Relatado por Mónica Naranjo
Me llaman para hacerme la radiografía. Debo dejar la mano quieta sobre una superficie. Menos mal que tarda poco tiempo. En cuanto acaba, me dice que salga y espere a que me llame el médico. No sé si tiene buena pinta mi mano o no. Esperemos que sí. La consulta del médico está al otro lado de este pasillo. Pero antes debo decirle a Àngel que venga conmigo. De modo que voy a la sala de espera a buscarle. Lo veo al lado de un niño pequeño y una mujer. Le está hablando al pequeño. Me acerco a él. Él me mira y me pregunta:
-¿Ya has acabado? ¿Qué te han dicho?
-Me han hecho una radiografía y me han dicho que ahora me llamará el médico. Podrías venir conmigo, ¿no?-Mónica.
-Claro. Pero habrá que esperar a que te llamen, ¿no?-Àngel.
-Pero es que me llamarán de allí a donde he ido. Como no has venido conmigo, no te has enterado...-Mónica.
Àngel se despide de la mujer y el niño y me sigue por el pasillo. Oigo como alguien llama de malas maneras.
-¡Tú! ¡Eh tú!
No sé si se refiere a mí, por lo que no hago caso y sigo andando.
-¡Cobarde! ¡La lianta, que le da igual la salud de los demás!
Àngel intenta tirar de mí para que no me enfrente a la persona que me está provocando. Pero me estoy calentando y me está siendo muy difícil controlarme.
-¿Ahora no tienes cojones a mirarme a la cara?
Me vuelvo para mirarle a la cara. Otra cosa no, pero cojones tengo más que cualquiera. A mí que no me provoque con eso.
-¿Qué te pasa a ti?-Mónica.
-¿Te crees con derecho a todo por ser mujer?
Àngel tira de mí intentando alejarme de este hombre que me está acusando.
-Yo no me creo con derecho a nada. Sólo me han atendido antes porque ha venido la enfermera-Mónica.
-Porque eres una histérica que va gritando...
No le dejo terminar y le doy un puñetazo en la cara con la otra mano. Àngel me detiene antes de que siga.
-Vámonos Àngel, a algunas nos tienen que atender-digo en actitud chulesca y me doy la vuelta cual diva.
Al poco rato Àngel se acerca a mí. Vamos por el pasillo para esperar al médico y mis resultados. Se pone frente a mí y me mira serio. No sé a qué viene ahora esa cara. Yo sólo me he defendido.
-¿Qué te pasa?-Àngel.
-A mí nada. ¿Y a ti?-digo tranquilamente.
-Si te hubiera visto alguien, te echan y encima te podrían denunciar. ¿Dónde tienes la cabeza?-me pregunto algo cabreado.
-¿Sabes dónde la tengo? ¿Lo quieres saber?-Mónica.
martes, 27 de junio de 2017
martes, 20 de junio de 2017
Capítulo 108:Liándola en el hospital
Relatado por Mónica Naranjo
A regañadientes, doy la vuelta y me subo en la parte del copiloto. Ahora sí que no puedo conducir con la mano así. Quiero pensar que ha sido un accidente. Pero con el cabreo que llevo encima, ya no sé qué pensar. Parece como que todo va en mi contra. Otro día tendré que hablar con Edurne y que me cuente su versión. Supongo que ella también quiso. No creo que haya sido obligada a acostarse con mi marido. Por lo pronto, debo dejar cuanto antes la casa. No quiero estar en la casa con la que he convivido con Óscar todos estos años. Voy pensando en estas cosas mientras miro por la ventana. Àngel va callado. No sé si no se atreve a hablarme o no tiene tema de conversación para sacar.
Enseguida llegamos al hospital y Àngel aparca en el parking. Nos dirigimos a recepción y una mujer me pide los datos. Se los voy dando y ella va escribiendo en el ordenador. Después me pregunta que qué me ha pasado. Aquí me quedo callada. No sé qué decirle, la verdad. Escucho a Àngel contestar por mí.
-Se ha pillado con la puerta del coche-Àngel.
-Pasen a la sala de espera y enseguida les llamarán.
