Relatado por Sylvia Pantoja
Al final me he quedado durmiendo a su lado. No me quería dormir, pero no lo he podido evitar. Me despierto y noto su lado vacío. Me levanto enseguida y busco en el baño. Como hay hablado con alguien, estoy perdida. Tengo la frase perfecta para él. En el baño no está. Me arreglo un poco el pelo y salgo de la habitación en su búsqueda. Pero mi búsqueda termina rápido. Apoyado en la pared, al lado del ascensor, está Àngel. Está sentado en el suelo, con las piernas flexionadas y la cabeza entre los brazos. Me acerco corriendo a él y me pongo a su altura.
-Àngel, ¿estás bien?-Sylvia.
Levanta la cabeza y me mira con los ojos llenos de lágrimas.
-¿Por qué nadie me lo ha dicho?-Àngel.
-No es algo agradable de escuchar y menos en tu estado...-Sylvia.
-¿Tú también lo sabías?-Àngel.
-Me he enterado después...-Sylvia.
-¿Qué le ha pasado a Mónica?-me pregunta casi sin voz cuando pronuncia su nombre.
¡Dios! Ya me cae mal por ese rollito que se traen Àngel y Mónica. Pero él será mío. De momento yo estoy aquí para consolarle en este trance. ¿Pero quién habrá sido el bocazas de largárselo? Espero que no le hayan dicho lo que le pasa en realidad o me chafan el plan.
-Vamos a la habitación y te lo cuento-le digo tendiéndole la mano para que se levante.
Se apoya en la pared y me da la otra mano y se pone en pie. Volvemos a la habitación y cierro la puerta. Le pido que se siente y me siento a su lado. Le cojo las manos y le miro fijamente. Tengo la frase, pero al tenerle delante y de esta forma, me cuesta decirlo. ¡Pero vamos ylvia, tú puedes! Me aclaro la garganta antes de empezar.
-Mónica ha tenido un accidente de coche...-empiezo a decir, pero Àngel me interrumpe.
-Eso lo sé, pero ¿qué le ha pasado?-Àngel.
Le miro a los ojos, a sus labios, a nuestras manos entrelazadas. Me quedo con cabeza baja y se lo suelto.
-Mónica ha... ha...-nunca pensé que era tan difícil decir esta frase.
Desde que me enteré, la llevaba pensando y diciéndola mentalmente. Pero ahora que ha llegado el momento, me cuesta.
-¿No habrá...?-pregunta con la voz rota.
-Sí, ella ha muerto-le acabo de decir.
Àngel se derrumba y se echa a mis brazos. Le doy palmaditas en la espalda mientras le abrazo y le doy mi apoyo. Al final ha sido más difícil mentirle, más de lo que imaginaba. Me da pena que sufra tanto, lo veo frágil, alguien que tiene que ser cuidado. Pero ya he conseguido el primer paso: que caiga en mis brazos. Haber tenido que recurrir a esto era el único método y no ha ido del todo mal. Dije que haría lo que fuese por conseguirle.
Relatado por Àngel Llàcer
La noticia me cae como un jarrón de agua helada. A lo mejor ha sido por mi culpa, por no haberla esperado. A lo mejor sí que fue al restaurante y yo ya me había marchado. Porque de haber estado con su marido, nunca le hubiese pasado nada. Tal vez no la tendría que haber invitado a comer. Yo tendría que estar muerto y no ella. Ella no merece este final.
-Quiero verla-le digo a Sylvia entre lágrimas.
-No es lo mejor y además no sé dónde está...-Sylvia.
-Me da igual, quiero verla para despedirme de ella-Àngel.
Sylvia sale de la habitación rápidamente. Se ve que a ella también le ha afectado su muerte. No es para menos. Sin apenas conocerla, se ha convertido en una persona muy especial para todos nosotros. Era la alegría, el toque de humor, elegancia, belleza. Lo tenía todo y tuve la suerte de tenerla a mi lado y pasar su última noche conmigo. Pero su marido y su hijo debían disfrutar de ella, ella formaba parte de su mundo y no yo. Empiezo a llorar de nuevo y busco mi teléfono. Ni siquiera le hice una foto ni le pedí su número de teléfono. Nunca pensé que no la volvería a ver. Abro la puerta y veo el pasillo desierto. Me guardo el móvil y empiezo a caminar. Necesito estar sólo, estar con mis recuerdos, estar con ella. Llego a Gestmusic, vacío a estas horas. Ayer a estas horas estábamos grabando. Sigo entrando en el edificio hasta llegar al plató. Veo nuestra mesa y me acerco lentamente. Por una parte quiero acercarme, pero por otra parte no. Esto me duele, me está haciendo mucho daño. Pero quiero recordarla viva, a mi lado, sonriéndome, riendo porque Santi hace el tonto. Me siento en mi silla y miro a mi lado. Pensar que esta silla nunca más la ocupará ella...Todo la raja que se hizo al subirme encima y le eché la culpa. Para lo poco que nos conocíamos, la fastidié bastante con ella. Saco la llave del coche y empiezo a rallar la mesa escribiendo. Me da igual llevarme bronca. Me merecía la de la mesa, me merezco todas las del mundo. Me suena el móvil, pero no estoy para nadie. Sigo rayando la mesa dejando mi particular huella para nunca olvidarla. Me guardo la llave y observo mi "obra maestra". En ella se puede leer Mónica Naranjo 4ever. Me echo sobre la mesa y me desahogo de nuevo. Suena de nuevo el móvil, esta vez es una llamada. Quien sea está insistiendo mucho. Saco el móvil y lo dejo encima de la mesa una vez que se ha callado. Vuelven a llamar y en la pantalla puedo ver Carlos Latre. ¿No entiende que no estoy ni para él ni para nadie? Me llega un sms diciendo que me ha grabado un mensaje de voz. A regañadientes cojo el móvil y llamo al buzón de voz para escucharlo. A ver qué tiene que decir...
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