Relatado por Àngel Llàcer
Entran a Carolina dentro mientras yo voy a dar sus datos. Me atiende una señora de mediana edad, pelo corto y castaño y voz cansada. Le empiezo a dar los datos ya que no tengo su cartilla.
-Vaya a la sala...
Con muy poco ánimo, me dirijo a la sala de espera y me siento a esperar. Mónica ha ido a aparcar el coche. Está muy nerviosa. Yo, sin embargo, estoy cabreado. Nunca me imaginé algo así viniendo de Sylvia. Se comportaba de manera celosa, pero nunca demostró ser agresiva. ¡Qué engañado me ha tenido! El móvil empieza a sonar por los whatsapp que llegan. Ahora mismo no voy a contestar a nadie. Muevo la pierna nervioso. Sólo quiero que llegue Mónica para asegurarme que está bien. No podría soportar que otra vez le pasase algo. El móvil empieza a sonar, lo dejo sonar. Pero vuelve por segunda vez. Miro quién llama. Es Sylvia, no la pienso coger y le cuelgo. Al momento me llega un SMS de ella.
-"Por qué no me coges? Dónde estás? Tengo que hablar contigo!"-Sylvia.
Pues yo contigo no. Miro cabreado el mensaje. Qué bajo has caído, bonita... Mando un whatsapp.
-"Rubia! Localízame a Sylvia y mándala a mi camerino. Enciérrala si hace falta, pero que no se mueva de allí!"-Àngel.
Hablaré con ella para cortar con ella en persona. Yo no soy de los que acaban una relación por teléfono, pero cuando acaben con Carolina y me digan que está bien. No pienso dejar a Mónica sola en estos momentos. No volveré a dejarla en los peores momentos sola. Mirad sino lo que me pasó la otra vez. Aunque la otra vez creía algo que no era. Pero no hay excusa.
-"Sin problema! Voy a buscarla"-Myriam.
Guardo el móvil y lo pongo en modo silencio para que no vuelva a sonar y moleste. Veo llegar a Mónica y salgo a la puerta para que me vea. Tiene cara de haber llorado. La abrazo fuerte durante largo rato y,pasando mi brazo por encima de su hombro, entramos a la sala de espera. Le ofrezco un pañuelo que coge y se limpia las lágrimas.
-Yo no quería que pasara esto... Es mi culpa...-se empieza a culpar Mónica.
-Tú no tienes la culpa de nada, deja de decir eso-Àngel.
-Al final lo ha pagado ella... No quería...-dice Mónica entre lágrimas.
No entiendo nada, pero la abrazo para que sepa que no está sola y no debe culpabilizarse de lo que ha pasado. La acaricio la espalda dándole a entender que voy a estar con ella. Que ahora no me importa nada más que ella y Carolina. Quiero que estén bien. El resto del mundo no importa. Mi mundo es esta mujer que se está desahogando en mi hombro. Me duele verla así. Es como si me arrancaran una parte de mi ser. Quiero desahogarme, pero no puedo. Debo ser fuerte por ella, que sepa que me tiene.
-Tranquila, mi niña, estoy contigo. A Carolina no le va a pasar nada, ya lo verás-le digo al oído.
Mónica se separa de mí y me mira con los ojos vidriosos, empañados en lágrimas. Me gustaría besarla, pero no puedo. Como si leyese mi pensamiento, Mónica se acerca a mí lentamente. Sus labios se están acercando a los míos, su mano agarra mi cuello. Noto su cara húmeda de las lágrimas y noto la sal de sus labios. Los saboreo lentamente cerrando los ojos, disfrutando de este beso tan sentido y esperado. Mónica se separa, con las lágrimas cayendo por sus mejillas y se levanta.
-Perdona-dice arrepentida.
Me levanto para ponerme a su altura y la cojo de la cintura, acercándola a mí. Me acerco a su oído y le susurro:
-No tengo que perdonarte nada porque lo esperaba tanto que se me ha hecho corto. Si por mí fuera, te volvería a besar.
Separo mi cara unos centímetros para mirarla y veo que me está sonriendo.
-Bésame-Mónica.
-Ahora mismo, señorita-sonrío y vuelvo a acercar mis labios a los suyos para fundirnos en un beso.
Un beso que está lleno de dolor, pero también de sentimiento, ternura, necesidad. Los 2 lo necesitábamos. Oigo un carraspeo y nos separamos. Por un momento me he olvidado del mundo y sólo estaba ella. Porque ella es mi mundo.