Nos indica una sala en la que hay gente sentada, de pie, en silla de ruedas. Al parecer esto va a ir para largo. Esto no es nada comparado con otras dolencias. Pero duele mucho, eso sí. Menos mal que ha sido la izquierda. En eso he tenido suerte. Porque sino a ver cómo escribo para las valoraciones y puntuaciones en el programa. Está claro que por esto no voy a dejar de ir.
-¿Puedes contarme qué ha pasado allí arriba?-me pregunta Àngel.
-Eso son cosas nuestras-le contesto molesta.-Y para la próxima vez, agarra una sierra y me cortas la mano, ¿eh?
-No lo he hecho a propósito, ¿vale? Si no hubieras puesto la mano...-Àngel.
-¡Ah! ¿Ahora no puedo conducir mi propio coche?-Mónica.
-Sí, pero no en estas condiciones...-Àngel.
-¿Qué condiciones? Dime. ¿¡QUÉ CONDICIONES!?-le pregunto alzando la voz y mirándolo fijamente.
-Baja la voz, nos está mirando todo el mundo-me susurra intentando que me calme.
Miro a mi alrededor, a la gente que está mirando.
-¿Algún problema? Métanse en sus asuntos que esto es una conversación privada-digo enfadada a los presentes.
Estoy pagando mi enfado con Àngel y con la gente que está aquí. Lo sé. Y además la mano no para de doler. Algunos apartan la mirada, pero otros siguen mirando con mala cara. A esto viene una mujer con bata azul y se acerca a mí.
-Le voy a pedir que se tranquilice o llamo a seguridad.
-¿Y mi mano qué?-le contesto en consecuencia.
-¿Qué le pasa?-me pregunta.
-Me la he pillado con una puerta y creo que se me está hinchando-Mónica.
-Venga conmigo-dice la enfermera.
Se empiezan a oír quejas y murmullos mientras me levanto, pero no les hago caso.
-¡No hay derecho!
-¡Algunos llevamos horas aquí!
La sigo por un pasillo y me lleva a otra sala de espera. Al parecer estamos enfrente de la sala de rayos X. Me harán una radiografía a ver cómo tengo la mano o la muñeca y actuar según lo conveniente.
Relatado por Àngel Llàcer
Después de irse Mónica con la enfermera, la gente empieza a hablar. Y no se molestan en cuchichear para que no les oiga. Un hombre se acerca a mí.
-Yo he venido con mi hijo, le cuesta respirar y nos hacen esperar. ¿No le da pena? Mire cómo está-me señala a un niño de unos 3 ó 4 años que tiene dificultades para respirar.
-Perdone, pero yo...-me intento excusar, pero no sé ni qué decir.
-Está visto que si no la lías, te dejan hasta que ellos quieran... Pero esto se acabó-sale de la sala de espera.
Todos me miran y yo me siento culpable sin haber hecho nada. Vuelvo a mirar al niño, que está en brazos de la madre. La mujer me mira como disculpándose, como disculpando al hombre que supongo que será su marido. Me levanto sin poder aguantar más la presión. Las miradas a veces agobian. Me acerco al control de enfermería.
-Perdone, ¿puede venir alguien a la sala de espera? Hay un niño que está muy mal-Àngel.
-¿Es usted familiar?
-No...-Àngel.
-Gracias por avisar, enseguida iremos.
Vuelvo hacia la sala de espera, pero me detengo en la puerta. No he conseguido nada. Así va la sanidad. Como ha dicho el que será el padre del niño, si no la lías no te hacen ni caso. Voy a la puerta principal del hospital y salgo. Espero que a Mónica le vaya bien y no sea nada. No era mi intención hacerla daño. A saber lo que han hablado Óscar y ella.
