*Unos días después*
Relatado por Mónica Naranjo
Ya estoy de nuevo en Barcelona. Mi marido ya ha salido del hospital y vuelve a estar en casa con nosotros. Pero noto que la relación no es como antes. Sin embargo, aún no me he atrevido a decirle nada. Era más fácil cuando estaba dormido y creía que no me escuchaba. Pero ahora sé que me escuchaba, como yo escuchaba todo cuando estuve en su situación. Pero tengo que echarle coraje y contarle de una vez lo que me pasa. Por otro lado, la relación o lo que tenga con Àngel cada día va mejor. Estoy muy a gusto con él. Lo malo es que tengo que lidiar con Sylvia, que fue su novia. Me debe odiar por las muestras de cariño y el buen rollo que hay entre Àngel y yo. Pero no es mi culpa que me haya enamorado de él. Pero debo terminar con Óscar para ser libre de verdad. Bajo al salón, después de prepararme. Hoy toca volver al programa. Íbamos a estar un finde fuera y al final se convirtió en un mes. Menos mal que Tinet y Laia se las han arreglado bien sin mí. Sólo faltaría que tuviesen que cancelar o atrasar las galas por mi culpa. Veo a Óscar en el sofá, con una cerveza en la mano y viendo la tele.
-Óscar, cariño...-le digo en un susurro, acercándome.
Él se gira y me mira. Me dedica una sonrisa y me silba.
-Tengo a la mujer más guapa y pivón del mundo-Óscar.
Sonrío y me sonrojo levemente, pero no le aparto la mirada. Ha llegado el día en el que le cuente mis sentimientos y aclare las cosas. No le quiero engañar ni quiero que vivamos una mentira.
-¿Podemos hablar?-Mónica.
-Claro. ¿De qué quieres hablar?-Óscar.
Suspiro y me acerco más a él hasta quedar al lado del sofá.
-De nosotros-suelto como si se tratase de algo pesado que tuviera en mi interior.
-Me estás asustando, amor. Dime qué pasa-me dice Óscar mirándome desde su posición.
Me siento a su lado y le miro fijamente a los ojos. No se lo merece, pero siento que debo hacerlo.
-Tú y yo ya no estamos bien...-empiezo a decir.
-Estás con otro, ¿verdad?-Óscar.
-No exactamente...-juego con mis dedos.
-¿Me quieres?-me dice con la voz rota, intentando aguantar las lágrimas.
-Sí... pero no de la misma manera. Ya no siento amor...-Mónica.
-Es Àngel, ¿no?-le miro sin contestar-¿ES ÀNGEL?-me pregunta gritando.
-No grites, por favor...-Mónica.
-¿QUE NO GRITE? Lo tuyo es increíble, Mónica-Óscar.
Óscar se levanta y se va del salón sin mirar atrás. Le veo cómo se aleja. Sabía que no se lo tomaría bien, pero no me ha dejado explicarle nada. Miro la hora en el reloj de pared y me levanto sobresaltada. Encima llego tarde.
Relatado por Àngel Llàcer
Aparco la moto y bajo. Me dirijo a Gestmusic para la reunión antes del programa. Hoy, por fin, vuelve Mónica al programa. Y la echaba mucho de menos. He estado con ella mientras estaba en el hospital, pero me faltaba a mi lado. Vale que Chenoa es una chica majísima, de carácter parecido a mi Mónica y la conozco desde OT... Pero no es lo mismo. Yo no puedo funcionar como siempre si no está la Naranjo al lado. Y hoy ya toca. Entro al edificio y camino por el pasillo. Llego con el tiempo algo justo, pero al menos llego. Saludo a Carlos y a Carolina al llegar. Estaban charlando animadamente y sentados muy juntos. No, si al final estos 2 se lían. Y si no, tiempo al tiempo.
-¿Y Mónica?-me pregunta la rubia.
