Relatado por Àngel Llàcer
-¿Que no?-grito corriendo detrás de ella.
Me está provocando y al final vamos a caer en el juego. Llego a la parte de arriba donde hay varias puertas. Las puertas están cerradas, pero no se ve a Mónica por aquí.
-¿Estás jugando al escondite, eh? ¡Pues allá voy!-Àngel.
Sigo caminando lentamente para no hacer ruido y agudizando el oído. Oigo una risita ahogada al final del pasillo, en la puerta del fondo. Hago los últimos metros corriendo. Abro la puerta sonriendo.
-Te pillé-Àngel.
Pero allí no está. Miro debajo de la cama y tampoco. Hasta que veo un armario grande. Me acerco a él y abro las puertas. Me encuentro a una Mónica muriéndose de la risa. La miro divertido y acabo contagiado de su risa.
-¡Mira! Voy a salir del armario jajaja-Mónica.
-Y yo te he sacado jajaja-Àngel.
-Te voy a nombrar el saca armarios jajaja-Mónica.
-¿El saca armarios? Jajaja. Eso suena a transportista de pueblo jajaja-Àngel.
-¡Oye!-me pega en el brazo-Que estamos en mi pueblo.
-¿Me lo vas a enseñar?-dejo de reír y sonrío.
-Claro, pero primero hay que cambiarse-Mónica.
-Pues arreando que es gerundio-Àngel.
Mónica sale del armario y le pego una cachetada en el culo.-
-¡Oye! Ay goloso...-pone una cara insinuante que me derrite.
Vuelve sobre sus pasos y coge unos vaqueros, una camiseta y una toalla.
-¿Me vas a mirar todo el rato?-no dejo de mirarla y chasquea los dedos delante de mi cara-¡Tierra llamando a Àngel!
-¿Eh?-pregunto.
-Que te voy a teñir el pelo de azul-Mónica.
-Vale vale-digo hipnotizado.
-Y te voy a coger la moto-Mónica.
-¿Qué? ¡Mi moto no!-Àngel.
-¡Hombre! ¡Por fin reaccionas! me voy a duchar-Mónica.
-¿Y por qué no nos duchamos juntos?-noto que me mira y añado-Para ahorrar agua...
-Para ahorrar agua... Claro...-sopesa mis palabras.
Va contoneándose a la puerta de la izquierda y la abre. Se gira, me dedica una sonrisa y cierra la puerta. La puerta del armario se ha quedado abierta y me pongo a mirar la ropa que tiene. Hay ropa tanto de hombre como de mujer. Óscar, su marido, tiene un estilo muy parecido al mío. Pero la veo más grande. Debe ser más ancho de espalda que yo. Y más alto. No sé por qué dice Mónica que me puede servir.
Al de un rato, Mónica sale ya vestida del baño. Me hace un gesto con la mano de que ya puedo entrar.
-¿Has elegido la ropa que te vas a poner?-Mónica.
-No creo que me quede bien...-Àngel.
-Claro que sí, déjame a mí-Mónica.
Se dirige al armario y empieza a pasar perchas hasta que coge una.
Relatado por Mónica Naranjo
Cojo una percha que contiene unos pitillos, camiseta negra y una chupa de cuero. Se la doy a Àngel.
-Creo que esto te puede quedar bien-Mónica.
Me mira no muy convencido, pero al final la coge.
-Ahora te llevo una toalla-Mónica.
Àngel se mete al baño y cojo una toalla. Voy al baño y abro la puerta. Está de espaldas a la puerta desnudándose. Me quedo un rato observando su parte trasera. Me habéis pillado. Sí, su trasero.
-Toma-Mónica.
-¡Mónica! ¡Qué susto me has dado!-Àngel.
-Anda tonto-Mónica.