-¿Acompañantes de Carolina Cerezuela?-pregunta una enfermera pelirroja.
-Nosotros-responde Mónica.-¿Está bien?
-Acompáñenme, por favor. Por aquí.
Salimos de la sala algo nerviosos. Mónica me da la mano que agarro como si se me fuese a escapar. Pero no lo voy a permitir.
-¿Son pareja?-nos pregunta la enfermera mientras nos guía por el pasillo.
Mónica y yo nos miramos sin saber qué responder. Se supone que ambos tenemos pareja: ella tiene a su marido y yo aún no he roto con Sylvia. Sonreímos y nos quedamos un rato así. Me pierdo en esos ojos, esos ojos marrones que ahora tiene un brillo especial.
-Podría decirse así... Es algo raro de explicar...-le contesto finalmente.
No nos pregunta más, puesto que ya hemos llegado a donde está Carolina. Hay un joven médico junto a la cama de Carolina. Mónica se abalanza hacia ella en cuanto la ve.
-Yo que usted no la abrazaría muy fuerte, tiene un par de costillas rotas además de las contusiones.
-Pero, ¿se va a poner bien?-le pregunta Mónica.
-Debe reposar pero no es grave, no se preocupe.
-Gracias doctor-dice Mónica con una sonrisa.
El médico se va y nos quedamos a solas con Carolina. Nos mira y se detiene en Mónica. Supongo que querrán quedarse a solas.
-Vaya susto nos has dado. Ahora a recuperarse ¿eh? Yo tengo que salir un momento-Àngel.
Relatado por Carolina Cerezuela
Asiento levemente con la cabeza a Àngel y se marcha. Me duele todo el cuerpo, pero no quiero preocupar a la churri por lo que le dedico una sonrisa fingida.
-¿Qué ha pasado?-me pregunta en cuanto Àngel se ha marchado.
Miro a Mónica. No quiero decirle a ella lo que me hizo Sylvia, se preocuparía demasiado e iría a por ella. Y con más razón aún que antes. Y no sabe lo peligrosa que puede ser.
-Nada, que me caí por las escaleras al intentar escapar de Sylvia. Ya sabes que con estos tacones, correr...-miento.
-Churri...-me mira pidiéndome la verdad con los ojos. Me conoce demasiado.
La miro con desconfianza. Como se entere de todo, va a querer que no vuelva al programa. Y yo tampoco puedo hacer eso... Mónica me mira con el semblante duro, como de profesora de colegio que busca la confesión del alumno que ha hecho algo. La churri busca que le cuente lo que me ha hecho Sylvia. Ese "lo sabe" me ha delatado. Tal vez me tendría que haber quedado callada. Así no involucraría a nadie. Pero ya la he involucrado a ella.
-Nada, que... Sylvia sabe que le corté la ropa... Me empezó a pegar y me dejó en el suelo. No le dije que fuiste tú-le digo una verdad a medias.
Mónica me mira maternalmente. Al momento su expresión cambia por una de ira.
-¿Por qué lo hiciste, churri? ¡No te tenías que echar la culpa! Mira cómo te ha dejado... Eso sí, me voy a encargar de que pague por lo que te ha hecho-Mónica.
-No churri, déjalo...-Carolina.
-No, déjalo, no. Ésta no sabe con quién se ha metido...-Mónica.
Miro a Mónica con una mirada triste y bajo la mirada. No le he contado toda la verdad. Además no puedo contársela. No debería haberle contado nada... No le he dicho que antes de dejarme en el suelo tirada, me obligó a ir a la habitación a darle mi tarjeta de crédito. Se va a cobrar toda la ropa de mi dinero. Y me dijo que si le decía algo a alguien, iría a por mi niña. Eso no lo puedo consentir. Unas lágrimas resbalan de mis ojos cayendo por mis mejillas. No puede hacerle nada a Carla, por favor.
-Avisa a Carlos, por favor-le pido a Mónica.
-¿A tu marido?-Mónica.
-A los 2, por favor-le pido entre lágrimas.
A Latre sé que puedo contarle esto y se lo dirá a Tinet, pero no se tomará la ley por su mano. A mi marido le diré que se vayan, que deje a la niña con sus padres o con quien. Pero que esa loca no la encuentre. Le agarro el brazo a Mónica.
-Por favor... avisa a mi marido primero...-digo respirando agitadamente imaginando lo que se me puede venir encima.
-Yo le aviso, pero tranquilízate-me dice Mónica.
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