-No vivimos juntos, rubia. Ahora vendrá-le digo serio, pero aguantándome la risa.
-Ey, ey. A ver si ahora que vuelve tu morena, vas a dejar de tratarnos bien-me dice Carlos, molesto.
-Mira cómo defiendes a tu rubia-Àngel.
Ellos me miran extrañados, se miran entre ellos y empiezan a hablar.
-No, nosotros no-Carolina y Carlos.
-¡Ah! ¿Qué lo he dicho en voz alta?-pregunto.
Pero la puerta de la sala de reuniones se abre y aparece Tinet. Es hora de comenzar la reunión. Y Mónica sin venir. ¿Le habrá pasado algo? Espero que no. Será mejor que no me ponga en lo peor.
-¿Y Mónica?-nos pregunta Tinet, pero su mirada se posa en mí.
Nos encogemos de hombros y entramos. Allí ya está Laia sentada al otro extremo de la mesa. Tinet cierra la puerta tras de sí y se dirige a su lugar, al lado de Laia. Laia le mira, como preguntando por Mónica, y Tinet niega con la cabeza. Laia coge el móvil y empieza a escribir algo.
martes, 28 de febrero de 2017
martes, 21 de febrero de 2017
Capítulo 92:¿Qué va a pasar?
Relatado por Àngel Llàcer
No me puedo creer que esto esté pasando de verdad. El teléfono no para de sonar, llegan mensajes de Carlos y Carolina. Dicen de venir. Pero yo les digo que ahora le están haciendo pruebas y que ya iremos nosotros para allá. Tengo también otros mensajes que simplemente ignoro. Conseguí hacerla entrar en razón y que volviese a Barcelona. Tras un rato contestando a mis compañeros de jurado, me despido y vuelvo a entrar al hospital. Vuelvo a estar con ella. Parece que no hubiese pasado entre nosotros. Lo único que nos separa es esa mascarilla, que le han dicho que no se quite. Me encantaría besar sus labios para así demostrarle cuanto la he echado de menos. Nos miramos durante un buen rato en silencio. Ella me hace un gesto para que me acerque. Estira el brazo y le cojo la mano. La miro con una amplia sonrisa.
-Perdóname debes odiarme. Mira cómo estás por mi culpa...-le empiezo a decir con unas lágrimas que escapan de mis ojos.
Mónica me aprieta fuerte la mano y me mira con el semblante serio. Con la otra mano se quita la mascarilla. Le han dicho que no se la quite, pero es Mónica. Es la que opina que las reglas están para saltárselas. Y eso me gusta de ella.
-Tú no has hecho nada, ¿me oyes? Yo me fui cuando me besaste, me fui al bar del pueblo, estuve bebiendo y luego volví a la cabaña. Creía que estaba en una nube. Pero me di cuenta con quien quiero estar realmente-Mónica.
-¿Con... conmigo?-le pregunto incrédulo.
-No, con el perro del vecino. Pues claro que contigo, tonto-Mónica.
Suspiro y le dedico una sonrisa sincera.
-Menos mal que has dicho conmigo. Ya creí que te habías vuelto loca-dejo salir una pequeña risa.
Me aprieta la mano más fuerte que antes y me mira con el semblante serio. Así da miedo. Pero ha vuelto a ser mi Mónica, la Mónica de siempre.
-¿Sabes? Soñé con mi hermano...-me dice de repente.
Mi sonrisa desaparece de repente.
-Y también escuché la voz de Sylvia. No sé por qué esa mujer tiene que salir en mis sueños-Mónica.
-¿Ah sí? ¿Y qué te dijo?-le pregunto preocupado.
Relatado por Mónica Naranjo
Miro a los ojos a Àngel, a sus preciosos ojos. No sé si contarle lo que parece que oí o no. Mejor dejarlo en lo primero que escuché.
-Nada, que nos volvíamos a ver y hacía mucho tiempo que no aparecía por plató...-digo intentando disimular que me estoy saltando partes.
