Relatado por Mónica Naranjo
Tengo que reconocer que mi hijo tiene razón y debo hablar tanto con Óscar como con Àngel. Con Àngel hablaré el miércoles antes de empezar la gala y con Óscar... bueno, con él cuando se recupere. No quiero que le pase cualquier cosa por mi culpa. Doy vueltas por la sala de espera bajo la atenta mirada de mi hijo.
-Ve con él, sé que lo estás deseando-Aitor.
-¿A qué te refieres? Le están haciendo pruebas...-Mónica.
-Mamá, por favor...-Aitor me mira como si fuera lo más obvio del mundo.
Niego con la cabeza. No me pienso ir y dejar a mi marido sólo. Da igual lo que haya pasado o lo que haya visto o pasado, sigue siendo mi marido y yo su mujer. Además yo también le engañé con Àngel antes de mi accidente. Pero eso él no lo sabe. Y no lo sabrá jamás. Fue un momento de calentón. Aitor me sigue mirando con la misma cara.
-No me mires con esa cara, porque no-le digo con determinación.
-Haz lo que quieras... Pero, ¿seguro que te quieres quedar aquí?-me pregunta Aitor.
-Pues claro-Mónica.
No me lo creo ni yo. Estoy deseando que llegue el miércoles para volver a verle, hablar con él y tenerle a mi lado sentado en la mesa del jurado. Y de paso tener un buen rato viendo a mis compañeros y a los concursantes. Les echo de menos la verdad. Espero que llegue pronto el miércoles. El altavoz vuelve a sonar llamándonos. Esta vez vamos los 2. Nos acercamos al despacho del médico que atiende a Óscar y nos pide que nos sentemos.
-Le hemos realizado un lavado de estómago y pruebas oara comprobar el estado del paciente. Ya se encuentra bien, aunque débil.
-¿Podemos verle?-le pregunta Aitor.
-Ahora está el psicólogo con él. Queremos descubrir el motivo o los motivos por lo cual lo hizo.
-Fue por mi culpa...-Mónica.
-Mamá no...-Aitor.
-¿Puedes salir un momento, por favor?-le pide el médico a mi hijo.
Aitor me mira negando con la cabeza. Sé que él me apoya y no piensa que sea la culpable ni haya hecho nada, pero yo me siento así. Le hago un gesto afirmativo para que me deje a solas con el médico. Aitor se levanta y cierra la puerta al salir. Le veo salir. Al instante, vuelvo mi cara hacia el médico que me mira pidiendo que le cuente.
-Llevé a otro hombre a casa y ya no siente que le quiera como antes...-Mónica.
-¿Y usted le quiere?
Sopeso la pregunta y medito la respuesta. ¿Le sigo queriendo como antes? ¿O Àngel ha venido a ocupar su lugar? La verdad es que no sé qué me pasa. No sé por qué tengo tantas dudas. Antes con querer a Óscar y a Aitor bastaba. Ahora se ha cruzado en mi vida y en mis sentimientos otro hombre. Un hombre con el cual empecé discutiendo, pero poco a poco me ha ido demostrando que es una buena persona. Las primeras impresiones a veces no son acertadas.
-Le quiero... pero noto que no es como antes...-termino contestando.
-Deberían ir a un consejero matrimonial si, tras hablarlo, no llegan a lo que sienten el uno por el otro. Él les podría ayudar a que demuestren los sentimientos que se tienen.
-Gracias doctor-Mónica.
-Y no se culpe porque no ha sido culpa suya. Usted no tiene la culpa que se haya tomado mal la presencia de otro hombre en casa. ¿Y qué relación tiene con ese hombre?
-Es un compañero de trabajo-Mónica.
-Pues no le dé más vueltas. Voy a mirar a ver si han acabado y les digo que pase. Quédese aquí un momento, por favor.
El médico se levanta, da la vuelta a su escritorio y sale del despacho. Al salir él, entra mi hijo. Pienso en lo que me ha dicho y no puedo evitar que unas lágrimas resbalen por mis mejillas. Aitor se sienta a mi lado.
-¿Qué ha pasado, mamá?-Aitor.
Niego con la cabeza mientras me limpio las lágrimas con el dorso de la mano. ¿Estaré engañando a Àngel con Óscar? ¿Y a Óscar con Àngel? Puede que lo del consejero matrimonial no sea mala idea del todo. O incluso para mí sola. O llamar a la rubia. En estos casos se necesita de una buena amiga que te escuche y te diga lo que a ella le parece. Me levanto.
-Voy a llamar por teléfono, ahora vuelvo-aviso a mi hijo.
Tras esto, salgo del despacho y busco en mi bolso el móvil. Salgo a la puerta del hospital y llamo a la churri.
Relatado por Àngel Llàcer
Me despido de Carlos y pienso en el consejo que me ha dado. Tengo que decírselo. Pero ¿cuándo será el mejor momento? Cojo la moto, me monto en ella y me pongo el casco. Me pongo en marcha y aparco donde el primer día. Sonrío recordando ese fantástico día. Me bajo, y con el casco bajo el brazo, y vuelvo a entrar por la puerta. Segunda vez que vuelvo. Necesito aclarar mis ideas. Abro la puerta y sonrío al ver el pasillo y sobre todo el banco en el que esperamos. Allí estaban sentadas Mónica y Carolina. Ahí empezó todo. Ella me reprochó el haberle rallado el coche y me exigía pagarle la pintura. Yo por supuesto me negué. Pero no lo hice a malas. Simplemente fue porque soy catalán y eso de soltar no me va. A estas alturas debería saberlo ya... Me acerco al banco y me siento recordando aquel día, aquel primer día donde los nervios estaban a flor de piel. Me saco el casco del brazo y lo voy a dejar a mi lado, cuando se cae al suelo haciendo un ruido sordo. ¡Mierda! Espero que no haya nadie. Me agacho a cogerlo.
-¿Qué haces aquí?
Esa voz hace que mi corazón se detenga. Mi respiración se detiene. Creo que ya la he liado. Bien Àngel, bien. En tu línea.
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