Relatado por Mónica Naranjo
Miro a Àngel, se ha quedado callado mirándome. Supongo que no se lo esperaba. Estoy nerviosa por su respuesta. Intento sonreír y creo que lo consigo. Más es una sonrisa nerviosa. Incluso me muerdo el labio inferior.
-¿Me estás invitando a comer?-me repite como para asegurarse.
Sin dejar de mirarle, asiento y llevo mi dedo índice a la boca. Me retira la mano y me coge la cara con ambas manos.
-No te muerdas el dedo, que luego no comes-Àngel.
Le miro extrañada. No sé si eso quiere decir que acepta mi propuesta o no. Me dedica una sonrisa y abre la boca. Espero paciente hasta que me llega una bocanada de aire. Tiene la boca en forma de "u" y me está soplando.
-Te la debía de antes-me dice y se empieza a reír.
Le miro con reprimenda y empieza a correr como si le fuera la vida en ello. Confirmo y añado: es raro y es como un niño. Pero no pienso correr detrás de él. Sigo caminando a mi ritmo, Va girándose para mirarme de vez en cuando. Niego sonriendo. Lo lleva claro si cree que voy a correr con tacones. Me detengo y le miro divertida. Él no conoce el pueblo, así que puede terminar en cualquier sitio. Me empiezo a reír imaginando la situación. La gente me mira raro, pero ¿qué más da?
-¡Cuidado!-le advierto a Àngel viendo cómo se va a chocar.
Voy hacia él y se detiene antes de llegar a chocarse. Salto y me subo a su espalda.
.Ahora me llevas, bonito. Que me has hecho correr-Mónica.
-Qué mentirosa. Te he estado observando todo el rato y has venido andando-Àngel.
Le agarro en tenaza por la cintura. A ver cómo me baja de aquí ahora. Si quiere jugar, vamos a jugar.
-Venga, yo te guío. Así es otra forma de visitar el pueblo-digo entre risas.
-Claro, cómodo para ti, ¿no?-Àngel.
-Yo no he dicho cómodo, pero...-me quedo un rato pensativa y sonrío-sí jajaja.
Me agarro a su cuello y le digo por dónde ir, dándole levemente con el pie como si fuese un caballo. Me lo estoy pasando pipa. Àngel no para de quejarse y de decirme que no le pegue, pero no le hago caso. Al fondo veo el museo. Pero no le digo nada y le digo que siga recto.
-Hemos llegado-le digo al llegar a la puerta.
Con cuidado me bajo de su espalda y evito mirarle. Ahora mismo debe tener una cara que podría fulminarme con la mirada. Camino y le cojo de la mano para entrar, animándole a que me siga. Pero no se mueve.
-¡Vamos!-Mónica.
-Que no soy tu burro de carga-protesta.
-Va, luego te llevo...-se le ilumina la cara-al monte jajaja.
-Eres mala-Àngel.
-Va, que luego te lo compenso... Pídeme lo que quieras-Mónica.
Àngel me mira con una sonrisa pícara y se queda en silencio, en actitud pensativa.
-De acuerdo. Me vas a invitar tú hoy a todo lo que te pida-Àngel.
-¿Qué?-le miro con los ojos abiertos como platos.
-O eso o... lo que tú y yo estamos pensando...-sonríe de medio lado y me acaricia la mejilla con la mano libre.
Me quedo meditando mis posibilidades. Pagarle lo que me pida o pagarle con mi cuerpo. Suena muy tentador lo segundo, pero me puedo arriesgar a mucho. No tengo ni idea lo que voy a hacer. De momento me quedaré en silencio y dejaré que el tiempo pase. Tal vez se le olvide.
-Vamos para dentro, anda-digo con una sonrisa.
-¿Y bien? ¿Qué has decidido?-me insiste Àngel.
Me parece que no me voy a librar de él tan fácilmente. Pero aún así entramos al museo y vamos a la taquilla. Saco el monedero para pagar las 2 entradas.
Relatado por Àngel Llàcer
Pongo una mano sobre la suya impidiendo que saque el dinero. ¿Creíais que iba a ser tan ruin como para dejar que ella pague? Ante todo soy un caballero. O eso intento al menos. Pido las 2 entradas y saco el dinero para pagar. La miro sonriendo y ella me devuelve la sonrisa. Se apoya en mi hombro y la miro tiernamente. Qué pena no poder disfrutar de esta mujer siempre. Àngel vive el presente, me dice mi subconsciente. Y le haré caso. Estoy aquí y ahora con ella. En su pueblo. Me ha enseñado el pueblo de diferente forma y me ha invitado a comer. ¿Qué más puedo pedir? Ojalá este día no acabe nunca. Se agarra a mi brazo y vamos paseando por las diferentes salas viendo las pinturas. Nos quedamos algún rato observando. Ella las mira embelesada. Tal vez recordando aquella época en la que le conoció.
Tras un rato en el museo, vamos cogidos de la mano de regreso a su casa. Esta vez no se cuelga a mi espalda. Andamos como 2 personas adultas conversando tranquilamente. Podríamos pasar por una pareja. Cómo me gustaría eso. Pero el móvil me devuelve a la realidad. Me empieza a sonar. Lo cojo y oigo a la persona del otro lado de la línea.
-¡No, no lo hagas!-exclamo asustado.
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