-¿Segura?-me mira sin fiarse del todo.
-Muy segura no, pero ya sabes cómo son los sueños-le digo con una sonrisa.
Ni yo misma sé si ha sido un sueño o estaba de verdad aquí y me estaba hablando. Pero no creo que haya venido hasta aquí. Àngel me acaricia la mejilla y me dedica una sonrisa llena de amor.
-Está bien, no te esfuerces-Àngel.
-¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos?-Mónica.
-Estamos en el hospital-le miro como dando a entender que eso ya lo sé, pero continúa hablando-En Girona.
-¿Estamos en España?-pregunto con sorpresa.
-Al parecer nos trajeron al hospital más cercano-me cuenta Àngel.
Ahora sí cabe la posibilidad de que haya venido Sylvia a verle y me amenazase. No sé exactamente por qué. ¿Qué le he hecho para que me odie tanto? De repente todo cobra sentido y empiezo a llorar.
-Ey princesa, no llores-me dice Àngel limpiando mis lágrimas con sus pulgares.
-Perdona, yo no...-Mónica.
-Shh, no hables o te pondrás peor. Ya me contarás todo cuando estés más tranquila-Àngel.
-Abrázame-le pido en un susurro.
Hace caso al instante a mi petición y me abraza con cuidado. Derramo más lágrimas escondida en su hombro. ¿Qué va a pasar cuando vuelva a Barcelona, cuando vuelva a plató?
No me puedo creer que esto esté pasando de verdad. El teléfono no para de sonar, llegan mensajes de Carlos y Carolina. Dicen de venir. Pero yo les digo que ahora le están haciendo pruebas y que ya iremos nosotros para allá. Tengo también otros mensajes que simplemente ignoro. Conseguí hacerla entrar en razón y que volviese a Barcelona. Tras un rato contestando a mis compañeros de jurado, me despido y vuelvo a entrar al hospital. Vuelvo a estar con ella. Parece que no hubiese pasado entre nosotros. Lo único que nos separa es esa mascarilla, que le han dicho que no se quite. Me encantaría besar sus labios para así demostrarle cuanto la he echado de menos. Nos miramos durante un buen rato en silencio. Ella me hace un gesto para que me acerque. Estira el brazo y le cojo la mano. La miro con una amplia sonrisa.
-Perdóname debes odiarme. Mira cómo estás por mi culpa...-le empiezo a decir con unas lágrimas que escapan de mis ojos.
Mónica me aprieta fuerte la mano y me mira con el semblante serio. Con la otra mano se quita la mascarilla. Le han dicho que no se la quite, pero es Mónica. Es la que opina que las reglas están para saltárselas. Y eso me gusta de ella.
-Tú no has hecho nada, ¿me oyes? Yo me fui cuando me besaste, me fui al bar del pueblo, estuve bebiendo y luego volví a la cabaña. Creía que estaba en una nube. Pero me di cuenta con quien quiero estar realmente-Mónica.
-¿Con... conmigo?-le pregunto incrédulo.
-No, con el perro del vecino. Pues claro que contigo, tonto-Mónica.
Suspiro y le dedico una sonrisa sincera.
-Menos mal que has dicho conmigo. Ya creí que te habías vuelto loca-dejo salir una pequeña risa.
Me aprieta la mano más fuerte que antes y me mira con el semblante serio. Así da miedo. Pero ha vuelto a ser mi Mónica, la Mónica de siempre.
-¿Sabes? Soñé con mi hermano...-me dice de repente.
Mi sonrisa desaparece de repente.
-Y también escuché la voz de Sylvia. No sé por qué esa mujer tiene que salir en mis sueños-Mónica.
-¿Ah sí? ¿Y qué te dijo?-le pregunto preocupado.