Coge la toalla y, muy a mi pesar, le cierro la puerta. Me pongo las zapatillas de casa y me recojo el pelo en un moño. Bajo las escaleras y me voy a la cocina. Y empiezo a hacer la comida. Si quiero hacerle un tour por el `pueblo, será mejor que la deje preparada. Puede que vengamos para la hora de comer. Yo le voy a invitar a comer. A ver qué me contesta. Y con mi hijo tendré que hablar cuando vuelva. Se ha pillado un mosqueo... Es mejor que le dé una explicación antes de que empeoren las cosas. Me pongo el delantal y voy cogiendo ingredientes de la nevera. Puede que me dé tiempo a acabar antes que baje Àngel. Mi móvil empieza a sonar y dejo la patata y el cuchillo encima de la mesa. Voy a donde he dejado el bolso y saco el móvil. Lo desbloqueo y veo que son varios whatsapps. Miro primero el chat de Óscar.
-"No creo que vaya a comer. Hay chica nueva en la discográfica. Ya te la presentaré"-Óscar.
-"Entonces un plato menos, no?"-Mónica. O el mismo si cuento con Àngel. Evidentemente esto me lo guardo para mí.
-"Por eso te aviso ahora, siitita, para que no cocines más de la cuenta"-Óscar.
-"Gracias siitito, qué bueno eres"-Mónica.
-"Te quiero (beso)"-Óscar.
-"Yo más (beso) <3"-Mónica.
Salgo del chat y veo el nombre de Aitor.
-"Perdona mamá, no quería hablarte así. Es que tengo que presentar un trabajo y apenas he dormido"-Aitor.
-"Cuántas veces te habré dicho que no lo dejes para el último momento? Vienes a comer? Tu padre no viene y puedes comer lo que tú quieras"-Mónica.
Cierro el chat, ya que su última conexión es de hace 1 hora. Estaría en un rato libre y ha aprovechado a escribirme. Qué hijo más considerado tengo. No es por presumir, pero tengo al mejor. Estoy muy orgullosa de él. Abro el grupo del jurado y leo por encima. Porque sé mque la churri y Carlitos están casados, sino pensaría que tienen algo. Aunque todo puede pasar. Sino miradme a mí: casada y enamorada de Àngel. Así que aquí no hay nada escrito. Un papel no simboliza nada. A ver, no me malinterpretéis. Claro que significa, pero no eliges de quien te enamoras. Ahí el corazón manda. Vuelvo a bloquear el móvil y lo dejo sobre la mesa del salón. Voy de nuevo a la cocina y sigo pelando patatas. Al de un rato oigo movimiento en la escalera, Àngel está bajando. Estoy en la cocina, de espaldas a la puerta.
-Tú como Martirio, ¿no? Arreglá, pero informal-Àngel.
Me giro y le veo con la ropa de Óscar puesta. Le sienta como un guante, ni que estuviera confeccionada para él.
-Habló el macarrilla-sonrío.
-Eh, eh-hace un gesto con las manos para que pare-Que ha sido la ropa que me has dado.
-Si te sienta genial...-me acerco a él y le doy un beso en la mejilla.
Me giro para terminar la tortilla y oigo arrasar la silla.
-¡Levanta la silla, hombre!-le regaño.
-Vale, mamá-me dice con ironía.
Le doy la vuelta a la tortilla y la devuelvo a la sartén. Me giro para mirarle. Está sentado mirándome con cara de niño bueno.
-Todavía no vamos a comer, ¿eh?-le aviso.
-Jo-pone un puchero y me empiezo a reír. Está muy gracioso.
-¿No quieres que te enseñe Figueres?-Mónica.
-Y que me cuentes la historia del naranjo-me mira con una sonrisa inocente, pero divertoda.
-Vaya cachondeo te traes con el naranjo, ¿eh?-le devuelvo la mirada divertida.
-Dijiste que me la ibas a contar luego y ahora que ya estamos cambiados...-Àngel.
-Está bien, pero déjame que acabe la tortilla para que no se me queme-Mónica.
-Vaaaale-Àngel.
Pongo el plato sobre la sartén y la giro quedando la tortilla sobre el plato. Me acerco y levanto la silla para apartarla de la mesa y me siento frente a él.
-Es una tradición familiar. Mi abuelo plantó el naranjo y se lo regaló a mi padre cuando era pequeño. Al cumplir 12 años, mi padre me lo regaló a mí. Me temo que querría regalárselo a mi hermano, para que no se perdiera el apellido pero...-una lágrima escapa-yo me quedé viviendo en esta casa. Y según mi abuelo, quien viva en esta casa se queda con el naranjo y sus frutos. De modo que el naranjo y las naranjas son míos.
Termino mi relato y le miro. Me mira fijamente, escuchando atentamente como si no quisiera perderse ni un detalle.
-Que no es una historia muy interesante-le quito importancia.
-De modo que el naranjo pasará a tu hijo, ¿no?-me pregunta con curiosidad.
-Bueno... si se queda a vivir aquí, sí-me limpio la lágrima y me levanto-¡Vamos! Te voy a hacer de guía.
Voy al salón a coger el bolso y después a la entrada donde he dejado la chaqueta. Salimos de casa y vamos dando un paseo. Le voy explicando cada cosa que vemos.
-¿Aquí es donde vivió Picasso?-me pregunta Àngel.
-Picasso no-empiezo a reír-,Dalí. Poco después de recibir mi naranjo, lo conocí-sonrío orgullosa recordando aquel día.
-¿Le conociste?-Àngel.
-Sí, me lo presentó mi madre ya que trabajaba en su casa-Mónica.
-Guau. Así es normal que seas tan conocida-Àngel.
-Bueno, no es para tanto. Es verdad que él fue el primer artista que conocí y me dio un buen consejo, pero él si que era y fue grande. Hayh un museo dedicado a él. Podríamos ir, si quieres-Mónica.
-Claro, vamos-Àngel.
-Y si quieres, también te puedes quedar a comer en casa...-suelto como quien no quiere la cosa.
martes, 24 de noviembre de 2015
martes, 17 de noviembre de 2015
Capítulo 47:Bienvenido a mi casa
Relatado por Àngel Llàcer
Los ojos me van pesando hasta que llega un momento en que me duermo.
Noto una mano que me acaricia la cara. Abro los ojos, pero ya no me encuentro en el coche con Mónica. Estoy en la habitación del hotel. Siento frío en m cuerpo. Me dispongo a levantarme para cerrar la ventana, pero alguien me empuja de nuevo impidiéndomelo. Me quedo de nuevo tumbado sobre la cama. Miro hacia la ventana y veo que las puertas de la ventana están cerradas, pero no tienen cristal. Unas manos recorren mi cuerpo acariciándome, arañándome. Estoy en penumbra y no consigo ver quién es. De repente noto un pinchazo en el costado y me da una punzada de dolor. De pronto la luz se enciende, pero en la habitación no se ve a nadie. A lo que mi vista alcanza es que estoy atado y tengo un cristal clavado en la zona donde he sentido el dolor. Empieza a manar sangre de la herida y no puedo hacer nada para evitarlo. Como no venga alguien rápido, me desangraré. Me duele mucho. Intento gritar, pero mis gritos son ahogados por algo que me tapa la boca. Me intento mover para salir y que alguien me vea, pero es peor todavía. Se va clavando todavía más. Cierro los ojos de nuevo para no pensar en el dolor, para no verme en esta situación. Unas lágrimas resbalan por mis mejillas mostrando el dolor que siento.
-¡Àngel!-oigo que me llaman. Pero no tengo fuerzas para despertar. Cada vez me voy debilitando más.
Relatado por Mónica Naranjo
Se ha quedado dormido. Lo miro con ternura mientras voy conduciendo. Pobre, le he hecho madrugar y ayer tuvo ensayo. Pero ya hemos llegado.
-¡Àngel!-Mónica.
Se despierta sobresaltado y mira a su alrededor.
-¿Dónde estoy ¿Y el cristal?-pregunta confundido.
-Estás en el coche. ¿Qué cristal?-le pregunto para ver si consigo enterarme de algo.
-Nada, déjalo-se levanta la camiseta, se mira el costado y suspira.
Le miro con una sonrisa. Este chico es muy raro. Abre la puerta y sale. Hago lo mismo para no quedarme atrás. Cierro la puerta y doy la vuelta al coche para reunirme con él. Àngel mira a su alrededor. Creo que está intentando averiguar dónde le he traído.
-¿Dónde estamos?-vuelve a preguntar.
-Ahora te lo digo-le cojo de la mano y tiro de él llevándole por un camino empedrado.
Llegamos a una casa, también de piedra, rodeada de un extenso prado y algunos árboles. A la izquierda de la casa hay un pozo y al lado de éste, un naranjo.
Busco entre las cosas de mi bolso y encuentro las llaves. Introduzco la llave en la cerradura y giro hacia la derecha. Abro la puerta, cojo mis llaves le digo que pase.
-Bienvenido a mi casa-Mónica.
Àngel mira cada rincón del lugar. Después me mira a mí.
-¿Esta es tu casa?-asiento sonriendo.-Así que ésta es la casa de Mónica Naranjo... ¿Y lo de fuera es un naranjo?-me pregunta sonriendo.
Vuelvo a asentir sonriendo.
-Y tiene una historia, pero mejor vamos a cambiarnos primero-Mónica.
-Pero si aquí no tengo ropa...-Àngel.
-Te pones la de Óscar. Creo...-le miro de arriba abajo-que te servirá.
-¡Oye! ¡Deja de hacer eso!-Àngel.
-¿El qué?-le pregunto inocentemente jugando con un mechón de mi pelo.
-Mirarme como si fuese una mercancía-Àngel.
-Ahora me entiendes, ¿verdad?-le miro con una sonrisa.
-Pero si yo no te miro así...-Àngel.
-No digas mentiras-dice casi riendo.
Le miro insinuante. Me acerco a él lentamente hasta encontrarnos a centímetros. Pero me giro y echo a correr escaleras arriba.
-¿A qué no me pillas?
Los ojos me van pesando hasta que llega un momento en que me duermo.
Noto una mano que me acaricia la cara. Abro los ojos, pero ya no me encuentro en el coche con Mónica. Estoy en la habitación del hotel. Siento frío en m cuerpo. Me dispongo a levantarme para cerrar la ventana, pero alguien me empuja de nuevo impidiéndomelo. Me quedo de nuevo tumbado sobre la cama. Miro hacia la ventana y veo que las puertas de la ventana están cerradas, pero no tienen cristal. Unas manos recorren mi cuerpo acariciándome, arañándome. Estoy en penumbra y no consigo ver quién es. De repente noto un pinchazo en el costado y me da una punzada de dolor. De pronto la luz se enciende, pero en la habitación no se ve a nadie. A lo que mi vista alcanza es que estoy atado y tengo un cristal clavado en la zona donde he sentido el dolor. Empieza a manar sangre de la herida y no puedo hacer nada para evitarlo. Como no venga alguien rápido, me desangraré. Me duele mucho. Intento gritar, pero mis gritos son ahogados por algo que me tapa la boca. Me intento mover para salir y que alguien me vea, pero es peor todavía. Se va clavando todavía más. Cierro los ojos de nuevo para no pensar en el dolor, para no verme en esta situación. Unas lágrimas resbalan por mis mejillas mostrando el dolor que siento.
-¡Àngel!-oigo que me llaman. Pero no tengo fuerzas para despertar. Cada vez me voy debilitando más.
Relatado por Mónica Naranjo
Se ha quedado dormido. Lo miro con ternura mientras voy conduciendo. Pobre, le he hecho madrugar y ayer tuvo ensayo. Pero ya hemos llegado.
-¡Àngel!-Mónica.
Se despierta sobresaltado y mira a su alrededor.
-¿Dónde estoy ¿Y el cristal?-pregunta confundido.
-Estás en el coche. ¿Qué cristal?-le pregunto para ver si consigo enterarme de algo.
