Relatado por Mónica Naranjo
Carlos se sienta a mi lado en la hierba. Sigo en la misma posición: de rodillas y llorando. Al menos ya no tiemblo ni grito. Yo creía poder confiar en él y a la mínima se va con ella. Sólo he sido un polvo para él. Me ha ilusionado para él. Y yo me sigo sintiendo fatal por Óscar y Aitor. Siento que les he traicionado y engañado.
Poco a poco me consigo calmar y me siento al lado de Carlos. Me pasa su brazo por los hombros y me mira sonriendo.
-¿Mejor?-Latre.
-Sí...-suspiro y me apoyo en su hombro. Menos mal que le tengo a mi lado.
-Podemos quedarnos aquí todo el tiempo que quieras...-me dice Carlos con una sonrisa.
Miro a mi alrededor y le empiezo a hablar más tranquila.
-¿Sabes? No conocía este lugar y eso que paso por aquí todos los días...-Mónica.
-Porque eres una despistada-Carlos.
-¡Oye!-le doy en el brazo fingiendo enfado, pero sonrío.
La verdad es que tiene razón. Soy bastante despistada como para observar detalles que veo a diario. Me levanto de un salto sacudiéndome la hierba de la ropa y miro a Carlos.
-¿Qué? ¿Vamos?-Mónica.
-¿Vas a volver a conducir a lo Farruquito?-me mira divertido.
Le saco la lengua haciendo una mueca de burla.
-Cuidadito conmigo, Carlitos...-le amenazo con mirada perversa.
-Uy la gata saca sus uñas...-me vuelve a decir sin dejar de sonreír.
-Qué tonto eres-sonrío-Anda, vamos.
Se levanta y se sacude la ropa. Volvemos al coche entre risas. Me siento mucho mejor y más calmada. Si no llega a ser por Carlos, quien sabe lo que hubiera pasado. Conduzco más tranquila y en poco tiempo llegamos a casa. Abro la puerta y dejo que Carlos pase antes de cerrar.
-¿Hola? ¿Hay alguien?-pregunto ya que han podido salir.
Entro al salón y veo que no hay nadie. Le digo a Carlos que se ponga cómodo y voy a la habitación de mi hijo. Seguramente esté ahí. Abro la puerta y, en efecto, allí le veo. Está sentado frente al ordenador con los auriculares puestos. Me acerco a él y le toco el hombro.
-Papá ha llamado, al parecer no has ido al estudio hoy-Aitor.
¡Mierda! Se me había olvidado por completo.
-¿Y dónde está?-Mónica.
-Dijo que iría a tomar algo...-me dice mi hijo volviendo a ponerse los auriculares.
Ya estoy descuidando mi trabajo por pensar en lo que no debo. Si es que parezco una adolescente con Àngel. El móvil me vuelve a sonar y lo cojo.
Relatado por Àngel Llàcer
Me quedo en la habitación toda la tarde. Cuando empieza a anochecer, empieza a hacer frío y decido bajar a recepción a decirles lo de la ventana. A ver si me la pueden arreglar o cambiar de habitación por esta noche.
-Lo siento, no tenemos habitaciones libres y hasta mañana no pueden arreglar la ventana-me dice la recepcionista amablemente.
-¿Y entonces qué hago?-estoy empezando a perder la paciencia.
La chica vuelve a mirar la pantalla del ordenador.
-Ha tenido suerte, hay una habitación libre. Nos han llamado que quien la ocupaba no vendrá esta noche.
-De acuerdo-Àngel.
Busca la tarjeta y me la da. El número de habitación me suena mucho. Subo en el ascensor y voy por el pasillo hasta llegar a la puerta. Al ver el número y la puerta caigo en la cuenta de qué me suena: es la habitación dónde se encerró Mónica. Abro la puerta y su fragancia llega a mí en cuanto entro. Unas lágrimas empiezan a brotar pensando en que ya no la tengo. Se ha enfadado tanto conmigo que no volveré a tenerla nunca más junto a mí. Nuestra relación se reducirá a la meramente profesional en plató y sólo nos veremos en la gala. Vuelvo a salir para volver a mi habitación a coger el pijama y la ropa que me pondré mañana. Cuando vuelvo, me doy cuenta que hay alguien a la puerta de una habitación. Me acerco para ver si necesita algo. En cuanto me acerco, compruebo que es Carolina.
-¿Qué haces aquí, Carolina?-Àngel.
-No puedo entrar a la habitación...-me dice apenada.
-¿No tienes la tarjeta? Baja a...-pero no me deja continuar.
-No es eso... Sylvia se ha encerrado y no me deja entrar...-Carolina F.
Encolerizo cuando la oigo decir eso. Así que no le ha bastado con hacerme sufrir a mí, a Mónica y a Carol; sino que también a Carolina Ferre. Le ofrezco mi mano.
-Ven a mi habitación. Esta noche te quedas conmigo y mañana ya se verá-Àngel.
-No, da igual. No quiero molestar. Ya me abrirá-Carolina F.
Pero si la conozco lo suficiente, habrá atrancado la puerta y no dejará que nadie entre cuando quiere estar sola. Insisto a Carolina para que venga a la habitación conmigo, no puede quedarse en el pasillo
toda la noche. Pero esto no va a quedar así, eso lo tengo claro. En cuanto me cruce con ella, tendré unas palabras con Sylvia. Esto es pasarse. No he apartado mi mano en ningún momento. Carolina me da la suya y la ayudo a levantarse.
-Pero tengo todo dentro...-Carolina F.
-Ya miraremos lo que hacemos, pero vamos que ya es tarde-Àngel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario