martes, 18 de agosto de 2015

Capitulo 34:Misión rescate

Relatado por Mónica Naranjo


-¿Qué pasa?-intento tranquilizar a Carolina.
-Es por Sylvia...-mi cara cambia al oír su nombre-...-deja entrar...
Antes que siga hablando, ya estoy yendo hacia el ascensor y lo llamo. Voy a ir a por ella y me da igual todo. Pero Carolina sigue hablando:
-Dice que Àngel va a pagar por lo que le ha hecho...
Me giro para mirarla. La miro preocupada por lo que acaba de decir.
-¿Àngel? ¿Dónde está? ¿Le ha hecho algo?-Mónica.
Las puertas se abren y monto rápidamente dándole al botón de nuestra planta. No sé cuál es la habitación de Àngel, pero la encontraré. Las puertas vuelven a cerrarse y va subiendo. Demasiado lento para mi gusto. En cuanto llegamos a la planta y las puertas se abren, salgo. Carolina me sigue de cerca. Sigo mi camino sin mirarla. Pero estoy segura que no entiende nada. Ahora sólo importa Àngel y su bienestar. Voy mirando el pasillo. Intento recordar aquel día que estuve en su cuarto, pero no me fijé en el número. Estaba demasiado nerviosa y enfadada para fijarme. Y ahora necesito saberlo. ¿Por qué no me fijaría en el puto número? No voy a ir puerta por puerta para saber dónde está. Además que a saber si está en el hotel... Paso por una puerta donde pone "no molestar" y paso de largo. Me paro en la puerta de al lado. Llamo a la puerta. A ver si hay suerte. Espero hasta que me abren.
-Menos mal que eres tú-suspiro aliviada.
-¿Qué pasa, Mónica? ¿Carolina? ¿Todo bien?
-¿Sabes cuál es la habitación de Àngel?-Mónica.
-La de al lado. Pero, ¿qué pasa?-pregunta Santiago sin entender nada.
Entro y me asomo a la terraza. Veo que se puede pasar al otro lado. Vuelvo a entrar a la habitación y me siento en la cama a quitarme los zapatos. Le pregunto que cuál es señalando ambos lados. Me termino de quitar los tacones.
-Según estamos, izquierda. ¿Por qué?-me pregunta Santi con curiosidad.
-Toma-le doy los tacones y salgo a la terraza.
Me intentan disuadir para que vuelva a entrar a la habitación, pero no me harán cambiar de opinión. Paso una pierna por encima de la barandilla y después la otra. Caigo en la terraza y miro cómo se puede abrir la ventana.


Relatado por Àngel Llàcer


Tras un rato de confusión y aturdimiento, me despierto. No me puedo mover. Intento gritar, pero tampoco puedo. Me levanto lo poco que me permite y veo que unas cuerdas sujetan mis pies a la cama. Debo tener algo en la boca que me impide hablar o hacer cualquier sonido. Intento moverme para que se mueva la cama y me oigan abajo, a los lados, arriba. No me importa quién, pero que vengan a ayudarme. Es inútil, la cama no se mueve ni un solo centímetro y mi cuerpo tampoco. De repente oigo cristales rompiéndose que caen cerca de donde estoy. ¡Lo que me faltaba! Vienen a robar... Alguien entra. Ya que no puedo verle, me intento relajar. Lo tienen en bandeja para llevarse lo que quieran. A lo mejor ése era su plan desde el principio: seducirme para después robarme. ¡Qué bajo ha caído! Pero me equivoco totalmente cuando a quien veo es a Mónica. Su cara denota preocupación y rabia. Se acerca a mi cara y me susurra:
-Todo va a salir bien a partir de ahora-asiento. Estando ella aquí, me siento más tranquilo.-Esto te va a doler un poco...-me dice Mónica.
No entiendo a qué se refiere, pero enseguida lo comprendo. Tira de lo que me tapa la boca haciendo que profiera un grito de dolor.
-Perdona, tenía que hacerlo...-se disculpa poniendo cara de pena.
Me besa en los labios haciéndome así olvidar el dolor que he sentido y aún siento. Se separa y me empieza a desatar las manos.
-Al menos ya no me tendré que afeitar esta semana...-le digo sonriendo.
Me sonríe mientras sigue desatándome haciendo que mis doloridas muñecas vuelvan a tener movilidad. Enseguida se encarga de los pies. En un momento ya me ha desatado y yo me froto las muñecas doloridas. Aún estoy tumbado. Me duelen los brazos, las muñecas y los tobillos. Seguro que en cuanto me mueva, me empezarán a doler las piernas también. No he estado en una posición cómoda que digamos. Y a saber por cuánto tiempo he estado así. Mónica me ayuda a incorporarme haciendo que quede sentado encima de la cama. En efecto, tengo los músculos de las piernas agarrotados. Y el simple gesto de estar sentado, me hace sentir mucho dolor. Pongo una mueca de dolor, pero intento aguantar por ella. Para que no se preocupe más. Se sienta a mi lado mirándome a los ojos.
-¿Cómo estás?-Mónica.
-Bien-intento sonar convincente.
-¿Ha sido ella, verdad?-me pregunta furiosa.
-No, no. Han entrado a robar y al encontrarme en la habitación, me han atado para que no les molestase...-intento que la mentira suene convincente y se la crea. No quiero causar más problemas de los que ya ha habido.
Mónica junta sus labios con los míos dándome un tierno beso. Poco a poco me tumba en la cama. Abre los ojos como platos.
-¿Qué? ¿Qué pasa?-Àngel.
-Los que te han robado... ¿eran hombres?-Mónica.
-Eh... Sí, sí...-digo nervioso.
Algo ha descubierto. Es que no se le escapa nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario