Relatado por Mónica Naranjo
Me giro para decirle a Àngel que me acompañe. Pero descubro que no está. ¿Dónde se ha podido meter? ¿No se habrá enfadado, verdad? Le pregunto a la chica de recepción y me dice que se ha ido por una puerta que está a mi espalda.
-¿Hasta qué hora se puede visitar?-le pregunto para cerciorarme que me dé tiempo.
-5 minutos-me contesta.
Miro el reloj y miro una y otra puerta. A la izquierda tengo la puerta para ir a ver a mi marido, y a mi derecha, la que me lleva al hombre que quiero. ¿Qué hago? ¿Por qué es tan difícil todo? Encima no tengo aquí a la churri para que me ayude a elegir. Ella se ha ido con su marido. Cosa que veo lógica y normal por otra parte. Empiezo a andar por el pasillo y abro las puertas para entrar a la zona de boxes. No sabía que había 2 puertas para esta zona. A ver ahora dónde puede estar. Camino por el pasillo en busca del hombre al que quiero. Llego al puesto de enfermería y pregunto, pero no saben nada. Vaya seguridad la de este hospital. Así seguro que se les puede colar cualquiera. De modo que vuelvo sobre mis pasos. Miro el reloj y empiezo a andar más rápido. Al menos que pueda estar 1 ó 2 minutos con él. La chica de recepción me mira extrañada, pero no me importa. Sigo con mi camino. Voy a las otras puertas y las abro. Voy directamente a donde me han dicho que está Óscar y entro al pequeño habitáculo donde se encuentra. Está conectado a máquinas mediante cables. Me impresiona verle así. Me acerco lentamente a él y le cojo la mano.
-Ojalá te recuperes pronto. Te quiero de vuelta en casa-susurro mientras una lágrima recorre mi mejilla.
-¡Mamá! ¿Qué haces aquí?-oigo a mi espalda.
Me giro y veo a mi hijo que acaba de entrar. Le digo que ya me han dado el alta y que me voy a casa.
-¿Y Àngel? ¿No ha venido contigo?-Aitor.
-No sé dónde se ha metido... Creo que se ha enfadado...-le explico.
-Tú relájate y ve a casa, luego iré un rato a hacerte compañía-Aitor.
-No quiero que tu padre se quede solo...-Mónica.
-No va a estar solo, están las enfermeras. Cualquier cosa que pase, nos avisan. Anda vete-Aitor.
Mi hijo me mira con el semblante serio. Es un chico muy maduro y responsable. Parece que me esté obligando a irme. Pero sé que lo hace por mi bien, para que no esté mal ni me ponga peor. Sabe todo lo que ha pasado y se ha pasado a verme durante estos días. Me acerco a mi hijo y le abrazo. A continuación, le doy un beso en la mejilla y me voy. Hago el mismo recorrido para salir. Ahora tendré que coger un taxi. Bueno un taxi y luego el tren. Es lo que tiene no haber traído el coche. Justo cuando me dirijo a la puerta principal para abandonar el hospital, veo a alguien que me resulta familiar. Me acerco rápidamente y le doy un toque en el hombro. Éste se gira y veo a Àngel. Se me ilumina la cara con una sonrisa de felicidad.
-¿Qué? ¿Nos vamos?-le pregunto sonriente.
-Ya no me apetece. Vete con tu querido Óscar-me dice molesto.
-¿Y tú dónde has ido? Y no me digas que al baño porque no me lo creo-me empiezo a enfadar yo también.
-Yo también tengo alguien a quien visitar aquí-me dice Àngel poniéndose frente a mí.
-¡Pues vete con ella!-empiezo a elevar la voz.
-¡Voy a invitar a la primera que pase!-me dice desafiante.
-¡Pues hazlo! ¿Quién te lo impide?-Mónica.
Relatado por Àngel Llàcer
Hemos empezado a gritarnos y la cosa se ha calentado. De hecho ya no me planteo invitarla a cenar. Le he dicho que la primera mujer que pase, a ésa invitaré.
Se acerca una enfermera con cara de pocos amigos, con el pelo castaño y recogido en una coleta a pedirnos silencio. Que estamos en un hospital. Mónica me mira expectante, a ver lo que voy a hacer. Cuando se va a ir, la cojo del brazo para detenerla.
-Oye, perdona. ¿Te apetece venir a cenar conmigo esta noche?-Àngel.
-Estoy casada. Y si siguen con esa actitud, no me va a quedar más remedio que llamar a seguridad.
Dejo a la enfermera marchar y me giro para ir a la puerta. Puedo ver cómo Mónica sonríe victoriosa.
-No te creas que te has salido con la tuya-Àngel.
-Somos imbéciles jajaja-se empieza a reír-Mira que ponernos celosos el uno del otro.
Me acaba contagiando la risa y empezamos a reír como si no hubiera un mañana. La de recepción nos mira con mala cara porque estamos haciendo escandalo. Le ofrezco el brazo a Mónica para que se agarre de él y salimos. Vamos comentando el desplante que me ha hecho esa enfermera y la cara que nos ha puesto la de recepción.
-Creo que quería matarnos jajaja-Àngel.
-Será a ti porque yo soy todo un amor-Mónica.
-Pero que también la lía...-completo su frase.
-Las normas están para saltárselas-Mónica.
-Pues, ¿sabes? Tienes razón. Y ahora... ¿vamos a mi coche?-Àngel.
-Es que te mataba como me dejes aquí ahora-Mónica.
-Ah, ¿quieres volver?-le pregunto con una sonrisa traviesa haciendo el amago de dar la vuelta.
-¡No! ¡Ni se te ocurra! O te mato yo-me dice muy seria Mónica, pero a rato vuelve a reír.
Miro el reloj y me sobresalto.
-¿Tan tarde es ya?-pregunto.
-¿Tarde para qué?-me pregunta con intriga Mónica.
-Para tu sorpresa-sonrío dándole más motivos para estar intrigada.
Sé que ahora mismo está muerta de intriga por saber qué es, pero no se lo voy a decir. Mónica me sigue preguntando todo el camino hasta el coche. Incluso cuando me monto en el coche, me sigue preguntando.
-¿Tienes algo de ropa en el hotel?-Àngel.
-Sí, ¿por qué?-Mónica.
-Pues vamos para allá-Àngel.
Arranco con miles de preguntas de Mónica a mi lado. Es más rápido ir al hotel que ir a casa de Mónica. Nos hemos liado y como no nos demos prisa, no llegamos. Y si llegamos tarde a lo primero, no nos da tiempo llegar a lo segundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario