martes, 30 de agosto de 2016

Capítulo 82:La cabaña

Relatado por Mónica Naranjo


-¿Cómo que los Pirineos?-le pregunto sorprendida sin dejar de mirar la casa que tengo frente a mis ojos.-Pero, ¿cómo? ¿Cuándo?
Estoy que no me lo creo. No tengo ni idea cuándo ha organizado todo este viaje. Pero está preparado hasta el más mínimo detalle. De hecho estaba el coche en la puerta de la estación y todo. Como si supiera el señor a qué hora íbamos a llegar. Àngel me mira y me ofrece su mano.
-¿Entramos?-Àngel.
-Sí-asiento sonriendo ilusionada-Pero no has contestado a mis preguntas.
Le doy la mano ilusionada. Va a conseguir que le quiera aún más de lo que ya le quiero. Él me empieza a hablar, pero apenas le escucho. Le miro a él y miro a mi alrededor. No me puedo creer que esté aquí... con él. Óscar no ha tenido nunca estos detalles conmigo. Bueno sí. Nos fuimos a Italia cuando decidí alejarme de todo por un tiempo. Pero ese viaje nunca fue sorpresa. Más bien fue idea mía. No estoy queriendo decir que Óscar sea peor y Àngel mejor. Simplemente que cada es de una forma distinta. Pero los 2 me tratan con mucho cariño. Otra vez me vienen las dudas. Y no tengo aquí a la churri para que me ayude. Agito la cabeza para intentar apartar esos pensamientos. Al menos por ahora. Quiero disfrutar de este fin de semana. Àngel ha dicho de pasar el finde juntos. Y voy a estar al cien por cien. No hay sitio para las preocupaciones. Àngel abre la puerta y busca el interruptor. Al accionarlo, se ilumina la estancia. Me quedo maravillada por la belleza que me rodea. Todo es de madera y simple, pero tiene la belleza y el encanto de casa rural. Voy corriendo a la ventana donde se ve la nieve. Me giro para ver el resto de, lo que parece, la sala principal. Hay una mesa de madera con unas sillas a su alrededor. De madera también. Hay un sofacito blanco que mira hacia una chimenea. Junto a la sala de estar, se puede apreciar la cocina. Me voy acercando y veo el fregadero, la cocina, la nevera. Salgo de la cocina y vuelvo al salón, donde hay unas escaleras para subir al piso superior. Subo rápidamente los escalones y voy abriendo las puertas. Una habitación, otra y el baño. De una pasada, he visto toda la casa. Vuelvo a bajar las escaleras a todas velocidad en busca de Àngel. Quiero agradecerle todo esto. Le veo que está de espaldas a la chimenea. Me acerco sigilosamente a donde él y le abrazo por la espalda. Se sobresalta un poco. Pero se gira y me mira sonriendo.
-¿Qué te gusta? ¿Ya no me quieres matar?-me pregunta con una sonrisa, esa sonrisa que me vuelve loca.
-¿Que si me gusta? No me gusta...-me mira con cara triste-,¡me encanta!-le digo emocionada.-Y si que te quiero matar...-hago una pausa para ver lo que me contesta.
-¿Te gusta y me quieres matar? ¿Cómo se come eso?-me pregunta con extrañeza.
-Te quiero matar... pero... ¡A besos!-le empiezo a dar besos por la cara-Que no me dejas terminar.
Estoy tan emocionada que no dejo de darle besos por toda la cara hasta que llego a sus labios y deposito un rápido pico. Me separo rápidamente con la cara roja y aparto la mirada.
-Mónica...-me dice casi susurrando y cogiéndome del brazo.
-Perdón, ha sido la emoción y la efusividad-me disculpo sin mirarle.


Relatado por Àngel Llàcer


La agarro del brazo y, de un movimiento, la vuelvo a colocar frente a mí. Ella no me mira, me evita la mirada. Le cojo la barbilla y le subo la cara para hacer que me mire. Ella se disculpa. No para de decir que no ha estado bien, que ha sido la emoción del momento y la impulsividad. Me acerco a sus labios y coloco los míos encima de los suyos. Me mira con ojos como platos, pero al momento los cierra y se deja llevar por este beso. Tras un rato besándonos, me separo levemente. Pero no lo suficiente como para alejarme de ella. Apenas estamos a centímetros el uno del otro. Abrimos los ojos y nos miramos fijamente. Nos quedamos un rato así, en silencio. Hasta que decido que es el momento de intervenir.
-Perdona, ¿decías?-Àngel.
-Que... que...-empieza diciendo entre titubeos.-¿No te ha molestado?
-No, no me ha molestado. Sabes lo que siento por ti-ella me mira como queriendo decir que ella no sabe nada-Pues ahora ya lo sabes. Te quiero y estoy enamorado de ti. Por eso he organizado todo esto. Sé que estás casada, que tienes un hijo. Pero eso me da igual porque yo te amo.
Hale, ya lo he soltado todo. Me he quedado más liberado. Mónica me mira fijamente. Aún no ha dicho una palabra, pero me mira fijamente.
-¿Qué dices? ¿Lo intentamos?-Àngel.
Ella me sigue mirando sin soltar una palabra de su boca. Se separa de mí, da la vuelta y va hacia la puerta. La abre y empieza a caminar deprisa. La veo cómo se aleja. La he cagado. No debería haberle dicho nada. Ahora nuestra relación profesional se va a deteriorar. No me va a querer volver a ver en la vida. ¡Mierda! ¿Por qué tengo que ser tan bocazas? Me acerco al sofá y me tumbo. No dejo de darle vueltas a lo que ha pasado. ¿Cómo voy a pretender que deje a su familia? ¿Por mí? Soy imbécil. Simplemente imbécil.

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