A regañadientes, doy la vuelta y me subo en la parte del copiloto. Ahora sí que no puedo conducir con la mano así. Quiero pensar que ha sido un accidente. Pero con el cabreo que llevo encima, ya no sé qué pensar. Parece como que todo va en mi contra. Otro día tendré que hablar con Edurne y que me cuente su versión. Supongo que ella también quiso. No creo que haya sido obligada a acostarse con mi marido. Por lo pronto, debo dejar cuanto antes la casa. No quiero estar en la casa con la que he convivido con Óscar todos estos años. Voy pensando en estas cosas mientras miro por la ventana. Àngel va callado. No sé si no se atreve a hablarme o no tiene tema de conversación para sacar.
Enseguida llegamos al hospital y Àngel aparca en el parking. Nos dirigimos a recepción y una mujer me pide los datos. Se los voy dando y ella va escribiendo en el ordenador. Después me pregunta que qué me ha pasado. Aquí me quedo callada. No sé qué decirle, la verdad. Escucho a Àngel contestar por mí.
-Se ha pillado con la puerta del coche-Àngel.
-Pasen a la sala de espera y enseguida les llamarán.
Nos indica una sala en la que hay gente sentada, de pie, en silla de ruedas. Al parecer esto va a ir para largo. Esto no es nada comparado con otras dolencias. Pero duele mucho, eso sí. Menos mal que ha sido la izquierda. En eso he tenido suerte. Porque sino a ver cómo escribo para las valoraciones y puntuaciones en el programa. Está claro que por esto no voy a dejar de ir.
-¿Puedes contarme qué ha pasado allí arriba?-me pregunta Àngel.
-Eso son cosas nuestras-le contesto molesta.-Y para la próxima vez, agarra una sierra y me cortas la mano, ¿eh?
-No lo he hecho a propósito, ¿vale? Si no hubieras puesto la mano...-Àngel.
-¡Ah! ¿Ahora no puedo conducir mi propio coche?-Mónica.
-Sí, pero no en estas condiciones...-Àngel.
-¿Qué condiciones? Dime. ¿¡QUÉ CONDICIONES!?-le pregunto alzando la voz y mirándolo fijamente.
-Baja la voz, nos está mirando todo el mundo-me susurra intentando que me calme.
Miro a mi alrededor, a la gente que está mirando.
-¿Algún problema? Métanse en sus asuntos que esto es una conversación privada-digo enfadada a los presentes.
Estoy pagando mi enfado con Àngel y con la gente que está aquí. Lo sé. Y además la mano no para de doler. Algunos apartan la mirada, pero otros siguen mirando con mala cara. A esto viene una mujer con bata azul y se acerca a mí.
-Le voy a pedir que se tranquilice o llamo a seguridad.
-¿Y mi mano qué?-le contesto en consecuencia.
-¿Qué le pasa?-me pregunta.
-Me la he pillado con una puerta y creo que se me está hinchando-Mónica.
-Venga conmigo-dice la enfermera.
Se empiezan a oír quejas y murmullos mientras me levanto, pero no les hago caso.
-¡No hay derecho!
-¡Algunos llevamos horas aquí!
La sigo por un pasillo y me lleva a otra sala de espera. Al parecer estamos enfrente de la sala de rayos X. Me harán una radiografía a ver cómo tengo la mano o la muñeca y actuar según lo conveniente.
Relatado por Àngel Llàcer
Después de irse Mónica con la enfermera, la gente empieza a hablar. Y no se molestan en cuchichear para que no les oiga. Un hombre se acerca a mí.
-Yo he venido con mi hijo, le cuesta respirar y nos hacen esperar. ¿No le da pena? Mire cómo está-me señala a un niño de unos 3 ó 4 años que tiene dificultades para respirar.
-Perdone, pero yo...-me intento excusar, pero no sé ni qué decir.
-Está visto que si no la lías, te dejan hasta que ellos quieran... Pero esto se acabó-sale de la sala de espera.
Todos me miran y yo me siento culpable sin haber hecho nada. Vuelvo a mirar al niño, que está en brazos de la madre. La mujer me mira como disculpándose, como disculpando al hombre que supongo que será su marido. Me levanto sin poder aguantar más la presión. Las miradas a veces agobian. Me acerco al control de enfermería.
-Perdone, ¿puede venir alguien a la sala de espera? Hay un niño que está muy mal-Àngel.
-¿Es usted familiar?
-No...-Àngel.
