Relatado por Mónica Naranjo
-¿Cómo que los Pirineos?-le pregunto sorprendida sin dejar de mirar la casa que tengo frente a mis ojos.-Pero, ¿cómo? ¿Cuándo?
Estoy que no me lo creo. No tengo ni idea cuándo ha organizado todo este viaje. Pero está preparado hasta el más mínimo detalle. De hecho estaba el coche en la puerta de la estación y todo. Como si supiera el señor a qué hora íbamos a llegar. Àngel me mira y me ofrece su mano.
-¿Entramos?-Àngel.
-Sí-asiento sonriendo ilusionada-Pero no has contestado a mis preguntas.
Le doy la mano ilusionada. Va a conseguir que le quiera aún más de lo que ya le quiero. Él me empieza a hablar, pero apenas le escucho. Le miro a él y miro a mi alrededor. No me puedo creer que esté aquí... con él. Óscar no ha tenido nunca estos detalles conmigo. Bueno sí. Nos fuimos a Italia cuando decidí alejarme de todo por un tiempo. Pero ese viaje nunca fue sorpresa. Más bien fue idea mía. No estoy queriendo decir que Óscar sea peor y Àngel mejor. Simplemente que cada es de una forma distinta. Pero los 2 me tratan con mucho cariño. Otra vez me vienen las dudas. Y no tengo aquí a la churri para que me ayude. Agito la cabeza para intentar apartar esos pensamientos. Al menos por ahora. Quiero disfrutar de este fin de semana. Àngel ha dicho de pasar el finde juntos. Y voy a estar al cien por cien. No hay sitio para las preocupaciones. Àngel abre la puerta y busca el interruptor. Al accionarlo, se ilumina la estancia. Me quedo maravillada por la belleza que me rodea. Todo es de madera y simple, pero tiene la belleza y el encanto de casa rural. Voy corriendo a la ventana donde se ve la nieve. Me giro para ver el resto de, lo que parece, la sala principal. Hay una mesa de madera con unas sillas a su alrededor. De madera también. Hay un sofacito blanco que mira hacia una chimenea. Junto a la sala de estar, se puede apreciar la cocina. Me voy acercando y veo el fregadero, la cocina, la nevera. Salgo de la cocina y vuelvo al salón, donde hay unas escaleras para subir al piso superior. Subo rápidamente los escalones y voy abriendo las puertas. Una habitación, otra y el baño. De una pasada, he visto toda la casa. Vuelvo a bajar las escaleras a todas velocidad en busca de Àngel. Quiero agradecerle todo esto. Le veo que está de espaldas a la chimenea. Me acerco sigilosamente a donde él y le abrazo por la espalda. Se sobresalta un poco. Pero se gira y me mira sonriendo.
-¿Qué te gusta? ¿Ya no me quieres matar?-me pregunta con una sonrisa, esa sonrisa que me vuelve loca.
-¿Que si me gusta? No me gusta...-me mira con cara triste-,¡me encanta!-le digo emocionada.-Y si que te quiero matar...-hago una pausa para ver lo que me contesta.
-¿Te gusta y me quieres matar? ¿Cómo se come eso?-me pregunta con extrañeza.
-Te quiero matar... pero... ¡A besos!-le empiezo a dar besos por la cara-Que no me dejas terminar.
Estoy tan emocionada que no dejo de darle besos por toda la cara hasta que llego a sus labios y deposito un rápido pico. Me separo rápidamente con la cara roja y aparto la mirada.
-Mónica...-me dice casi susurrando y cogiéndome del brazo.
-Perdón, ha sido la emoción y la efusividad-me disculpo sin mirarle.
Relatado por Àngel Llàcer
La agarro del brazo y, de un movimiento, la vuelvo a colocar frente a mí. Ella no me mira, me evita la mirada. Le cojo la barbilla y le subo la cara para hacer que me mire. Ella se disculpa. No para de decir que no ha estado bien, que ha sido la emoción del momento y la impulsividad. Me acerco a sus labios y coloco los míos encima de los suyos. Me mira con ojos como platos, pero al momento los cierra y se deja llevar por este beso. Tras un rato besándonos, me separo levemente. Pero no lo suficiente como para alejarme de ella. Apenas estamos a centímetros el uno del otro. Abrimos los ojos y nos miramos fijamente. Nos quedamos un rato así, en silencio. Hasta que decido que es el momento de intervenir.
-Perdona, ¿decías?-Àngel.
-Que... que...-empieza diciendo entre titubeos.-¿No te ha molestado?
-No, no me ha molestado. Sabes lo que siento por ti-ella me mira como queriendo decir que ella no sabe nada-Pues ahora ya lo sabes. Te quiero y estoy enamorado de ti. Por eso he organizado todo esto. Sé que estás casada, que tienes un hijo. Pero eso me da igual porque yo te amo.
Hale, ya lo he soltado todo. Me he quedado más liberado. Mónica me mira fijamente. Aún no ha dicho una palabra, pero me mira fijamente.
-¿Qué dices? ¿Lo intentamos?-Àngel.
Ella me sigue mirando sin soltar una palabra de su boca. Se separa de mí, da la vuelta y va hacia la puerta. La abre y empieza a caminar deprisa. La veo cómo se aleja. La he cagado. No debería haberle dicho nada. Ahora nuestra relación profesional se va a deteriorar. No me va a querer volver a ver en la vida. ¡Mierda! ¿Por qué tengo que ser tan bocazas? Me acerco al sofá y me tumbo. No dejo de darle vueltas a lo que ha pasado. ¿Cómo voy a pretender que deje a su familia? ¿Por mí? Soy imbécil. Simplemente imbécil.
martes, 30 de agosto de 2016
martes, 23 de agosto de 2016
Capítulo 81:Bienvenida
Relatado por Àngel Llàcer
Después de un rato de protesta, se queda dormida. No hay cosa que me haga más feliz que verla dormir. Ojalá pudiese verla así todos los días. Sí, estoy diciendo de que vivamos juntos. Sé que es muy precipitado, que apenas estoy currándome algo para que esto vaya a alguna parte. Pero viéndola de esta forma, me dan ganas de compartir mis mañanas con ella. Bueno, y también mis noches. Debe ser precioso estar en la misma cama que ella y verla dormir, acurrucarnos para estar calentitos en invierno o pelearnos por la manta. Que por lo poco que la voy conociendo, me acabaría ganando ella y yo dormiría desarropado. Miro por la ventana el paisaje. No os voy a decir nada de momento. Quiero que viváis con ella la sorpresa. Sólo os puedo decir que no vamos muy lejos y vamos en tren. Teniendo en cuenta que salimos de Barcelona... podéis hacer vuestras insinuaciones. Cojo el móvil y le hago una foto. La guardo con el titulo de "mi princesa". Abro el whatsapp y voy al chat con Latre.
-"Primera parte del plan completada. Ya vamos en el tren"-Àngel.
-"Se ha quejado o algo?"-Carlos.
-"Como una niña jajaja"-Àngel.
-"Jajajaja te va a matar en cuanto le quites la venda, yo solo aviso"-Carlos.
-"Si le va a gustar... o al menos eso espero... :S"-Àngel.
-"Seguro que le encanta, tú tranquilo. Ya me irás contando no?"-Carlos.
-"Bueno, eso mejor a la vuelta...*emoticono sexy*"-Àngel.
-"Menudo estás tú hecho jajaja"-Carlos.
-"Ya me conoces jajaja"-Àngel.
-"Por eso lo digo jajaja"-Carlos.
Seguimos hablando un poco más. La verdad es que el tiempo se me hace corto así entretenido. Tampoco quiero tener a Mónica porque sino va a estar protestando y preguntando que a donde vamos. Lo típico de los niños en el coche "¿falta mucho?". Eso me encanta de ella: que es madura, pero a la vez tiene esa parte infantil. Está ilusionada e intrigada y a la vez me quiere matar. Jajaja, me hace gracia la situación la verdad. Pero cuando vea a donde vamos, no creo que me vaya a querer matar. Espero que le guste. Vamos llegando. Ya me va gustando el paisaje. Le doy un toquecito a Mónica que se despierta sobresaltada.
-¿Qué? ¿Qué pasa?-Mónica.
Me acerco con cuidado a su oreja y le quito un tapón. Después voy a la otra y hago lo mismo.
-Que ya hemos llegado-Àngel.
-¿Y ya puedo verlo?-me pregunta con emoción.
-Em... pues... sólo hemos llegado a la estación. Aún tenemos que llegar al sitio...-le digo con una sonrisa, la cual ella no ve. Me lo estoy pasando muy bien viéndola "sufrir" así.
-¿No pretenderás que baje así, verdad? Del autobús, tren o lo que coño sea esto-Mónica.
Me empiezo a reír sin remedio.
-A ver si la venda te la voy a tener que poner en la boca en vez de en los ojos...-le insinúo.
-Pues mejor sería...-me dice en voz baja. Es como si no quisiera que lo he escuchase, pero lo he oído. O a lo mejor sí quería que lo oyese. La voy a vacilar un poco.
-¿Cómo has dicho? Es que esta presión me tapa los oídos...-Àngel.
-¿Pero no decías que estábamos en una estación y que habíamos llegado? Me estás liando, Àngel-se empieza a desesperar.
Me estoy riendo por dentro y disfruto de este momento. Aunque sea la última parada, hay que bajar ya. Así que decido que le voy a quitar la venda de los ojos.
-Te voy a quitar la venda, ¿vale?-Àngel.
Relatado por Mónica Naranjo
-Vale-asiento sonriendo.
Aunque en mi interior estoy pensando "por fin". Por fin voy a saber dónde me ha traído este hombre. Noto que el nudo va aflojándose y me quita el pañuelo. Abro los ojos, que tienen que acostumbrarse a la luz. Àngel me dice que vayamos ya, que bajemos que somos los últimos.
