Relatado por Àngel Llàcer
Miro el reloj sentado a esta mesa. La estoy esperando hace media hora y no viene. No sé para qué me hice ilusiones. Estaba claro que no iba a dejar a su marido para estar conmigo. ¡Qué iluso y tonto he sido! Pido la cuenta de la copa que me he tomado y tras dejar el dinero, me voy. Salgo de este restaurante donde se quedó mi ilusión por explicarle lo que siento por ella, mis sueños rotos... mi gilipollez se queda ahí dentro. Meto las manos en los bolsillos y empiezo a caminar en dirección a mi casa. Empiezan a caer gotas de lluvia, pero no me importa. Dejo que la lluvia empape mi cuerpo mientras me pasan por la cabeza imágenes de Mónica. Recuerdo su sonrisa, su suave piel. No puedo reprimir unas lágrimas que escapan de mis ojos y se juntan con este agua que me cala. Mas no siento frío porque he perdido la esperanza en amar, en querer a una persona como he querido a Mónica desde el primer día en que la vi. Pero no me ha dejado ni mostrarle mis sentimientos. El único recuerdo que ahora guardará de mí será haberle sido infiel a su marido por mi culpa. Pero no va a pasar más, de eso estoy seguro. Voy a acabar con esto de raíz. Me paso mi calle y sigo hacia delante por la carretera que lleva al puente. Me apoyo en él y veo esta ciudad que me vio nacer, el río. Me echo de rodillas al suelo y apoyo la cabeza entre los barrotes.
Relatado por Mónica Naranjo
Miro el reloj, las 14:45. Habíamos quedado a las 2 y llego tarde. No tengo su número, por tanto no le he podido avisar. No sé qué quiero, qué me va a decir. Pero lo que tengo claro es que no puedo estar sin él. Lo necesito. Es la vitamina que necesito para ser feliz. Salgo del coche y entro rápidamente al restaurante, pues está lloviendo. Ha empezado a llover de camino para acá. Parece que el tiempo no nos acompaña. No os confundáis: sigo queriendo a mi marido, pero de otra forma. Cada uno tiene su forma de ser de la que estoy enamorada. ¿No se puede querer a 2 personas a la vez? Creí que nunca me iba a pasar a mí, sin embargo me está pasando. Le busco con la mirada, pero no le encuentro. Se ha debido ir ya. Se habrá cansado de esperarme. A lo mejor sólo he sido el polvo que necesitaba para desahogarse y ya está. Estaba muy confundida con él. Será mejor que me vaya a casa y me olvide de él y de lo que ha sucedido. No tiene ninguna importancia. No pasa nada. Seguiré con Óscar como si no hubiese pasado nada, como si Àngel no hubiese trastornado mi mundo y mis sentimientos. Salgo del restaurante cabizbaja, pero esta vez no me doy ninguna prisa. ¿Qué más mojarse a estas alturas si tengo el alma herida, encharcada en sangre que sale a borbotones? Apoyo la frente en el techo del coche mientras lágrimas recorren mi cara. ¡Qué estúpida he sido! Me he creído que Àngel se me iba a declarar. ¿Cómo puedo ser tan gilipollas? Será mejor que entre en el coche y vuelva a casa. Pero necesito una copa, sólo una. Vuelvo al restaurante y pido una copa de vino tinto. Me siento en una mesa y me traen la botella. El camarero me sirve la copa y se marcha dejando la botella en la mesa. Me bebo la copa de un trago. Después de esa, va otra más y otra. Hasta que no puedo más y decido pagar y salir de allí para volver a casa. Tengo que volver a casa y olvidar esto cuanto antes. Me tambaleo al salir por la puerta. ¡Que paren el mundo, que yo me bajo! Abro el coche y me monto en él.
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