martes, 28 de abril de 2015

Capítulo 18:Has vuelto a nacer

Relatado por Óscar Tarruella


La rubia que se parece a Carolina me ha guiado por el pasillo y hemos subido a otra planta. Nos hemos alejado de Urgencias para ir a un despacho que debe ser el suyo. Me siento frente a ella y la miro momentáneamente. Intento mantener el tipo, pero me está costando mucho.
-Soy la doctora Verónica Solé, psiquiatra del hospital....
-¡Yo no necesito una psiquiatra! ¡Sólo quiero estar con mi mujer!
-Lo sé. Sólo quiero explicarle lo que significa para mí Mónica. Es una de mis cantantes favoritas, la sigo desde sus inicios y se me parte el alma verla así. Pero debe hablarla, ella escucha todo lo que nosotros hablamos. Su cerebro está en constante movimiento a pesar de no obtener ningún estímulo por parte de su cuerpo-me explica Vero.
¿Hablarle a una persona que está en coma? Qué tontería, ¿no? Aparto la mirada y la fijo en mis manos, en el anillo de casado y le doy vueltas nervioso.
-¿Me puedo ir ya, por favor?-le pido casi sin voz.
-Hágame caso y háblela. Ya verá como pronto despierta. Con la ayuda de su gente aparte de la nuestra, muy pronto...-pero noto que las palabras se le quedan por el camino.
Levanto la cabeza para mirarla y veo cómo coge un pañuelo y se limpia las lágrimas. Se nota el sentimiento que le produce Mónica.
-Lo siento, ya puede marcharse si quiere-me dice Vero.
Me levanto y le estrecho la mano que me ofrece. Me doy la vuelta y salgo del despacho cerrando la puerta tras de mí. Vuelvo al ascensor y vuelvo a bajar a Urgencias para ir donde está Mónica. Pero Mónica ya no está en el box, está vacío. Voy a admisión y pregunto por ella. La mujer que está ahí me dice que se la han llevado a la UCI y que espere en la sala de espera hasta que me llamen. A regañadientes voy a la sala donde me encuentro a Tinet, Laia, Latre y los concursantes. Ya estamos casi todos, sólo falta mi hijo. Pero es demasiado joven para aguantar que su madre esté en coma. Pero debo decírselo. Tiene derecho a saberlo y decidir por sí mismo qué quiere hacer, si quiere venir a verla y estar con ella o mantenerse al margen. Así lo hablo con Tinet y me dice que debo decírselo. Así que tendré que demostrar toda la entereza que pueda para llamarle y decírselo y que venga para acá.
"Acompañantes de Mónica Naranjo" nos avisa la voz de una mujer. Nos acercamos nerviosos.
-¿Qué tal está?-pregunto a la médico.
-Casi la perdemos, pero la hemos estabilizado. Esta noche es crucial. Se quedará en observación en la UCI 24 horas y si la supera, estará fuera de peligro-Cruz.
-¿Podemos verla?-pregunta Latre.
-Sólo puede pasar 1 persona y unos 5 minutos-Cruz.
-Ve tú Óscar, te necesita-me dice Laia poniendo su mano en mi hombro.


*23 de mayo de 2011*


Hoy es el cumpleaños de Mónica, cumple 37 años. Pero hace 2 semanas que no está con nosotros. Aviso a Aitor para que se prepare para venir conmigo a celebrar el cumple de su madre.
-Papá, ¿seguro que sirve de algo?-Aitor.
-Ya te dije lo que me comentó la psiquiatra. Ella más que nosotros sabe de esto...-Óscar.
Vamos en coche al hospital. Ya está en planta, pero sigue en coma. Es como verla dormida día tras día. Tengo la esperanza en que cualquier día despertará. Paso por la floristería antes de ir a la entrada. Suerte que hay una cercana y le compro un ramo de rosas rojas. Durante este tiempo no he dejado de quererla, a pesar de haberle reprochado que fuese bebida al volante. Pero es mi mujer y a pesar de ser Mónica Naranjo, comete errores porque no es perfecta. Pero para mí es perfecta a pesar de equivocarse. Pero muy pocas veces se equivoca. Vamos hasta su habitación y abro la puerta. Entramos mi hijo y yo y nos acercamos hasta la cama.
-Cariño, muchas felicidades-poso las flores encima de la cama y me acerco a su cara-Hoy cumples 37 añazos. Eres la mejor mujer que se pueda desear, te quiero-y le dejo un beso en los labios.
-Mamá, no te he traído regalo pero porque no sé qué regalarte. Eso lo sabe más papá que es el que pasa más tiempo contigo. Vuelve a casa con nosotros para celebrar tu cumpleaños como se merece. Papá puede hacerte una tarta y yo intentar ayudarle, aunque no prometo nada...-Aitor.
-¿Has oído? Sigue como siempre-sonrío y miro a Aitor en tono paternal.-¿No le vas a decir nada?-le digo a una dormida Mónica.
Nos han dicho que si la estimulamos, a lo mejor despierta antes. Y tiene que seguir siendo mi esposa y madre de su hijo. Porque no quiero ni voy a perderla. No he visto conveniente traer una tarta de cumpleaños estando ella así. Lo celebraremos cuando despierte y esté bien. Según la doctora Gándara, tiene un traumatismo craneoencefálico y puede tardar en recuperarse. Si es que despierta... Todos los días la visitamos y en algún momento del día vienen sus compañeros de programa. A los que nunca he visto por aquí han sido a Àngel ni a Sylvia. Tal vez no se han enterado o no pueden venir. Porque no creo que no quieran, porque a Mónica la quieren todos. De hecho han cancelado las grabaciones del programa hasta que se recupere´. Así me lo ha dicho Tinet. La cojo de la mano inmóvil y entrelazo mis dedos con los suyos.


Relatado por Mónica Naranjo


He sentido y notado siempre visita. Creo que todos los días han venido a verme, sobre todo mi marido. Si es que es tan bueno que no me lo merezco. Y menos si supiese que lo engaño de pensamiento y le engañé la noche antes del accidente. Si llego a despertar, le dejaré. No es bueno que vivamos en una mentira, en algo que ya no siento. No siento el mismo amor por él que al principio que nuestra relación. Ahora ese amor se ha transformado en cariño. Y yo no puedo estar con alguien a quien no amo. Ahora mismo mi corazón late por otra persona, que tal vez no me desea o no siente lo mismo que yo. Pero en esto del amor no se elige. Sé que vamos a sufrir los 2, pero no quiero que suframos toda la vida. Oigo llegar a más gente. Según he oído, hoy es mi cumpleaños. Y yo sin poder despertarme y celebrarlo con la gente que realmente quiero. Se me parte el corazón oír a Óscar y a Aitor llorar. No me gusta que se preocupen por mí. Soy yo la que debo preocuparme por ellos y no al revés. Tengo una impotencia enorme. Noto la mano de mi marido sobre la mía y entrelazo mis dedos a los suyos. Me pesa el cuerpo, me duele la espalda, la garganta y la cabeza. Pero mis parpados se van separando poco a poco, como si fuera con una espátula. Miro a mi marido y a mi hijo. No los he olvidado.
-¡Mamá!-grita emocionado Aitor.
Óscar levanta la mirada atónito. Creo que se ha quedado mirando mi mano primero como la he movido y me mira con los ojos llenos de lágrimas.
-Aitor, hijo, avisa a la médico por favor-le dice Óscar.
Veo salir de la habitación a Aitor y me quedo a solas por un instante con Óscar. Me mira emocionado. Intenta hablarme, pero las palabras se le quedan por el camino. Sólo le sale llorar. Y en parte le entiendo. En su situación estaría igual o incluso peor que él. Bastante entereza está demostrando tener. Quiero hablarle, pero algo me oprime la garganta. Veo llegar corriendo a Cruz. Me mira las pupilas con una linterna. La luz me molesta.
-Te voy a quitar el tubo, inspira y a la de 3 te lo quito-me dice Cruz.
Hago lo que me dice y me lo quita poniéndome una mascarilla. Me pregunta que si me acuerdo cómo me llamo. Muevo la cabeza afirmativamente. Pero no sé por qué las palabras no salen de mi boca. Ya no tengo nada oprimiéndome la garganta.
-Voy a avisar a una personita que se ha preocupado por ti todo este tiempo-me dice Cruz. Vuelvo a asentir en señal de conformidad.
Cruz se aleja de la habitación y me quedo con Óscar y Aitor que me miran incrédulos, como si estuviesen viendo un extraterrestre. ¡Cómo me gustaría decirles todo esto para que no se preocupasen más! Que vean que estoy bien y que sigo siendo la misma de siempre. Busco con la mirada a Àngel por la habitación. Ni siquiera le he oído cuando estaba en coma. A lo mejor no ha venido. He creído que le importaba, cuando en realidad soy una compañera más y me ha dado falsas esperanzas. No le culpo. ¿Quién va a querer estar conmigo? Y más estando postrada en una cama y sin poder hablar. ¿Y si no vuelvo a tener voz? Me gano la vida con mi voz para cantar, para opinar en Tu cara me suena... Unas lágrimas escapan de mi voz imaginando mi futuro incierto sin poder cantar ni hablar. ¿Qué va a ser de mí?
La puerta se vuelve a abrir y aparecen Cruz y otra médico que me sonríe entre lágrimas.
-¿Me acompañáis, por favor?-les dice Cruz a Óscar y a Aitor.
-Claro-Óscar.
Se van dejándome a solas con la médico rubia. Su cara me suena mucho, es idéntica a alguien que acabo de conocer... ¡La churri! ¿Ha venido a verme y se ha vestido de médico? Yo creo que no hacía falta... Se acerca a mi cama y me abraza llorando.
-¡Mónica! Tú no me conoces, pero yo a ti sí... Soy Verónica Solé, la psiquiatra del hospital...-hace una pausa para tomar aire. Pues no, no es Carolina pero es que es igual-Pero puedes llamarme Vero. Lo primero felicidades por partida doble-sonríe-Hoy has vuelto a nacer, así que celebras tu cumpleaños 2 veces. Y segundo, eres muy importante para mí y me alegro que te hayas despertado para seguir complaciendo a toda esa gente que te quiere. Eres una persona muy querida y admirada. Tu carrera es única y no podíamos privarnos de ella perdiéndote tan pronto. Te quedan muchos años por seguir dando guerra.
Sigo llorando. Las palabras de Vero me emocionan mucho. Pero a la vez me entristecen porque mi carrera se ha perdido con mi voz. He perdido toda mi vida por ese maldito accidente de coche, por un error he echado a la basura toda mi carrera y toda la que me faltaría en caso de no haberme pasado nada. Le señalo mi garganta, como puedo, a Vero.
-Es normal que te duela la garganta ahora, pero estoy segura que pronto pasará el dolor. Hablaré con Cruz para que te dé algo para el dolor.
¿Cómo decirle que no puedo pronunciar sonido alguno? No me preocupa que me duela, me preocupa no tener voz. No puedo dejar de llorar.

martes, 21 de abril de 2015

Capítulo 17:Si tú no estás aquí

Relatado por Àngel Llàcer


Escucho el mensaje que me ha dejado Latre en el contestador. Prácticamente es imposible. Apago el móvil para que no me molesten más y voy al despacho de Tinet. Llamo a la puerta y, tras esperar un rato, veo que no hay nadie. Necesito saber dónde han guardado las imágenes de nuestro primero y último programa. Necesito verla de nuevo. Intento abrir la puerta sin éxito. A lo mejor donde Laia tengo más suerte... Llego a su puerta y llamo. Intento abrir, pero... ¡cerrada! ¿A dónde han ido estos 2? Me estoy poniendo nervioso, necesito un cigarro. Salgo fuera y me enciendo un cigarrillo. Veo llegar a Sylvia.
-¿Dónde estabas? Te estaba buscando...-Sylvia.
-Quería estar solo...-Àngel.
-Si quieres podemos ir a dar una vuelta...-Sylvia.
-No, no hace falta...-Àngel.
-Àngel, te sentará bien. Necesitas que te dé el aire-Sylvia.
-Pero deja que me cambie. ¡Apesto!-Àngel.
-Tú vas a estar bien con cualquier cosa que te pongas-me dice Sylvia sonriendo.
-Pero he dormido con esta ropa, la debo tener arrugadísima... Además apesto a alcohol-Àngel.
-Vale, pero si me dejas acompañarte-Sylvia sigue sonriendo mientras juega con un mechón de su pelo inocentemente.
Sonrío un poco y me llevo y el cigarro a los labios y le doy otra calada. Acabo de fumar y lo tiro al suelo. Lo piso y nos vamos al hotel. Sylvia va a mi lado. La verdad está preocupándose por mí, cuidándome, animándome. Lo que ninguno ha hecho. Creo que Sylvia me quiere de verdad y no como los demás que sólo me quieren por los puntos. La dejo pasar delante de mí en el ascensor y también en mi habitación. Reservé una habitación porque no sabía a qué hora terminaríamos el programa.
-Ponte cómoda, ahora salgo-le digo a Sylvia mientras me dirijo al baño.
Voy regulando el agua mientras me voy quitando la ropa. Saco el móvil del bolsillo y lo pongo encima del lavado, aún apagado. En cuanto salga de la ducha lo enciendo. ¡Espera! A lo mejor Latre me ha dicho que está en el hospital, pero en el depósito. Pero no quiero verla de esa manera. No quiero recordarla dormida y fría como el tempano. Que los recuerdos de ella sean de la mujer alegre que era, pasional, sexy, preciosa. Todos los adjetivos se quedan cortos para ella. Me meto en la ducha y empiezo a llorar en silencio mientras el agua se mezcla con mis lágrimas. Diréis que es imposible querer a alguien que acabas de conocer, pero con ella se me olvidaba ese pequeño detalle. La sentía como si la conociese desde siempre. Nos entendíamos bien y nos seguíamos el juego. Qué tontería, ¿no? ¿Cómo echar de menos algo que nunca ha ocurrido? Y que en mi caso nunca va a ocurrir. Salgo de la ducha y enciendo el móvil. Tras poner el pin, voy a la radio y la enciendo. Empieza una melodía y me paro a escuchar la canción mientras me seco.
<iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="344" src="https://www.youtube.com/embed/XlFOpw8tG7Y" width="459"></iframe><br />




Relatado por Mónica Naranjo




Empiezo a ver a Enrique. No puede ser. Se acerca a mí.
-Hermanita, te he echado de menos. Sabía que vendrías-Enrique.
-¿Dónde estoy?-pregunto con curiosidad. La verdad es que no entiendo nada. Debo estar soñando, paso de un sueño a otro.
-Es un paso al otro lado, si quieres te llevo-me dice ofreciéndome su mano.
¿Me estoy muriendo? No entiendo nada... La luz me ciega, pero me siento en paz conmigo misma. Mi hermano Enrique, al que hacía años que no veía, está conmigo. Pero me faltan Óscar, Aitor, mi familia para ser plenamente feliz. ¿Y por qué no decirlo? También mis compañeros de mesa y en especial el que se sienta a mi izquierda, uno con gafas muy tonto pero muy divertido. Estoy indecisa: si me voy con Enrique estaré de nuevo con él y recuperaremos los años perdidos, pero no volveré a ver a los míos.
-Lo siento, Enrique, no puedo hacerlo. Este no es mi momento de marchar contigo-Mónica.
-Yo cuidaré de ti siempre, no lo olvides. Estaré a tu lado guiándote. No pasa nada porque esta vez no vayas conmigo, aún no estás preparada-Enrique.
-Pero, no te vayas por favor. Tengo miedo...-Mónica.
-Estás rodeada de personas que te quieren. No tienes que tener miedo-Enrique.
Poco a poco me voy alejando de esa luz cegadora y de mi hermano. No quiero decirle adiós de nuevo, pero no me quiero morir. Quiero vivir. ¡Quiero vivir! Empiezo a escuchar voces. Creo que vuelvo al mundo. Quiero volver a ver a mi marido, a mi hijo, a mi churri, Tinet, Laia, Carlitos, Àngel y a los concursantes. Pero no abro los ojos. A pesar de que quiero, no puedo.