-¿Encima vienes con prisas? Ya te vale, bonito-Mónica.
Le amenazo con la mano como si le fuese a dar una colleja. Coge mi maleta y otra, debe ser la suya. ¿En qué momento la ha cogido? Esto de estar privada de la vista, me ha hecho perder bastantes cosas.
-Ya llevo yo mi maleta, anda-le pido alargando la mano.
-Tranquila, que ya puedo yo-me dice de espaldas a mí tirando de las 2 maletas.
-Mira que eres cabezota, ¿eh?-Mónica.
-Bah, bah-Àngel.
Bajamos del tren y me mete prisa para salir de allí. Intento mirar el nombre, pero tengo que correr para que no se me escape. Así que ni idea dónde estamos. En la puerta nos espera un coche y un hombre le entrega las llaves a Àngel. Le ayuda a meter las maletas en el maletero y le desea buen viaje y feliz estancia. Me abre la puerta del copiloto y vuelve a sacar la venda.
-Otra vez no...-me empiezo a quejar.
-Lo siento, cariño. Pero así te gustará más... O eso creo-Àngel.
-Venga...-accedo a regañadientes.
Me deja que me ponga el cinturón y una vez se cerciora que está abrochado, me pone de nuevo la venda. Qué cruz con la venda. Voy a odiar este tipo de cosas al final. Oigo que Àngel se sienta a mi lado y cierra la puerta.
-Bueno, pues allá vamos-Àngel.
-Ya puede estar bien o sino te mato-le aviso con el dedo amenazante. Giro la cabeza en la dirección en la que creo que está para amenazarle.
Se empieza a reír y me acaricia la mejilla.
-Merecerá la pena, te lo aseguro-Àngel.
-Más te vale-Mónica.
-Jajaja que sí. ¿Ponemos música?-Àngel.
-Como quieras-Mónica.
Espero un instante y la música empieza a sonar. La melodía del comienzo me empieza a sonar y empiezo a escuchar unos susurros. Mis propios susurros.
-No, por favor. Mi música no...-Mónica.
Àngel baja el volumen.
-¿Decías?-Àngel.
-Que pongas otra música, por favor. Bastante tengo con escucharla cuando grabo-Mónica.
-¿No te gusta?-me pregunta Àngel sorprendido.
-Sí, pero... prefiero otra cosa-Mónica.
Àngel quita la canción "Desátame" y se oye el radial buscando música. A ver si así descubro, también, por donde hemos venido. Pero nada, no hablan. Al final me conformo y disfruto con la música. Tras un rato, la música se detiene y el motor también.
-Espera, ¿eh?-me dice Àngel.
Asiento en silencio y espero hasta que venga a quitármelo. Ay , qué ganas por Dios. Mi puerta se abre y noto el peso de Àngel encima de mí. Se oye el click del cinturón. Me coge de la cintura y me deja en el suelo al instante.
-¿Preparada?-Àngel.
-Sí-digo con una sonrisa emocionada.
-¿Lista?-sigue preguntando.
-¿Vamos a echar una carrera o qué?-le pregunto impaciente.
-Cierra los ojos...-Àngel me va desatando el nudo-No los abras, ¿eh? No hagas trampas.
-Que no, pesado-Mónica.
Me quita la venda del todo y yo mantengo mis ojos cerrados. Àngel me da permiso para abrirlos y eso hago. Miro frente a mí. El paisaje es precioso. Delante de mí está todo blanco, toda la nieve está a mi alrededor. Miro mis pies que también la están pisando. Me giro sobre mí y veo una casita de madera.
-¿Y esto?-pregunto con lágrimas en los ojos.
Àngel me mira sonriente.
-Mónica, bienvenida a los Pirineos-Àngel.
martes, 16 de agosto de 2016
Capítulo 80:Hacia la sorpresa
Relatado por Àngel Llàcer
Cenamos hablando para conocernos un poco mejor. Siempre pendiente a la hora. Aunque ahora lo hago disimuladamente para que no me pille. Como me pregunte una vez más, se me va a escapar y quiero que sea sorpresa. Mónica es muy impaciente y lo quiere saber ya. Yo quiero que sea sorpresa, pero con esa carita me da pena y no puedo resistirme. Pero tengo que aguantar un poco más. Pero sé que le va a gustar. Después de los platos principales, nos traen la carta de postres y nos dejan un rato para elegir.
-Elige lo que tú quieras, cariño-Àngel.
Mónica me mira sorprendida, a lo que agacho la cabeza rápidamente.
-¿Cómo me has llamado?-Mónica.
-Eh... Mónica...-digo entre titubeos.
-Ya, ya. A mí me ha parecido otra cosa...-podría jurar que está sonriendo, aunque no la vea.
Levanto la cabeza y la miro de reojo. En efecto, tiene una sonrisa traviesa en los labios.
-Me da que te ha afectado al oído también, ¿eh?-digo a modo de pique.
-A ti sí que te va a afectar al oído como te de...-me amenaza divertida con su mano.
-Venga, acaba de elegir o no tomas nada-Àngel.
-¿Me vas a dejar sin postre?-me mira con cara de cachorrito, pero a la vez pícara. El doble sentido en ella juega muy bien. Me limito a sonreír y a suspirar.
-¡Venga!-la apremio.
-Ey, ey, tranquilo-Mónica.
A continuación llama al camarero y le pide lo que quiere para ella. Le toma nota y a continuación me pregunta a mí. Miro a Mónica que me mira expectante.
-Venga, tanta prisa como tenías. ¿No lo tenías tan claro? Pues elige-Mónica.
Llevo mi mirada de nuevo a la carta y miro al camarero y le digo lo que quiero. Me toma nota con una sonrisa y se aleja. Me parece que le ha parecido divertida la situación.
-¿Te parece bonito?-le pregunto a Mónica serio, fingiendo enfado.
-Más bien me parece guapo, pero estoy contigo y se ha dado cuenta-me dice siguiéndome el rollo. Lo que se llama vacilarme.
Suspiro de nuevo.
-Menudo fin de semana me vas a dar...-Àngel.
-¿Fin de semana? ¿Vamos a pasar el finde juntos?-me pregunta ilusionada.
Me llevo las manos a la boca. ¡Mierda! Ya se me ha escapado. ¿Qué os decía antes? Que se me acabaría escapando. Bueno, de momento no sabe a dónde vamos. Y es mejor que sea así.
-Ya veremos...-digo en tono de misterio.
-No, ya lo has dicho. ¿Y a dónde?-me encojo de hombros sonriendo. No me lo va a sacar.-¿Es lejos?
-No te lo voy a decir-Àngel.
-¿Cerca? ¿Hace frío? ¿Calor?-sigue preguntando Mónica.
Sigo callado encogiendo los hombros como si no supiese. La voy a tener así durante todo el viaje.
-Jo, dímelo-Mónica.
Por suerte, vuelve el camarero a traernos lo que hemos pedido. Bendito camarero. Creo que Mónica le mira mal y después me dedica la misma cara a mí. Bueno algo peor,una de odio.
Relatado por Mónica Naranjo
Miro al camarero de mala manera por haberme interrumpido. A lo mejor le hubiese conseguido sacar algo. Cuando éste se ha ido deseándonos buen provecho, le dedico otra mala cara a Àngel. Àngel está sonriendo, creyendo que ha ganado. Pero eso está por ver. Yo siempre consigo lo que quiero y esta vez no va a ser menos.
-Si me dices a dónde vamos...-me quedo meditando qué le puedo ofrecer-no me meto contigo durante 1 semana.
-No me vas a convencer. Anda, sé buena y comete eso. Sino no habrá sorpresa ni nada-me dice Àngel.
-¿Por qué?-Mónica.
-Porque perderemos el transporte-Àngel.
-¿No vamos en coche?-Mónica.
-No. Y es a la ultima pregunta que contesto-Àngel.
Sopeso la respuesta de Àngel. Si no vamos en coche es porque no es en Barcelona y tenemos que coger tren, avión o barco. Me quedo mirándole fijamente y tomo una cucharada de mi tarta.
-No me mires así-me dice Àngel.
-¿Te pongo nervioso?-le pregunto pícaramente.
No dice nada y se dedica a comer de su plato. Sonrío porque he conseguido mi objetivo. Aunque no me vaya a contar nada, estoy satisfecha de lo que he conseguido con él. Le tengo bajo mi mando. Y ya que se ha currado una sorpresa para mí, no voy a seguir preguntando. Aunque me muera de ganas de saberlo. Una vez acabado el postre, Àngel pide la cuenta y saca el dinero. Intento mirar la cuenta, pero no me deja. Me retira el plato con la cuenta de mi vista y llama al camarero para entregárselo. Nos levantamos y nos dirigimos hacia la salido. A continuación hacia el coche. Una vez sentada en el asiento del copiloto, Àngel me entrega un pañuelo.
-Póntelo en los ojos-Àngel.
-Pero...-intento quejarme.
-Y ni se te ocurra quitártela ¿eh?-me avisa Àngel.
A regañadientes cojo el pañuelo y me lo pongo sobre los ojos. La oscuridad se apodera de mí. Àngel se cerciora de que no veo nada preguntándome que cuántos dedos hay. Me habrá puesto dedos delante de mi cara.
-¿Cómo voy a saberlo? A no ser que use mis súper poderes...-Mónica.
Le oigo reír y decirme vale. A continuación oigo el motor ponerse en marcha y el coche empieza a moverse. ¿A dónde iremos? Ya queda menos para mi sorpresa y me muero de ganas de saberla. Ojalá lleguemos pronto. Me puede esta incertidumbre. Y estar con los ojos vendados no ayuda. Siempre temo que me hagan algo malo. No me gusta estar privada de alguna de mis facultades. De repente,noto que el coche se detiene.