-Gracias por avisar, enseguida iremos.
Vuelvo hacia la sala de espera, pero me detengo en la puerta. No he conseguido nada. Así va la sanidad. Como ha dicho el que será el padre del niño, si no la lías no te hacen ni caso. Voy a la puerta principal del hospital y salgo. Espero que a Mónica le vaya bien y no sea nada. No era mi intención hacerla daño. A saber lo que han hablado Óscar y ella.
martes, 13 de junio de 2017
Capítulo 107:¿Subes o te quedas?
Relatado por Àngel Llàcer
Miro a Mónica y a Óscar. A lo mejor no ha sido buena idea traerla. O más bien entrar. Lo que tengan que hablar, lo solucionarán ellos como crean conveniente.
-Pues no, no me ha dicho nada-le contesta Mónica mirando a Edurne con una sonrisa, pero a su marido con una de "me debes una explicación"
-¿Algún espacio para hablar con MI marido?-le pregunta a la rubia.
-Subid a la habitación. Óscar, ¿la llevas a la tuya?-Edurne.
-Claro-dice éste algo nervioso.
Se levanta del sofá y se pone delante de Mónica para guiarla. Veo a Mónica marcharse detrás de él. Está bastante enfadada, como si no la conociera. No es que la conozca de toda la vida, pero sus gestos y su tono de voz la delata. Aunque ella quiera aparentar que no pasa nada. Edurne me pregunta que si quiero tomar algo. Yo no quiero molestar y le digo que nada, pero ella insiste. Me dice que tiene de todo y le pido una cerveza. Se va a la cocina a por las bebidas y me dice que me ponga cómodo. Vuelve con 2 cervezas y se sienta en el sofá y me dice que me siente. La hago caso y le cojo la lata que me tiende. Empezamos a hablar de cómo le va la vida, de cómo me va a mí.
-¿Y qué ha querido decir Mónica con eso?-me pregunta. Ya sé a lo que se refiere, pero voy a hacer como que no para que me diga.
-¿A qué exactamente??-Àngel.
-A que te va a dejar de conocer-Edurne.
-Que le encanta picarme y dice de dejar de hablarme. Es que me meto mucho con ella y eso-le digo con una sonrisa.-¿Y tú? ¿Tienes novio, novia?
Se ríe y me da en el brazo.
-Qué manía tenéis todas con pegarme-me quejo.
-¿Ah sí? ¿Y quién te pega a ti?-me pregunta insinuante.
-Nadie, nadie. Sigue, anda-digo divertido.
-Pues algo hay por ahí, pero lo malo es que nos vemos poco por su trabajo. Y encima como no vive aquí... Bueno, a ver, yo tampoco. Pero estoy aquí por el contrato y por conocer un poco esto-me explica antes de que le pueda decir nada.
-Sí, porque recuerdo que eras de Madrid, ¿no?-ella asiente-¿Y dónde vive tu novio? ¿En Madrid?
-No, en Manchester-me asombro ante su respuesta-Está en el equipo de fútbol. Óscar está siendo un gran apoyo aquí en estos momentos.
-Entiendo...-Àngel.
-No es lo que te piensas. Óscar está casado y yo no soy de las que van rompiendo matrimonios. Además yo tengo novio-se justifica.
-Si yo no he dicho nada-Àngel.
-Pero lo piensas. ¿O me equivoco?-Edurne.
Me quedo callado y aparto la mirada de ella. Esto se está volviendo incómodo. A ver si baja Mónica y nos vamos a casa.
-No te preocupes, no pasa nada-me dice Edurne haciendo que la vuelva a mirar.
-¡Nos vamos!-oigo detrás de mí en un tono enfadado.
Me giro y veo a Mónica entrando al salón con mala cara. No sé qué habrá pasado, pero tiene pinta de haber sido una discusión bastante seria.
-Bueno, pues nada. Cuando quieras puedes ir al programa...-le digo a Edurne.
-Y te acabas la cerveza ¿eh? Que apenas la has tocado-me dice con una sonrisa.
Le devuelvo la sonrisa y coloco la lata encima de la mesa. Le agradezco por todo y me despido de ella.
-Perdona que me vaya así-se disculpa Mónica con ella.
-Nada- Vuelve cuando quieras-Edurne.
Relatado por Mónica Naranjo
Bajo cabreada por las escaleras y grito que nos vamos para hacerme escuchar y que Àngel me lleve a casa. No quiero pasar ni un minuto más en esta casa. Àngel se despide de Edurne entre risas y buen rollo. Yo la miro mal. Pero llega mi turno y me disculpo por mis malas maneras. Apenas he estado 5 minutos en esta casa y no he estado con ella y ahora bajo de mal humor. Edurne nos acompaña hasta la puerta y nos dice de vernos pronto, a ser posible. Supongo que eso no va a ser difícil. Voy decidida al coche, sin esperar a Àngel. Me pongo en la puerta del conductor. Al llegar le pido las llaves para conducir yo.
-Dame las llaves-se lo digo en un tono seco y serio.
-No estás en condiciones de conducir-Àngel.
-No he bebido. ¡Dame las llaves!-empiezo a elevar el tono.
-Pero estás demasiado nerviosa. Deja que conduzca yo-Àngel.
-Ah, tú eres el perfecto, el que todo lo sabe hacer, el que no se altera nunca. Dame las llaves o me vuelvo andando-Mónica.
-No digas tonterías, entra al coche-Àngel.
-Entraré cuando me des las llaves-digo con determinación.
-Haz lo que quieras, pero no te voy a dar las llaves. Eres una cabezota. Y si pretendes conducir así y que nos matemos, no lo vas a conseguir. ¿Subes o te quedas?-Àngel.
Àngel saca las llaves y abre la puerta del conductor. Quita el seguro de la puerta del copiloto para que yo pueda montar. Mantiene la puerta del conductor un momento abierta y alargo la mano para intentar quitarle las llaves, pero un dolor me invade por completo. Profiero un grito de dolor y miro hacia la puerta. La puerta se vuelve a abrir rápidamente y Àngel sale.
-¿Qué haces?-Àngel.
-Sujetar la puerta. ¿A ti qué te parece?-Mónica.
-Sube, te llevo al hospital-Àngel.
Le miro con mala cara. Mi día no podía ir peor y parece que la culpa siempre es mía. Como lo que me ha dicho antes Óscar. "Me acosté con Edurne, pero porque tú estabas con Àngel y ya no me hacías caso".
Miro a Mónica y a Óscar. A lo mejor no ha sido buena idea traerla. O más bien entrar. Lo que tengan que hablar, lo solucionarán ellos como crean conveniente.
-Pues no, no me ha dicho nada-le contesta Mónica mirando a Edurne con una sonrisa, pero a su marido con una de "me debes una explicación"
-¿Algún espacio para hablar con MI marido?-le pregunta a la rubia.
-Subid a la habitación. Óscar, ¿la llevas a la tuya?-Edurne.
-Claro-dice éste algo nervioso.
Se levanta del sofá y se pone delante de Mónica para guiarla. Veo a Mónica marcharse detrás de él. Está bastante enfadada, como si no la conociera. No es que la conozca de toda la vida, pero sus gestos y su tono de voz la delata. Aunque ella quiera aparentar que no pasa nada. Edurne me pregunta que si quiero tomar algo. Yo no quiero molestar y le digo que nada, pero ella insiste. Me dice que tiene de todo y le pido una cerveza. Se va a la cocina a por las bebidas y me dice que me ponga cómodo. Vuelve con 2 cervezas y se sienta en el sofá y me dice que me siente. La hago caso y le cojo la lata que me tiende. Empezamos a hablar de cómo le va la vida, de cómo me va a mí.
-¿Y qué ha querido decir Mónica con eso?-me pregunta. Ya sé a lo que se refiere, pero voy a hacer como que no para que me diga.
-¿A qué exactamente??-Àngel.
-A que te va a dejar de conocer-Edurne.
-Que le encanta picarme y dice de dejar de hablarme. Es que me meto mucho con ella y eso-le digo con una sonrisa.-¿Y tú? ¿Tienes novio, novia?
