martes, 17 de noviembre de 2015

Capítulo 47:Bienvenido a mi casa

Relatado por Àngel Llàcer


Los ojos me van pesando hasta que llega un momento en que me duermo.
Noto una mano que me acaricia la cara. Abro los ojos, pero ya no me encuentro en el coche con Mónica. Estoy en la habitación del hotel. Siento frío en m cuerpo. Me dispongo a levantarme para cerrar la ventana, pero alguien me empuja de nuevo impidiéndomelo. Me quedo de nuevo tumbado sobre la cama. Miro hacia la ventana y veo que las puertas de la ventana están cerradas, pero no tienen cristal. Unas manos recorren mi cuerpo acariciándome, arañándome. Estoy en penumbra y no consigo ver quién es. De repente noto un pinchazo en el costado y me da una punzada de dolor. De pronto la luz se enciende, pero en la habitación no se ve a nadie. A lo que mi vista alcanza  es que estoy atado y tengo un cristal clavado en la zona donde he sentido el dolor. Empieza a manar sangre de la herida y no puedo hacer nada para evitarlo. Como no venga alguien rápido, me desangraré. Me duele mucho. Intento gritar, pero mis gritos son ahogados por algo que me tapa la boca. Me intento mover para salir y que alguien me vea, pero es peor todavía. Se va clavando todavía más. Cierro los ojos de nuevo para no pensar en el dolor, para no verme en esta situación. Unas lágrimas resbalan por mis mejillas mostrando el dolor que siento.
-¡Àngel!-oigo que me llaman. Pero no tengo fuerzas para despertar. Cada vez me voy debilitando más.


Relatado por Mónica Naranjo


Se ha quedado dormido. Lo miro con ternura mientras voy conduciendo. Pobre, le he hecho madrugar y ayer tuvo ensayo. Pero ya hemos llegado.
-¡Àngel!-Mónica.
Se despierta sobresaltado y mira a su alrededor.
-¿Dónde estoy ¿Y el cristal?-pregunta confundido.
-Estás en el coche. ¿Qué cristal?-le pregunto para ver si consigo enterarme de algo.
-Nada, déjalo-se levanta la camiseta, se mira el costado y suspira.
Le miro con una sonrisa. Este chico es muy raro. Abre la puerta y sale. Hago lo mismo para no quedarme atrás. Cierro la puerta y doy la vuelta al coche para reunirme con él. Àngel mira a su alrededor. Creo que está intentando averiguar dónde le he traído.
-¿Dónde estamos?-vuelve a preguntar.
-Ahora te lo digo-le cojo de la mano y tiro de él llevándole por un camino empedrado.
Llegamos a una casa, también de piedra, rodeada de un extenso prado y algunos árboles. A la izquierda de la casa hay un pozo y al lado de éste, un naranjo.
Busco entre las cosas de mi bolso y encuentro las llaves. Introduzco la llave en la cerradura y giro hacia la derecha. Abro la puerta, cojo mis llaves le digo que pase.
-Bienvenido a mi casa-Mónica.
Àngel mira cada rincón del lugar. Después me mira a mí.
-¿Esta es tu casa?-asiento sonriendo.-Así que ésta es la casa de Mónica Naranjo... ¿Y lo de fuera es un naranjo?-me pregunta sonriendo.
Vuelvo a asentir sonriendo.
-Y tiene una historia, pero mejor vamos a cambiarnos primero-Mónica.
-Pero si aquí no tengo ropa...-Àngel.
-Te pones la de Óscar. Creo...-le miro de arriba abajo-que te servirá.
-¡Oye! ¡Deja de hacer eso!-Àngel.
-¿El qué?-le pregunto inocentemente jugando con un mechón de mi pelo.
-Mirarme como si fuese una mercancía-Àngel.
-Ahora me entiendes, ¿verdad?-le miro con una sonrisa.
-Pero si yo no te miro así...-Àngel.
-No digas mentiras-dice casi riendo.
Le miro insinuante. Me acerco a él lentamente hasta encontrarnos a centímetros. Pero me giro y echo a correr escaleras arriba.
-¿A qué no me pillas?

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