-Espera un momento-me pide Àngel.
Digo que se bajará y me quitará el cinturón,me ayudará a bajar e iremos a donde tengamos que ir. Me ayuda a bajar y me coge de la mano. Me guía hasta Dios sabe dónde.
-Ahora te voy a poner unos tapones. Tú confía en mí-Àngel.
-¡Àngel! ¡Àngel,no!-intento protestar,pero me introduce lo que deben ser los tapones en los oídos.
Pero me lleva sin que pueda hacer nada por evitarlo. Voy con mi inseguridad. Me coge en brazos y me siento como más segura. Me coloca sentada en un asiento cómodo,blando. Habremos llegado al transporte. Si me preguntáis cuál es. Pues ni idea. Ni veo ni oigo nada. No sé dónde estoy ni a dónde me dirijo. Àngel me quita el tapón de un oído y ne susurra:
-Ahora mismo salimos. Duerme un poco y relajate. Yo te aviso-tras decirme esto vuelve a colocarmelo. Y el silencio me vuelve a invadir.
De modo que le hago caso e intento dormir y relajarme un poco.
Cenamos hablando para conocernos un poco mejor. Siempre pendiente a la hora. Aunque ahora lo hago disimuladamente para que no me pille. Como me pregunte una vez más, se me va a escapar y quiero que sea sorpresa. Mónica es muy impaciente y lo quiere saber ya. Yo quiero que sea sorpresa, pero con esa carita me da pena y no puedo resistirme. Pero tengo que aguantar un poco más. Pero sé que le va a gustar. Después de los platos principales, nos traen la carta de postres y nos dejan un rato para elegir.
-Elige lo que tú quieras, cariño-Àngel.
Mónica me mira sorprendida, a lo que agacho la cabeza rápidamente.
-¿Cómo me has llamado?-Mónica.
-Eh... Mónica...-digo entre titubeos.
-Ya, ya. A mí me ha parecido otra cosa...-podría jurar que está sonriendo, aunque no la vea.
Levanto la cabeza y la miro de reojo. En efecto, tiene una sonrisa traviesa en los labios.
-Me da que te ha afectado al oído también, ¿eh?-digo a modo de pique.
-A ti sí que te va a afectar al oído como te de...-me amenaza divertida con su mano.
-Venga, acaba de elegir o no tomas nada-Àngel.
-¿Me vas a dejar sin postre?-me mira con cara de cachorrito, pero a la vez pícara. El doble sentido en ella juega muy bien. Me limito a sonreír y a suspirar.
-¡Venga!-la apremio.
-Ey, ey, tranquilo-Mónica.
A continuación llama al camarero y le pide lo que quiere para ella. Le toma nota y a continuación me pregunta a mí. Miro a Mónica que me mira expectante.
-Venga, tanta prisa como tenías. ¿No lo tenías tan claro? Pues elige-Mónica.
Llevo mi mirada de nuevo a la carta y miro al camarero y le digo lo que quiero. Me toma nota con una sonrisa y se aleja. Me parece que le ha parecido divertida la situación.
-¿Te parece bonito?-le pregunto a Mónica serio, fingiendo enfado.
-Más bien me parece guapo, pero estoy contigo y se ha dado cuenta-me dice siguiéndome el rollo. Lo que se llama vacilarme.
Suspiro de nuevo.
-Menudo fin de semana me vas a dar...-Àngel.
-¿Fin de semana? ¿Vamos a pasar el finde juntos?-me pregunta ilusionada.
Me llevo las manos a la boca. ¡Mierda! Ya se me ha escapado. ¿Qué os decía antes? Que se me acabaría escapando. Bueno, de momento no sabe a dónde vamos. Y es mejor que sea así.
-Ya veremos...-digo en tono de misterio.
-No, ya lo has dicho. ¿Y a dónde?-me encojo de hombros sonriendo. No me lo va a sacar.-¿Es lejos?
-No te lo voy a decir-Àngel.
-¿Cerca? ¿Hace frío? ¿Calor?-sigue preguntando Mónica.
Sigo callado encogiendo los hombros como si no supiese. La voy a tener así durante todo el viaje.
-Jo, dímelo-Mónica.
Por suerte, vuelve el camarero a traernos lo que hemos pedido. Bendito camarero. Creo que Mónica le mira mal y después me dedica la misma cara a mí. Bueno algo peor,una de odio.
Relatado por Mónica Naranjo
Miro al camarero de mala manera por haberme interrumpido. A lo mejor le hubiese conseguido sacar algo. Cuando éste se ha ido deseándonos buen provecho, le dedico otra mala cara a Àngel. Àngel está sonriendo, creyendo que ha ganado. Pero eso está por ver. Yo siempre consigo lo que quiero y esta vez no va a ser menos.