Relatado por Mónica Naranjo
Miro a los ojos a Àngel, a sus preciosos ojos. No sé si contarle lo que parece que oí o no. Mejor dejarlo en lo primero que escuché.
-Nada, que nos volvíamos a ver y hacía mucho tiempo que no aparecía por plató...-digo intentando disimular que me estoy saltando partes.
-¿Segura?-me mira sin fiarse del todo.
-Muy segura no, pero ya sabes cómo son los sueños-le digo con una sonrisa.
Ni yo misma sé si ha sido un sueño o estaba de verdad aquí y me estaba hablando. Pero no creo que haya venido hasta aquí. Àngel me acaricia la mejilla y me dedica una sonrisa llena de amor.
-Está bien, no te esfuerces-Àngel.
-¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos?-Mónica.
-Estamos en el hospital-le miro como dando a entender que eso ya lo sé, pero continúa hablando-En Girona.
-¿Estamos en España?-pregunto con sorpresa.
-Al parecer nos trajeron al hospital más cercano-me cuenta Àngel.
Ahora sí cabe la posibilidad de que haya venido Sylvia a verle y me amenazase. No sé exactamente por qué. ¿Qué le he hecho para que me odie tanto? De repente todo cobra sentido y empiezo a llorar.
-Ey princesa, no llores-me dice Àngel limpiando mis lágrimas con sus pulgares.
-Perdona, yo no...-Mónica.
-Shh, no hables o te pondrás peor. Ya me contarás todo cuando estés más tranquila-Àngel.
-Abrázame-le pido en un susurro.
Hace caso al instante a mi petición y me abraza con cuidado. Derramo más lágrimas escondida en su hombro. ¿Qué va a pasar cuando vuelva a Barcelona, cuando vuelva a plató?
martes, 14 de febrero de 2017
Capítulo 91:Y se hizo la luz
Relatado por Mónica Naranjo
Siento como que el tiempo va avanzando y yo me encuentro en el mismo sitio. Ni aquí ni allí. Ni con mi hermano ni con mi hijo y mi... No sé cómo definir a Àngel realmente. No sé qué somos todavía. ¿Amigos? ¿Amigos especiales? ¿Novios? En cuanto despierte de ésta, voy a decirle todo lo que siento. Voy a ir de frente. Y con Óscar también tendré que hablar. De pronto oigo una voz que me habla, pero no es la de Enrique. Sino la de Àngel.
-Cariño, como me gustaría que abrieses los ojos y que volvieses a ser la mujer alegre de siempre. Me gusta cuando te picas conmigo o cuando te hago chinchar. Me gusta pasar tiempo contigo como si fuese uno más de tu familia. Pero para que todo eso se repita, tienes que despertar. No veas cómo te echamos de menos los compañeros. Todos los días me llaman para saber de ti. Y sé que Carol vendrá como tardes en despertar. Menuda es la rubia.
Ay mi churri, lo que la echo de menos yo. Y mi Carlitos. Y este hombre que me está hablando ahora mismo. Tengo que despertar, pero ¿cómo? ¿Habrá alguna manera?
-Enrique, tengo que despertar. No les puedo dejar así. No me gusta que estén pendientes de mí. Ni tampoco preocupados-le comento a mi hermano, que se encuentra a mi lado.
-Querer es poder-me dice mi hermano.
-¿Qué?-le miro con el rostro serio, sin comprender del todo sus palabras.-Claro que quiero. Es lo que más deseo en esta vida. Volverme a encontrar con ellos. Quiero sonreír, reír, trabajar, disfrutar con mis compañeros y amigos, pasar más tiempo con mi hijo...
Mi hermano me mira como esperando a que diga algo más.
-Quiero vivir...-susurro con voz apenas audible. Pero entonces lo entiendo. Ésa es la clave.-¡Quiero vivir! Y voy a vivir la vida a tope. Voy a hacer todo lo que me dé la gana.
Me acerco a él y le abrazo.
-Gracias hermanito-Mónica.