martes, 14 de abril de 2015

Capítulo 16:Sin fuerzas para continuar

Relatado por Mónica Naranjo


¿Por qué no puedo contestar? ¿Por qué no me puedo mover? Quiero explicarle lo qué ha pasado, pero mi cuerpo no reacciona. He oído que es mi médico y que tengo 0,75 de alcohol en sangre. ¿Tanto he bebido? Si sólo bebí un par de copas, como mucho tres. Quiero explicarle el por qué, aunque no me entienda. Me encuentro entre 2 mundos. Ni siquiera sé dónde estoy. Es un espacio vació, negro donde no hay nadie pero me llegan las voces del exterior. Recuerdo que perdí el control del coche... ¿No estaré muerta, verdad? Pero nadie puede contestar a mis preguntas.
-Mónica, sé que no me conoces pero yo a ti sí. Soy Vero, la psiquiatra del Central-oigo que empieza a llorar-No puedes abandonar este mundo... Sé que me escuchas y sé que vas a abrir los ojos y a cantarme el Sobreviviré. Porque siempre lo dices, que tú sobrevives. Cumple  esa promesa por mí y por todos tus fans que como yo te queremos volver a escuchar y ver en concierto. Por favor...
-Vamos a dejarla sola-dice la otra mujer, creo que se llama Cruz.
Oigo pasos que se alejan y me dejan sola en este lugar de penumbra. No quiero quedarme sola. Por favor que alguien venga y me hable o me saque de aquí. No quiero estar aquí. No sé dónde estoy, sólo veo oscuridad y tengo miedo. Para tranquilizarme empiezo a cantar muy bajito el Sobreviviré, la canción que me ha dicho Vero. Oigo la puerta cerrarse de nuevo. Menos mal, alguien que viene a acompañarme.
-¿Qué has hecho Mónica?-es la voz de Óscar reprochándome. Yo no tengo la culpa de estar así, ¿eh?-¿No ves los anuncios? Si bebes, no conduzcas. Eres una irresponsable. Te hubieras quedado conmigo en casa... No hubieses ido a esa comida... Mira cómo has terminado... El niño no sabe nada, no me he atrevido a decirle nada...
¿Cómo? ¿Aitor no está aquí? Yo quería que viniese y escuchar su voz. ¿Por qué todo el mundo me reprocha lo mal que lo he hecho? Ellos no saben por qué lo hice y no me puedo explicar. Por favor, cariño, sácame de aquí y te explico... Pero, ¿qué le voy a explicar? ¿Que ya no estoy enamorada de él? ¿Que ahora quiero a otra persona? De repente dejo de escuchar a mi marido y mi mente se va al plató de Gestmusic, al lado de Àngel. Le veo sonreír, mirarme con esos ojos que te atrapan. Si alguien sabe qué me está pasando, que me lo explique. Se supone que quiero a mi marido. Tengo una familia formada. Quiero a mi marido y a mi hijo. Pero ahora mi corazón late por otra persona. Le cojo la mano por debajo de la mesa y me sale una sonrisa automática. Al menos ya no estoy en ese agujero negro en el que me había metido antes. Oigo de fondo a Óscar hablar, pero no entiendo sus palabras. Mis ojos están en Àngel. Me hace reír. Se ha subido encima de la mesa y salta. Temo por él, pero no le pasa nada. A él no, pero a la mesa... No pensé que se la cargaría. Y estoy en su habitación, así sin darme cuenta. Estamos discutiendo. Y acto seguido nos besamos. El rostro de Àngel se desvanece y aparece el de Óscar. Le estoy probando, estoy hecha un lío. Lo que nunca quise lo estoy haciendo: estoy jugando a 2 bandos. Nunca pensé que le podría hacer tanto daño. Fui una idiota y por querer jugar a los adolescentes, me estoy cargando nuestra relación. Y estoy aquí sin poderme mover. Tal vez me lo merezca. El destino me ha castigado por hacer tanto daño a la persona que más quiero. Perdóname Óscar, no quería hacerte daño. Pero no puede escuchar mis pensamientos, no puede saber cómo me siento por dentro.
-Tal vez 1 semana, tal vez 1 mes o en años...-escucho decir a Cruz. ¿Cuándo ha entrado? No la he oído entrar.
Oigo un llanto. Quiero estirar mi mano para darle mi cariño, quiero despertar de esta mala pesadilla para decirle que estoy bien. Que sólo necesito tiempo y estar sola. Pero sola en mi mundo, no en este en el que estoy. A lo mejor veo un piano. Es lo mejor que puedo hacer. Me acerco, pero veo que no es un piano. Es un coche volcado. En su interior hay una persona. Intento acceder a ella y cuando le doy la vuelta, observo que soy yo. Me veo a mí misma ensangrentada, llena de cortes. Y de repente me empieza a faltar el aire. Dejo de escuchar los sonidos del exterior. Me ahogo, la luz me empieza cegar, una luz blanquecina. Apenas tengo fuerzas para seguir.