-Si me dices a dónde vamos...-me quedo meditando qué le puedo ofrecer-no me meto contigo durante 1 semana.
-No me vas a convencer. Anda, sé buena y comete eso. Sino no habrá sorpresa ni nada-me dice Àngel.
-¿Por qué?-Mónica.
-Porque perderemos el transporte-Àngel.
-¿No vamos en coche?-Mónica.
-No. Y es a la ultima pregunta que contesto-Àngel.
Sopeso la respuesta de Àngel. Si no vamos en coche es porque no es en Barcelona y tenemos que coger tren, avión o barco. Me quedo mirándole fijamente y tomo una cucharada de mi tarta.
-No me mires así-me dice Àngel.
-¿Te pongo nervioso?-le pregunto pícaramente.
No dice nada y se dedica a comer de su plato. Sonrío porque he conseguido mi objetivo. Aunque no me vaya a contar nada, estoy satisfecha de lo que he conseguido con él. Le tengo bajo mi mando. Y ya que se ha currado una sorpresa para mí, no voy a seguir preguntando. Aunque me muera de ganas de saberlo. Una vez acabado el postre, Àngel pide la cuenta y saca el dinero. Intento mirar la cuenta, pero no me deja. Me retira el plato con la cuenta de mi vista y llama al camarero para entregárselo. Nos levantamos y nos dirigimos hacia la salido. A continuación hacia el coche. Una vez sentada en el asiento del copiloto, Àngel me entrega un pañuelo.
-Póntelo en los ojos-Àngel.
-Pero...-intento quejarme.
-Y ni se te ocurra quitártela ¿eh?-me avisa Àngel.
A regañadientes cojo el pañuelo y me lo pongo sobre los ojos. La oscuridad se apodera de mí. Àngel se cerciora de que no veo nada preguntándome que cuántos dedos hay. Me habrá puesto dedos delante de mi cara.
-¿Cómo voy a saberlo? A no ser que use mis súper poderes...-Mónica.
Le oigo reír y decirme vale. A continuación oigo el motor ponerse en marcha y el coche empieza a moverse. ¿A dónde iremos? Ya queda menos para mi sorpresa y me muero de ganas de saberla. Ojalá lleguemos pronto. Me puede esta incertidumbre. Y estar con los ojos vendados no ayuda. Siempre temo que me hagan algo malo. No me gusta estar privada de alguna de mis facultades. De repente,noto que el coche se detiene.
-Espera un momento-me pide Àngel.
Digo que se bajará y me quitará el cinturón,me ayudará a bajar e iremos a donde tengamos que ir. Me ayuda a bajar y me coge de la mano. Me guía hasta Dios sabe dónde.
-Ahora te voy a poner unos tapones. Tú confía en mí-Àngel.
-¡Àngel! ¡Àngel,no!-intento protestar,pero me introduce lo que deben ser los tapones en los oídos.
Pero me lleva sin que pueda hacer nada por evitarlo. Voy con mi inseguridad. Me coge en brazos y me siento como más segura. Me coloca sentada en un asiento cómodo,blando. Habremos llegado al transporte. Si me preguntáis cuál es. Pues ni idea. Ni veo ni oigo nada. No sé dónde estoy ni a dónde me dirijo. Àngel me quita el tapón de un oído y ne susurra:
-Ahora mismo salimos. Duerme un poco y relajate. Yo te aviso-tras decirme esto vuelve a colocarmelo. Y el silencio me vuelve a invadir.
De modo que le hago caso e intento dormir y relajarme un poco.
martes, 2 de agosto de 2016
Capítulo 79:Para la mejor
Relatado por Mónica Naranjo
Efectivamente, vamos en dirección al hotel. Àngel no me quiere decir a dónde vamos y para qué quiere que coja ropa. ¿Quiere que vaya a su casa? No creo. Porque sino no hubiese dicho que era tarde. Teniendo coche, no importa la hora. A ver, relativamente. Tampoco me comáis ahora.
-¿De verdad me vas a tener intrigada todo el viaje?-le pregunto mirándole con cara de pena. Pero él ni me mira, va atento a la carretera. Pero también pongo voz de niña pequeña.
-Ya lo verás, impaciente-me dice sonriendo.
-Joo-me cruzo de brazos y agacho la cabeza fingiendo decepción y enfado.
-Anda, no me seas teatrera-Àngel.
-Se dice dramática-le digo y a continuación le saco la lengua.
Me mira de reojo y se empieza a reír. Me acaricia el pelo tiernamente, como a una niña pequeña. En plan paternal y me dice que ya falta poco para llegar. Pero es que no aguanto las ganas de saber la sorpresa. ¿Ha dicho sorpresa o sorpresas? Intento sacárselo haciéndole preguntas. Pero nada, no me lo quiere decir.
-¿Esto es un tipo de castigo por haber visitado a mi marido?-le pregunto haciéndome la buena, pero también la interesante.
