Relatado por Àngel Llàcer
La sigo mirando de arriba abajo, disfrutando con las vistas. Estoy admirando ese precioso cuerpo que tiene. Y ahora tengo que pensar algo para que haga.
-¿Durante cuánto tiempo dijimos?-le pregunto con una sonrisa pícara.
-No lo dijimos-me contesta Mónica.
-Así que será hasta que yo quiera, ¿no?-sonrío orgulloso.
-Ya veremos, guapito. Ya veremos...-Mónica.
-Mira que te hago ir así a trabajar ¿eh?-la reto.
Me dedica una mirada fulminante, pero no dice nada más. Me encanta tener ahora mismo el poder. Siempre lo tiene ella. Ya era hora de que me tocase a mí. La miro mientras ella parece esperar a que yo le diga algo. Pero es que no se me ocurre nada que pedirle. ¿Qué me pasa? ¿Tengo a la mujer más maravillosa y no lo aprovecho?
-¿Dónde tienes la ropa seca?-le pregunto.
-Ven por aquí-me dice entrando a la casa por la cocina de nuevo.
La sigo. No puedo evitar que los ojos se me vayan a su trasero. Y es qu como lo mueve la jodía. Creo que está intentando provocarme. Subimos las escaleras hasta la planta superior y llegamos a una habitación. Debe ser la suya y la de... su marido. Me duele pensar que no es mía del todo, que no soy suyo del todo. Me pide que me espere mientras se acerca al armario. Lo abre y empieza a buscar ropa para mí. Pero no dejo que la coja.
-Mónica, ven y siéntate aquí conmigo-le digo palmeando la cama para que se siente a mi lado.
Ella se gira y se me queda mirando.
-¿Seguro que no quieres que te preste antes la ropa?-Mónica.
-Seguro. Va, siéntate-Àngel.
Ella se encoge de hombros y se acerca a donde estoy. Se sienta a mi lado y me mira.
-Antes te he visto con los ojos rojos...-empiezo diciendo.
-Del agua, del cloro de la piscina. Por si no te habías dado cuenta, hemos estado en una-me dice irónicamente.
-Yo también he estado y no creo tener esa cara que tenías tú al llegar...-Àngel.
-¿Y qué cara tenía?-Mónica.
-Triste, como de haber llorado... Dime la verdad, ¿has llorado?-Àngel.
-¡Claro! Y por eso me has ganado ¿no?-me pregunta con ironía-¡Anda! No digas tonterías, Àngel.
-Podría ser el caso. Has llorado, los ojos se te han puesto borrosos y no podías continuar-le relato.
-Tonterías-Mónica se levanta y coge ropa que imagino será de Óscar y me la tiende-Aquí tienes. Espero que te sirva.
Después de decir eso, sale de la habitación dejándome a solas.
Relatado por Mónica Naranjo
Salgo de la habitación y entro al cuarto de invitados. Echo el pestillo y me siento en la cama. Apoyo mis brazos en mis rodillas y tapo mi cara con las manos. Y entonces me pongo a llorar. Estoy sensible y no puedo evitar llorar por cualquier cosa. Pero no debo preocupar a Àngel. Bastante ha hecho viniendo a mi casa. El no saber dónde está Óscar me afecta, me da miedo que esto salga mal. Lo peor es que estoy separando a Aitor de su padre. No tengo derecho. Aunque lo adoptase de pequeño, no tengo derecho a alejarlo de su padre. Sé que es mayor y él elige con quién estar. Pero también debo decirle de mi relación con Àngel. Bueno, estoy presuponiendo que estamos en una relación y ni siquiera me ha contestado. ¿Y si ya no quiere? ¿Y si se ha cansado de esperarme? Por otra parte lo veo normal. No creo que sea plato de buen gusto tener que compartir a la persona que amas con otro. Encima yo vengo con familia. Soy como la Barbie, vengo con mis accesorios.
Después de un rato, oigo como tocan a la puerta.
-No estoy-contesto entre lágrimas levantando la cabeza.
-Venga mamá, ábreme-Aitor.
-Ahora salgo-Mónica.
-Ya entro yo. Ya me ha avisado Àngel cómo estás. ¿O prefieres que le llame para que venga?-Aitor.
-No, no. Ya voy-digo levantándome y acercándome a la puerta.
Quito el pestillo y muevo el manillar para abrirle. Aitor me echa un rápido vistazo como para cerciorarse. Supongo que quería comprobar que era verdad. Lo que sea que le haya contado Àngel.
-Pasa venga-le apremio.
Aitor entra y se sienta en la cama. Me giro y le veo mirándome, esperándome.
-Ya sé dónde está papá-Aitor.
-¿Dónde?-pregunto con curiosidad y algo preocupada, aunque algo menos que antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario