Relatado por Àngel Llàcer
Miro de reojo al camarero. Me ha estropeado el momento. Ahora no agradezco que haya venido, sino todo lo contrario. En cuanto se va, vuelvo a mirar a Mónica.
-Si me dejases terminar...-le digo la misma frase que ella me ha dicho hace unos minutos.
Me saca la lengua burlonamente y se hace la ofendida. Pero al instante estamos los 2 sonriendo.
-¿No me digas que me vas a pedir matrimonio?-dice ella divertida.
-De momento no... Es demasiado pronto. Pero en cuanto a irme a tu casa a vivir...-pero de nuevo me interrumpe.
-No tienes que darme una respuesta ahora, ni siquiera estás obligado a irte si no quieres-Mónica.
Alargo el brazo y le pongo la mano en la boca, tapándosela para que se calle y me deje hablar.
-Esta es la única forma que me dejes terminar-ella me mira mal, pero lo ignoro-Claro que llevamos poco tiempo juntos, pero nada me gustaría más que irme a vivir contigo y con Aitor. Pero... ¿qué va a pasar con Óscar?
La miro fijamente y hace un intento de contestarme. Mas no puede porque tengo mi mano puesta impidiéndole que salga algún sonido que no sean guturales. La quito disculpándome.
-Gracias-me dice al retirarla.-Pues tengo que hablar con él a ver que hacemos. Pero ahora no nos tenemos que preocupar por él.
-Pero querrá volver a su casa. Sigue siendo su casa al fin y al cabo-Àngel.
-También mía. Así que yo también decido quién puede y quién no puede venir a mi casa-Mónica.
Me deja sin palabras y cojo un poco de comida para empezar a cenar. La sigo mirando mientras tomo el primer bocado. Me quedo mirándola mientras mastico. No me puedo imaginar un futuro con ella, pero es lo que más me gustaría en el mundo. Es decir, ¿yo con Mónica, viviendo en la misma casa que con su hijo? ¿Intentando ser una pareja? ¿Tal vez formar una familia? Es algo que nunca me había planteado. Pero cuando me pierdo en su mirada, es inevitable no imaginar un futuro con ella. Un futuro sin ella sería algo aburrido, triste, ya no tendría sentido. ¡Quiero irme ya con ella!
-¡Sí quiero!-exclamo tras un rato en silencio.
-¿Te parece bien que vaya con la churri de compras? Perfecto-me dice Mónica con una sonrisa radiante.
-¿Qué? No, no me refería a eso-Àngel.
-¿Acaso me has escuchado?-Mónica.
-Me refería irme a vivir contigo-digo con una sonrisa tan grande que irradia felicidad por los 4 costados.
Ahora es el turno de Mónica de sonreír ampliamente.
-¿De verdad? ¿Lo dices en serio? Podemos ir a por tus cosas cuando quieras... Mañana, pasado o lo podemos dejar para más adelante-habla atropelladamente.
-Quiero hacerlo ya. Esta misma noche quiero recoger cosas y llevármelas. Si tú quieres... claro...-añado mirándola con algo de desconfianza, temiendo que sea precipitado.
-Si es lo que tú quieres...-me dice intentando aparentar tranquilidad, aunque se le nota que está muy emocionada. Era lo que más deseaba. Y reconozco que yo también lo estoy deseando.
-Bueno, pues vamos luego a tu casa, coges lo que quieras... y vamos para allá...-Mónica.
-Claro. Y gracias-le digo con una sonrisa.
Mónica me mira extrañada.
-¿Gracias por qué?-Mónica.
-Gracias por todo: por este maravilloso momento, por las sonrisas que me regalas, por hacerme pasar tan buenos ratos tanto en el programa como fuera, por tus sonrisas, tus risas...-Àngel.
-Ay para ya que me vas a sonrojar-dice algo cohibida.
-¿Por qué quieres que pare? ¿Acaso no quieres saber la verdad?-Àngel.
-¡Anda exagerado!-Mónica.
-Sí, sí, exagerado-sonrío con satisfacción.
Seguimos comiendo intentando organizar la mudanza. Y de repente caigo en cuenta en lo que me ha dicho antes.
-Por cierto, ¿cómo es que vas con Carolina mañana? ¿No se va mañana?-Àngel.
-Al parecer no. Me ha dicho de quedar mañana porque aún tiene algunas cosas que hacer aquí-Mónica.
-Seguro que con Carlos-sonrío pícaramente.
-Shh calla-me manda callar Mónica algo vergonzosa.
-Como si no fuera verdad. Además que aquí no está ninguno de los 2...-Àngel.
-Pero quien sabe si alguien se lo puede decir-me dice sonriendo traviesamente.
-¡No! No serías capaz, ¿verdad?-Àngel.
-Depende cómo te portes-Mónica.
-¿Perdona?-Àngel.
-Perdonado-dice y al instante se echa a reír.
Suspiro mirándola. Pero, al igual que antes, me acaba contagiando la risa y acabamos riéndonos juntos. Intentamos no ser muy escandalosos, pero no sé si lo conseguimos.
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