Se ríe y me da en el brazo.
-Qué manía tenéis todas con pegarme-me quejo.
-¿Ah sí? ¿Y quién te pega a ti?-me pregunta insinuante.
-Nadie, nadie. Sigue, anda-digo divertido.
-Pues algo hay por ahí, pero lo malo es que nos vemos poco por su trabajo. Y encima como no vive aquí... Bueno, a ver, yo tampoco. Pero estoy aquí por el contrato y por conocer un poco esto-me explica antes de que le pueda decir nada.
-Sí, porque recuerdo que eras de Madrid, ¿no?-ella asiente-¿Y dónde vive tu novio? ¿En Madrid?
-No, en Manchester-me asombro ante su respuesta-Está en el equipo de fútbol. Óscar está siendo un gran apoyo aquí en estos momentos.
-Entiendo...-Àngel.
-No es lo que te piensas. Óscar está casado y yo no soy de las que van rompiendo matrimonios. Además yo tengo novio-se justifica.
-Si yo no he dicho nada-Àngel.
-Pero lo piensas. ¿O me equivoco?-Edurne.
Me quedo callado y aparto la mirada de ella. Esto se está volviendo incómodo. A ver si baja Mónica y nos vamos a casa.
-No te preocupes, no pasa nada-me dice Edurne haciendo que la vuelva a mirar.
-¡Nos vamos!-oigo detrás de mí en un tono enfadado.
Me giro y veo a Mónica entrando al salón con mala cara. No sé qué habrá pasado, pero tiene pinta de haber sido una discusión bastante seria.
-Bueno, pues nada. Cuando quieras puedes ir al programa...-le digo a Edurne.
-Y te acabas la cerveza ¿eh? Que apenas la has tocado-me dice con una sonrisa.
Le devuelvo la sonrisa y coloco la lata encima de la mesa. Le agradezco por todo y me despido de ella.
-Perdona que me vaya así-se disculpa Mónica con ella.
-Nada- Vuelve cuando quieras-Edurne.
Relatado por Mónica Naranjo
Bajo cabreada por las escaleras y grito que nos vamos para hacerme escuchar y que Àngel me lleve a casa. No quiero pasar ni un minuto más en esta casa. Àngel se despide de Edurne entre risas y buen rollo. Yo la miro mal. Pero llega mi turno y me disculpo por mis malas maneras. Apenas he estado 5 minutos en esta casa y no he estado con ella y ahora bajo de mal humor. Edurne nos acompaña hasta la puerta y nos dice de vernos pronto, a ser posible. Supongo que eso no va a ser difícil. Voy decidida al coche, sin esperar a Àngel. Me pongo en la puerta del conductor. Al llegar le pido las llaves para conducir yo.
-Dame las llaves-se lo digo en un tono seco y serio.
-No estás en condiciones de conducir-Àngel.
-No he bebido. ¡Dame las llaves!-empiezo a elevar el tono.
-Pero estás demasiado nerviosa. Deja que conduzca yo-Àngel.
-Ah, tú eres el perfecto, el que todo lo sabe hacer, el que no se altera nunca. Dame las llaves o me vuelvo andando-Mónica.
-No digas tonterías, entra al coche-Àngel.
-Entraré cuando me des las llaves-digo con determinación.
-Haz lo que quieras, pero no te voy a dar las llaves. Eres una cabezota. Y si pretendes conducir así y que nos matemos, no lo vas a conseguir. ¿Subes o te quedas?-Àngel.
Àngel saca las llaves y abre la puerta del conductor. Quita el seguro de la puerta del copiloto para que yo pueda montar. Mantiene la puerta del conductor un momento abierta y alargo la mano para intentar quitarle las llaves, pero un dolor me invade por completo. Profiero un grito de dolor y miro hacia la puerta. La puerta se vuelve a abrir rápidamente y Àngel sale.
-¿Qué haces?-Àngel.
-Sujetar la puerta. ¿A ti qué te parece?-Mónica.
-Sube, te llevo al hospital-Àngel.
Le miro con mala cara. Mi día no podía ir peor y parece que la culpa siempre es mía. Como lo que me ha dicho antes Óscar. "Me acosté con Edurne, pero porque tú estabas con Àngel y ya no me hacías caso".
martes, 6 de junio de 2017
Capítulo 106:Visitando a una amiga
Relatado por Àngel Llàcer
Me intento levantar lo más rápido posible y le doy un rápido vistazo. Pero nuestras miradas se interrumpen por una voz detrás de mí.
-Ya puedo yo sola, ¿eh?
Me giro y me percato de Mónica. Al verla, después de tantos años, me había olvidado de todo lo demás. Le tiendo la mano para ayudar a levantarse.
-¡Hombre Mónica! ¿Qué haces tú por aquí?-le pregunta Edurne.
-¿Pero os conocéis?-pregunto antes de que ella conteste algo.
-Es la nueva cantante de la discográfica-me explica Mónica-Pues nada, éste que se ha empeñado en venir a tu casa-le comenta, divertida, a Edurne.
-Por lo que veo, os conocéis bastante vosotros 2, ¿eh?-dice con una sonrisa insinuante.
-Pero creo que le voy a dejar de conocer...-Mónica.
Me giro para mirar a Mónica estupefacto. Espero que no se refiera a lo que pienso. No empezamos y... ¿ya vamos a terminar? Eso sería todo un record en mi historia amorosa. Edurne y Mónica se ponen a hablar, pero no escucho lo que dicen al estar atento a Mónica y a mis pensamientos. Lo habrá dicho por picarme. Se muere por mis huesos. Al igual que yo por los suyos.
-Habla con Tinet...-oigo decir a Mónica.-Y sino aquí con el profe...-dice dándome un toque en el hombro.
-¿Qué?-pregunto sin saber de qué están hablando.
-Que quiere venir un día al programa-me dice Mónica sonriente.
-Ah sí, sí; cuando quieras-Àngel.
-¡Gracias profe!-me dice entusiasmada y me da un abrazo.-Por favor, pasad y no os quedéis en la puerta.
-No sé si Mónica querrá...-la miro de reojo para ver su reacción.
-Pues, mira listo, ahora sí que quiero-Mónica.
-Pues entrad, como si estuvierais en vuestra casa-nos invita la rubia.
Mónica se me adelanta y entra primero. Me quedo mirándola sin saber a qué viene este cambio de opinión.
-¿No entras?-Edurne.
-Le impone tu casa. Normalmente duerme en el hotel para integrarse con los alumnos-le cuenta Mónica girándose brevemente y dedicándome una mirada traviesa. Quiere guerra por haberla traído aquí a escondidas y a la fuerza.
-¿Sigues como en la academia? Pero si ahora podrás irte a tu casa, ¿no?-me pregunta Edurne.
-Cierra, que se escapa el gato-le dice una Mónica juguetona.
Entro rápidamente antes de que la puerta me dé en las narices o que me pille con ella. Mónica sigue su camino moviendo su trasero, al que sigo con la mirada.
-Mira, te voy a presentar a mi manager. Está en el salón-Edurne.
Relatado por Mónica Naranjo
Entro hasta el salón y veo a mi marido sentado en el sofá. Aún no me ha visto, pues está de espaldas a mí. Carraspeo para hacer notar mi presencia y él se gira. Nada más verme se sorprende de que esté allí. Se levanta y se acerca a mí.
-¿Qué haces aquí?-me pregunta en modo de susurro.
-Visitar a una amiga-le contesto en voz alta.-¿O es que no puedo?-bajo hasta el susurro.
-¿Cómo sabías que estaba aquí?-Óscar.
-Digamos que me han traído...-Mónica.
-¿Has venido con él?-yo asiento-Entonces yo no tengo nada que hacer aquí.
-¡Espérate! No te vayas tan rápido, tengo que hablar contigo-Mónica.
En ese momento llegan Edurne y Àngel. Edurne le presenta a Óscar como su manager.
-¿Qué?-pregunto sorprendida.
-¿No te lo ha contado? Creía que os contabais todo. Como estáis casados...-dice Edurne con una sonrisa dulce.