Me mira y me dedica una sonrisa de medio lado. Se hace el interesante conmigo.
-¿Tú no tenías que hablar poco?-Àngel.
-Es que no me lo dices...-vuelvo a mi carita triste, intentando darle pena. A ver si así funciona.
-Hemos llegado-me dice de repente parando el coche.
Abro la puerta emocionada y me bajo del coche. Pero descubro que es un parking. Àngel llega a mi altura y me hace caminar. Enseguida vamos al ascensor y subimos a la planta principal. Es el hall del hotel. Me ha engañado. Creía que era mi sorpresa. Nos acercamos a la recepción y pide la llave de mi habitación. Subimos en el ascensor. Le miro con mala cara. Él no hace más que sonreír y reírse de vez en cuando.
-Espero que no te estés riendo de mí...-le amenazo con el dedo índice.
-¿De ti? Nunca, cariño. Es de la situación. Y de un chiste que me he acordado que me contó Manu-Àngel.
-Ya, ya... No sé por qué, pero no te creo-Mónica.
-Anda vamos-Àngel.
Antes de que pueda decirle nada más, el ascensor se ha parado y las puertas están abiertas. Àngel sale del ascensor y se coloca en las puertas para que éstas no se cierren. Qué mono. Lo hace para que no me pillen ni se me cierren y vuelva a bajar. Que con la suerte que tengo yo, podría pasar. ¿Quién os dice que no? A mí me ha pasado ya de todo. Busco la mano de Àngel y la agarro. No sé, me apetece ir de la mano con él. Llegamos a la habitación y la abre. Enciende la luz y empiezo a guardar la ropa en la maleta que dejé. Menos mal que soy precavida y dejo algo de ropa y una maleta siempre por si acaso.
-¿Y ahora?-Mónica.
-Ahora salimos y volvemos al coche. Dejando la llave de camino-me dice con una sonrisa.
-¿Me estás vacilando?-Mónica.
-¿Yo? Qué va-pero se empieza a reír. Le miro con el semblante serio.-Que no-intenta ponerse serio.
Salimos de la habitación con mi maleta y dejamos la llave en recepción. Volvemos a bajar en el ascensor para ir al parking. Guarda la maleta en el maletero y me abre la puerta. Le dedico una sonrisa y me siento en el asiento del copiloto.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy conduciendo mirando de reojo a esta mujer. No me puedo creer que vaya a pasar el finde con ella. Eso forma parte de la sorpresa. Pero antes, volvemos a Barcelona y aparco en otro parking. Mónica me mira sin poder creérselo como diciendo "¿otra vez un parking?". No puedo evitar sonreír. Me lo estoy pasando demasiado bien con el comienzo de esta sorpresa. Carlos me ha ayudado bastante con la idea, pero el plan ha sido mío. Salimos del parking y nos acercamos a la puerta. Me acerco al hombre de la puerta y le digo mi nombre. Nos guía hasta nuestra mesa y nos da la carta. Es uno de los mejores restaurantes de Barcelona. El mejor para la mejor. Me mira ilusionada. Está que no se lo cree.
-No hacía falta todo esto-encima es humilde. ¿Se puede ser mejor que ella?
-Así me perdonas-Àngel.
-¿Perdonarte por qué? No hay nada que perdonar-Mónica.
El camarero se acerca y nos toma nota. No puedo dejar de mirarla. Miro de reojo el reloj. Con la tontería del hospital, se nos ha hecho un poco tarde. Pues nada, habrá que ir en coche.
-¿Por qué miras tanto al reloj? ¿Tienes prisa?-me pregunta Mónica.
-Contigo el tiempo no pasa, las agujas del reloj se quedan paradas y se me acelera el corazón-Àngel.
-Ay qué cosas me dices-me dice ladeando la cabeza algo vergonzosa. Creo que se ha puesto roja. Es tan bonita que me gusta así. Bueno me gusta siempre, pero ahora muchísimo más.
-Primero cenamos y luego sabrás por qué miro el reloj-Àngel.
Esperamos a que nos traigan lo que hemos pedido y empezamos a comer. Empezamos a hablar para conocernos un poco mejor. En el programa no podemos intimar. Hay que estar pendiente de las actuaciones. Y si hablamos entre nosotros es para comentar lo que vemos.
Efectivamente, vamos en dirección al hotel. Àngel no me quiere decir a dónde vamos y para qué quiere que coja ropa. ¿Quiere que vaya a su casa? No creo. Porque sino no hubiese dicho que era tarde. Teniendo coche, no importa la hora. A ver, relativamente. Tampoco me comáis ahora.
-¿De verdad me vas a tener intrigada todo el viaje?-le pregunto mirándole con cara de pena. Pero él ni me mira, va atento a la carretera. Pero también pongo voz de niña pequeña.
-Ya lo verás, impaciente-me dice sonriendo.
-Joo-me cruzo de brazos y agacho la cabeza fingiendo decepción y enfado.
