*Miércoles por la mañana*
Relatado por Mónica Naranjo
Me despierto temprano y me quedo pensando en lo que me dijo Carol. ¿Realmente voy a seguir yendo al programa? La verdad es que me da la vida ir allí, ver a mi churri y a mi Carlitos, disfrutar con los concursantes. Aunque sé que una persona no está muy cómoda de que yo esté allí. O más bien 2. Después de estar pensando un rato, me levanto y me meto a la ducha. Espero estar haciendo lo correcto. Haber tomado la decisión correcta. Necesito alejarme de él, de esta vida de monotonía y sobre todo encontrarme a mí misma. Volver a ser la de siempre. Y para eso necesito irme de la ciudad. Después de ducharme, bajo a desayunar. Toda la casa está en silencio. Ambos siguen durmiendo. Verás cuando me vea la churri con la mano así. Me va a freír a preguntas. Pero como no tengo nada que ocultar, le diré la verdad. Me cojo un vaso y le echo leche. Me lo bebo de pie, apoyada en la encimera de la cocina. Saldré a dar una vuelta antes de ir a plató. Por una vez llegaré a tiempo y no tarde como casi siempre. Además, llevo a Àngel para que vayamos puntuales. Si vamos tarde, será culpa suya. Estoy vestida de lo más cómoda: un chándal, una coleta y zapatillas de deporte. Estoy como para ponerme a correr. Mira, tal vez lo haga. Termino de desayunar y subo a la habitación a despedirme. Me acerco a Àngel, que sigue dormido, y le doy un tierno beso en los labios. Cojo el IPod y me lo guardo al bolsillo. Voy a la habitación de mi hijo y me aproximo a su cama. Le doy un beso en la frente y salgo con cuidado de no despertarle. Una vez en la puerta, saco el IPod y busco la música. Le doy al play y cierro la puerta de casa. Miro a los lados y empiezo a caminar primero para seguir aumentando el ritmo. Voy a un ritmo constante, escuchando la música y pensando en el programa de esta tarde. De repente veo a alguien familiar que, como yo, está corriendo. Parece darse cuenta de mi presencia y se va acercando a mí. Me quito los auriculares para saludarla.
-¡Mónica! No sabía que salías a correr.
-En realidad hoy es el primer día. ¿Tú sueles salir?-Mónica.
-Siempre que puedo. Intento hacerle un hueco a las mañanas para activarme desde primera hora y cargar pilas para el día. ¿Cómo estás?
La pregunta me pilla totalmente de sorpresa, pero sé a lo que se refiere. Le debo una explicación y tal vez ésta sea la ocasión. Ella no tiene la culpa de lo que haya pasado entre Óscar y yo.
-¿Podemos hablar esto con un café de por medio y sentadas, por favor?-digo entrecortadamente por la carrera que me estoy metiendo.
-Claro. Vamos, conozco un sitio genial y no está muy lejos de aquí.
-Cuando dices que no está muy lejos, es que llegaremos pronto, ¿verdad?-Mónica.
-¡Claro! Aquí al lado.
Seguimos corriendo a un ritmo marcado. Después de lo que parece una eternidad me dice que pare porque ya hemos llegado.
-Aquí al lado...-digo parándome e intentando que mi respiración vuelva a la normalidad-Recuérdame que no te haga caso en el futuro-le digo sonriendo.
-No estaba tan lejos-me dice ella sonriente.
Entramos a la cafetería y me dice que me siente y me pregunta que qué quiero. Le digo que un café con leche y se va a la barra a pedir. Me siento en una mesa cerca de la barra y la espero. Enseguida trae los cafés y se sienta frente a mí.
-Ahora mejor-le digo contestando a la pregunta anterior.
-Sí, ahora que estás descansando-me dice ella sonriente.
-Digo que estoy mejor. Que el otro día salí de tu casa de muy mal humor-Mónica.
-¡Ah eso! No te preocupes. Espero que todo esté bien con tu marido.
-Pues la verdad es que no...-ella me mira con mala cara-No es por tu culpa, tranquila. Me lo contó
-La verdad es que yo había bebido, estaba sola en esta ciudad y me trató bien...-trataba de excusarse.
-¿Lo sabe él?-Mónica.
-¿Quién? ¿David?-asiento-No. No me he atrevido a contarle nada. Perdona por haberme acostado con tu marido, Mónica.
-La verdad es que estábamos mal desde antes. No te preocupes, Edurne. Y la próxima vez me llamas a mí para salir de fiesta ¿eh?
-Lo haré, no lo dudes-Edurne.
-Y ya verás qué bien lo pasamos. Yo puedo hacer disfrutar en todos los sentidos-la miro pícara y ella sonríe algo vergonzosa.
Después de sincerarnos y pasar un buen rato, nos despedimos y cada una va a su casa. Ya son las 11 de la mañana. La verdad es que me he entretenido hablando con ella. A esta hora, ya se habrán despertado, levantado y preguntándose que dónde estoy. Me voy caminando a casa. Ya he tenido bastante deporte por hoy y el que me falta. Meto la llave en la cerradura y abro la puerta. Al pasar por el salón, para subir a mi habitación y cambiarme, me encuentro a mis 2 hombres. Pero tienen caras de pocos amigos.
-¿Dónde estabas? ¿Por qué no has avisado?-me pregunta Àngel.
-¡Eh! ¡Eh! Tranquilito. Voy a ducharme que he estado corriendo-le digo bajándole los humos.
Con toda la tranquilidad del mundo, y con sus miradas sobre mí, subo las escaleras. Oigo cómo Àngel y Aitor se ponen a hablar.
Relatado por Àngel Llàcer
Miro de reojo a Mónica mientras se aleja de nosotros. Empiezo a hablar con Aitor.
-Tu madre no tiene remedio. Otra vez volveremos a llegar tarde-Àngel.
-Pero no puedes hacer nada, no puedes controlarla-Aitor.
-Tal vez lo haga. Es que desde que estoy con ella, llegamos tarde a todos los sitios-le explico.
-Puedes hacer una cosa, pero que ella no se entere-me acerco más a él para hacerle entender que soy todo oídos-Puedes decirle que la reunión se ha adelantado una hora y no tendrá más remedio que darse prisa. Pero como es una tardona por excelencia, llegaréis a la hora acordada. ¿A qué hora tenéis que estar?
-A las 3-Àngel.
-Pues dile que se ha adelantado a las 2. Así de fácil-Aitor.
-Gracias tío-chocamos la mano.
-¿Te hace una partidita antes de irme?-me pregunta con una sonrisa.
-¿Quieres machacarme de nuevo?-Àngel.
-No, no. Mira, voy a ser generoso y te dejo elegir juego-Aitor.
Le miro no muy convencido, pero al final accedo. Aitor coge los juegos que tiene y me los enseña para que elija. Elijo uno de motos y nos ponemos a jugar.
-¿Al mejor de 3?-Aitor.
-Venga va-Àngel.
Me concentro mucho en el juego. Esta vez quiero ganarle. No hemos apostado nada, pero es el honor de sentirme vencedor. En la primera me gana él, como ya es costumbre. Pero en la segunda empiezo a ganar confianza y a jugar mejor. Estoy a punto de ganar. Pero al final me gana él de nuevo. Terminamos de jugar.
-Has mejorado mucho, tío. Ya verás, unas cuantas partidas más y estarás a mi altura-Aitor.
-O te ganaré-le digo con una sonrisa.
-Eso está más difícil-Aitor.
Estamos hablando de la siguiente vez que juguemos y a qué juego. A esto que baja Mónica ya cambiada. Cuando escucho su voz, me giro a mirarla y me olvido de todo lo demás. Noto un codazo y miro a Aitor que me mira sonriendo.
-Cariño, que se me ha olvidado decirte. Pero han adelantado la reunión-Àngel.
-¿A qué hora?-me pregunta preocupada.
-A las 2-Àngel.
Mónica se empieza a poner nerviosa y a decir que se tiene que cambiar, porque no va a ir con esa ropa, que tiene que hacer la comida, maquillarse, coger el guión. Me acerco a ella y la abrazo.
-Tranquila, ¿vale? De la comida nos encargamos nosotros. Tú siéntate y descansa. Además que así vas guapísima. Y luego allí pasas por chapa y pintura ¿no?-la intento tranquilizar.
-Sí, pero tampoco me quiero ver mal. Que vuelvo a ver a la churri después de 1 semana-se excusa.
-¡Ah! Muy bonito. Te pones guapa para tu amiga y para mí no, ¿verdad?-le digo haciéndome el enfadado.
-No, no es eso. Pero es que tú me ves todos los días y hasta con mis peores pintas y siempre me dices que estoy guapa. Además, que quiero estar guapa para ti también-me sonríe de tal forma que me derrito.
Noto un tirón de brazo y un chasqueo de dedos delante de mi cara. Aitor me llama y me dice que vayamos a la cocina a hacer la comida. Mónica me dedica otra sonrisa y me da un pico rápido antes de que su hijo me arrastre del todo.
Ay, Àngel, a la pantera no se le puede controlar, solo amar. Odio que las personas lleguen tarde pero por Mónica esperaría toda la vida ❤
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