-Nada, déjalo-se levanta la camiseta, se mira el costado y suspira.
Le miro con una sonrisa. Este chico es muy raro. Abre la puerta y sale. Hago lo mismo para no quedarme atrás. Cierro la puerta y doy la vuelta al coche para reunirme con él. Àngel mira a su alrededor. Creo que está intentando averiguar dónde le he traído.
-¿Dónde estamos?-vuelve a preguntar.
-Ahora te lo digo-le cojo de la mano y tiro de él llevándole por un camino empedrado.
Llegamos a una casa, también de piedra, rodeada de un extenso prado y algunos árboles. A la izquierda de la casa hay un pozo y al lado de éste, un naranjo.
Busco entre las cosas de mi bolso y encuentro las llaves. Introduzco la llave en la cerradura y giro hacia la derecha. Abro la puerta, cojo mis llaves le digo que pase.
-Bienvenido a mi casa-Mónica.
Àngel mira cada rincón del lugar. Después me mira a mí.
-¿Esta es tu casa?-asiento sonriendo.-Así que ésta es la casa de Mónica Naranjo... ¿Y lo de fuera es un naranjo?-me pregunta sonriendo.
Vuelvo a asentir sonriendo.
-Y tiene una historia, pero mejor vamos a cambiarnos primero-Mónica.
-Pero si aquí no tengo ropa...-Àngel.
-Te pones la de Óscar. Creo...-le miro de arriba abajo-que te servirá.
-¡Oye! ¡Deja de hacer eso!-Àngel.
-¿El qué?-le pregunto inocentemente jugando con un mechón de mi pelo.
-Mirarme como si fuese una mercancía-Àngel.
-Ahora me entiendes, ¿verdad?-le miro con una sonrisa.
-Pero si yo no te miro así...-Àngel.
-No digas mentiras-dice casi riendo.
Le miro insinuante. Me acerco a él lentamente hasta encontrarnos a centímetros. Pero me giro y echo a correr escaleras arriba.
-¿A qué no me pillas?
martes, 10 de noviembre de 2015
Capítulo 46:De camino a casa
Relatado por Àngel Llàcer
Nos quedamos en silencio observando cómo su hijo se aleja. Lleva un ritmo apresurado. Se nota el enfado.
-Yo... será mejor que me vaya...-dice nerviosa.
La miro. Sin mirarme empieza a caminar. La sigo de cerca.
-¡Mónica! ¡Espera!-la llamo.
La cojo del brazo y hago que se gire.
-¿Qué?-Mónica.
-¿Le quieres?-Àngel.
Tal vez he sido muy directo, pero necesito saberlo. Necesito saber qué pinto aquí, qué pinto en su vida. Mónica me mira en silencio durante un rato. Al rato agacha la cabeza e intenta marcharse.
-No... no lo sé...-Mónica.
Levanta la mirada y me mira. Nos quedamos así, en silencio. Ella con lágrimas recorriendo sus mejillas. Me acerco más a ella y le voy limpiando las lágrimas con el pulgar.
-Será mejor que nos cambiemos o vamos a pillar una pulmonía-parece haber mejorado. O su instinto de madre es más fuerte. Todo puede ser.
Sonrío todavía mirándola. Me he quedado petrificado admirándola. Ella chasquea los dedos y, como si estuviese hipnotizado, vuelvo.
-¿Te llevo?-me pregunta Mónica.
-Será mejor que coja el metro-Àngel.
-¿Qué vas a coger el metro teniendo yo el coche? Anda, no digas tonterías-Mónica.
La sigo casi por inercia. Parece como si un imán me llevase a ella y no pudiese alejarme. Espero hasta que abra la puerta y una vez abierto, abro la del copiloto y me monto.
-Pero te voy a mojar el coche...-Àngel.
-¿Has visto cómo voy yo?-asiento-¡Pues no te preocupes!
