martes, 1 de septiembre de 2015

Capítulo 36:Sucio

Relatado por Àngel Llàcer


Me despierto y noto que no me puedo mover, algo me lo impide. Intento gritar para pedir ayuda, pero tampoco puedo. Me levanto lo que me permite el cuerpo y veo que estoy atado de pies y manos a la cama. Me vuelvo a tumbar resignado. En algún momento me tendrán que echar de menos y vendrán a por mí. Intento no pensar en mi situación, en la amenaza de Sylvia, en que he traicionado a Mónica. Sé que no estamos juntos, pero haberme acostado con Sylvia es como haberla engañado. Unas lágrimas recorren mi cara. No puedo más que llorar, llorar en silencio y atormentarme por lo que pasará ahora. No merezco a Mónica, soy lo peor que le ha pasado. Desde que me ha conocido, sólo le han ocurrido desgracias. Unos cristales rompiéndose se oyen y dejo de llorar rápidamente. Si vienen a robar no quiero que me vean en este estado de debilidad. Pero veo que es Mónica y sonrío un poco, aunque le veo cara de preocupación. Me quita lo que me impide hablar profiriendo un grito de dolor y me desata de la cama. Intento no moverme demasiado, tengo los músculos agarrotados. Mónica se acerca lentamente a mí y me besa tiernamente en los labios. Le sigo el beso y me va tumbando de nuevo en la cama. De nuevo pruebo la miel de sus labios. Nunca me cansaré de besarla porque es lo mejor que me puede pasar. Sé que está mal, que está casada. Pero no puedo evitarlo. Yo en teoría estoy soltero aunque Sylvia me lo impida. No pienso estar con alguien a la fuerza. Cada vez hay más pasión hasta que me da una bofetada, se levanta y sale de la habitación corriendo dando un portazo. Salgo detrás de ella. No entiendo lo que ha podido pasar. No la he hecho nada ahora, ¿no?
-¡Mónica!-la llamo para intentar que se detenga, pero es imposible. Abre una puerta y se encierra enj una habitación.
Intento que me abra llamando a la puerta, pero no obtengo respuesta. Sólo la oigo llorar al otro lado de la puerta.
-Mónica, por favor... Dime qué te he hecho...-no entiendo nada. Se ha enfadado sin razón o al menos algo que yo no sé.
-¡Déjame! ¡Lárgate!-me grita entre lágrimas.
Me marcho cabizbajo de vuelta a mi habitación y cierro la puerta. Doy vueltas por la habitación nervioso. Esto me está matando. En el suelo veo un picardías, el mismo que traía Sylvia. ¡Mierda! Me agacho y lo recojo del suelo. Lo hago una bola y salgo a la terraza con ello en la mano. Ahora que no hay cristal, no hay que abrir la ventana. Me asomo y observo Barcelona. ¿Cómo una simple prenda me ha podido joder tanto? La tiro desde la terraza y vuelvo a entrar. Debo explicarle a Mónica que se trata de un malentendido. Corro de vuelta al pasillo, a la habitación en la que se ha encerrado. Vuelvo a tocar la puerta. Sigo sin recibir respuesta.
-¡Mónica! ¡Ábreme, por favor!-insisto.
Saco el móvil y la llamo mientras camino por el pasillo. Me lo coge Carlos, me dice va conduciendo y pone el altavoz.
-No sé qué ha pasado, pero déjame explicártelo-Àngel.
Obtengo el silencio como respuesta. Vuelvo a mi habitación y me encierro. Quiero hablar con ella sin que nadie me moleste. Pero en vez de una respuesta, recibo un bocinazo que me sobresalta.
-Veo que no quieres hablar, nos vemos en la gala-me despido y cuelgo con tristeza.
Que no quiera darme la oportunidad de explicarme me duele. Me cabrea que lo que llevaba puesto Sylvia me haya hecho perder a Mónica, enfadarla hasta tal punto que no quiera hablarme. Tiro el teléfono encima de la cama y me meto en el baño. Me siento sucio como hombre y como persona. Me quito los zapatos y los tiro con furia. Abro la ducha y me meto.

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