-¿Yo? Yo no he hecho nada. Y recuerda que cuando pierdas el camino, yo estaré aquí para guiarlo de nuevo-Enrique.
Enrique se da la vuelta y se va alejando de mí. Donde estoy se va tiñendo de un blanco intenso, una luz cegadora. Parpadeo un par de veces para acostumbrarme a la luz. Y se hizo la luz.
Relatado por Àngel Llàcer
No puedo creer lo que ven mis ojos. Me estoy empezando a poner nervioso. Nunca pensé que mis palabras iban a hacer tal efecto en ella. Gira su cabeza y me mira con esos ojos marrones suyos. Unas lágrimas resbalan por mis mejillas. Ha sido un mes duro. Creía que Mónica se había marchado y resulta que la encontraron en los alrededores de la cabaña. Volvió a por mí. Eso significa que me quiere. O al menos que me quería. Esboza una débil sonrisa cuando me mira. No puedo dejar de mirarla. Pero pronto salgo de mi ensueño.
-Voy a llamar al médico-Àngel.
¿Esto es real? Que alguien me pellizque porque no me lo creo. Salgo rápidamente, sin dejar de mirarla. Voy todo lo rápido que me permiten mis piernas.
-¡Un médico, por favor!-empiezo a gritar una vez en el pasillo.
Se acerca una mujer de bata blanca corriendo, seguida de una enfermera.
-¡Espere fuera!-me indica rápidamente.
Salgo de la zona de box y me acerco a la puerta. Cojo el teléfono y me meto a whatsapp. Y escribo un mensaje en el grupo que tenemos el jurado.
-"HA DESPERTADO!!!!!"-Àngel.
Siento como que el tiempo va avanzando y yo me encuentro en el mismo sitio. Ni aquí ni allí. Ni con mi hermano ni con mi hijo y mi... No sé cómo definir a Àngel realmente. No sé qué somos todavía. ¿Amigos? ¿Amigos especiales? ¿Novios? En cuanto despierte de ésta, voy a decirle todo lo que siento. Voy a ir de frente. Y con Óscar también tendré que hablar. De pronto oigo una voz que me habla, pero no es la de Enrique. Sino la de Àngel.
-Cariño, como me gustaría que abrieses los ojos y que volvieses a ser la mujer alegre de siempre. Me gusta cuando te picas conmigo o cuando te hago chinchar. Me gusta pasar tiempo contigo como si fuese uno más de tu familia. Pero para que todo eso se repita, tienes que despertar. No veas cómo te echamos de menos los compañeros. Todos los días me llaman para saber de ti. Y sé que Carol vendrá como tardes en despertar. Menuda es la rubia.
Ay mi churri, lo que la echo de menos yo. Y mi Carlitos. Y este hombre que me está hablando ahora mismo. Tengo que despertar, pero ¿cómo? ¿Habrá alguna manera?
-Enrique, tengo que despertar. No les puedo dejar así. No me gusta que estén pendientes de mí. Ni tampoco preocupados-le comento a mi hermano, que se encuentra a mi lado.
-Querer es poder-me dice mi hermano.
-¿Qué?-le miro con el rostro serio, sin comprender del todo sus palabras.-Claro que quiero. Es lo que más deseo en esta vida. Volverme a encontrar con ellos. Quiero sonreír, reír, trabajar, disfrutar con mis compañeros y amigos, pasar más tiempo con mi hijo...
Mi hermano me mira como esperando a que diga algo más.
-Quiero vivir...-susurro con voz apenas audible. Pero entonces lo entiendo. Ésa es la clave.-¡Quiero vivir! Y voy a vivir la vida a tope. Voy a hacer todo lo que me dé la gana.
Me acerco a él y le abrazo.
-Gracias hermanito-Mónica.
-¿Yo? Yo no he hecho nada. Y recuerda que cuando pierdas el camino, yo estaré aquí para guiarlo de nuevo-Enrique.