Arranca el coche. Intento empezar una conversación, pero no se me ocurre ningún tema. El tema de su hija ronda aún mi cabeza. Tal vez tenga razón y no debo meterme en una familia. Ellos son felices y yo... sólo he venido a complicar las cosas. Ahora Mónica tiene dudas sobre su amor a su marido.
Miro por la ventanilla. Es una carretera que no conozco. Ésta no lleva al hotel. Giro mi cabeza para mirarla.
-¿A dónde vamos?-le pregunto. Parece que hoy todo son preguntas hacia ella y reproches para mí mismo.
-¡Ah! ¡Sorpresa!-sonríe con la vista puesta en la carretera.
Intento descifrar a dónde vamos mirando hacia delante. Paso mi mirada de la carretera a Mónica y de Mónica a la carretera. De Mónica no voy a conseguir nada. Tiene una sonrisa traviesa. Aunque no me mire, sabe que estoy pasándolo mal por la intriga. Y de la carretera poco puedo descubrir. En los carteles pone:
Barcelona
Madrid
Francia
Me apoyo en la ventanilla y miro el paisaje pasar. Cierro los ojos para relajarme y disfrutar simplemente del viaje. Intento poner la mente en blanco.
Nos quedamos en silencio observando cómo su hijo se aleja. Lleva un ritmo apresurado. Se nota el enfado.
-Yo... será mejor que me vaya...-dice nerviosa.
La miro. Sin mirarme empieza a caminar. La sigo de cerca.
-¡Mónica! ¡Espera!-la llamo.
La cojo del brazo y hago que se gire.
-¿Qué?-Mónica.
-¿Le quieres?-Àngel.
Tal vez he sido muy directo, pero necesito saberlo. Necesito saber qué pinto aquí, qué pinto en su vida. Mónica me mira en silencio durante un rato. Al rato agacha la cabeza e intenta marcharse.
-No... no lo sé...-Mónica.
Levanta la mirada y me mira. Nos quedamos así, en silencio. Ella con lágrimas recorriendo sus mejillas. Me acerco más a ella y le voy limpiando las lágrimas con el pulgar.
-Será mejor que nos cambiemos o vamos a pillar una pulmonía-parece haber mejorado. O su instinto de madre es más fuerte. Todo puede ser.
Sonrío todavía mirándola. Me he quedado petrificado admirándola. Ella chasquea los dedos y, como si estuviese hipnotizado, vuelvo.
-¿Te llevo?-me pregunta Mónica.
-Será mejor que coja el metro-Àngel.
-¿Qué vas a coger el metro teniendo yo el coche? Anda, no digas tonterías-Mónica.
La sigo casi por inercia. Parece como si un imán me llevase a ella y no pudiese alejarme. Espero hasta que abra la puerta y una vez abierto, abro la del copiloto y me monto.
-Pero te voy a mojar el coche...-Àngel.
-¿Has visto cómo voy yo?-asiento-¡Pues no te preocupes!
Arranca el coche. Intento empezar una conversación, pero no se me ocurre ningún tema. El tema de su hija ronda aún mi cabeza. Tal vez tenga razón y no debo meterme en una familia. Ellos son felices y yo... sólo he venido a complicar las cosas. Ahora Mónica tiene dudas sobre su amor a su marido.
Miro por la ventanilla. Es una carretera que no conozco. Ésta no lleva al hotel. Giro mi cabeza para mirarla.
-¿A dónde vamos?-le pregunto. Parece que hoy todo son preguntas hacia ella y reproches para mí mismo.
-¡Ah! ¡Sorpresa!-sonríe con la vista puesta en la carretera.
Intento descifrar a dónde vamos mirando hacia delante. Paso mi mirada de la carretera a Mónica y de Mónica a la carretera. De Mónica no voy a conseguir nada. Tiene una sonrisa traviesa. Aunque no me mire, sabe que estoy pasándolo mal por la intriga. Y de la carretera poco puedo descubrir. En los carteles pone:
Barcelona
Madrid
Francia
Me apoyo en la ventanilla y miro el paisaje pasar. Cierro los ojos para relajarme y disfrutar simplemente del viaje. Intento poner la mente en blanco.
martes, 3 de noviembre de 2015
Capítulo 45:Esto no está bien
Relatado por Mónica Naranjo
Oigo la voz de Aitor y me separo rápidamente. Me mira indignado, como si le hubiese fallado. Pensará que estoy engañando a su padre. ¿Realmente le estoy engañando? Salgo de la fuente y me acerco a él. Aunque intenta por todos los medios alejarse de mí.
