martes, 9 de febrero de 2016

Capítulo 58:¡Lucha!

Relatado por Mónica Naranjo


Enseguida viene una ambulancia. Observo cómo hacen su trabajo y dicen de llevárselo al hospital.
-Pero sólo puede venir una persona en la ambulancia-avisan.
-Ve-me dicen Àngel y Aitor.
Me levanto nerviosa y sigo a los camilleros hasta la ambulancia y me subo a ésta. Miro a Óscar. Va inconsciente. Le cojo de la mano. Espero que no le pase nada. No puede pasarle nada. Aprieto en la otra mano la nota que me ha escrito.
En cuanto llegamos al hospital, le bajan rápidamente y se lo llevan hacia dentro. Me dicen que dé los datos en la entrada.
-La tarjeta, por favor-me pide una señora con gafas de leer y una bata blanca.
-Con las prisas no la he traído...-Mónica.
-Dígame los datos, en ese caso.
-Óscar Tarruella-Mónica.
-Muy bien, pase a la sala de espera-me dice como algo rutinario, como quien pide que espere para entrar a una reunión.
Mis nervios van en aumento y le diría unas cuantas cosas a esta mujer, pero me callo y me dirijo a la sala de espera. Pero no puedo estar quieta. Es la vida de mi marido la que está en juego. ¿Por qué lo habrá hecho? ¿Tal vez haya sido demasiado dura con él? Àngel y Aitor se acercan a mí.
-Qué rápido habéis llegado ¿no?-me asombro por la rapidez.
-Hemos venido en la moto-Àngel.
-¿Cómo está papá?-me pregunta Aitor con la voz quebrada.
Le explico que le han entrado al box y nos toca esperar. Aitor me abraza. Àngel nos intenta tranquilizar diciendo que no le va a pasar nada, que va a despertar y va a ser el de siempre.
-¿Quieres algo?-me pregunta Àngel, niego con la cabeza.
Miro a Aitor con lágrimas en los ojos.
-Habrá que avisar a Cristina...-Mónica.
-Y a los abuelos...-me dice Aitor intentando aguantar las lágrimas. Se lo noto en la mirada, en la voz.
-Si queréis, puedo avisar yo...-se ofrece Àngel.
Le miro con una mirada llena de tristeza. Asiento. Busco entre mis bolsillos. Pero he venido tan rápido que no me he traído nada. Miro a mi hijo dándole a entender que no tengo el móvil aquí. De modo que él saca el suyo y empieza a buscar entre sus contactos. Le pasa el móvil. Àngel sale a la puerta. Le veo desde la ventana de la sala de espera. Camina de un lado a otro con el móvil en el oído. No le toca hacer esto y lo está haciendo. Es muy buena persona. Pero ahora mismo sólo puedo pensar en Óscar y en que se ponga bien.
-Venga mamá, se va a poner bien. Papá es fuerte-Aitor.
Me giro para mirarle y asiento intentando sacar una sonrisa, más no puedo. Las lágrimas siguen corriendo por mis mejillas sin que yo se lo impida. Van a su libre albedrío. Junto mis manos y miro al cielo. A continuación agacho la cabeza, pero sigo teniendo mis manos unidas en posición de oración. No soy creyente, pero en último recurso puedo rezar si es necesario para que salve.
"Familiares de Óscar Tarruella pasen por zona de boxes" se oye al rato. Miro a Aitor y me voy corriendo hacia la zona de boxes. Oigo cómo exclaman que no se puede correr, pero hago caso omiso. Allí hay un puesto de enfermería al que me dirijo. Pregunto por mi marido y me dicen que está en el box 14 y que pronto pasará el médico para informarme. Camino hacia la cortina indicada y entro al espacio que ahí. Allí se encuentra la camilla con Óscar enganchado a un gotero y a una máquina para controlar sus constantes vitales. Me acerco lentamente. Me duele verle así. Me pongo a su lado y le miro. Mi cara se transforma en una de odio.
-¿Por qué lo has hecho? Esta no es la salida, yo te quiero. ¿Qué le vas a decir a nuestro hijo? ¡Eres un cobarde, Óscar! ¡Lucha! Pero no quieras quitarte la vida porque no es la solución. ¡Cómo te mueras, te mato!-digo de pie, a su lado, mirándole.
Oigo un carraspeo y me giro para ver a un hombre de mediana edad de bata blanca. Me limpio las lágrimas de la cara y finjo una entereza que no tengo.
-Le hemos tenido que hacer un lavado de estomago, pues ha mezclado somníferos con alcohol. Menos mal que actuaron rápido.
-¿Se recuperará?-Mónica.
-Como mucho en 2 horas despertará y vendrá a hablar con él el psiquiatra.
El médico se despide de mí y sale de nuevo. Tenía miles de preguntas que han quedado sin ser formuladas. No me salían. Vuelvo a fijar la vista en mi marido. Le cojo la mano y se la empiezo a acariciar. Necesito este contacto piel con piel para sentirle cerca.
-Pero no creas que te libras de la bronca, señorito. Ya hablaremos cuando despiertes de tu siesta...-Mónica.


Relatado por Àngel Llàcer


Después de explicarle quién soy y por qué la llamo a la hermana de Óscar, vuelvo a entrar a la sala de espera donde sólo me encuentro a Aitor. Le miro extrañado.
-¿Y tu madre?-Àngel.
-Han llamado y han entrado-me explica Aitor.
-Entonces será mejor que me vaya-le tiendo el móvil para devolvérselo-Yo no pinto ya nada aquí.
-Claro que sí, nos has ayudado-coge el móvil y se lo guardo.
-Tranquilo, ahora necesitáis estar en familia. Yo sobro aquí. No te preocupes-Àngel.
Me giro para irme cuando oigo a Aitor llamarme.
-Al menos dame tu número para llamarte-Aitor.
Sonrío amargamente. Le pido el móvil, el cual me tiende y le tecleo mi número. Le doy a la llamar y queda reflejado en sus llamadas. Le aconsejo que lo guarde cuanto antes. Mi móvil empieza a sonar y aparece su número. Lo guardo como "Aitor hijo Mónica" y vuelvo a guardar el móvil en el bolsillo. Sonrío, le doy unas palmadas en el hombro y me dirijo hacia la puerta antes de que me arrepienta. Camino hasta el parking donde he dejado la moto y llego hasta ella. A lo mejor ha sido mala idea aceptar quedarme a comer con Mónica y Aitor. Al fin y al cabo yo soy un intruso. Espero no haber destrozado una familia. Cojo el casco y me lo pongo sin dudar. Conduzco por las calles de Barcelona hasta llegar al edificio que vio mi felicidad por primera vez. Pongo la pata de cabra y me bajo de la moto. Me saco el casco y lo guardo en la parte trasera. Saco el móvil y busco entre los contactos. Voy pasando nombres hasta llegar con el que puedo hablar.
-¿Estás por Barcelona? Necesito hablar contigo. Estoy en Gestmusic. Nos vemos en la sala de reuniones-Àngel.
Cuelgo rápidamente y me adentro en el edificio. Se encuentra vacío. Tal vez estén Tinet, Laia y los bailarines ensayando. Pero no es de mi incumbencia quién esté. No me interesa nada más que el bienestar de Mónica. Y si para ello me tengo que alejar, me alejaré. Pero necesito consejo. 

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