Enrique se da la vuelta y se va alejando de mí. Donde estoy se va tiñendo de un blanco intenso, una luz cegadora. Parpadeo un par de veces para acostumbrarme a la luz. Y se hizo la luz.
Relatado por Àngel Llàcer
No puedo creer lo que ven mis ojos. Me estoy empezando a poner nervioso. Nunca pensé que mis palabras iban a hacer tal efecto en ella. Gira su cabeza y me mira con esos ojos marrones suyos. Unas lágrimas resbalan por mis mejillas. Ha sido un mes duro. Creía que Mónica se había marchado y resulta que la encontraron en los alrededores de la cabaña. Volvió a por mí. Eso significa que me quiere. O al menos que me quería. Esboza una débil sonrisa cuando me mira. No puedo dejar de mirarla. Pero pronto salgo de mi ensueño.
-Voy a llamar al médico-Àngel.
¿Esto es real? Que alguien me pellizque porque no me lo creo. Salgo rápidamente, sin dejar de mirarla. Voy todo lo rápido que me permiten mis piernas.
-¡Un médico, por favor!-empiezo a gritar una vez en el pasillo.
Se acerca una mujer de bata blanca corriendo, seguida de una enfermera.
-¡Espere fuera!-me indica rápidamente.
Salgo de la zona de box y me acerco a la puerta. Cojo el teléfono y me meto a whatsapp. Y escribo un mensaje en el grupo que tenemos el jurado.
-"HA DESPERTADO!!!!!"-Àngel.
martes, 7 de febrero de 2017
Capítulo 90:Pesadilla
Relatado por Àngel Llàcer
La miro sin comprender.
-¿Qué? Pero si eso fue hace tiempo... No puede ser verdad... Me había recuperado-empiezo a decir atropelladamente.
-Ella ha muerto y tú seguirás un camino más doloroso si no dejas de gritar...-me dice amenazante, con la voz muy baja. Pero lo suficiente como para que la escuche.
Pero hago caso omiso y empiezo a gritar, a pedir ayuda. Sylvia sale de mi cortina y vuelve al instante con una mujer de bata blanca. A mí me había atendido un médico. ¿Qué locura es ésta?
-Àngel, tranquilícese o no nos va a quedar más remedio que sedarle.
Me intento levantar de la camilla y la doctora me sujeta y llama a alguien. Traen unas correas y me atan a la cama. Sylvia le pide algo en voz baja. Ella asiente y sale dejándome a solas con ella.
-Te lo advertí-vuelve a mirarme con rostro serio, amenazándome con la mirada.
-Pero... ¿qué te he hecho yo?-le pregunto mirándola. Siento miedo de lo que puede llegar a hacer. Parece que con una orden, le hacen caso y a mí me dejan sin voluntad.
-Preguntar por ésa antes que por mí. Tenlo claro, ella no es para ti. No está aquí y no voy a dejar que te reúnas con ella-Sylvia.
Me despierto agitado. Todo ha sido una horrible pesadilla. Tengo que llamarla cuanto antes y avisarla de que estoy aquí. Que no la he abandonado. Porque como vaya y no me vea, puede pensar que me he ido sin ella. Y lo que más quiero en esta vida es estar a su lado, reír con ella, disfrutar con su presencia. Y por mis estúpidos celos, estoy aquí solo. Bueno peor, estoy con Sylvia. No tenía que haberla llamado. Seguro que la han llamado del hospital al ser la última llamada en mi móvil. Pero, ¿por qué seré tan imbécil? Si hubiese premios a los más imbéciles, yo lo ganaría. Y también al más celoso. Miro a mi alrededor. Estoy libre, pero apenas puedo moverme. Estoy débil y algo mareado. Ahí la veo a ella. A la otra. Pero está dormida en el sillón. Toco el timbre para que venga alguien. Necesito comprobar una cosa. Al instante viene una enfermera.