Relatado por Óscar Tarruella


He venido a ver a Mónica en cuanto me han avisado. Me han dicho que ha tenido un accidente. Antes de ir a la habitación he hablado con la doctora Gándara, su médico, y me ha dicho que le han encontrado alcohol en sangre. Y encolerizo. No sólo ha puesto en peligro su vida, sino la de los demás. Pero lo malo no es eso, es que no quiero perderla. Me ha dicho que está en coma, que si quiero puedo entrar a verla por un momento. En cuanto entro se me cae el mundo a los pies. La veo tumbada en la cama, con cables por todos lados y enchufada a una máquina. Le reprocho su mala actitud. Siempre le decimos a Aitor que si bebe vuelva en taxi. Y ahora ha sido ella la que ha cogido el coche habiendo bebido. Pero no me puedo enfadar con ella a pesar de todo. La amo, es la mujer de mi vida. Todos nos equivocamos alguna vez y ella no va a ser menos. Le digo que no tengo fuerzas para decirle lo de su accidente a nuestro hijo. No sé cómo se lo voy a decir. Ni siquiera sé cómo va  reaccionar. Me cuesta a mí asimilarlo... Tras un rato hablando vuelve a entrar Cruz.
-Puede despertar... Sólo hay que esperar, es cuestión de tiempo. Tal vez 1 semana, tal vez 1 mes o tarde años...
Empiezo a llorar amargamente. Pensar que pueda estar años sin ver esos ojos, esa sonrisa, escuchar su voz, sentir su cuerpo junto al mío me duele. Y por encima de mi llanto se oye un pitido que me pone en alerta. Cruz me pide salir y pide que venga una enfermera. Salgo a regañadientes y veo cómo le empiezan a dar masaje cardiaco y desfibrilaciones. Empiezo a llorar sin control mientras observo la escena. Alguien me toca el hombro y me giro. Es una mujer rubia, muy parecida a Carol salvo que lleva gafas.
-¿Me acompaña, por favor?
No tengo intención de moverme de su lado o al menos de esta puerta. Así que hago caso omiso a su propuesta.
-Sólo quiero hablar con usted... Yo la conozco bastante bien...-veo que unas lágrimas resbalan por sus mejillas.
¿De qué conoce a Mónica? Está visto que no es Carol, aunque prácticamente sea idéntica. La miro a los ojos en silencio. Me pone una mano en la espalda y me dejo guiar. Qué me querrá decir es un misterio para mí, pero no tengo fuerzas de hacer resistencia ni discutir. Así que he optado por seguirla y que me diga lo que me tenga que decir. Además dice que la conoce. Pues no sé de qué...

martes, 7 de abril de 2015

Capítulo 15:Sólo con mis recuerdos

Relatado por Sylvia Pantoja


Al final me he quedado durmiendo a su lado. No me quería dormir, pero no lo he podido evitar. Me despierto y noto su lado vacío. Me levanto enseguida y busco en el baño. Como hay hablado con alguien, estoy perdida. Tengo la frase perfecta para él. En el baño no está. Me arreglo un poco el pelo y salgo de la habitación en su búsqueda. Pero mi búsqueda termina rápido. Apoyado en la pared, al lado del ascensor, está Àngel. Está sentado en el suelo, con las piernas flexionadas y la cabeza entre los brazos. Me acerco corriendo a él y me pongo a su altura.
-Àngel, ¿estás bien?-Sylvia.
Levanta la cabeza y me mira con los ojos llenos de lágrimas.
-¿Por qué nadie me lo ha dicho?-Àngel.
-No es algo agradable de escuchar y menos en tu estado...-Sylvia.
-¿Tú también lo sabías?-Àngel.
-Me he enterado después...-Sylvia.
-¿Qué le ha pasado a Mónica?-me pregunta casi sin voz cuando pronuncia su nombre.
¡Dios! Ya me cae mal por ese rollito que se traen Àngel y Mónica. Pero él será mío. De momento yo estoy aquí para consolarle en este trance. ¿Pero quién habrá sido el bocazas de largárselo? Espero que no le hayan dicho lo que le pasa en realidad o me chafan el plan.
-Vamos a la habitación y te lo cuento-le digo tendiéndole la mano para que se levante.
Se apoya en la pared y me da la otra mano y se pone en pie. Volvemos a la habitación y cierro la puerta. Le pido que se siente y me siento a su lado. Le cojo las manos y le miro fijamente. Tengo la frase, pero al tenerle delante y de esta forma, me cuesta decirlo. ¡Pero vamos ylvia, tú puedes! Me aclaro la garganta antes de empezar.
-Mónica ha tenido un accidente de coche...-empiezo a decir, pero Àngel me interrumpe.
-Eso lo sé, pero ¿qué le ha pasado?-Àngel.
Le miro a los ojos, a sus labios, a nuestras manos entrelazadas. Me quedo con cabeza baja y se lo suelto.
-Mónica ha... ha...-nunca pensé que era tan difícil decir esta frase.
Desde que me enteré, la llevaba pensando y diciéndola mentalmente. Pero ahora que ha llegado el momento, me cuesta.
-¿No habrá...?-pregunta con la voz rota.
-Sí, ella ha muerto-le acabo de decir.
Àngel se derrumba y se echa a mis brazos. Le doy palmaditas en la espalda mientras le abrazo y le doy mi apoyo. Al final ha sido más difícil mentirle, más de lo que imaginaba. Me da pena que sufra tanto, lo veo frágil, alguien que tiene que ser cuidado. Pero ya he conseguido el primer paso: que caiga en mis brazos. Haber tenido que recurrir a esto era el único método y no ha ido del todo mal. Dije que haría lo que fuese por conseguirle.