-¿Cómo le puedes hacer esto a papá?-Aitor.
-Deja que te explique...-Mónica.
-Tengo que ir a clase, déjame-Aitor.
Noto un brazo por encima de los hombros y veo a Àngel a mi derecha.
-Sólo la estaba animando-le dice Àngel seguro de sus palabras.
-No me vengas de coleguita porque sé muy bien lo que he visto-me retira la mano de su brazo.
-¿Por qué no le preguntas a tu padre dónde estuvo anoche?-le exclamo lleno de rabia.
No soy la única mala de esta historia.
-¡No me apetece! Ya hablaremos y espero que éste-dice escupiendo sus palabras con odio dirigiéndose a Àngel-no siga contigo cuando vuelva.
Veo a mi hijo alejarse. Estaba realmente enfadado. Es normal, él cree que estoy engañando a su padre. Pero nada más lejos que eso.
*Un día antes*
Relatado por Edurne
-¿Cómo que te vas? ¿Y yo qué? ¿No te importo nada?-Edurne.
-Me han ofrecido un contrato en Manchester, pero puedes venirte conmigo si quieres-David.
-Aquí lo tengo todo, no me puedes pedir que renuncie por irme contigo a Inglaterra-Edurne.
-¿Acaso yo te pido que renuncies a tu carrera? ¡Entiéndeme a mí también!-David.
-¿Mi carrera? Que yo sepa, mi carrera no me lleva a miles de kilómetros...-una lagrima sale de mi ojo izquierdo.
Cojo la chaqueta y el bolso y salgo de casa dando un portazo. Me encuentro en Barcelona porque mañana tengo una promoción del disco. Aunque me han dado una mala noticia: de aquí a 2 semanas se me acaba el contrato y no me lo renuevan. Llego a un bar y entro. Me acerco a la barra y pido algo para beber. Me pone el vaso y voy bebiendo.
-Hola rubia-me giro, un sombre se me ha acercado.
-Hola-le digo con una sonrisa fingida. No tengo el ánimo ahora mismo para nada.
Pide otra copa para él. Va algo tocado ya.
-¿Eres de por aquí?
Le vuelvo a mirar.
-No, soy de Madrid. Pero estoy aquí por trabajo-Edurne.
-¿Y en qué trabajas?-bebe un trago.
Le imito.
-Soy cantante-Edurne.
-¿Ah sí? Yo trabajo en una discográfica-me tiende una tarjeta. La cojo y la miro. Óscar Tarruella, productor musical.
Sigo bebiendo de mi copa. Creo que se me ha arreglado el problema. Tal vez tenga un hueco en su discográfica para mí. Es cuestión de intentarlo.
*Presente*
Estamos en la cocina antes desayunando de que se vaya.
-Cuando quieras puedes venir al estudio, estaremos encantados de recibirte-me dice Óscar con una sonrisa.
-Gracias por darme una oportunidad-Edurne.
Le dedico una sonrisa. Acerca su mano a la mía y las entrelazamos. Nos quedamos mirándonos con una sonrisa de bobos durante un rato. Óscar sale de su letargo.
-Me tengo que ir-Óscar.
-¿Tan pronto?-me muerdo el labio inferior mirándole.
Óscar se levanta y me abraza por la espalda.
-A pesar de lo genial que me caes, no está bien...-Óscar.
-No pasa nada, puedes irte-digo con indiferencia, aunque por dentro sienta un terrible sentimiento de culpa.
Me levanto y miro para mirarle. Finjo una sonrisa y le acaricio la barbilla. Subo a mi habitación y cierro la puerta. Me tiro en la cama boca abajo y rompo a llorar.
Oigo la voz de Aitor y me separo rápidamente. Me mira indignado, como si le hubiese fallado. Pensará que estoy engañando a su padre. ¿Realmente le estoy engañando? Salgo de la fuente y me acerco a él. Aunque intenta por todos los medios alejarse de mí.
-¿Cómo le puedes hacer esto a papá?-Aitor.
-Deja que te explique...-Mónica.
-Tengo que ir a clase, déjame-Aitor.
Noto un brazo por encima de los hombros y veo a Àngel a mi derecha.
-Sólo la estaba animando-le dice Àngel seguro de sus palabras.
-No me vengas de coleguita porque sé muy bien lo que he visto-me retira la mano de su brazo.
-¿Por qué no le preguntas a tu padre dónde estuvo anoche?-le exclamo lleno de rabia.
No soy la única mala de esta historia.
-¡No me apetece! Ya hablaremos y espero que éste-dice escupiendo sus palabras con odio dirigiéndose a Àngel-no siga contigo cuando vuelva.
Veo a mi hijo alejarse. Estaba realmente enfadado. Es normal, él cree que estoy engañando a su padre. Pero nada más lejos que eso.
*Un día antes*
Relatado por Edurne
-¿Cómo que te vas? ¿Y yo qué? ¿No te importo nada?-Edurne.
-Me han ofrecido un contrato en Manchester, pero puedes venirte conmigo si quieres-David.
-Aquí lo tengo todo, no me puedes pedir que renuncie por irme contigo a Inglaterra-Edurne.
-¿Acaso yo te pido que renuncies a tu carrera? ¡Entiéndeme a mí también!-David.
-¿Mi carrera? Que yo sepa, mi carrera no me lleva a miles de kilómetros...-una lagrima sale de mi ojo izquierdo.
Cojo la chaqueta y el bolso y salgo de casa dando un portazo. Me encuentro en Barcelona porque mañana tengo una promoción del disco. Aunque me han dado una mala noticia: de aquí a 2 semanas se me acaba el contrato y no me lo renuevan. Llego a un bar y entro. Me acerco a la barra y pido algo para beber. Me pone el vaso y voy bebiendo.
-Hola rubia-me giro, un sombre se me ha acercado.
-Hola-le digo con una sonrisa fingida. No tengo el ánimo ahora mismo para nada.
Pide otra copa para él. Va algo tocado ya.
-¿Eres de por aquí?
Le vuelvo a mirar.
-No, soy de Madrid. Pero estoy aquí por trabajo-Edurne.
-¿Y en qué trabajas?-bebe un trago.
Le imito.
-Soy cantante-Edurne.
-¿Ah sí? Yo trabajo en una discográfica-me tiende una tarjeta. La cojo y la miro. Óscar Tarruella, productor musical.
Sigo bebiendo de mi copa. Creo que se me ha arreglado el problema. Tal vez tenga un hueco en su discográfica para mí. Es cuestión de intentarlo.
*Presente*
Estamos en la cocina antes desayunando de que se vaya.
-Cuando quieras puedes venir al estudio, estaremos encantados de recibirte-me dice Óscar con una sonrisa.
-Gracias por darme una oportunidad-Edurne.
Le dedico una sonrisa. Acerca su mano a la mía y las entrelazamos. Nos quedamos mirándonos con una sonrisa de bobos durante un rato. Óscar sale de su letargo.
-Me tengo que ir-Óscar.
-¿Tan pronto?-me muerdo el labio inferior mirándole.
Óscar se levanta y me abraza por la espalda.
-A pesar de lo genial que me caes, no está bien...-Óscar.
-No pasa nada, puedes irte-digo con indiferencia, aunque por dentro sienta un terrible sentimiento de culpa.
Me levanto y miro para mirarle. Finjo una sonrisa y le acaricio la barbilla. Subo a mi habitación y cierro la puerta. Me tiro en la cama boca abajo y rompo a llorar.
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