martes, 14 de noviembre de 2017

Capítulo 124:Tranquilidad en Figueres... ¿o no?

Relatado por Àngel Llàcer


Salgo del ensayo tras una larga jornada. Hace muchas horas que no veo a Mónica y la echo de menos. Creo que la voy a llamar... Sí, decidido. La voy a llamar. Antes de salir de la sala de ensayo, cojo el móvil y la llamo. Un tono, dos tonos. Al tercero me lo coge. Sonrío nada más oír su voz.
-Dime, cariño-Mónica.
-Ya he acabado el ensayo. ¿Dónde estás? ¿Te voy a recoger?-Àngel.
-Esto... es que no estoy en Barcelona...-dice titubeante.
-¿Ah no? ¿Y dónde estás?-intento calmarme, pero estoy poniéndome nervioso. Entre el encuentro de Sylvia y esto.
-En Figueres, necesitaba despejarme-Mónica.
-¿Quieres que vaya?-Àngel.
-Mejor no... Necesito estar sola... Mañana vuelvo y estoy contigo.
-Está bien, mi amor. Te quiero-Àngel.
-Yo también a ti, amore-Mónica.
Tras nuestra despedida cariñosa, cuelgo y me guardo el móvil. Quería estar esta noche con ella, pero tampoco la voy a agobiar. Necesita su espacio, poner las cosas en orden. Sigo pensando que me he metido en medio de una familia. Pero no puedo evitar haberme enamorado de Mónica. Desde que la vi entrar por primera vez a Gestmusic me quedé prendado de ella. Y eso que me echó la bronca por haberle rallado el coche. Pero bueno, algo sin importancia. Eso sí, aún no me olvido que me obligó a pintarle el coche. Hasta que no lo hice, no paró de acosarme. En esos momentos no lo vi bien, pero ahora acordándome... Fueron instantes que compartí con ella, a su lado. Cada momento cuenta.
Al recoger las cosas, salgo de la sala y cierro. Ventajas o inconvenientes de ser el último en salir de aquí. Nunca sé si es bueno o malo. Recorro el pasillo y salgo de este inmenso edificio. Es que es grandísimo. Llevamos casi 2 meses y me sigue pareciendo enorme. Menos mal que yo me lo conozco. Voy hacia el hotel y presiono el botón del ascensor. Y espero. Ahora lo que me apetece es darme una buena ducha, pedir algo de cena y acostarme. Estoy agotado después de este largo. Monto en el ascensor y dejo que vaya subiendo las plantas. Hasta llegar a la mía. Al bajar, veo a lo lejos otra vez a Sylvia. No sé cómo lo hace que está en todos lados. Parece que me persiguiese. ¿Pero no se tenía que ir a ver a su familia? ¿Qué hace aquí? Ya tengo la mosca detrás de la oreja. No me da buena espina. Al parecer ella no me y me dirijo a la habitación de Carlos. Cambio de planes. Antes de acostarme necesito una charla entre amigos. Llamo a su puerta y espero. Miro de reojo el pasillo y veo como Sylvia viene hacia aquí, a donde estoy yo. Por lo que más quieras Carlos, ¡abre la puerta! Pero mis ruegos no son escuchados y ya tengo aquí a Sylvia.
-Te doy una última oportunidad: ven conmigo mañana a Sevilla-Sylvia.
-Te he dicho que no, Sylvia. ¿Cómo te lo tengo que decir?-me empiezo a cabrear con su insistencia.
-¡Ah! Tú verás lo que haces...-deja caer sutilmente.
Tras decir esto último se aleja y se monta en el ascensor, que sigue en nuestra planta. Sin pensarlo 2 veces, me echo rápidamente escaleras abajo. No será capaz...


Relatado por Mónica Naranjo


Cuando cuelgo la llamada con Àngel, me tumbo en el sofá y enciendo la tele. Pero no veo nada interesante. No dejo de cambiar de canal, sin dejarlo apenas 2 minutos en la misma imagen. ¿Por qué la vida es tan complicada? Yo, que tenía mi pequeño mundo creado... Siempre he sido de ideas fijas, de ir a por lo que quiero, de perseguir mis objetivos, de luchar por lo que creo. Y ahora estoy dudando. Supongo que todos dudamos alguna vez, que eso nos hace humanos. Eso y los errores. Porque todos nos equivocamos. Hay que apechugar cada uno con lo que ha hecho. Pero sí algo tengo claro es que no le voy a perdonar a Óscar su desliz. Y encima con la que se ha convertido en mi amiga, Edurne. Otra mujer en la discográfica. Ya no me tengo que sentir tan sola. Termino por apagar la tele y recostarme en el sofá. Y pienso en todo lo acontecido en este tiempo. Qué poco tiempo y cuántas cosas vividas, ¡coño! ¿Quién me lo iba a decir?
El timbre del móvil me despierta. No sé en qué momento me he quedado dormida. Estoy sentada, tal cual me quedé. El móvil para de sonar justo cuando lo cojo y no sé quién llama. Espera, ¿qué hora es? Miro el reloj y no es muy tarde, pero las emociones del día han podido conmigo. Desbloqueo el móvil y me meto en el registro de llamadas. Àngel. ¿Qué querrá? Ya le dije que quería estar sola. No es por él, sino por mí. Necesito asimilar todo esto y estar en paz conmigo misma. Y esa paz la consigo aquí, en mi pueblo. El pueblo que me vio crecer y donde tantos recuerdos tengo. El móvil vuelve a sonar teniéndolo en la mano. Qué pesado es... Mañana le voy a echar una bronca... Apago el móvil y subo a la habitación. A pesar de ser temprano me voy a acostar. Porque yo tengo mis horarios. Y sólo me los salto cuando hay gala. Y me cuesta horrores mantenerme hasta tan tarde despierta. Tras desnudarme, me meto en la cama y dejo el móvil en la mesita de noche. Me arropo con las mantas y cierro los ojos. Mañana será otro día.
"Din don". Al parecer alguien no quiere que acabe este día tranquila, no me quiere dejar dormir. No creo que sea tan importante, ya se cansará. Pero no se cansa y sigue llamando. Con mala leche me levanto y me pongo una bata. Bajo las escaleras a abrir la puerta y a decir a quien sea que no son horas. Que aquí algunas madrugamos. Abro la puerta.
-¿Pero...?-pregunto sorprendida.

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