar ya.
Levanto la cabeza y veo a una enfermera que le está diciendo a Carol que se tiene que ir. Es verdad que el tiempo pasa más deprisa cuando estás a gusto con alguien. Y eso me ha pasado con mi churri. Carolina se despide de mí y me dice que nos veremos pronto. Asiento con una sonrisa y levanto la mano a modo de despedida. Una vez la puerta cerrada, sigo con mi lista y la miro. Creo que está acabada.
*Viernes por la mañana*
En la habitación se encuentra Àngel. Ha venido a visitarme durante estos 2 días. Los que también han venido a verme han sido Carlos, Tinet y Laia. Además de mi hijo que me ha contado cómo evoluciona su padre. Me ha dicho que si sigue así de bien, pronto le darán el alta. Y yo me alegro. No merece estar en la cama de un hospital, con un gotero a su lado y una vía en su brazo. La puerta se abre y aparece el médico. Le pide a Àngel que salga y me reconoce.
-Bueno Mónica, parece que estás mucho mejor. Te voy a dar el alta, pero tendrás que reposar la voz un día más. Ve hablando poco a poco, con un tono de voz suave entre el día de hoy y mañana. Ahora te preparo el alta y te lo traigo. Puedes comer e irte.
Sonrío a modo de agradecimiento y le digo un "gracias" susurrado. Él me devuelve la sonrisa y sale de la habitación.
Relatado por Àngel Llàcer
Veo al médico salir y me acerco a él.
-¿Qué? ¿Cómo está?-le pregunto nervioso.
-Mucho mejor, tranquilo. Después de comer, se podrán ir.
-Gracias, gracias-le digo con una sonrisa de oreja a oreja.
Me palmea la espalda y se aleja por el pasillo. Abro la puerta y entro a la habitación. Mónica está tan feliz como yo. Incluso más. Es ella la que sale de aquí después de 2 días. Es normal que esté así. En su lugar, yo estaría igual. Me vienen de repente las palabras de Carlos: "llévala al cine, al teatro, donde quieras. Pero cuídala y trátala como se merece". Me acerco a Mónica y le cojo de la mano.
-¿Qué? ¿Con ganas de salir?-Àngel.
Ella asiente y rueda los ojos como si le estuviera preguntando cualquier tontería. Pero es por establecer conversación. Coge la libreta.
Vas a tener que agudizar tu oído...
-¿Por qué?-le pregunto extrañado.
Mónica sonríe mordiéndose el labio. Se queda callada mirándome fijamente a los ojos. Me está poniendo nervioso. Pasa un rato largo en el que espero ansioso el por qué de esa frase. Hasta que Mónica abre la boca. ¿Va a hablar? ¿Puede hablar ya?
-Por esto...-dice en un susurro apenas audible.
Sonrío y me acerco a ella.
-Pues voy a tener que pegar el oído a tu boca para oírte mejor-Àngel.
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