Relatado por Àngel Llàcer
Nos quedamos en silencio observando cómo su hijo se aleja. Lleva un ritmo apresurado. Se nota el enfado.
-Yo... será mejor que me vaya...-dice nerviosa.
La miro. Sin mirarme empieza a caminar. La sigo de cerca.
-¡Mónica! ¡Espera!-la llamo.
La cojo del brazo y hago que se gire.
-¿Qué?-Mónica.
-¿Le quieres?-Àngel.
Tal vez he sido muy directo, pero necesito saberlo. Necesito saber qué pinto aquí, qué pinto en su vida. Mónica me mira en silencio durante un rato. Al rato agacha la cabeza e intenta marcharse.
-No... no lo sé...-Mónica.
Levanta la mirada y me mira. Nos quedamos así, en silencio. Ella con lágrimas recorriendo sus mejillas. Me acerco más a ella y le voy limpiando las lágrimas con el pulgar.
-Será mejor que nos cambiemos o vamos a pillar una pulmonía-parece haber mejorado. O su instinto de madre es más fuerte. Todo puede ser.
Sonrío todavía mirándola. Me he quedado petrificado admirándola. Ella chasquea los dedos y, como si estuviese hipnotizado, vuelvo.
-¿Te llevo?-me pregunta Mónica.
-Será mejor que coja el metro-Àngel.
-¿Qué vas a coger el metro teniendo yo el coche? Anda, no digas tonterías-Mónica.
La sigo casi por inercia. Parece como si un imán me llevase a ella y no pudiese alejarme. Espero hasta que abra la puerta y una vez abierto, abro la del copiloto y me monto.
-Pero te voy a mojar el coche...-Àngel.
-¿Has visto cómo voy yo?-asiento-¡Pues no te preocupes!
Arranca el coche. Intento empezar una conversación, pero no se me ocurre ningún tema. El tema de su hija ronda aún mi cabeza. Tal vez tenga razón y no debo meterme en una familia. Ellos son felices y yo... sólo he venido a complicar las cosas. Ahora Mónica tiene dudas sobre su amor a su marido.
Miro por la ventanilla. Es una carretera que no conozco. Ésta no lleva al hotel. Giro mi cabeza para mirarla.
-¿A dónde vamos?-le pregunto. Parece que hoy todo son preguntas hacia ella y reproches para mí mismo.
-¡Ah! ¡Sorpresa!-sonríe con la vista puesta en la carretera.
Intento descifrar a dónde vamos mirando hacia delante. Paso mi mirada de la carretera a Mónica y de Mónica a la carretera. De Mónica no voy a conseguir nada. Tiene una sonrisa traviesa. Aunque no me mire, sabe que estoy pasándolo mal por la intriga. Y de la carretera poco puedo descubrir. En los carteles pone:
Barcelona
Madrid
Francia
Me apoyo en la ventanilla y miro el paisaje pasar. Cierro los ojos para relajarme y disfrutar simplemente del viaje. Intento poner la mente en blanco.
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