-¿Puede traerme mi teléfono?-le susurro para no despertar a Sylvia.
-No puede utilizarlo aquí-me contesta en el mismo tono.
-Sólo quiero mirar un número de teléfono y que llamen, por favor...-le suplico.
Me mira complaciente y sale. Espero que eso sea un sí. Me intento poner cómodo. ¿Pero quién está cómodo en una cama de hospital? Espero a que vuelva con mi móvil. Si sólo ha sido un sueño, su número debe seguir entre los contactos. Al rato, me trae mi móvil y el cargador.
-Le doy 5 minutos-me informa la enfermera.
Intento encenderlo, sin éxito. Entonces cojo el cargador y lo enchufo al enchufe cercano a mi cama, el que tengo sobre la cabecera. Se empieza a cargar y vuelvo a intentarlo. Tapo el auricular para que no suene al encenderlo y despierte a mi acompañante. Los nervios me van a flor de piel. En cuanto se termina de encender, voy rápidamente a la agenda y busco. Como en el sueño, voy más lentamente al llegar a la "m". Lo que me temía. Su contacto no está. Pero esta vez, también entro a whatsapp y y miro en las conversaciones. Hay un chat con un número de teléfono. Entro a él y me doy cuenta que es ella, es Mónica. Suspiro aliviado. Vuelvo a darle a guardar contacto y poner un nombre que sólo sepa yo. Esto solo ha podido ser una persona y está en este lugar también.
La enfermera entra diciéndome que ya ha pasado el tiempo. Le enseño el número y ella lo apunta en un papel. Desenchufo el teléfono y lo vuelvo a apagar. Ella se lo lleva todo y me quedo meditando la razón que le ha podido mover para hacer tal cosa. Tal vez hayan sido los celos. Entonces rectifico. El premio al más celoso no me lo darían a mí, se lo darían a Sylvia.
Narrador externo
La máquina donde está conectada Mónica sigue pitando. Pasa una enfermera y entra rápidamente y llama a un médico.
-¿Quién ha podido hacer una cosa así?
Se da cuenta que el cable está arrancado y pide que le pongan otro a la paciente. Intenta que las constantes vuelvan a la normalidad con masaje cardíaco.
-Se ha estabilizado-le informa la enfermera.
-Pregunta a Clara quién ha pasado por aquí y que por qué no vigila la entrada-exclama borde.
Ha estado a punto de perder a la paciente por un accidente. O tal vez algo premeditado.
Relatado por Mónica Naranjo
La luz se va alejando y vuelvo a ver a mi hermano a mi lado. No entiendo lo que ha pasado. Sólo sé que he oído una voz antes de ver esa luz. Quiero decir quién ha sido. Reconocería esa voz a distancia: Sylvia.
La miro sin comprender.
-¿Qué? Pero si eso fue hace tiempo... No puede ser verdad... Me había recuperado-empiezo a decir atropelladamente.
-Ella ha muerto y tú seguirás un camino más doloroso si no dejas de gritar...-me dice amenazante, con la voz muy baja. Pero lo suficiente como para que la escuche.
Pero hago caso omiso y empiezo a gritar, a pedir ayuda. Sylvia sale de mi cortina y vuelve al instante con una mujer de bata blanca. A mí me había atendido un médico. ¿Qué locura es ésta?
-Àngel, tranquilícese o no nos va a quedar más remedio que sedarle.
Me intento levantar de la camilla y la doctora me sujeta y llama a alguien. Traen unas correas y me atan a la cama. Sylvia le pide algo en voz baja. Ella asiente y sale dejándome a solas con ella.
-Te lo advertí-vuelve a mirarme con rostro serio, amenazándome con la mirada.
-Pero... ¿qué te he hecho yo?-le pregunto mirándola. Siento miedo de lo que puede llegar a hacer. Parece que con una orden, le hacen caso y a mí me dejan sin voluntad.
-Preguntar por ésa antes que por mí. Tenlo claro, ella no es para ti. No está aquí y no voy a dejar que te reúnas con ella-Sylvia.
Me despierto agitado. Todo ha sido una horrible pesadilla. Tengo que llamarla cuanto antes y avisarla de que estoy aquí. Que no la he abandonado. Porque como vaya y no me vea, puede pensar que me he ido sin ella. Y lo que más quiero en esta vida es estar a su lado, reír con ella, disfrutar con su presencia. Y por mis estúpidos celos, estoy aquí solo. Bueno peor, estoy con Sylvia. No tenía que haberla llamado. Seguro que la han llamado del hospital al ser la última llamada en mi móvil. Pero, ¿por qué seré tan imbécil? Si hubiese premios a los más imbéciles, yo lo ganaría. Y también al más celoso. Miro a mi alrededor. Estoy libre, pero apenas puedo moverme. Estoy débil y algo mareado. Ahí la veo a ella. A la otra. Pero está dormida en el sillón. Toco el timbre para que venga alguien. Necesito comprobar una cosa. Al instante viene una enfermera.
-¿Puede traerme mi teléfono?-le susurro para no despertar a Sylvia.
-No puede utilizarlo aquí-me contesta en el mismo tono.
-Sólo quiero mirar un número de teléfono y que llamen, por favor...-le suplico.
Me mira complaciente y sale. Espero que eso sea un sí. Me intento poner cómodo. ¿Pero quién está cómodo en una cama de hospital? Espero a que vuelva con mi móvil. Si sólo ha sido un sueño, su número debe seguir entre los contactos. Al rato, me trae mi móvil y el cargador.
-Le doy 5 minutos-me informa la enfermera.
Intento encenderlo, sin éxito. Entonces cojo el cargador y lo enchufo al enchufe cercano a mi cama, el que tengo sobre la cabecera. Se empieza a cargar y vuelvo a intentarlo. Tapo el auricular para que no suene al encenderlo y despierte a mi acompañante. Los nervios me van a flor de piel. En cuanto se termina de encender, voy rápidamente a la agenda y busco. Como en el sueño, voy más lentamente al llegar a la "m". Lo que me temía. Su contacto no está. Pero esta vez, también entro a whatsapp y y miro en las conversaciones. Hay un chat con un número de teléfono. Entro a él y me doy cuenta que es ella, es Mónica. Suspiro aliviado. Vuelvo a darle a guardar contacto y poner un nombre que sólo sepa yo. Esto solo ha podido ser una persona y está en este lugar también.
La enfermera entra diciéndome que ya ha pasado el tiempo. Le enseño el número y ella lo apunta en un papel. Desenchufo el teléfono y lo vuelvo a apagar. Ella se lo lleva todo y me quedo meditando la razón que le ha podido mover para hacer tal cosa. Tal vez hayan sido los celos. Entonces rectifico. El premio al más celoso no me lo darían a mí, se lo darían a Sylvia.
Narrador externo
La máquina donde está conectada Mónica sigue pitando. Pasa una enfermera y entra rápidamente y llama a un médico.
-¿Quién ha podido hacer una cosa así?
Se da cuenta que el cable está arrancado y pide que le pongan otro a la paciente. Intenta que las constantes vuelvan a la normalidad con masaje cardíaco.
-Se ha estabilizado-le informa la enfermera.
-Pregunta a Clara quién ha pasado por aquí y que por qué no vigila la entrada-exclama borde.
Ha estado a punto de perder a la paciente por un accidente. O tal vez algo premeditado.
Relatado por Mónica Naranjo
La luz se va alejando y vuelvo a ver a mi hermano a mi lado. No entiendo lo que ha pasado. Sólo sé que he oído una voz antes de ver esa luz. Quiero decir quién ha sido. Reconocería esa voz a distancia: Sylvia.
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