-Anda, no me seas teatrera-Àngel.
-Se dice dramática-le digo y a continuación le saco la lengua.
Me mira de reojo y se empieza a reír. Me acaricia el pelo tiernamente, como a una niña pequeña. En plan paternal y me dice que ya falta poco para llegar. Pero es que no aguanto las ganas de saber la sorpresa. ¿Ha dicho sorpresa o sorpresas? Intento sacárselo haciéndole preguntas. Pero nada, no me lo quiere decir.
-¿Esto es un tipo de castigo por haber visitado a mi marido?-le pregunto haciéndome la buena, pero también la interesante.
Me mira y me dedica una sonrisa de medio lado. Se hace el interesante conmigo.
-¿Tú no tenías que hablar poco?-Àngel.
-Es que no me lo dices...-vuelvo a mi carita triste, intentando darle pena. A ver si así funciona.
-Hemos llegado-me dice de repente parando el coche.
Abro la puerta emocionada y me bajo del coche. Pero descubro que es un parking. Àngel llega a mi altura y me hace caminar. Enseguida vamos al ascensor y subimos a la planta principal. Es el hall del hotel. Me ha engañado. Creía que era mi sorpresa. Nos acercamos a la recepción y pide la llave de mi habitación. Subimos en el ascensor. Le miro con mala cara. Él no hace más que sonreír y reírse de vez en cuando.
-Espero que no te estés riendo de mí...-le amenazo con el dedo índice.
-¿De ti? Nunca, cariño. Es de la situación. Y de un chiste que me he acordado que me contó Manu-Àngel.
-Ya, ya... No sé por qué, pero no te creo-Mónica.
-Anda vamos-Àngel.
Antes de que pueda decirle nada más, el ascensor se ha parado y las puertas están abiertas. Àngel sale del ascensor y se coloca en las puertas para que éstas no se cierren. Qué mono. Lo hace para que no me pillen ni se me cierren y vuelva a bajar. Que con la suerte que tengo yo, podría pasar. ¿Quién os dice que no? A mí me ha pasado ya de todo. Busco la mano de Àngel y la agarro. No sé, me apetece ir de la mano con él. Llegamos a la habitación y la abre. Enciende la luz y empiezo a guardar la ropa en la maleta que dejé. Menos mal que soy precavida y dejo algo de ropa y una maleta siempre por si acaso.
-¿Y ahora?-Mónica.
-Ahora salimos y volvemos al coche. Dejando la llave de camino-me dice con una sonrisa.
-¿Me estás vacilando?-Mónica.
-¿Yo? Qué va-pero se empieza a reír. Le miro con el semblante serio.-Que no-intenta ponerse serio.
Salimos de la habitación con mi maleta y dejamos la llave en recepción. Volvemos a bajar en el ascensor para ir al parking. Guarda la maleta en el maletero y me abre la puerta. Le dedico una sonrisa y me siento en el asiento del copiloto.
Relatado por Àngel Llàcer
Voy conduciendo mirando de reojo a esta mujer. No me puedo creer que vaya a pasar el finde con ella. Eso forma parte de la sorpresa. Pero antes, volvemos a Barcelona y aparco en otro parking. Mónica me mira sin poder creérselo como diciendo "¿otra vez un parking?". No puedo evitar sonreír. Me lo estoy pasando demasiado bien con el comienzo de esta sorpresa. Carlos me ha ayudado bastante con la idea, pero el plan ha sido mío. Salimos del parking y nos acercamos a la puerta. Me acerco al hombre de la puerta y le digo mi nombre. Nos guía hasta nuestra mesa y nos da la carta. Es uno de los mejores restaurantes de Barcelona. El mejor para la mejor. Me mira ilusionada. Está que no se lo cree.
-No hacía falta todo esto-encima es humilde. ¿Se puede ser mejor que ella?
-Así me perdonas-Àngel.
-¿Perdonarte por qué? No hay nada que perdonar-Mónica.
El camarero se acerca y nos toma nota. No puedo dejar de mirarla. Miro de reojo el reloj. Con la tontería del hospital, se nos ha hecho un poco tarde. Pues nada, habrá que ir en coche.
-¿Por qué miras tanto al reloj? ¿Tienes prisa?-me pregunta Mónica.
-Contigo el tiempo no pasa, las agujas del reloj se quedan paradas y se me acelera el corazón-Àngel.
-Ay qué cosas me dices-me dice ladeando la cabeza algo vergonzosa. Creo que se ha puesto roja. Es tan bonita que me gusta así. Bueno me gusta siempre, pero ahora muchísimo más.
-Primero cenamos y luego sabrás por qué miro el reloj-Àngel.
Esperamos a que nos traigan lo que hemos pedido y empezamos a comer. Empezamos a hablar para conocernos un poco mejor. En el programa no podemos intimar. Hay que estar pendiente de las actuaciones. Y si hablamos entre nosotros es para comentar lo que vemos.
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