Miro a Óscar y después a Àngel. Ahora más que nunca nos debemos unas cuantas explicaciones.
Me intento levantar lo más rápido posible y le doy un rápido vistazo. Pero nuestras miradas se interrumpen por una voz detrás de mí.
-Ya puedo yo sola, ¿eh?
Me giro y me percato de Mónica. Al verla, después de tantos años, me había olvidado de todo lo demás. Le tiendo la mano para ayudar a levantarse.
-¡Hombre Mónica! ¿Qué haces tú por aquí?-le pregunta Edurne.
-¿Pero os conocéis?-pregunto antes de que ella conteste algo.
-Es la nueva cantante de la discográfica-me explica Mónica-Pues nada, éste que se ha empeñado en venir a tu casa-le comenta, divertida, a Edurne.
-Por lo que veo, os conocéis bastante vosotros 2, ¿eh?-dice con una sonrisa insinuante.
-Pero creo que le voy a dejar de conocer...-Mónica.
Me giro para mirar a Mónica estupefacto. Espero que no se refiera a lo que pienso. No empezamos y... ¿ya vamos a terminar? Eso sería todo un record en mi historia amorosa. Edurne y Mónica se ponen a hablar, pero no escucho lo que dicen al estar atento a Mónica y a mis pensamientos. Lo habrá dicho por picarme. Se muere por mis huesos. Al igual que yo por los suyos.
-Habla con Tinet...-oigo decir a Mónica.-Y sino aquí con el profe...-dice dándome un toque en el hombro.
-¿Qué?-pregunto sin saber de qué están hablando.
-Que quiere venir un día al programa-me dice Mónica sonriente.
-Ah sí, sí; cuando quieras-Àngel.
-¡Gracias profe!-me dice entusiasmada y me da un abrazo.-Por favor, pasad y no os quedéis en la puerta.
-No sé si Mónica querrá...-la miro de reojo para ver su reacción.
-Pues, mira listo, ahora sí que quiero-Mónica.
-Pues entrad, como si estuvierais en vuestra casa-nos invita la rubia.
Mónica se me adelanta y entra primero. Me quedo mirándola sin saber a qué viene este cambio de opinión.
-¿No entras?-Edurne.
-Le impone tu casa. Normalmente duerme en el hotel para integrarse con los alumnos-le cuenta Mónica girándose brevemente y dedicándome una mirada traviesa. Quiere guerra por haberla traído aquí a escondidas y a la fuerza.
-¿Sigues como en la academia? Pero si ahora podrás irte a tu casa, ¿no?-me pregunta Edurne.
-Cierra, que se escapa el gato-le dice una Mónica juguetona.
Entro rápidamente antes de que la puerta me dé en las narices o que me pille con ella. Mónica sigue su camino moviendo su trasero, al que sigo con la mirada.
-Mira, te voy a presentar a mi manager. Está en el salón-Edurne.
Relatado por Mónica Naranjo
Entro hasta el salón y veo a mi marido sentado en el sofá. Aún no me ha visto, pues está de espaldas a mí. Carraspeo para hacer notar mi presencia y él se gira. Nada más verme se sorprende de que esté allí. Se levanta y se acerca a mí.
-¿Qué haces aquí?-me pregunta en modo de susurro.
-Visitar a una amiga-le contesto en voz alta.-¿O es que no puedo?-bajo hasta el susurro.
-¿Cómo sabías que estaba aquí?-Óscar.
-Digamos que me han traído...-Mónica.
-¿Has venido con él?-yo asiento-Entonces yo no tengo nada que hacer aquí.
-¡Espérate! No te vayas tan rápido, tengo que hablar contigo-Mónica.
En ese momento llegan Edurne y Àngel. Edurne le presenta a Óscar como su manager.
-¿Qué?-pregunto sorprendida.
-¿No te lo ha contado? Creía que os contabais todo. Como estáis casados...-dice Edurne con una sonrisa dulce.
Miro a Óscar y después a Àngel. Ahora más que nunca nos debemos unas cuantas explicaciones.
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