Relatado por Àngel Llàcer


La noticia me cae como un jarrón de agua helada. A lo mejor ha sido por mi culpa, por no haberla esperado. A lo mejor sí que fue al restaurante y yo ya me había marchado. Porque de haber estado con su marido, nunca le hubiese pasado nada. Tal vez no la tendría que haber invitado a comer. Yo tendría que estar muerto y no ella. Ella no merece este final.
-Quiero verla-le digo a Sylvia entre lágrimas.
-No es lo mejor y además no sé dónde está...-Sylvia.
-Me da igual, quiero verla para despedirme de ella-Àngel.
Sylvia sale de la habitación rápidamente. Se ve que a ella también le ha afectado su muerte. No es para menos. Sin apenas conocerla, se ha convertido en una persona muy especial para todos nosotros. Era la alegría, el toque de humor, elegancia, belleza. Lo tenía todo y tuve la suerte de tenerla a mi lado y pasar su última noche conmigo. Pero su marido y su hijo debían disfrutar de ella, ella formaba parte de su mundo y no yo. Empiezo a llorar de nuevo y busco mi teléfono. Ni siquiera le hice una foto ni le pedí su número de teléfono. Nunca pensé que no la volvería a ver. Abro la puerta y veo el pasillo desierto. Me guardo el móvil y empiezo a caminar. Necesito estar sólo, estar con mis recuerdos, estar con ella. Llego a Gestmusic, vacío a estas horas. Ayer a estas horas estábamos grabando. Sigo entrando en el edificio hasta llegar al plató. Veo nuestra mesa y me acerco lentamente. Por una parte quiero acercarme, pero por otra parte no. Esto me duele, me está haciendo mucho daño. Pero quiero recordarla viva, a mi lado, sonriéndome, riendo porque Santi hace el tonto. Me siento en mi silla y miro a mi lado. Pensar que esta silla nunca más la ocupará ella...Todo la raja que se hizo al subirme encima y le eché la culpa. Para lo poco que nos conocíamos, la fastidié bastante con ella. Saco la llave del coche y empiezo a rallar la mesa escribiendo. Me da igual llevarme bronca. Me merecía la de la mesa, me merezco todas las del mundo. Me suena el móvil, pero no estoy para nadie. Sigo rayando la mesa dejando mi particular huella para nunca olvidarla. Me guardo la llave y observo mi "obra maestra". En ella se puede leer Mónica Naranjo 4ever. Me echo sobre la mesa y me desahogo de nuevo. Suena de nuevo el móvil, esta vez es una llamada. Quien sea está insistiendo mucho. Saco el móvil y lo dejo encima de la mesa una vez que se ha callado. Vuelven a llamar y en la pantalla puedo ver Carlos Latre. ¿No entiende que no estoy ni para él ni para nadie? Me llega un sms diciendo que me ha grabado un mensaje de voz. A regañadientes cojo el móvil y llamo al buzón de voz para escucharlo. A ver qué tiene que decir...